Octubre

Estaba yo echado en la tierra, enfrente
del infinito campo de Castilla,
que el otoño envolvía en la amarilla
dulzura de su claro sol poniente.

Lento, el arado, paralelamente
abría el haza oscura, y la sencilla
mano abierta dejaba la semilla
en su entraña partida honradamente.

Pensé arrancarme el corazón, y echarlo,
pleno de su sentir alto y profundo,
al ancho surco del terruño tierno;

a ver si con partirlo y con sembrarlo,
la primavera le mostraba al mundo
el árbol puro del amor eterno.

Viento

Cantan las hojas,
bailan las peras en el peral;
gira la rosa,
rosa del viento, no del rosal.
Nubes y nubes
flotan dormidas, algas del aire;
todo el espacio
gira con ellas, fuerza de nadie.

Todo es espacio;
vibra la vara de la amapola
y una desnuda
vuela en el viento lomo de ola.

Nada soy yo,
cuerpo que flota, luz, oleaje;
todo es del viento
y el viento es aire siempre de viaje.

El ave

El ave
para cantar
piensa en el mar.
Está enamorada la luna
de la canción encantada
del ave sobre mi cuna…
cuida mis sueños un hada.

Mi ave
es melodía
de cada día.

***
Autor del poema: Alma Velasco

El gato

El gato
cuando está ronco
imita al pato.
El gato se vuelve loco
cuando aparece un ratón
y lo invita poco a poco
para ver televisión.

Mi gato
es cojín esponjado
junto a mi lado.

***
Autor del poema: Alma Velasco

En medio del puerto

En medio del puerto,
con velas y flores,
navega un velero
de muchos colores.

Diviso a una niña
sentada en la popa:
su cara es de lino,
de fresa, su boca.

Por más que la miro,
y sigo mirando,
no sé si sus ojos
son verdes o pardos.

En medio del puerto,
con velas y flores,
se aleja un velero
de muchos colores.

***
Autor del poema: Antonio García Teijeiro

De ola en ola

De ola en ola,
de rama en rama,
el viento silba
cada mañana.

De sol a sol,
de luna a luna,
la madre mece,
mece la cuna.

Esté en la playa
o esté en el puerto,
la barca mía
la lleva el viento.

***
Autor del poema: Antonio García Teijeiro

El mandril malhumorado

En la selva hay un mandril
de nariz muy colorada,
siempre está malhumorado,
siempre por algo se enfada.

Por los bosques de papiros,
se ha acercado hasta el pantano
buscando para jugar,
a un orangután enano.

Como siempre está enfadado
no quiere jugar con él,
y al verlo llegar aprisa
corriendo se va a esconder.

La sombra de la avispa

Una avispa despistada,
cayó en una regadera,
pero su sombra más lista,
mirando se quedó fuera.

La sombra muy decidida,
sola quiso ir a volar,
pero no encontró las alas
y no se pudo marchar.

Y la avispa calentita
no salió hasta primavera,
mientras la sombra en invierno
estuvo esperando fuera.

El ratoncito y el perro

Por un agujero
se ve su rabito,
cree que está escondido
este ratoncito.

Un perro lo mira
¡Qué inocente es!
esconde su cara
y cree que no lo ven.

Despacio se acerca
y le pisa el rabo,
el ratón dormido
buen susto se ha dado.

«Oye ratoncito
escóndete bien,
que el rabo te asoma
y el gato te ve»

El ratón lo mira
muy agradecido,
y escondiendo el rabo
de nuevo ha dormido.

El oso infeliz

Como era muy vergonzoso
salía de higos a brevas,
y encerrado se pasaba
el oso en aquella cueva.

Veía a los animales
en libertad paseando,
los miraba con envidia
pues lo estaba deseando.

«Yo también quiero salir»
-dijo rojo de vergüenza-,
pero nadie lo escuchó
porque no gritó con fuerza.

Y allí se quedó encerrado
sin atreverse a salir,
y triste pasó sus días
viviendo el oso infeliz.

La pata mete la pata

La pata desplumada, cua, cua, cua,
como es patosa, cua, cua, cua,
ha metido la pata, cua, cua, cua,
en una poza. ¡Grua!, ¡grua!, ¡grua!

En la poza había un cerdito vivito y guarreando,
con el barro de la poza, el cerdito jugando.

El cerdito le dijo: saca la pata, pata hermosa.
Y la pata patera le dio una rosa.

Por la granja pasean comiendo higos.
¡El cerdito y la pata se han hecho amigos!

El ermitaño

Hombre serio y muy callado
o cangrejo colorado,
puede ser el ermitaño.

En busca de concha vacía,
cuatro antenas y dos pinzas,
el cangrejo ermitaño va.

En busca de paz en vida,
con el mundo a la deriva,
camina el eremita humano,
de espaldas a la ciudad.

Hombre serio y muy callado
o cangrejo colorado,
puede ser el ermitaño…

***
Autora: ALMUDENA ORELLANA PALOMARES

Pidola

Pídola y digo:
¡Salto al revés!
Un, dos, tres,
guarda tus codos,
la cabeza
y los pies.

Pídola y digo:
¡Seguid a este jorobado
y pasaréis un buen rato!
Un, dos, tres, cuatro,
guarda tus codos,
tu cabeza
y tus brazos.

Pídola y digo:
¡Pies juntos!
Y… ¡a saltar todo el mundo!

***
Autora: ALMUDENA ORELLANA PALOMARES

Manos Chinescas

Mano, mano
que me permites ser paloma
y también gusano.

Mano
que puede ser liebre,
conejo o gallo.

Amiga del alfabeto.
Araña que sube y baja
¡Araña en la mano!

Mano, mano
Juego de sombras.
Juego de enanos.

***
Autora: ALMUDENA ORELLANA PALOMARES

El niño Pestiño

El niño Pestiño
del que os voy a hablar,
tiene una historia
muy particular:

si le daban agua,
pedía limón,
si le daban juego,
quería un sillón.

Contra y recontra
el niño Pestiño,
daba sus pasos
a cada hora.

***
Autora: ALMUDENA ORELLANA PALOMARES

Las mujeres de las trenzas

Cuenta una leyenda
que las mujeres de las trenzas
aran la tierra y cuidan de ella,
con sus niños en la chepa.

Que cultivan preciosas flores
que ponen sobre la mesa,
junto a sabrosas recetas.

Y que, misteriosamente,
tiñen el cielo,
al llegar la noche,
de poderosas estrellas.

Así, siempre, y cada noche,
las mujeres de las trenzas.

***
Autora: ALMUDENA ORELLANA PALOMARES

Caracolita del mar

Caracolita del mar,
dime qué susurras
en oído atento
y silencioso hablar
de quien te escucha.

Dime qué susurras,
Caracolita del mar,
y te contaré mis secretos,
a la orilla de la noche
y de los sueños.

Caracolita del mar
¡Qué bonito lo que cantas,
cuando me pongo a escuchar!

***
Autora: ALMUDENA ORELLANA PALOMARES

Viajando por un libro

¡Cu-cú!
Cantaba una cabra,
vestida de gala
sobre una manzana.

¡Miau!
Maullaba una mula,
mientras pintaba el cielo
sobre una grúa.

Podían nadar las aves
y volar los cocodrilos.
¡Llevaban pañales
los grillos!

Y todo esto sucedió,
viajando por un libro…

***
Autora: ALMUDENA ORELLANA PALOMARES

Sirena varada

Perdida sobre la tierra,
varada a orillas del mar,
solita se ve a una sirena.

Dicen que es una
estrella del mar,
con las escamas de bronce,
los dientes de marfil,
y la melena de plata.

Que hacía castillos
de arena, soñando
con ser humana.
Que el tiempo tiñó
de nieve su pelo,
esperando a ser amada.

Perdida sobre la tierra,
solita a la orilla del mar,
se ve a la sirena varada.

***
Autora: ALMUDENA ORELLANA PALOMARES

Bailaba la niña alegre

Bailaba la niña alegre
en una noche estrellada.
Movíase, al son del aire,
bajo la luna de plata.

¡Cómo bailaba la niña!
¡Cómo la niña bailaba!

Con ojos como dos faros
y finas pestañas bordadas.
Con el corazón muy blanco
y mariposas en el alma.

Danzaba la alegre niña
bajo la noche estrellada
Cómo bailaba la niña,
cómo la niña bailaba.

Nube, Nube

Nube que subes
por los tejados.
Nube que bajas
sembrando charcos.
Nube que sube,
nube que baja,
nube que vuela
sin dejar marcas.
Nube que pinta sombras,
nube que ahueca sueños;
nube que viaja
surcando el cielo.
Nube que subes,
nube que bajas,
nube que vuelas
sobre mi almohada.

Y sólo una mamá

Millones de estrellas en el cielo,
Millones de pájaros en los árboles,
Millones de flores en el jardín,
Miles de abejas en las flores,
Millones de granos de arena en la playa,
Millones de peces en el mar,
Y sólo, sólo una mamá.

Jaimito el conejito

Jaimito el conejito
de casa se escapó.
Y corre que te corre
desapareció.

De pronto se encuentra
un gran cazador
que con su escopeta
un tiro lanzó.

Corre el conejito,
Le sigue el cazador,
entra en su casita,
y la puerta cerró.

“Ven aquí Jaimito”,
le dice mamá,
que por escaparte
unos azotitos
yo te voy a dar.

Te quiero mucho

Mi gato es hermoso,
De un color maravilloso.

De él yo estoy muy orgulloso,
porque es bueno y cariñoso.

Y además es muy gracioso,
Este gato tan curioso.

Gato guapo y muy armonioso,
¡Te quiero mucho, precioso!

Chiqui-chiqui, chiqui-chá

Cuando me cortan el pelo
las tijeras de mamá
van diciendo en su aleteo:
¡Chiqui-chiqui, chiqui-chá!

Vuelan ellas, vienen, van
Pero siempre cuchichean
¡Chiqui-chiqui, chiqui-chá!

Cuando me cortan el pelo
las tijeras de mamá
Hablan más de lo que cortan
¡Chiqui-chiqui, chiqui-chá!

ÁLAMO BLANCO

Arriba canta el pájaro
y abajo canta el agua.
(Arriba y abajo,
se me abre el alma).

¡Entre dos melodías,
la columna de plata!
Hoja, pájaro, estrella;
baja flor, raíz, agua.
¡Entre dos conmociones,
la columna de plata!
(¡Y tú, tronco ideal,
entre mi alma y mi alma!)

Mece a la estrella el trino,
la onda a la flor baja.
(Abajo y arriba,
me tiembla el alma).

FIN DE INVIERNO

Cantan, cantan.
¿Dónde cantan los pájaros que cantan?

Llueve y llueve. Aún las casas
están sin ramas verdes. Cantan, cantan
los pájaros. ¿En dónde cantan
los pájaros que cantan?

No tengo pájaros en jaula.
No hay niños que los vendan. Cantan.
El valle está muy lejos. Nada…

Nada. Yo no sé dónde cantan
los pájaros (y cantan, cantan)
los pájaros que cantan.

JUEGO

El chamariz en el chopo.
-¿Y qué más?
El chopo en el cielo azul.
– ¿Y qué más?
El cielo azul en el agua.
– ¿Y qué más?
El agua en la hojita nueva.
– ¿Y qué más?
La hojita nueva en la rosa.
– ¿Y qué más?
La rosa en mi corazón.
– ¿Y qué más?
¡Mi corazón en el tuyo!

Los sueños

El hada más hermosa ha sonreído
al ver la lumbre de una estrella pálida,
que en hilo suave, blanco y silencioso
se enrosca al huso de su rubia hermana.

Y vuelve a sonreír porque en su rueca
el hilo de los campos se enmaraña.
Tras la tenue cortina de la alcoba
está el jardín envuelto en luz dorada.

La cuna, casi en sombra. El niño duerme.
Dos hadas laboriosas lo acompañan,
hilando de los sueños los sutiles
copos en ruecas de marfil y plata.

Sol de invierno

Es mediodía. Un parque.
Invierno. Blancas sendas;
simétricos montículos
y ramas esqueléticas.
Bajo el invernadero,
naranjos en maceta,
y en su tonel, pintado
de verde, la palmera.
Un viejecillo dice,
para su capa vieja:
«¡El sol, esta hermosura
de sol!…» Los niños juegan.
El agua de la fuente
resbala, corre y sueña
lamiendo, casi muda,
la verdinosa piedra.

La Tarara

La Tarara, sí;
la tarara, no;
la Tarara, niña,
que la he visto yo.

Lleva la Tarara
un vestido verde
lleno de volantes
y de cascabeles.

La Tarara, sí;
la tarara, no;
la Tarara, niña,
que la he visto yo.

Luce mi Tarara
su cola de seda
sobre las retamas
y la hierbabuena.

Ay, Tarara loca.
Mueve, la cintura
para los muchachos
de las aceitunas.

Cantos escolares. Los sentidos

Niño, vamos a cantar
una bonita canción;
yo te voy a preguntar,
tu me vas a responder:
Los ojos, ¿para qué son?

?Los ojos son para ver.
?¿Y el tacto? ?Para tocar.
?¿Y el oído? ?Para oír.
?¿y el gusto? ?Para gustar.
?¿Y el olfato? ?Para oler.
?¿El alma? ?Para sentir,
para querer y pensar.

Apegado a mí

Velloncito de mi carne,
que en mis entrañas tejí,
velloncito friolento,
¡duérmete apegado a mí!

La perdiz duerme en el trébol
escuchándole latir:
no te turben mis alientos,
¡duérmete apegado a mí!

Hierbecita temblorosa
asombrada de vivir,
no te sueltes de mi pecho:
¡duérmete apegado a mí!

Yo que todo lo he perdido
ahora tiemblo hasta al dormir.
No resbales de mi brazo:
¡duérmete apegado a mí!

La madre triste

Duerme, duerme, dueño mío,
sin zozobra, sin temor,
aunque no se duerma mi alma,
aunque no descanse yo.

Duerme, duerme y en la noche
seas tú menos rumor
que la hoja de la hierba,
que la seda del vellón.

Duerma en ti la carne mía,
mi zozobra, mi temblor.
En ti ciérrense mis ojos:
¡duerma en ti mi corazón!

La pajita

Ésta que era una niña de cera;
pero no era una niña de cera,
era una gavilla parada en la era.
Pero no era una gavilla
sino la flor tiesa de la maravilla.
Tampoco era la flor sino que era
un rayito de sol pegado a la vidriera.
No era un rayito de sol siquiera:
una pajita dentro de mis ojitos era.

¡Alléguense a mirar cómo he perdido entera,
en este lagrimón, mi fiesta verdadera!

Me tuviste

Duérmete, mi niño,
duérmete sonriendo,
que es la ronda de astros
quien te va meciendo.

Gozaste la luz
y fuiste feliz.
Todo bien tuviste
al tenerme a mí.

Duérmete, mi niño,
duérmete sonriendo,
que es la Tierra amante
quien te va meciendo.

Miraste la ardiente
rosa carmesí.
Estrechaste al mundo:
me estrechaste a mí.

Duérmete, mi niño,
duérmete sonriendo,
que es Dios en la sombra
el que va meciendo.