Museo romántico de Maria Beneyto

Dama desconocida. Esquivel.
(Me hace daño
la luz.)
A ella, no. A ella
la protege, la inventa,
falsifica
las fases sucesivas
de su inmovilidad.
La trae
hacia el televisor
donde quiere asomar sombras,
residuos,
restos de lluvia, manos
inactivas,
huidas que se acercan,
tiempo, nube, oquedades,
silencios que alguien lleva en grito,
o simplemente músicas perdidas
y olvidadas.

Románticas blondas. Abanicos que huyen
-no abanicos no, son golondrinas
que exhiben plumón y ala- rozan
la fiebre del latido.
Dama en negro (travestida tal vez
de golondrina)
asomada al pequeño barandal del aire
para no ser jamás.

Desesperado
el alarido se estremece,
se re inventa la tristeza,
se suicidan las ansias de vivir
de tanto querer ser y no ser vida…

El museo te guarda, dama angélica,
que huyes de ti misma, que no quieres
ser mujer, sino extraña
forma de lo imposible,
isleña de ti misma,
rodeada
de semáforos tuertos
y asfaltos que te ignoran.