El rostro de Ana

Tu rostro, aire que comienza
y mirada que no termina sólo en la mente
o la profundidad del corazón.
Nada parecer amenguar tu rostro que vive,
ni los días que pasan
ni el tiempo que muere lejos del sol.
Tu rostro, tan cerca de ti
pero más cerca del alma incomprensible,
gracia
gracia y perdón.

Para alguien que aún no regresa en el tiempo I

Tu amistad como un amor no menos lúcido,
una marea que desobedeciera a la luna;
días de aguas altas hasta cubrir las rocas,
y luego -enfática- la resaca.
Pero la sangre sabe,
ninguna levedad impugna su destreza;
de lo vivido en aquellos días
quedan en verdad algunos momentos,
ya la invulnerable a la mala memoria
ya las pretensiones del tiempo.