El ángel de Luis Alvarenga

A Silvia y Delia, en lo que aún no nos perece

Abierta está el arca:
Se renueva el rito de manos enlazadas.
Es noviembre.
Vi tierra nueva al ver
fijamente a tus ojos.

*
Hablábamos, entonces, de los días ya idos,
en los que tú hollabas suavemente,
lo suficiente como para conmocionar
a los peces del abismo.
Una encendida novedad nos agitaba.
Descubríamos el imperio del pectoral
el pozo donde nacía
un segundo corazón.
Eran tiempos de alegre hambre, creo.
En el azar venía también el momento del vacío,
el desfiladero que nos aterrorizaba,
pero al cual volvíamos
con alas de abeja.
Venías y me dabas flechas antes de volver a irte.
Yo cruzaba de nuevo el Río del Olvido.

*
En la luz descubro que los fantasmas
aún no han venido.
Esto es lo que me queda: luces,
un campo de juegos donde admirar mis distintas sombras.
Y sin embargo,
se oye el oleaje desde ayer deslumbrado
como desde el refugio de un caracol.