Octubre

Estaba yo echado en la tierra, enfrente
del infinito campo de Castilla,
que el otoño envolvía en la amarilla
dulzura de su claro sol poniente.

Lento, el arado, paralelamente
abría el haza oscura, y la sencilla
mano abierta dejaba la semilla
en su entraña partida honradamente.

Pensé arrancarme el corazón, y echarlo,
pleno de su sentir alto y profundo,
al ancho surco del terruño tierno;

a ver si con partirlo y con sembrarlo,
la primavera le mostraba al mundo
el árbol puro del amor eterno.

Nanas de la cebolla

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre:
escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla:
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.

Una mujer morena,
resuelta en luna,
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te tragas la luna
cuando es preciso.

Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en los ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que en el alma al oírte,
bata el espacio.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa.
Vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.

La carne aleteante,
súbito el párpado,
el vivir como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!

Desperté de ser niño.
Nunca despiertes.
Triste llevo la boca.
Ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.

Ser de vuelo tan alto,
tan extendido,
que tu carne parece
cielo cernido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!

Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.

Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.

Vuela niño en la doble
luna del pecho.
Él, triste de cebolla.
Tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.

Sonatina (La princesa está triste)

La princesa está triste… ¿Qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro,
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.

El jardín puebla el triunfo de los pavos reales.
Parlanchina, la dueña dice cosas banales,
y vestido de rojo piruetea el bufón.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente
la libélula vaga de una vaga ilusión.

¿Piensa, acaso, en el príncipe de Golconda o de China,
o en el que ha detenido su carroza argentina
para ver de sus ojos la dulzura de luz?
¿O en el rey de las islas de las rosas fragantes,
o en el que es soberano de los claros diamantes,
o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?

¡Ay!, la pobre princesa de la boca de rosa
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
tener alas ligeras, bajo el cielo volar;
ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
saludar a los lirios con los versos de mayo
o perderse en el viento sobre el trueno del mar.

Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,
ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata,
ni los cisnes unánimes en el lago de azur.
Y están tristes las flores por la flor de la corte,
los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte,
de Occidente las dalias y las rosas del Sur.

¡Pobrecita princesa de los ojos azules!
Está presa en sus oros, está presa en sus tules,
en la jaula de mármol del palacio real;
el palacio soberbio que vigilan los guardas,
que custodian cien negros con sus cien alabardas,
un lebrel que no duerme y un dragón colosal.

¡Oh, quién fuera hipsipila que dejó la crisálida!
(La princesa está triste. La princesa está pálida.)
¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil!
¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe,
(La princesa está pálida. La princesa está triste.)
más brillante que el alba, más hermoso que abril!

-«Calla, calla, princesa -dice el hada madrina-;
en caballo, con alas, hacia acá se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el azor,
el feliz caballero que te adora sin verte,
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
a encenderte los labios con un beso de amor».

Viento

Cantan las hojas,
bailan las peras en el peral;
gira la rosa,
rosa del viento, no del rosal.
Nubes y nubes
flotan dormidas, algas del aire;
todo el espacio
gira con ellas, fuerza de nadie.

Todo es espacio;
vibra la vara de la amapola
y una desnuda
vuela en el viento lomo de ola.

Nada soy yo,
cuerpo que flota, luz, oleaje;
todo es del viento
y el viento es aire siempre de viaje.

Los cantos de los niños

Yo escucho los cantos
de viejas cadencias
que los niños cantan
cuando en corro juegan
y vierten en coro
sus almas, que suenan,
cual vierten sus aguas
las fuentes de piedra:
con monotonías
de risas eternas,
que no son alegres,
con lágrimas viejas
que no son amargas
y dicen tristezas,
tristezas de amores
de antiguas leyendas.
En los labios niños,
las canciones llevan
confusa la historia
y clara la pena;
como clara el agua
lleva su conseja
de viejos amores
que nunca se cuentan.
Jugando, a la sombra
de una plaza vieja,
los niños cantaban…
La fuente de piedra
vertía su eterno
cristal de leyenda.
Cantaban los niños
canciones ingenuas,
de un algo que pasa
y que nunca llega:
la historia confusa
y clara la pena.
Seguía su cuento
la fuente serena;
borrada la historia,
contaba la pena.

EL GALLO HABANERO

En el matinal gallinero
con el rendimiento caballero,
en torno a su hembra enreda
el arabesco de su rueda
sin cesar el gallo habanero;

cual blanco albornoz el plumón
envuelve su fiero ademán;
¡por su cresta-fez bermellón
y el alfanje de su espolón,
el gallo es un breve sultán!

Junto a la gallina coqueta,
de pronto su blanca silueta
fija en soberbia rigidez,
como el gallo de la veleta
o el caballo del ajedrez…

Echando atrás el cuello empina;
¡y en enfático frenesí,
rasga la matinal neblina,
sobre el jardín que se ilumina
con su agudo kikirikí!

El ave

El ave
para cantar
piensa en el mar.
Está enamorada la luna
de la canción encantada
del ave sobre mi cuna…
cuida mis sueños un hada.

Mi ave
es melodía
de cada día.

***
Autor del poema: Alma Velasco

El gato

El gato
cuando está ronco
imita al pato.
El gato se vuelve loco
cuando aparece un ratón
y lo invita poco a poco
para ver televisión.

Mi gato
es cojín esponjado
junto a mi lado.

***
Autor del poema: Alma Velasco

En un trozo de papel

En un trozo de papel
con un simple lapicero,
yo tracé una escalerita,
tachonada de luceros.

Hermosas estrellas de oro.
De plata no había ninguna.
Yo quería una escalera
para subir a la Luna.

Para subir a la Luna
y secarle sus ojitos,
no me valen los luceros,
como humildes peldañitos.

¿Será porque son dorados
en un cielo azul añil?
Sólo sé que no me sirven
para llegar hasta allí.

Estrellitas y luceros,
pintados con mucho amor,
¡quiero subir a la Luna
y llenarla de color!.

En medio del puerto

En medio del puerto,
con velas y flores,
navega un velero
de muchos colores.

Diviso a una niña
sentada en la popa:
su cara es de lino,
de fresa, su boca.

Por más que la miro,
y sigo mirando,
no sé si sus ojos
son verdes o pardos.

En medio del puerto,
con velas y flores,
se aleja un velero
de muchos colores.

***
Autor del poema: Antonio García Teijeiro

De ola en ola

De ola en ola,
de rama en rama,
el viento silba
cada mañana.

De sol a sol,
de luna a luna,
la madre mece,
mece la cuna.

Esté en la playa
o esté en el puerto,
la barca mía
la lleva el viento.

***
Autor del poema: Antonio García Teijeiro

Luciérnaga

Luciérnaga, luz que vaga,
en la noche que divaga,
con luna, con las estrellas,
te pareces a una de éllas.

Rayito, bicho, cocuyo,
de aquel bosque eres orgullo,
candil que bordas el cielo,
energía, límpido anhelo.

Candileja, . . . resplandor,
alas, cascabel, fulgor,
fósforo que anda volando,
rapidito don de mando.

Lamparita que te prendes,
fascinante, ¿me comprendes?,
claridad tienes por manto,
alúmbrame mientras tanto.

Bombillita, que cintila,
el destello que destila,
brillo nocturno de amor,
centella, chispa, esplendor.

Iluminación primaria,
semáforo, luminaria,
velita que va, que viene
que, en el viento, se entretiene.

Relampaguito del mundo,
solecito de un segundo,
quiero prolongues tu foco,
que me encantes, . . . poco a poco.

Renata

Al salir el sol,
todas las mañanas,
la gata Renata
se asoma a la ventana.

Todas las mañanas
sentadita está,
en esta ventana
dispuesta a escuchar.

Los pájaros cantan,
la gata los mira,
sus trinos escucha
sus cantos admira.

Canta la canaria,
después el jilguero,
Renata adivina
quién canta primero.

Van llegando poco a poco
los gatos por los tejados,
todos vienen al concierto,
Renata los ha llamado.

Pasan dos perros ladrando,
todos les mandan callar,
que con sus fuertes ladridos
no los dejan escuchar.

Todos los gatos callados,
todos muy quietos están,
Renata está emocionada
casi a punto de llorar.

Ha pasado otra mañana,
Renata está en la ventana,
y todos los pajaritos
le dicen hasta mañana.

El mandril malhumorado

En la selva hay un mandril
de nariz muy colorada,
siempre está malhumorado,
siempre por algo se enfada.

Por los bosques de papiros,
se ha acercado hasta el pantano
buscando para jugar,
a un orangután enano.

Como siempre está enfadado
no quiere jugar con él,
y al verlo llegar aprisa
corriendo se va a esconder.

La sombra de la avispa

Una avispa despistada,
cayó en una regadera,
pero su sombra más lista,
mirando se quedó fuera.

La sombra muy decidida,
sola quiso ir a volar,
pero no encontró las alas
y no se pudo marchar.

Y la avispa calentita
no salió hasta primavera,
mientras la sombra en invierno
estuvo esperando fuera.

El cangrejo desconfiado

Entre la arena brillaba
el cangrejito lo vio,
un pendiente de una perla
con un precioso color.

Aunque pesaba muchísimo
lo subió al caparazón,
y de camino a su casa
una ardilla le chistó.

Shiiss, amigo cangrejito,
¿quieres que te ayude yo?
repartiremos el peso
lo cargaremos los dos.

«No gracias, -dijo el cangrejo-
queda poco camino»,
pero estaba tan cansado
que descansó entre unos pinos.

Shiiss, amigo cangrejito,
le habló luego una serpiente,
si necesitas mi ayuda
yo voy inmediatamente.

«No gracias», -dijo el cangrejo-
cerca de su madriguera,
pero tanto le pesaba
que descansó en la vereda.

Shiiss, amigo cangrejito,
si necesitas mi ayuda,
le dijo luego el conejo,
voy al momento sin duda.

El cangrejo desconfiado,
otra vez volvió a negar,
y estaba al llegar a casa
a punto de reventar.

El ratoncito y el perro

Por un agujero
se ve su rabito,
cree que está escondido
este ratoncito.

Un perro lo mira
¡Qué inocente es!
esconde su cara
y cree que no lo ven.

Despacio se acerca
y le pisa el rabo,
el ratón dormido
buen susto se ha dado.

«Oye ratoncito
escóndete bien,
que el rabo te asoma
y el gato te ve»

El ratón lo mira
muy agradecido,
y escondiendo el rabo
de nuevo ha dormido.

El oso infeliz

Como era muy vergonzoso
salía de higos a brevas,
y encerrado se pasaba
el oso en aquella cueva.

Veía a los animales
en libertad paseando,
los miraba con envidia
pues lo estaba deseando.

«Yo también quiero salir»
-dijo rojo de vergüenza-,
pero nadie lo escuchó
porque no gritó con fuerza.

Y allí se quedó encerrado
sin atreverse a salir,
y triste pasó sus días
viviendo el oso infeliz.

Mis mascotas

Tengo un gatito
muy pequeñito,
con ojos azules,
se llama Blanquito.

Al llegar la noche,
siempre me acompaña,
se hace un ovillo,
duerme en mi cama.

Tengo un perrazo
de enorme tamaño,
con ojos marrones,
se llama Castaño.

Cuando llego a casa,
trae mis zapatillas,
se sienta a mi lado
y le hago cosquillas.

Tengo una lorita
de muchos colores,
habla por los codos,
se llama Dolores.

Todos los sonidos
con su voz imita,
el timbre de la puerta
y a mi abuela Rita.

Tengo una tortuga
que se llama Rosa,
si me ve llegar
se pone nerviosa.

Estos animales
son mis mascotas,
Blanquita y Castaño,
Dolores y Rosa.

La vaquita de ordeño

Luz de la mañana y verde mansedumbre en todo el campo.
Suelta va la vieja copla sobre los lentos rebaños.
¡Ay, la vaquita de ordeño, tan mansa, tan silenciosa!
¡Cómo lame al becerrito y cómo mueve la cola!

Panzuda y con esos ojos claros que el cielo retratan,
¡Ay, cómo todas las tardes vuelve del campo a la casa!
¡Ay, la vaquita de ordeño, con las dos orejas blancas
y un lucerito en la frente!
¡Parda piel y negras manchas!

Lorito real

¡Ay mi lorito
lorito real!
¡Ay mi lorito!
vamos a hablar
mas no de España
ni de Portugal.

¡Cuántas palabras
repites ya
con increíble
facilidad!

El vecindario
quiere escuchar
tu repertorio
de no acabar.

¡Qué forma tienes
de charlatán!
Otros te quieren
oír cantar

La paraulata
y el cardenal
y la paloma
del palomar.

La abeja rubia
del colmenar
el pino verde
y el naranjal
¡Ay mi lorito!
¡Qué verde estás!

La pata mete la pata

La pata desplumada, cua, cua, cua,
como es patosa, cua, cua, cua,
ha metido la pata, cua, cua, cua,
en una poza. ¡Grua!, ¡grua!, ¡grua!

En la poza había un cerdito vivito y guarreando,
con el barro de la poza, el cerdito jugando.

El cerdito le dijo: saca la pata, pata hermosa.
Y la pata patera le dio una rosa.

Por la granja pasean comiendo higos.
¡El cerdito y la pata se han hecho amigos!

El sapo verde

Ese sapo verde
se esconde y se pierde;
así no lo besa
ninguna princesa.

Porque con un beso
él se hará princeso
o príncipe guapo;
¡y quiere ser sapo!

No quiere reinado,
ni trono dorado,
ni enorme castillo,
ni manto amarillo.

Tampoco lacayos
ni tres mil vasallos.
Quiere ver la luna
desde la laguna.

Una madrugada
lo encantó alguna hada;
y así se ha quedado:
sapo y encantado.

Disfruta de todo:
se mete en el lodo
saltándose, solo,
todo el protocolo.

Y le importa un pito
si no está bonito
cazar un insecto;
¡que nadie es perfecto!

¿Su regio dosel?
No se acuerda de él.
¿Su sábana roja?
Prefiere una hoja.

¿Su yelmo y su escudo?
Le gusta ir desnudo.
¿La princesa Eliana?
Él ama a una rana.

A una rana verde
que salta y se pierde
y mira la luna
desde la laguna.

***
Autora: Carmen Gil

La tortuga

Iba una tortuga
por la capital.
Iba despistada
con tanto autocar.
Buscaba una tienda
quería comprar
un sombrero nuevo
y medias un par.

Se compró un sombrero
y tan elegante
salió de la tienda.
Pasó una tartana,
cruzó una calesa,
pasó un autocar
y tres bicicletas.
Y la tortuguita
guardó su cabeza.

Cuando de nuevo
su cara asomó
¡pobre sombrerito!
se lo atropelló
una tartanita
con un percherón.
La tortuga dijo:
¡Qué fatalidad!
yo me voy al campo
¡qué asco de ciudad!

El cohetero

En día y noches
de fiesta y sueño,
un hombre
sencillo y pequeño
recorría,
de arriba abajo,
las calles y recovecos
de su humilde pueblo,
creando hilos de música,
pintando nubes al cielo.

Nubes siempre de algodón,
dulce colchón de los sueños
y tejado de las calles
que recorría,
también sin fin,
toda la gente del pueblo,
al son de la música popular
y de la senda del cielo.

Y a su paso, caminaban
creando hilos de música,
pintando nubes al cielo,
bajo el ilustre y eterno son
del cohetero.

***
Autora: ALMUDENA ORELLANA PALOMARES

El ermitaño

Hombre serio y muy callado
o cangrejo colorado,
puede ser el ermitaño.

En busca de concha vacía,
cuatro antenas y dos pinzas,
el cangrejo ermitaño va.

En busca de paz en vida,
con el mundo a la deriva,
camina el eremita humano,
de espaldas a la ciudad.

Hombre serio y muy callado
o cangrejo colorado,
puede ser el ermitaño…

***
Autora: ALMUDENA ORELLANA PALOMARES

Pidola

Pídola y digo:
¡Salto al revés!
Un, dos, tres,
guarda tus codos,
la cabeza
y los pies.

Pídola y digo:
¡Seguid a este jorobado
y pasaréis un buen rato!
Un, dos, tres, cuatro,
guarda tus codos,
tu cabeza
y tus brazos.

Pídola y digo:
¡Pies juntos!
Y… ¡a saltar todo el mundo!

***
Autora: ALMUDENA ORELLANA PALOMARES

Hasta no poder más

Felipe y Carola
se querían…,
hasta no poder más.

Corrían,
saltaban,
y jugaban a deletrear.

Hacían figuras
de arcilla, de arena…
de papel y tijera.

Alternaban pares y nones
tras sus riñones.
Escribían poemas de amor,
y leían cuentos de sal
y mucho pimiento.

La mamá de Felipe
decía, que los niños
no saben de amar,
pero Felipe y Carola
se querían…
hasta no poder más.

***
Autora: ALMUDENA ORELLANA PALOMARES

El Mago de la Serpiente

Se oye hablar
de un misterioso hombre,
delgado y con tocado
muy bien arreglado,
que toca sentado
frente a un cesto repleto,
de cientos de mantos espesos.

Dicen que oculta un secreto
muy bien guardado,
tras su flauta travesera de color dorado:
comienza el soniquete, como salido de oriente,
que hace vibrar poco a poco,
y salir del cesto,
a una enorme serpiente.

Yo digo que hace magia
y mamá, que afila cuchillos.

***
Autora: ALMUDENA ORELLANA PALOMARES

Manos Chinescas

Mano, mano
que me permites ser paloma
y también gusano.

Mano
que puede ser liebre,
conejo o gallo.

Amiga del alfabeto.
Araña que sube y baja
¡Araña en la mano!

Mano, mano
Juego de sombras.
Juego de enanos.

***
Autora: ALMUDENA ORELLANA PALOMARES

El payaso Sinsón

El payaso Sinsón
sonrisa no tenía
en su rostro bicolor.

Todas las tardes
los padres
pasaban de largo,
los niños reían buen rato,
y los perros
sacudían el rabo
ante el payaso Sinsón.

Pero Sinsón no comprendía
por qué nadie quería
ser parte de su función.

Pasábase las horas, Sinsón,
dándole vueltas al coco
y frotándose la nariz un poco,
buscando una solución.

Primero tocaba el violín
¡güin, güin, güin!
Después, tocaba el tambor
¡porrón, porrón, porrón!
Pero nada de nada
le funcionaba
al pobre Sinsón.

Y así, cada tarde,
niños y padres paseaban
ante un payaso de cartón.

***
Autora: ALMUDENA ORELLANA PALOMARES

La oveja Teresa

Cuentan que, un año,
la oveja Teresa
se asustó al oír algo
y huyó del rebaño…

Ocurrió que
Perico el pastor
tenía visita, aquel día,
de su nieto Matías.

Fueron los dos a pastar
y, a las tres del mediodía,
el abuelo Perico quiso
que parasen a descansar.

Y en el alto del camino,
Perico contó un secreto
a su nieto, para que
la siesta pudiese tomar.

Mira, pequeño,
un remedio muy viejo
y también eficaz,
es contar ovejitas
hasta no poder más.
Primero cae una;
luego la otra,
y así todas las demás.

Cuentan que un año
la oveja Teresa
se asustó al oír algo
a la hora de la siesta…

***
Autora: ALMUDENA ORELLANA PALOMARES

El niño Pestiño

El niño Pestiño
del que os voy a hablar,
tiene una historia
muy particular:

si le daban agua,
pedía limón,
si le daban juego,
quería un sillón.

Contra y recontra
el niño Pestiño,
daba sus pasos
a cada hora.

***
Autora: ALMUDENA ORELLANA PALOMARES

Las mujeres de las trenzas

Cuenta una leyenda
que las mujeres de las trenzas
aran la tierra y cuidan de ella,
con sus niños en la chepa.

Que cultivan preciosas flores
que ponen sobre la mesa,
junto a sabrosas recetas.

Y que, misteriosamente,
tiñen el cielo,
al llegar la noche,
de poderosas estrellas.

Así, siempre, y cada noche,
las mujeres de las trenzas.

***
Autora: ALMUDENA ORELLANA PALOMARES

Caracolita del mar

Caracolita del mar,
dime qué susurras
en oído atento
y silencioso hablar
de quien te escucha.

Dime qué susurras,
Caracolita del mar,
y te contaré mis secretos,
a la orilla de la noche
y de los sueños.

Caracolita del mar
¡Qué bonito lo que cantas,
cuando me pongo a escuchar!

***
Autora: ALMUDENA ORELLANA PALOMARES

Una noche de cuento

Dime que tienes tiempo
para contarme un cuento
esta noche,
mamá.

Quiero que me susurres
bajito,
tendido sobre mi oído,
historias del más allá.

Quiero que me traigas duendes
y que hagas sonar trompetas
y, junto con mil caballos,
llenes mi habitación
de magia, color y fiesta.

Y yo…
prometo estar bien atento,
{¡y más que contento!}
si tú esta noche vienes
a contarme un cuento.

***
Autora: ALMUDENA ORELLANA PALOMARES

La Rima en O

Llegó el verano
que rima con O.

Sol, canción,
sandía y melón.
El mar suena a risa
y el pueblo a tambor.

[Que no acabe nunca esta canción…]

Helado, pescado
y vestidos de lima limón.

[Que no acabe nunca esta canción…]

¡Cuaderno,
libro de texto
y lápiz del dos!

Qué bonito fue rimar
el verano con la O…

Viajando por un libro

¡Cu-cú!
Cantaba una cabra,
vestida de gala
sobre una manzana.

¡Miau!
Maullaba una mula,
mientras pintaba el cielo
sobre una grúa.

Podían nadar las aves
y volar los cocodrilos.
¡Llevaban pañales
los grillos!

Y todo esto sucedió,
viajando por un libro…

***
Autora: ALMUDENA ORELLANA PALOMARES

Sirena varada

Perdida sobre la tierra,
varada a orillas del mar,
solita se ve a una sirena.

Dicen que es una
estrella del mar,
con las escamas de bronce,
los dientes de marfil,
y la melena de plata.

Que hacía castillos
de arena, soñando
con ser humana.
Que el tiempo tiñó
de nieve su pelo,
esperando a ser amada.

Perdida sobre la tierra,
solita a la orilla del mar,
se ve a la sirena varada.

***
Autora: ALMUDENA ORELLANA PALOMARES

Carnaval

Carnestolendas se acercan.
Carnestolendas me traigas.

Con colores para el rostro
y alegrías para el alma.
Con maquillaje de plata
y máscaras de porcelana blanca.

Con caretas de tez tostada,
cabezudos y comparsas,
para ocultar con ellos
los malestares del alma.

Carnestolendas se acercan.
Carnestolendas me traigas.

¡Que viva la felicidad!
¡Que vivan las mascaradas!

Y que bailen los disfraces
antes de que las cenizas salgan.

***
Autora: ALMUDENA ORELLANA PALOMARES

Bichín colorado

A la fresca de junio nació,
Bicho, bichín, bichón.
Tras la alegría de mayo,
como un ratón.

Con sonrosadas mejillas
y dedos muy largos.
Con la sonrisa pintada
¡y el juicio ya bien formado!
Así vino al mundo,
tras despedirnos de mayo,
el príncipe de los sabios:
…Bichín…

¡Bichín Colorado!

Anunciando la madrugada llegó,
Bicho, bichín, bichón.
Tiñéndolo de amor todo
con su canción.

Bailaba la niña alegre

Bailaba la niña alegre
en una noche estrellada.
Movíase, al son del aire,
bajo la luna de plata.

¡Cómo bailaba la niña!
¡Cómo la niña bailaba!

Con ojos como dos faros
y finas pestañas bordadas.
Con el corazón muy blanco
y mariposas en el alma.

Danzaba la alegre niña
bajo la noche estrellada
Cómo bailaba la niña,
cómo la niña bailaba.

Migas de risa

Érase que se era
la historia de Elisa,
la pastelera.

Amasaba alegría
Elisa,
de trozo en trozo,
con montañas de harina,
huevo…

¡y migas llenas de risa!
Milhoja de salsa y fresa
para Señora Tristeza.
Bizcocho de risa y coco
para Don Paco
¡y poco!

[¡Que de la risa
se cae el moco!]

Érase que se era
en una asombrosa aldea,
la historia de Elisa,
la pastelera.

Nube, Nube

Nube que subes
por los tejados.
Nube que bajas
sembrando charcos.
Nube que sube,
nube que baja,
nube que vuela
sin dejar marcas.
Nube que pinta sombras,
nube que ahueca sueños;
nube que viaja
surcando el cielo.
Nube que subes,
nube que bajas,
nube que vuelas
sobre mi almohada.