Los bebedores de café de Alfonso Quijada Urías

Para el próximo mes habremos engordado hasta decir ya no
caminaremos como cerdos acostumbrados a la siesta,
al casi descanso eterno;
por algo nos criaron celestes,
con el permiso de cometer toda clase de pestilencias.
Este año,
como todos, nos quedamos en casa contemplando el jardín,
meditando
sobre la muerte y el origen del ser. Por la misma época en que subían
las montañas, hasta quedar cagados como niños de pecho, otros muchachos,
que no eran de ninguna manera razonables,
por otro lado, gente que no cruzó los brazos, ni jugó al líder.
Hubo quien se creyó la bragueta de Panurgo, hubo
quien empezando de marxismo
le dio el tiro de gracia. Hubo.
Hoy se aprende afuera de casa, lejos del old spice:

En cualquier lugar donde nos sorprenda
la muerte bienvenida sea

Nosotros los bebedores de café, guardamos tu ejemplo
para alimento de nuestra polilla,
acobardados,
gordísimos,
sin poder levantar el pie derecho, perfumados, grandes provocadores
de una guerra pacífica,
en este país de EL PERDEDOR,
al año del sacrificarse en la pirámide funeral.