ÁRBOL SIN FRUTO de Antonio Plaza Llamas

Rico el viejo de abriles y arrogancia,
conozco el mundo, —dice— porque olvida
que es la existencia una perpetua infancia,
la vejez una infancia encanecida,
y la ciencia del hombre la ignorancia.

El anciano, ese niño que chochea,
pretende el velo desgarrar, impío,
de la verdad, que conocer desea…
¡pobre Ixion abrazado del vacío!
¡pobre Alcidas que en mármol se recrea!

Nadie este mundo conocer espere:
foco es de sueños nuestra edad florida,
y aunque otra edad a la razón prefiere
la muerte llega al sospechar la vida,
y el hombre, niño, como nace, muere.