Epilepso

Dentro de este hombre que visto
Hay un dios epiléptico
Que también desama.

Cómplice de las lluvias,
Las secreciones genocócicas, el suicidio.
A veces baja a pedirme un niño
Que le doy, golosamente.

Otras sube a mi cabeza
A roerme el tuétano caótico;
Se baña en mi oído intelectual.

¡Cómo no habrá de reír mientras me duerme;
Pero cómo muere cuando me llama una mujer!
Y cómo, y cuánto prueba mi almuerzo medio;
No tiene dientes pero una risa sí. Ay, si no tuviera
Mis brazos terminales.
Tengo cuidado de no perderlo en un papel
O cuando está convulso en sus galopaciones
Epilepso sufre: no por el miedo a la muerte
Sino por amor a la vida.

¡Cómo no habré de reír mientras se duerme!

Piano inédito

Cuando se inventó el piano de tu boca
Emergí detrás de la lluvia.
Subí
Por la escalera exento de mis palabras
Hasta tocar el Karma de tus senos.
Desde allí,
En puntillas,
Alargué mi destino para amarte,
Para entrar por ese piano inédito
Y salir
Entre tus piernas
Con una edad de placenta
Y un olor a bautismo.

Yo no tengo la culpa de esta lluvia

Y te nombré:
Sólo para cubrir con voces
Esta fosa común, este anticipo
De lo que ya no seremos…
Si Dios pudiera, terrestre y circunspecto,
Desenredarse de su cielo; resarcirse:
El hijo que tuvimos
No hubiese sido un remedo de su fuga
Sino un insecto verde que habría nacido en el mar.
Oyes: hay un ruido pertinaz en nuestra sangre.
Yo no tengo la culpa de esta lluvia.
¿Quién soy yo para maldecirte?
¿Quién, a la diestra del Hombre
Para derramar un veneno
A la hora del crepúsculo?
¿Quién para roer esta maldición dulce de tu cuerpo,
este rastrojo de la desolación, este crujido?
¿Acaso tengo derecho a las sílabas de odio
O el deber de encontrarme en tus cicatrices mías,
Y morir en el fondo de tu vida, de esta agua salobre
Que regurgita en tu beso, de esta insensatez
Que se desploma con tu ausencia?
¡No hay mejor argumento
Que esta distancia atroz que nos exhuma!
Esta lluvia que no es mía pero duele
Como un elefante sobre la aorta.
Este mar discontinuo donde se perdió tu nombre.
Ahora que viene el mar tú ya no estás.