Al pasar otra hoja

Al pasar otra hoja
de oraciones marianas
un día nuevo comienza
con promesas
cargadas de energía…
En el cielo, tronada.
En el piso, calzada.
En el cuarto, Donana,
con el alma vacía.
Volviendo a pasar
hojas cansadas
de un viejo misal
donde flores del mal
quedaron escondidas.
Pétalos de la Nada.
Rosa profanada.
Vida encontrada
y perdida.

Alguien recuerda cómo

¿Alguien recuerda cómo se llamaba
la enredadera que se asomaba
por el hombro de la cerca
vigilando la calle
con fragancia de miel y de dulces
memorias?
Nadie olvida
la casa de la infancia
siempre clara y alta
y lo bastante amplia para todas
las historias.
Pero entre olvidos y remembranzas
¿quién recordará
la magia sencilla
de un buzón de correo?
Viejo hueco del muro
olor a humedad
ladrillo y misterio.
Arena por los lados
donde arañas tejen
y hormigas pasean
infinitamente ajenas
a la otra realidad:
este cofre que cada día
se llena y se vacía
de su propio secreto.

Aquí va la encomienda

Aquí va la encomienda
hace tiempo prometida.
No va certificada,
prefiero la garantía
de este sello
que pego con celo
y saliva.

Destapa la caja
a la manera bien minera:
Minas jamás se entrega
la primera.

¿Ves las cortinas
de vagones en fila?
¿Las colinas diamantinas?
¿Las lamparillas
y las hondas vasijas?
¿De los pez-puercos, la pantomima?
¿Y esas finas chiquillas
opalinas?

Entonces tienes Minas.

Dame el cuchillo

-Dame el cuchillo.
-Pásame el tazón.
-¿Me alcanzas la sopera?
La mesa
eternamente
puesta
para la posible
visita.
El espíritu minero
el arranque hospitalario
imposible
desde el pasado
fijo me mira.

Me hundo

Me hundo en estos pedazos
me pierdo en tantos trabajos
lavar blanquear almidonar
tejer cortar y coser
descascarar sofreír escaldar…

Ay, vida en filamentos
labora de brasa y pan de maíz
faena agridulce
a fuego lento.

Ay, si el tiempo fuese
llave goteando
verja que abriese
hacia el futuro.

Pero todo es cerrojo
y tizne oscuro.

Perdí el tren

Perdí el tren
y el miedo
de perder.

Perdí el tren
y el miedo
de perder
trenes.

Perdí el tren
y el miedo
de perderte

Perdí el tren
y el miedo
de perderte,
¡tren!

Perdí el tren
por miedo
de perderte.

Treinta indulgencias

Treinta indulgencias
cien jaculatorias.
Tantas penitencias
padres -nuestros y glorias
novenas patenas sotanas
y credos y cruces y salves
en las capillas de las grandes grutas
entre los oros de las matrices…
Pero Dios, el Verbo en persona,
¿resuena en la voz de las campanas?
Y las almas, ¿se sienten felices?

Y ese sonido

Y ese sonido que poco a poco
a se apodera
de toda la ciudad
¿es acaso quimera
o fiera de verdad?
Es un convoy de vagones
que con su chillido corre
y en cada triste grito
el pasado llega.
Pasa el pasado
y descompasado
algún corazón
brincotea con el pito.