Evocación

Aquel café de barrio, destartalado y frío,
testigo silencioso de nuestras confidencias,
extremo de rigores, conjunto de inclemencias,
que sólo caldeaban tu corazón y el mío.

Viejo café de barrio, adonde yo acudía,
donde tú me esperabas con el alma impaciente,
y cada vez, al verme, coronaba tu frente
con un halo de luz la fugaz alegría.

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Glosa

Acaso a ti mi ausencia
acompaña. A mi memoria
tu recuerdo…

Me acompañó tu ausencia día a día
en todas mis angustias interiores;
en medio de amarguras y dolores
llenó de tu nostalgia el alma mía.

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MENG

La insensatez de la juventud

Me he conocido
y me he dado cuenta de mi profundidad
porque constato que estoy en mi superficie

¿Qué hago aquí?
Nada
Nado

¿Y al fondo?
Todo

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YI

Los ángulos de los labios

Hay muchas luces iluminando la ciudad
Son las Resistencias

Nuestros ojos mirando brillantes Jas cosas
también son las Resistencias

La Resistencia es una herida que nunca cicatriza

La Resistencia no conoce los muros
ni los puños que se incrustan en los ojos

Resistencia:
palabra que impide el cerrar de las mandíbulas

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Las hojas al trasluz

Las hojas al trasluz
el tronco seco
Sola queda la rosa
solo el parque,
solo queda el camino,
yo
voy sola.

La lluvia no me empapa
la cara, ni una brizna
de yerba ni un cabello;
Sólo los píes se mojan
sin reserva
en los últimos charcos
de la tarde.

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El reclinatorio

¿Quién colocó mentira sobre el suelo
para las descansadas bienvenidas?
¿Para qué fe sin luz, ansias mullidas
arropan al dolor con terciopelo?

Quien cabalgue amargura, vaya a pelo
con las roncas espuelas doloridas,
fluyéndole la sangre por las bridas,
sobre las ancas de la bestia en celo.

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Mara

I

¿Dónde voy yo, Dios mío,
con este peso Tuyo entre los brazos?

¿Para qué has designado
mi pobreza fuerza a Tu cansancio inmenso?

Si quieres descansar, descansa en otros,
apoya Tu palabra en otra bocas
que te dirán mejor.

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Río del olvido

A la sombra del árbol del olvido,
a la orilla de Guad-El-Letheo,
allí hicimos los hoyos para clavar la tienda
y vivir esa tregua que el destino nos daba.

Por el cielo, las blancas palomas,
por el río, las pausas del agua,
de tu mano a la mía un olor transferible,
el efluvio del liquen entre cantos rodados.

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Solo me queda el corazón

Solo me queda el corazón. Palabras
ya no me bastan. Sobra el pensamiento.
Solo me queda el corazón, más grande,
cada vez más amargo y más sediento.
Hablo con él, le digo: ten cuidado,
te has lastimado muchas veces. Pero
yo bien sé que me puede y que se crece
con cada asombro y cada desaliento.

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Es una pena pero

Todo concluye.
Hay cosas que mueren de golpe,
sin volver la cabeza, como es el caso de un pequeño
gorrión contra el parabrisas.
Otras, van yéndose despacio y son
tan irrecuperables como aquellas, así
la ternura
o el conocimiento,
o la dulzura de unas piernas, o en
definitiva el amor.

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Quizá sea ya tiempo

Has borrado el color de la añoranza
desciendes a la paz de nuestro olvido, lento
y necesario. Me escribes
con la lógica
desde el lugar de tu silencio.
Desertar del recuerdo quizá sea la forma.
Quizá sea ya tiempo de limpiar los zapatos,
de emprender el camino hacia días más lentos
donde escasee el fruto del deseo,
y las horas
no duelan por la simple querencia
de una piel.

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A mi lira

¿Por qué te abandoné? ¿Por qué, inclemente,
plácida y dulce compañera mía,
no te acaricio ya, cual otro tiempo,
y te dejo olvidada tantos días?
Yo te encontré en el valle una mañana
de la copa de un árbol suspendida
y, al verte, me detuve a contemplarte
con mi inocente candidez de niña.

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Laberinto

Empedrar
el fondo de los lagos.

Volver al aula
de la que huiste.

Irse, otra vez desnuda,
a la vereda de confesión.

Comprender ahora
antiguos pecados de avaricia
robustos pecados de palabras.

A la poesía que sirvo es vivir.

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No escribir

Digo No escribir
y conspiro con la ausencia real
donde algunos años se plegaron
a otro origen de la melancolía:
darme pereza seguir buscando
el gemido de la creación, darme rubor
volver a sembrarme el cereal
que después la mano, dicen,
podría cortar bajo los cielos.

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Regrésame

No sabrás con certeza
tu caminar conmigo
en este verano de temblor
frente a los álamos.
Debo decirte
nunca conocerás
cómo te he amado
hasta dónde el sol
me ha entrado en la boca
el hueso en la garganta
toda la soledad
dorándome
lo que tú has amado.

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A FEDERICO GARCÍA LORCA

Sal tú, bebiendo campos y ciudades,
en largo ciervo de agua convertido,
hacia el mar de las albas claridades,
del martín-pescador mecido nido;

que yo saldré a esperarte, amortecido,
hecho junco, a las altas soledades,
herido por el aire y requerido
por tu voz, sola entre las tempestades.

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A LUIS CERNUDA

Si el aire se dijera un día:
–Estoy cansado,
rendido de mi nombre… Ya no quiero
ni mi inicial para firmar el bucle
del clavel, el rizado de la rosa,
el pliegecillo fino del arroyo,
el gracioso volante de la mar y el hoyuelo
que ríe en la mejilla de la vela…

Desorientado, subo de las blandas,
dormidas superficies
que dan casa a mi sueño.

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A MISS X

¡Ah, Miss X, Miss X: 20 años!
Blusas en las ventanas,
los peluqueros
lloran sin tu melena
–fuego rubio cortado–.
¡Ah, Miss X, Miss X sin sombrero,
alba sin colorete,
sola,
tan libre,
tú,
en el viento!

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ALGUIEN

Alguien barre
y canta
y barre
(zuecos en la madrugada).
Alguien
dispara las puertas.
¡Qué miedo,
madre!
(¡Ay, los que en andas del viento,
en un velero a estas horas
vayan arando los mares!)
Alguien barre
y canta
y barre.

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AMARANTA

… calzó de viento …
GÓNGORA

Rubios, pulidos senos de Amaranta,
por una lengua de lebrel limados.
Pórticos de limones, desviados
por el canal que asciende a tu garganta.

Rojo, un puente de rizos se adelanta
e incendia tus marfiles ondulados.

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CORRIDA DE TOROS

De sombra, sol y muerte, volandera
grana zumbando, el ruedo gira herido
por un clarín de sangre azul torera.

Abanicos de aplausos, en bandadas,
descienden, giradores, del tendido,
la ronda a coronar de los espadas.

Se hace añicos el aire, y violento,
un mar por media luna gris mandado
prende fuego a un farol que apaga el viento.

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CUBA DENTRO DE UN PIANO

Cuando mi madre llevaba un sorbete de fresa por sombrero
y el humo de los barcos aun era humo de habanero.
Mulata vuelta bajera.
Cádiz se adormecía entre fandangos y habaneras
y un lorito al piano quería hacer de tenor.
Dime dónde está la flor que el hombre tanto venera.

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EL ÁNGEL AVARO

Gentes de las esquinas
de pueblos y naciones que no están en el mapa
comentaban.
??Ese hombre está muerto
y no lo sabe.
Quiere asaltar la banca,
robar nubes, estrellas, cometas de oro,
comprar lo más difícil:
el cielo:
Y ese hombre está muerto.

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