Cantar de los cantares

(fragmento IX)

Minarete de alabastro,-
Torrecilla de alabastro cimbradora
Cual pedúnculo vibrátil, -¡es tu cuello!

Si tu cuello,
Hija mía, madre mía, novia mía,
Es la blanca columnita cimbradora

Que se yergue balancea
Que se yergue columpiando la presea
¡de tus rizos de tus ojos de tu faz encantadora!

Décimas

Yo soy flor que se marchita
al sol de la adversidad,
el arbolito en mitad
de la llanura infinita.

La paloma, pobrecita
que arrastran los aquilones,
entre oscuros nubarrones
de tempestades airadas,
soy la barca abandonada
en el mar de las pasiones.

Soy el ave que al bajar
de los aires fatigada,
no tiene ni una enramada
ni un árbol en que anidar;

y si vuelve a levantar
las tristes alas del suelo,
encuentra nublado el cielo
y desecha la tormenta,
y el pájaro se lamenta
y vuelve a tender su vuelo.

Yo no canto por llamar
la atención que no merezco,
yo canto porque padezco
penas que quiero olvidar;

que tan solo con cantar
se va al viento nuestra pena,
y yo tengo el alma llena
de pesares y amarguras,
¡Más que en La Pampa hay anchura
más que en la mar hay arena!

¡Adiós primorosa flor!
Adiós lucero invariable,
solamente comparable
a la estrella de mi amor;

cuando sientas un dolor
parecido al que yo siento,
Dios quiera que tu lamento
no sucumba en la ignorancia,
y atraviese la distancia
sobre las olas del viento.

Lo que yo quiero

I

Quiero ser las dos niñas de tus ojos,
las metálicas cuerdas de tu voz,
el rubor de tu sien cuando meditas
y el origen tenaz de tu rubor.
Quiero ser esas manos invisibles
que manejan por si la creación,
y formar con tus sueños y los míos
otro mundo mejor para los dos.
Eres tu, providencia de mi vida,
mi sostén, mi refugio, mi caudal;
cual si fueras mi madre, yo te amo…
¡y todavía más!

II

Tengo celos del sol porque te besa
con sus labios de luz y de calor…
¡del jazmín tropical y del jilguero
que decoran y alegran tu balcón!
Mando yo que ni el aire te sonría:
ni los astros, ni el ave, ni la flor,
ni la fe, ni el amor, ni la esperanza,
ni ninguno, ni nada más que yo.
Eres tu, soberana de mis noches,
mi constante, perpetuo cavilar:
ambiciono tu amor como la gloria…
¡y todavía más!

III

Yo no quiero que alguno te consuele
si me mata la fuerza de tu amor…
¡si me matan los besos insaciables,
fervorosos, ardientes que te doy!
Quiero yo que te invadan las tinieblas,
cuando ya para mí no salga el sol.
Quiero yo que defiendas mis despojos
del más breve ritual profanador.
Quiero yo que me llames y conjures
sobre labios y frente, y corazón.
Quiero yo que sucumbas o enloquezcas…
¡loca sí; muerta si, te quiero yo!
Mi querida, mi bien, mi soberana,
mi refugio, mi sueño, mi caudal,
mi laurel, mi ambición, mi santa madre…
¡y todavía más!

Pasión

I

Tú tienes, para mí, todo lo bello
que cielo, tierra y corazón abarcan;
la atracción estelar ¡de esas estrellas
que atraen como tus lágrimas!;

II

La sinfonía sacra de los seres,
los vientos, los bosques y las aguas,
en el lenguaje mudo de tus ojos
que, mirándome, hablan;

III

Los atrevidos rasgos de las cumbres
que la celeste inmensidad asaltan,
en las gentiles curvas de tu seno…
¡oh, colina sagrada!

IV

Y el desdeñoso arrastre de las olas
sobre los verdes juncos y las algas,
en el raudo vagar de tu memoria
por mi vida de paria.

V

Yo tengo, para ti, todo lo noble
que cielo, tierra y corazón abarcan;
el calor de los soles, ¡de los soles
que, como yo, te aman!;

VI

El gemido profundo de las ondas
que mueren a tus pies sobre la playa,
en el tapiz purpúreo de mi espíritu
abatido a tus plantas;

VII

La castidad celeste de los besos
de tu madre bendita, en la mañana,
en la caricia augusta con que tierna
te circunda mi alma.

VIII

¡Tu tienes, para mí todo lo bello;
yo tengo para ti, todo lo que ama;
tú, para mí, la luz que resplandece,
yo, para ti, sus llamas!

Sin tregua

I
Al clásico del compás establecido
para cantar las cosas soberanas:
invocando al amor y al buen sentido,
musas que deben ser hermanas:

sin temer ni a la crítica del ruido
ni a la pereza y cobardía humanas:
voy a cantar mis versos al trabajo…
¡al sin tregua, al feroz, al a destajo!

II
Pero pido, por Dios, se me permita
no lanzarme de golpe a la faena;
porque mi viejo numen necesita
saber si su cordaje siempre suena,

como el yacán sus miembros ejercita
para bajar sin dudas a la arena:
las aves de gran vuelo alzan su vuelo
después de breves pasos por el suelo.

III
Preludio que, tal vez, me salga largo,
y como largo, fatigoso enredo;
pues, al coger la pluma me hago cargo
de que me impongo más de lo que puedo,

y de mi propia fama sin embargo.
No fío de mi fama y tengo miedo:
¡para la eternidad fiarme de un pase
quisiera lograr yo, con una frase!

IV
Podrá ser que me valgan: ansia firme
de producir el bien de cualquier modo;
más que afán ateniense de lucirme,
furor de semidiós de hacerlo todo;

más que la pretensión de redimirme,
la de bruñir y honrar mi propio lodo;
¡y el fervor masculino, temerario
de hurgar mi corazón, no el diccionario!…

V¡Y me valieron ya!…gran llamarada
me llenó de saber sin más estudio:
templó mis fibras, afiló mi espada,
con sólo cuatro gotas de preludio;

y aunque las cuatro en si no valen nada,
las dejo como están, no las repudio.
¡Para dar sus mazazos más certeros,
sólo escupen sus palmas los herreros!

VI
¡Levántate holgazán!…¿ves el conjunto?,
la gloriosa verdad de las estrellas,
pues sabe que sin ti, sombra, trasunto,
dejarían de andar y de ser bellas;

¡porque basta que ceda un solo punto,
para verlas caer a todas ellas!…
¡Levántate holgazán: vibre tu pulpa,
peligra el universo por tu culpa!
VII
Nadie te dice, nadie, que no sueñes
y la luz de otros tiempos no vislumbres;
que sin haber subido te despeñes,
y a vivir despeñado te acostumbres;

que la visión angélica desdeñes,
de la paz que sospechas en las cumbres;
¡más de tus sueños de holgazán no hables!;
proque tienen que ser ¡muy miserables!
VIII
Aquel que se desploma en su miseria,
padece la miseria de si mismo…
en su nervio, en su músculo y su arteria,
desteje, desordena el raquitismo:
¡fiebre de destrucción, furor de histeria,
dinámica de sombra y cataclismo!…
¡Levántate chacal: deja tu acecho,
huye para in aeternum de tu pecho!

IX
¡Huye para in aeternun, en el carro
de los suspiros que al gemir exhalas!…
¡fuga, como una esencia de su tarro:
sueña, como una larva, con tus alas;

brota, como una flor brota del barro;
surge de tu dolor, lleno de galas;
ten una vez, hermano, la inmodestia
de pensarte más hombre que una bestia!
XL
lenate de ambición, ten el empeño;
ten la más loca, la más alta mira;
no temas ser espíritu, ser sueño,
ser ilusión, ser ángel, ser mentira.

La verdad es un molde, es un diseño
que rellena mejor quien más delira…
¿que la ciencia es brutal y que no sueña?
¡eso lo afirma el asno que la enseña!
XI
Naciste en el peldaño de una escala,
no en el seno confuso de una nube;
con el cetro en las manos, o la pala
pero raudo y audaz como un querube;

si no son los peldaños es el ala
que te despierta y que te grita:
¡sube!…¡sube sin timidez, no te abandones;
si te asusta volar, hay escalones!

XII
Escalones vibrantes que repelen
con poderosa percusión elástica,
que a salvar las alturas nos impelenen
una sin cesar marcha gimnástica;

¡anhelación de ser, marchas que suelen
rematar en la púrpura dinástica!…
¡no te duermas, por Dios; no hagas tu nido
en el vil escalón donde has nacido!

XIII
Yantar bien, dormir bien, es lo de menos;
pero soñar lo menos es afrenta;
no es digno del dolor romper los frenostan
solo por la vianda suculenta;

delante de un redil de vientres llenos!
prefiero yo la humanidad hambrienta!…
sueñan los grandes monstruos directrices
en un mundo bestial…¡sin infelices!
XIV
Genios de la igualdad, por cobardía,
o piratas protervos de alto bordo,
que quisieran un mundo sin porfía,
sin el pater familia, como el tordo;

mundo como el edén, pura ambrosía
hombre cual un rufián, feliz y gordo…¡
no desarrollan genio las mujeres,
porque sin gran dolor tienen placeres!

XV
¡Dolor, santo dolor; sol iracundo
que a las almas estólidas caldea;
que tortura a las fibras de lo inmundo
hasta que se hacen leña y se hacen tea!
¡Padre de lo mejor, amo del mundo;
generador supremo de la idea;
draga de remoción; llama expiatoria
que convierte las pústulas en gloria!

XVI
Odio por lo tranquilo y uniforme,
y ansia de otro nivel y de otro aspecto;
fiebre de perfección en lo deforme,
y hambre de superluz en lo perfecto;
soberbias de Luzbel; vacío enorme

en el alma sombría del insecto…
eso requiere Dios, para sus planes:
angustias de Satán…¡somos satanes!

V moltissimo piu avanti ancora

Si en vez de las estúpidas panteras y los férreos estúpidos leones,
encerrasen dos flacos mocetones en esa frágil cárcel de las fieras,
no habrían de yacer noches enteras en el blando pajar de sus colchones,
sin esperanzas ya, sin reacciones,lo mismo que dos plácidos horteras.
Cual Napoleones, pensativos, graves, no como el tigre sanguinario y maula,
escrutarían palmo a palmo su aula, buscando las rendijas, no las llaves…
Seas el que tú seas ya lo sabes: a escrutar las rendijas de tu jaula!