La sociedad secreta

Has llegado a mi casa
ordenando las quejas
de la noche.
—Besos como pequeños corazones
se cayeron al suelo
sin cuidado—.

El verdor de tus ojos
era una tierra fértil
cultivada entre lágrimas.

“¿Cuánto pesan los astros?”,
preguntaste,
“¿y las horas del día?

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