EL COMPADRE TRENIDA de Carlos Rivas Larrauri

«Las mulas que son rejegas
no se dejan ensillar…
y si no pos que lo diga
el compadre Trenidá,
que pa dejarlas mansitas
¡ palabra que se las trai!

Primero les soba el lomo;
les echa aluego el bozal;
dimpués les planta el suadero,
sin apretar el pretal;
por fin les pone la silla,
y ya les puede montar…
¡Que pa las mulas cerreras
el compadre se las trai…

Y lo mesmo qui a las mulas
–manque sia mal comparar–
se las trai luego de rienda
el compadre Trenidá,
¡ mesmamente ansina, cuate,
a esa endina me he de trair!

Nada le aunque qui al prencipio
no se deje ni tentar,
pos lo mesmo le sucede
al compadre Trenidá
con las mulas que, del cerro,
a sus manos van a dar.

Nada Ii aunque que ya aluego,
cuando se deje sobar,
no aguante bien el suadero
ni que le apriete el pretal,
pos con pacencia y con maña,
el compadre Trenidá,
dice que no hay mula bruta
que no se pueda ensillar.

Y dimpués de que le ponga la silla,
tú ya verás cómo, manque me respingue,
no me va a poder tirar,
¡ pos la mula que yo monto
no me tira a mí en jamás!
Y por Dios del cielo, cuate,
a lo macho y de verdá,
¡ me cuadran las viejas broncas
pa poderlas amansar!»

Ansina me dijo Chema
por l’hija de don Sabás,
¡ una prieta cabos negros
que, por Dios qu’está hasta acá!
Y siguiendo ‘el sistemita
del compadre Trenidá,
se pasó cercas di un año
duro y duro y sin parar
hasta que una guena nochi…

-¿Al fin la ensilló..
-¡Qué va…!

¡ Si el que le puso la silla
jue’l compadre Trenidá,
que por algo tiene fama de saberlas amansar!