EL BUEN SENTIDO de Antonio Plaza Llamas

Allá en los tiempos remotos,
en la genésica edad,
cuando mamaba Tancredo
solamente a su mamá;
errabunda y amarrida
la indeclinable Verdad
viajó en desnudez completa,
enseñando, como Adán,
un espectáculo sin
el signo gramatical.
En ese ropaje impúdico
nadie la quiso aceptar,
y despechada huyó entonces,
como huyó don Sebastián.
Al instante la mentira
vino su puesto a ocupar,
ornada con falsas joyas
y con sérico disfraz.
Parece que el Buen Sentido
también como ella se va,
si no quieren los mortales
proveer de conformidad
a varios puntos que abraza
un extenso memorial
que en forma elevó, pidiendo
lo que sigue, y algo más.

*

Que los gobiernos gobiernen
con el palo y con el pan,
y que haya sólo dos sopas
para el que proceda mal;
que no sea mito el sufragio
que no sean mito la paz,
el poder de los ediles
y la ley fundamental.
Que no vengan al Congreso
los burros a rebuznar;
que se dé asilo en la cárcel
a tanto infame curial;
que a todo judío que presta
así, como Alí-Valay,
los expertos petardistas
lo dejen sin un real;
que los fulleros que roban
con la sota y con el as,
marchen a medir los muros
del castillo de San Juan;
qué a los pollos que se achispan,
a esos pillos en agraz.
a mañana, tarde y noche,
los flagelen sus papás;
que a las viejas se les quite
de la lengua la mitad;
que den las pollas de baja
el morrión piramidal,
base del petit sombrero,
con más rosas que un rosal;
pues así parece que
vendiendo cuajada van;
que a don Vicente Palacio,
novelista y general,
por ser en letras recluta
y en las armas algo más,
para que sane y despierte
del sueño presidencial,
en el palacio de locos
le den hospitalidad,
y que a su espada febrida
cuelguen en el gavilán
inmaculadas coronas
de azucenas y azahar;
que Romero, ese que suma
y resta sin caridad,
para saber dividir
aprenda a multiplicar;
que a tanto versero imbécil
que ignora hasta el b a-n, ban
se le remita a la escuela,
a donde también irá
el imbécil que a sus versos
pone aquí punto final.