COSAS DE LA VIDA

No pirdas mano, el tiempo;
en balde es que me digas
las penas que yo tengo
la copa me las quita,
y, pase lo que pase,
tendré que ser ansina,
porqui al ponerme chuco
todito se mi olvida,
me viene guango el mundo
y a naiden pido frías…

Te lo agradezco mano…
bien sé qui harto m’estimas
y que te duele muncho
que mi haiga gúcíto ansina;
pero… es en balde, cuate…
¡Son cosas de la vida!

Es cierto lo que dices:
ya sé qu’es cobardía
qui un hombre por sus penas
se intriegne a la bebida,
pero es que t’equivocas
dialtiro site fías nomás de l’aparencia:

¡Yo soy un vil marica!,
¡un probe disgraciado
que no tiene ni pizca de macho,
ni de nada que guela a valentía!.

Si yo juera valiente,
¿tú cré~ qu’estaba viva
aquella disgraciada
qu’es causa de mi ruina…?

Ya luego aquello qu’hice,
¿no jile una cobardía…?
¿Por qué maté a aquel hombre
y no maté a la endina…?

Ella era la culpable;
porqu’él… gúeno,
tenía también algo de culpa,
pero era muy poquita,
porqu’esa re… canalla
me debe hasta la risa,
y él, pos, honradamente,
crio ni me conocía…
Pero es ansina el mundo,
¡son cosas de la vida!:
el más pior, tan tranquilo
y el más mejor, la vítima!

Y ora golviendo al cuento
de lo que te dicía,
verás por qué te dije
que soy un vil marica:
yo jui tan atascado
que ni me las olía,
ni supe que m’estaba
haciendo guey la endina,
hasta que en una tarde
di un desgraciado día,
me los jallé. . . “enfregante”
(crioque se dice ansina)
y, entonces, ¡ afigúrate
nomás qué sintiría!
Me puse como loco;
corrí pa la cocina;
cogí di allí el cuchillo,
y, sin saber qui hacía,
con ganas de Vengarme,
me jui sobre la endina
y… levanté la mano;
pero ella… -¡maldecida!
me vio con unos ojos
que nunca se mi olvidan,
y yo… bajé la mano y…
-ai’stá mi cobardía-
me dio ritiharta lástima,
la vide muy bonita,
y no pude ya hacerle
lo qu’ella merecia…

Pero yo’staba loco
de celos y de muina,
y, pa calmar las ansias
horribles que sintía,
necesitaba sangre
y… ¡el otro jue la vítima!

Dimpués, tú ya lo sabes;
pa qu’es que te lo diga:
cinco años en la Peni;
cuatro años en las Islas,
y, aluego, otros tres años
de darle a la bebida
queriendo olvidar cosas
que nunca se mi olvidan…

¿Pa qué puedo ser gúeno..
¿Pa qué queres que sirva,
si sólo con la copa
las penas se me quitan. . .?
¿será el rimordimiento. . .?
¿Será qu’entodavía
mi acuerdo d’esa infame
que’s causa de mi ruina…?
¡Quén sabe! Pero… mano,
en balde es que me digas…

Es cierto lo que dices:
es una cobardía

qui un hombre por sus penas
se tire a la bebida,
pero… con todo y todo,
ya más mejor no sigas…
¡ Pa mí ya no hay remedio…!
¡Son cosas de la vida!

EL COMPADRE TRENIDA

“Las mulas que son rejegas
no se dejan ensillar…
y si no pos que lo diga
el compadre Trenidá,
que pa dejarlas mansitas
¡ palabra que se las trai!

Primero les soba el lomo;
les echa aluego el bozal;
dimpués les planta el suadero,
sin apretar el pretal;
por fin les pone la silla,
y ya les puede montar…
¡Que pa las mulas cerreras
el compadre se las trai…

Y lo mesmo qui a las mulas
–manque sia mal comparar–
se las trai luego de rienda
el compadre Trenidá,
¡ mesmamente ansina, cuate,
a esa endina me he de trair!

Nada le aunque qui al prencipio
no se deje ni tentar,
pos lo mesmo le sucede
al compadre Trenidá
con las mulas que, del cerro,
a sus manos van a dar.

Nada Ii aunque que ya aluego,
cuando se deje sobar,
no aguante bien el suadero
ni que le apriete el pretal,
pos con pacencia y con maña,
el compadre Trenidá,
dice que no hay mula bruta
que no se pueda ensillar.

Y dimpués de que le ponga la silla,
tú ya verás cómo, manque me respingue,
no me va a poder tirar,
¡ pos la mula que yo monto
no me tira a mí en jamás!
Y por Dios del cielo, cuate,
a lo macho y de verdá,
¡ me cuadran las viejas broncas
pa poderlas amansar!”

Ansina me dijo Chema
por l’hija de don Sabás,
¡ una prieta cabos negros
que, por Dios qu’está hasta acá!
Y siguiendo ‘el sistemita
del compadre Trenidá,
se pasó cercas di un año
duro y duro y sin parar
hasta que una guena nochi…

-¿Al fin la ensilló..
-¡Qué va…!

¡ Si el que le puso la silla
jue’l compadre Trenidá,
que por algo tiene fama de saberlas amansar!

EL MIL SETECIENTOS CINCO

¡EL número de la suerte…!
¡El mil setecientos cinco.. .!

¡ Quén quita y que se la saque,
merque siquera un cachito…!
¡ Fíjese en que suma trece
y es un número chulísimo…!

No sia’sté ansina, mi jefe,
yo sé bien lo que le digo… ¡
lo qu’es hoy le toca el premio
al mil setecientos cinco.. .!

Por su mamacita santa,
no sia’sté malo conmigo,
qu’en toditita la nochi
no he vendido ni un cachito
y manque ya son las doce,
no me he ganado ni quinto..

En l’ínter mi mamacita
está muy mala dialtiro,
y han d’estar chillando di hambre
mis otros cinco hermanitos,
pos yo, qui ora ando en diez años,
soy la mayor de los cinco…

No sia’sté malo, mi jefe,
y mérquemi usté un cachito..
¡Quién quita y que se la saque
el mil setecientos cinco!

Dende que, va pa cuatro años
que quedamos guerfanitos,
porque a mi güen siñor padre
nos lo mataron dialtiro
a la mala en un bodorrio
por culpa di un mal amigo,
dende’ntonces mesmamente
por Dios que no hemos sabido
lo qu’es pasar una nochi
sin qui haiga hambre o haiga frío…

Conque. . . ándeli usté, mi jefe,
juegue siquera un cachito…
¡ Verá como se la saca
el mil sestecientos cinco

No, patrón, yo no sé ler,
porque en jamás he podido ir a l’escuela…
Primero por cuidar mis hermanitos;
dimpués porque mi mamá quedó tullida
dialtiro de tanto andarse tallando
en eso de fregar pisos,
y ora… pos porqui hay qui andar
muncho pa ganarsi un quinto
y que no se muera di hambre
ni ella ni mis hermanitos…
Con qui ándeli usté patrón…
Le voy a dar un cachito…

¿Qué cosa dice, mi jefe…?
¿Qué no merca’sté un cachito…?
¿Qué lo quere todo intero?
¡Qué gueno es usté conmigo…!

Ansina, con estos jierros,
tendrán pan mis hermanitos,
mi mamacita su leche y yo…
¡ pos munchos cariños!

¡ Patrón, munchi’simas gracias!
¡ Munchas gracias, jefecito…!
¡ Dios quera que se la saque
el mil setecientos cinco…!

EN LAS MESMAS LOSAS

Cuando le dijeron qu’él ya’staba muerto sintió una congoja;
le dio como una ansia, y en nadita ‘stuvo,
que la probe al suelo cayera redonda.
Dimpués se compuso; corrió p’al petate onde ‘staba Concha
-su chilpayaúta di apenas seis messes-, l’agarró en sus brazos, la besó en la boca
y salió corriendo mesmamente como si estuviera loca.

Ansina…corriendo… casi sin resuello jue a dar hasta l’obra
onde él trabajaba y all’intonces supo como jue la cosa:
¡su viejo… su Pedro… al qu’ella le bia dado su carino y entriegado su honra,
el padre de su hija!, en una de malas cayó del andamio más alto de l’obra.
¡ Ai’staba la sangre entovia fresca sobre de las losas!

Cuando ella la vido, no pudo la probe chistar ni palabra;
quedó como sonsa, con los ojos fijos sobri aquella sangre
qu’estaba en las losas… ¡En tal vez pensando lo qu’iba a ser d’ella
quedándose sola…! ¡ Solita en el mundo con su chilpayata!
¡Solita en el mundo con su bijita Concha!

Y a poquito tiempo, cuando ella ya bía llevado al empeño toditas sus cosas
-primero su catre, aluego la cómodda dispués las cobijas, aluego la colcha,
y, ansina, todito lo que le quedaba de cuando con su hombre juera tan dichosa,
intonces dialtiro jue pior el asunto; se puso muy grave la probe mocosa.
¡Tá claro, si ansina, con tantas miserias y tantas congojas,
la probe criatura mamaba veneno en vez di otra cosa!

En balde la madre pasó muchas nochis interas velando a su hijita Concha…
¡ aquel angelito, en muy pocos días voló pa la gloria!

Y cuando la vido ya muerta, y aluego que se la llevaron pa echarla en la fosa,
onde hemos d’ir todos los que no tenemos, pa cuando nos muéramos, un poco de mosca,
(porque en este mundo ni dimpués de muertos los probes y ricos son la mesma cosa),
intonces dialtiro perdió su celebro, se quedó sin juicio y se golvió idiota.

Y, aluego de tiempo, ¿quén iba a dicir qu’esa pordiosera cochina y piojosa
que todos los dias pasaba las horas, junto de la casa onde’stuvo l’obra,
cuando el probe Pedro se quebró la cholla,
era aquella era aquella mesma tan arregladita,
era aquella mesma tan trabajadora
que jue gúena madre y jué gilena esposa…?

Todos los vecinos de por ese barrio,
vieron muncho tiempo a la probe loca,
qui allí sentadita pasaba las horas,
sin chistar palabra, pidiendo limosna,
cada vez más triste… cada vez más mensa…
¡ Con los ojos fijos sobri aquellas losas…!
¡ Y ansina harto tiempo¡… ¡ Ansina hasta el día
en qu’él Siñor quisó llevarla a su gloria!

Por fin, una nochí del mes de decembre,
jallaron ya muerta a la probe loca…
¡ Ya muerta por l’hambre!…
¡Tiesa por el fro!
¡Tirada a lo largo en las mesmas losas
en qu’el probe Pedro
-iba pa dos años-se quebró la chollla!

¡La verdá de Dios!… ¡De veras, mis cuates,
me da muncha cólera de ver que la suerte,
con los que son guenos, dialtiro la troncha,
¡en l’ínter qui hay munchos que son puras mulas y son los que gozan!

Pero… ¡ ansina es la vida y, manque nos pese,
no semos nosotros quenes la compóngamos!
Y ora….. ¡pos a darle mientras que nos toca!

¿Qué toman astedes?… ¡A ver, don Ambrosio,
ora yo disparo, sírvanos las otras!

LA PROBECITA DE INACIA

Cuando se vino del rancho,
todos créiban que si armaba;
naiden pensó qu’eso juera
la ruina de la chamaca.

Se vino porque la cosa
andaba dialtiro gacha;
eran munchos de familia
y, pa sostener la casa,
con lo que ganaba Lucas
ni modo que si ajustara.
Y como l’amo del rancho
necesitaba una gata,
pensó Lucas que era gueno
que juera a sirvir la Inacia,
su hija mayor, qui apenitas
en los quinci años andaba.

Sempre jue la consintida,
pos, dende muerta su mama
iba ya pa los cinco años,
ella jue la de la casa,
cuidando a sus hermanitos
y a Lucas, sin que s’echara
de menos a la dijunta
en las cosas de la casa.

Ella s’iba tempranito
a llevarle la canasta a Lucas,
pa que tuviera sus gordas
y su Tlamapa, sus chilitos,
sus frijoles y todo lo qui hace falta
al pión que, dende temprano,
s’está dando la gran talla
pa sacar, al fin de cuentas,
treinta centavos de raya.
Y, aluego ya que golvía
de darli a la tíacualiada,
l’entraba duro y cantiado
al quihacer que bía en la casa…

¡Era una cosa muy chula
ese dimoño d’Inacia!
Pero l’hambre andaba recio
y a Lucas no le quedaba
más rimedio que’l que juera
su hijita a sirvir de gata,
pa que ganara unos jierros
conque’l probe si ayudara.

Y ansina jue com’un dia
intriegó Lucas a Inacia
en casa del siñor amo
pa que sirviera de gata,
al cabo l’amo era gueno
y siguro iba a cuidarla…

Al prencipio recibia
a una carta por semana;
dimpués una cada mes,
y aluego ya ni una carta,
pero eso era lo de menos,
Lucas no se priocupaba,
porque, al fin y al cabo,
su hija se jallaba en gu~ena casa.

En cercas de cinco meses
n’hubo noticias d’Inacia,
hasta qui un día se supo
qu’estaba dialtiro mala
y qu’era gúeno que jueran
de su casa a vesitarla,
porque la cosa era grave
y no juera la disgracia…

luego luego, el gúen Lucas,
s’hizo de tantitas lanas
y corrió a ver a su hijita,
a su probecita Inacia;
pero… ¡ya la jalló muerta!
¡ Acababan d’intierrarla!
Claro’stá qui averiguó
cuál jue di aquello la causa
y… ¡lo que supo jue horrible!
¡ La muerte de su chamaca,
jue a causa di un bebedizo
que le dieron pa qu’echara
el fruto de su dishonra
que llevaba en las entrañas…!

Y dicen las malas lenguas
qui a veces no son tan malas,
qué de toditito aquello
que le sucidió a l’Inacia
tuvo la culpa don Pedro,
el amo di aquella casa
qui a Lucas le paricia
de munchisima confianza..

Dende entonces, el gijen Lucas
no a guelto a jallar la calma
y a todos los que s’incuentra
les dice, bañado en lágrimas:

“¡ Malhaigan los atascados
que sueltan a sus chamacas…!
¡ Malhaigan los que no sernos
ni siquera pa cuidarlas!”

NO PASA DEL CORREDOR

Si ustedes me lo permiten
escribiré en español,
porque hoy no me da la gana
de hacer versos en “folk-lore”.

Y si no me lo permiten,
concédanme su perdón
y sin más contemplaciones
doblen la hoja y.. . se acabó.

Pero como yo les debo
dar alguna explicación
del motivo que me obliga
a escribir en español,
o en algo que se parezca
a ese idioma encantador
(no vaya a venir alguno
y diga que es presunción
llamar lengua castellana
a ésta en que escribiendo estoy),
voy a explicarles a ustedes
la causa por la que yo
hoy escribo estas cuartillas
en mal romance español.

Imaginense que anoche
un amigo me pidió
que fuera en su compañía
a cierta amable reunión;
y yo, que soy complaciente,
no quise decir que no
y fui a donde me llevaba mi amigo;
pero, por Dios puedo jurarles
a ustedes que no imaginaba yo
la plancha que iba a tirarme
en la famosa reunión,
por causa de una señora
que me tildó de impostor
en el preciso momento
en que alguien me presentó
diciéndole que yo era Rivas Larrauri,
el autor de aquellas rimas vernáculas
de “grata” recordación
(lo de “grata” lo dijo él,
no vayan a creer que yo).

Y es que la buena señora,
en su inocente candor,
no quiere admitir la idea,
ni jurándolo por Dios,
de que pueda quien escribe
esas “cosas” de “folk.lore”,
vestir de gente decente
y hablar “casi” en español.

La muy… ingenua pensaba
que este humilde servidor,
en vez de usar un “plumaje”
cortado a la perfección
(esto es para que Martínez,
mi sastre, con esta flor
me cobre un poquito menos
en la próxima ocasión),
vistiera de rigurosa mezclilla
un buen “overol”;
y en lugar del “Borsalino”,
del “Stetson” o del “Dobbs”,
un sombrero de petate
o un gorrito muy… “folk.lore”.
Mucho menos concebía
que pudiera hablarle yo
sin decir “dialtiro”, “ansina”,
“me cuadra”, “no li aunque” y “pos.”

Y como sé que la duda
dialtiro se le quedó,
pos he querido prebarle
que también en español
echa verso, si. se ofrece,
su gúen cuate y servidor…

Pero. . . ¡ caray! si ora caigo
en que ya se mi olvidó
qu’encomencé en castellano
y ya rigresé al “folk.lore”.

¡ Lo que preba mesmamente
que tiene muncha razón
la siñora que no créiba
ni de relajo que yo
juera persona decente
y qui hablara en español…!
Y preba también, de plano,
qu’en cualesquera ocasión
“¡el que nace pa maceta,
no pasa del corredor…!”

NOMAS TU

Tú nomás eres quen no m’ingañas,
vieja y humilde guitarra mia;
tú nomás eres quen mi hago juerte
en mis desdichas…

Tú nomás eres quen mi acompaña
cuando el ricuerdo me mortifica;
tú nomás eres quen no le juye
a esta tristeza que me marchita…

Entre tus cuerdas, guardar supites
la triste hestoria di aquellos dias,
en que por culpa di una querencia
se jue pa sempre toda mi dicha…

Entre tu caja guardas sospiros,
y, mesmamente, en esas cuitas
con que ti adornas, si han redamado
mis lagrimitas. .

Tú guardas todas mis amarguras y mis desdichas,
y ya no pueden di allí arrancarlas
ni sus maldades ni sus perfidias.

Cuando en la noche viene el ricuerdo
de las traiciones di aquella endina
y no me deja pegar los ojos,
porque me duele, mi vieja herida.

¡ tú nomás eres quen me consuela,
vieja y humildé guitarra mía…!
¡Tú nomás eres la que disborra
el vil ricuerdo de sus perfidias!

Por eso, a veces, pongo los dedos
sobre tus cuerdas, qu’están tejidas
con los hilitos de mi probe alma,
qu’es la que llora cuando ellas vibran,
y cuando incima tiembla mi mano,
son los ricuerdos los que palpitan…
¡ por eso suenan a maldiciones
tus tristes notas, guitarra linda!. .

Y ora no Ii aunque qu”ella mi olvide
y nada le aunque qu’ella se ría

pa dimostrarme que no l’importa
haber jugado conmigo ansina,
qu’ínter que buiga mi alma en tus cuerdas,
¡ tú serás siempre mi única amiga…!
¡ L’única amiga que no m’ingaña,
vieja y humilde guitarra mía!

PROBECITA DE REMEDIOS

¡ Caray, quén lo iba a dicir!
¡ Probecita de Remedios!
Tan chula la muchachita…
Se mi hace que la’stoy viendo
cuando pasaba ‘el domingo
con sus trapitos más nuevos,
pa óir la misa de doce
allá en l’iglesia del pueblo.

Daba gusto devisaría
con aquel aigre tan serio,
sin hacer caso de gromas
y sin dar óido a requebros…

¡ Maihayan los hombres malos
como ese endino de Pedro!

La pretendieron retihartos:
lo mejorcito del pueblo;
pero, a naiden l’hizo caso,
a todos los hizo menos.
!L’único que le dio de ala
jue ese malora del Pedro!

Dende chico jue un perdido,
era l’azote del pueblo,
sempre andaba de parranda
y sempre acababa en pleito.
A todo mundo ensultaba
a naiden tuvo respeuto;
y en una de tantas nochis
en que ya’andaba muy ebrio,
s’hizo de malas razones
con sus cuatezones mesmos;
tras de las malas palabras,
jueron a dar a los hechos,
y, al fin de la pelotera,
se jallaron a dos muertos.
Los dos muertos a balazos,
y lo cierto era qu’entre ellos,
el único que traiba cuete
era el malvado de Pedro.

A resultas d’esi asunto,
tuvo que salir juyendo
naiden golvió a saber de él
todos quedamos contentos;
¡ sólo se quedó llorando
esa probe de Remedios!..
Y ansi quedaron las cosas
y ansina se pasó el tiempo

Villistas y carranclanes
s’estaban dando muy recio;
ya’staba la balacera
en las goteras del pueblo;
entraron los gananciosos,
y, al frente de todos ellos,
montando un cuaco alazán,
llegó un capitán primero
qui aluego reconocimos:
¡ era aquel diantre de Pedro!

Luego luego que llegaron
Pedro jue a ver a Remedios
y golvió loca a la probe
que ya lo daba por muerto.

Tanto jue lo que le dijo
que, dende’l mesmo momento,
todas las nochis se vian
en las ajueras del pueblo.
Por aquellos mesmos días
llegó el resto di aquel cuerpo,
al mando di un general
qu’era ¡ el mero petatero!

-Capitán, esa chamaca,
la más sazona del pueblo,
mi han contado qu’es su novia…

-Sí, mi general, es cierto.
Pos usté sabe lo qui hace…
¡ Consígamela y lo asciendo!

Es una de tantas nochis,
Reniedios jue a ver a Pedro,
taba la nochi rescura,
y la probe de Remedios
s’echó en los brazos di un hombre,
qu’ella créiba qu’era Pedro…

Cuando vino a darse cuenta,
su mal no tuvo remedio;
el hombre se le hechó incima
di un modo reteviolento.

¡ Era el mesmo general!
¡ Pedro se ganó su ascenso…
Y allí quedó deshojado
un capullito abrileño…

Ora anda una probe loca
de pordiosera ‘en el pueblo,
ganando ansina la vida,
en tan y mientras que en México,
pasiando en gran artomóvil
y con las pilas de pesos,
anda un siñor general
al que le nombran “don Pedro”

La mera verdá de Dios,
parece cosa de cuento,
pero le juro, compadre,
que lo que digo es muy cierto.

¡ Malhayan los hombres malos
como ese endino de Pedro!

PORQUE ME QUITE DEL VICIO

No es por hacerles desaigre…
Es que ya no soy del vicio…
Astedes mi lo perdonen,
pero es qui hace más de cinco
años que no tomo copas,
onqui ande con los amigos…
¿Que si no me cuadran?…¡Harto!
Pa’ qué he di hacerme el santito;
si he sido rete borracho…
¡Como pocos lo haigan sido!
Perora sí ya no tomo,
¡manque me lleven lo pingos!

Dende antes que me casara
encomencé con el vicio,
y luego ya de casado,
también le tupí macizo…
¡Pobrecita de mi vieja!
¡Sempre tan guena conmigo…!
¡Por más que l’ice sofrir
nunca me perdió el cariño!
Era una santa la pobre
y yo con ella un endino.
Nomás porque no sofriera
llegué a quitarme del vicio,
pero poco duró el gusto…
la de malas se nos vino
y una noche redepente,
quedó com’un pajarito…
Dicen que jué el corazón…
¡Yo no sé lo que haiga sido!,
pero sento en la concencia
que jue mi vicio cochino
el qu’hizo que nos dejara
solitos a mí y a m’hijo,
un chilpayate de ocho años
que quedaba guerfanito
a l’edá en que hace más falta
¡la madre con su cariño!

Me sentí disesperado
de verme solo con m’hijo…
¡Pobrecita criatura!
¡Mal cuidado, mal vestido!
sempre solo… ricordando
al ángel que ‘bía perdido…
Antonces pa’ no pensar
golgí a darle al vicio
porque poniéndome chuco
me jallaba más tranquilo,
y cuando ya estaba briago
y casi juera de juicio
¡parece que mi dejunta
‘taba allí junto conmigo!

Al salir del trabajo,
m’iba yo con los amigos.
Y aluego ya a medios chiles
mercaba yo harto refino,
y regresaba a mi casa
‘onde mi aguardaba m’hijo.
Y allí…¡duro!, trago y trago
hasta ponerme bien pítimo…
¡Y aistaba la tarugada!
Ya indiantes les he dicho
luegito vía a mi vieja
que llegaba a hablar conmigo
y encomenzaba a decirme
cosas de mucho cariño,
y yo a contestar con ella
como si juera dialtiro,
cierto lo questaba viendo,
y en tan mientras que m’hijo
si abrazaba a mí asustado
diciéndome el pobre niño:
¿’Onde está mi mamacita?…
Dime ‘onde está papacito…
¿Es verdá que ti está hablando?
¿Cómo yo no la deviso?…
“Pos qué no la ve, tarugo…
¡Vaya que li haga cariños!”
Y el pobrecito lloraba
y pelaba sus ojitos
buscando ritiasustado
a aquella a quien tanto quiso.

Una nochi, al rigresar
d’estarle dando al oficio,
llego y al abrir la puerta
¡Ay Jesús lo que deviso!
Hecho bolas sobre el suelo
‘taba tirado m’hijo
risa y risa como un loco,
y pegando chicos gritos…
“¿Qué ti pasa?…¿Qué sucede?…
¿Ti has guelto loco dialtiro?”…
Pero entonces, en la mesa
vide el frasco del refino
que yo ‘bía dejado lleno,
interamente vacío…
luego, luego me dí cuenta
y me puse retemuino;
¡Qui has hecho, izcuintle malvado!
¡Ya bebites el refino!…
¡Pa’ qui aprendas a ser gueno
voy a romperte el hocico!…
Y aluego con harto susto…
que l’hizo volver al juicio,
y con una voz de angustia
que no he di olvidar, me dijo:
“No me puegues papacito,
jué por ver a mi mamita
como cuando habla contigo!
¡Jué pa’ que ella me besara
y m’hiciera hartos cariños!…
………………………………….
Desde entonces ya no tomo,
onqui ande con los amigos
No es por hacerles desaigre,
pero ya no soy del vicio…
Y cuando quiero rajarme
porque sento el gusanito
de tomarme una copa,
nomás mi acuerdo de m’hijo
y entonces si,¡ ya no tomo
manque me lleven los pingos!…

Voz de Manuel Bernal

PRESAGIO

Mamacita chula
Mamacita… mama.
¿qué tienen los perros
qu’están ladra y ladra…?
¿Por qué ullan tan feo…?
¿Por qué no se callan…?
Mama, mamacita…
no sé qué me pasa,
pero tengo miedo…
¡muncho miedo, mama.

No sé quén me dijo
que cuando los perros ullan tan refeo,
pasa una disgracia… ¿A ti no ti asustan…?
Óilos nomás, ….. .! Óilos nomás cómo los endinos ladran…!

Voy a rigañarlos dende la ventana
porque… ¡ tengo miedo… muncho miedo, …….!

¡ Qué pasa, “Sultán”.. .!
¡ Cállese, “Zoraida”.. .!
¡ A ver tú, “Chinguiñas”
si también te callas. ..!

¡ No mi hacen aprecio.
Siguen ladra y ladra…
¿Por qué será eso…?
¿Por qué no se callan…?
¿Será porque senten que va a haber disgracia.. .?
No sé, pero tengo en el pecho una ansia
qu’igual qui una bola me sube y me baja…

Mama, mamacita,
¿queres que me vaya
a dormir contigo en tu mesma cama…?
Teniéndote cercas no m ‘emporta nada
si aquellos endinos ladran o no ladran…
¿Eh…? ¿No me rispondes…?

Mira que ya mi anda de miedo,
y los perros di ullar no se cansan..
Ándale, mamita,
¿qué estás amuinada porque no te dejo dormir…?
Pos aguarda qui ora, con mis besos tu muina si acaba..
¡ Jesús…! ¡Mamacita.. .! ¿Qué tienes.. .? ¿Qué pasa…? ¿Por que stás tan fría…?
¡ Mamacita. . . mama. ¿Por qué no rispondes. ¿Por que stás callada. .

¡Nada…! ¡No ricuerda…!
¿Qué tendrá mi mama…?
¡Mi Diosito lindo,
sálvamela. . . sálvamela. . .!
¡Mama… mamacita.. .!
¡ Mamacita. . . mama. .

Y la buena madre para siempre calla;
despliega la Muerte sus fúnebres alas;
un golpe de viento abrió la ventana,
y afuera los perros aúllan y ladran
incesantemente, como si miraran
la Pálida Intrusa que rodea la casa.

Pué que me rajará

¿Que vaya yo a verla?… ¡Ni manque esté loco¡
¡Antes qu´ir a verla, primero me matan!
Pa mi, como muerta;
a mí no m´importa qu´esté güena o mala;
yo no tenga culpa de lo que le pasa.
Y… mira, mi cuate, por lo que más queras,
no güelvas a hablarme d´esa desgraciada;
ni quero oir su nombre,
ni quero, ya d´ella saber ni palabra.

Tu sabes, mi hermano, que yo la quería con todita mi alma;
harto a ti te costa qui a naide en el mundo, crioque ni a mi madre,
¡ni a mi madre santa he querido tanto como a aquella ingrata…!
¿Pa´quén trabajando me pasaba el día?… ¿Pa´quén era todo lo que yo ganaba?..
¿Pa´quién mi cariño?… ¿Pa´quén mi costancia?..
Y aluego… ¿pa´qué? Dimpués de todo eso, ya vites, manito, cómo jue la paga…
Dendi antes, mucho antes qu´ella se largara,
yo vide clarito que ya mi cariño no le daba di ala;
yo vide clarito qu´estaba a desgusto; ya no era la mesma mujer de su casa;
ya era sólo el lujo lo qué le cuadraba.. Y como soy probe,
y pa ella era poco lo que yo ganaba, no quiso la indina seguir siendo honrada,
s´echó pa la calle… se tiró a la vida… y jue una de tantas…

Y ora qui han pasado dos años de qui anda
rodando y rodando mesmamente como si juega hilacha;
ora qu´está probe; ora qu´está mala;
ora que no tiene quen si ocupe d´ella,
ni quén se priocupe de lo que le pasa;
ora que ricuerda que cuando era guena nada le faltaba,
ora es cuando qu~e que yo la perdone
y que vaya a verla, pero… ¡qué esperanzas¡

¡Antes qu´ir a verla primero me matan!

Pero, oye, manito.. . aguárdati un pelo;
hazme una valona antes que te vayas; di ai sobre la mesa agarra esos jierros,
son los de mi raya.
Llévaselos todos… llévaselos luego.
No vaya a ser cosa de que li hagan falta…
Pero eso sí; júrame que no has de decirle de mí una palabra…
No quero que sepa que mi ocupo d´ella,
No quero que sepa ni quén se los manda,
porque, si si alivia, pue ser qui algún día,
la muy atascada, si alcanzara el punto de venir a verme
pa darme las gracias, y si viene a verme y en sus ojos prietos
-más prietos que su alma-, deviso que bulle siquera una lágrima,
pue que me ricuerde de cuando la quise con todita mi alma;
pues que me ricuerde que sólo vivía resollando el aigre qu´ella resollaba;
pue ser que de nuevo me buiga esta cháchara,
y manque he jurado que nada ni naide,
por nada del mundo, mi hará perdonarla,
si ansina sucede… si ansina ricuerdo…
si miro en sus ojos siquera una lágrima…
antonces, mi cuate… ¿pa qué he d´engañarte?
Manque soy muy hombre… ¡pue que me rajara!

SOY UNA RATERA

Siñor Juez, qui no culpen a naiden
¡soy una ratera!
y qui no vaya a pagar algún otro
las culpas ajenas…
yo juí la qui anochi ¡robo esa muñeca!
No Señor, yo en jamas había robado,
yo siempre juí honrada y siempre juí güena
y manque haiga dijado de serlo
me siento tranquila y estoy satisfecha.
Verá asté siñor juez, tengo una hija
qui orita anda en siete años apenas,
y qui va pa seis meses la probe
está tan inferma del pecho
que pue qui ya pa estas horas
la jalle ya muerta…
Y la quero con toda el alma
y la quero con todas mis juerzas
y pa mí no hay cariño en el mundo
qui se pueda igualar con el di ella.

Dende qui hace ya un año mi viejo
se murió y nos dejó en la miseria,
no he sabido lo qui es un minuto
en qui no haya tenido, hartas penas,
en qui no haya tenido, hartas hambres,
y en qui no haya sufrido pobrezas.

Pues ayer qui fué cinco de enero
me dijo mi nena: mamá, mamacita,
me ha dicho chabela qui los Santos Reyes
esta nochi llegan, a trairles juguetes
a las niñas güenas,
y yo mamacita ¡quero una muñeca!
Una de esas rorritas tan chulas
qui cierran los ojos cuando las acuestan.

Si es cierto m’hija qui los Santos Reyes
esta nochi llegan,
a trairles juguetes a las niñas güenas,
pero solo les traen a las ricas
de las probes ¡no siempre se acuerdan!
mamá, eso no es cierto,
yo se qui los Reyes
nunca olvidan, ¡a las niñas güenas!
¡verás como vienen!
¡no quero dormirme, pa ver cuando llegan!

Pero luego , a poco qui la calentura
li acabó las juerzas,
se quedó dormidita y entonces
agarré el ribozo y di una carrera;
juí con la patrona di onde yo trabajo
haci arto tiempo como lavandera;
le pedí emprestados dos pesos cincuenta
y ella no me quizo emprestar ni un fierro;
salí rete muina de pena, pensando en m’hijita,
cuando en una pieza ondi no había naiden,
sobre una silla, vide una muñeca,
una de esas rorritas tan chulas
qui cierran sus ojos cuando las acuestan.

Me quedé mucho tiempo mirándola,
pensé qui con ella
m’hijita, ¡podría morirse contenta!…
y ya intonces no pude aguantarme
robé la muñeca y juí una ratera;
pero aquella noche m’hijita del alma
junto di su almohada ¡jalló una muñeca!

Siñor juez, qui no culpen a naiden
¡yo soy la ratera!
mándeme a la cárcel,
hagan lo qui queran;
Pero no he di decir onde vivo
ni manque me muera,
pos no quero que naide le quite
¡su rorra a mi nena!….

Harto se, qui no tiene remedio,
qui en tal vez ya horita
¡la probe esté muerta!
Pero quero qui muera tranquila,
tranquila y contenta,
con aquella carita qui puso
¡cuando vió la rorra junto di ella!

Y ora, ya lo saben,
Soy una ratera,
de mí hagan todito lo qui queran,
pero a m’hija, a m’hijita del alma
¡déjenla tranquila hasta qui se muera!

Vete en gúena hora

Si mi abandonas porque soy probe,
vete en güena hora…
Yo no te quero tener a juerzas;
tal vez te jalles más mejor sola.
A ti te cuadra la guena vida,
del mesmo modo qui a munchas otras,
y yo no quero que por mi culpa
t’estés haciendo tanta mal’obra.

No te priocupe dejarme solo;
no te priocupes por mi persona…
Pa nada valgo… pa nada sirvo…
¡No puedo darte lo qui ambicionas!

Cuánto te quero, tú bien lo sabes…
qu’eres mi vida, harto te costa…;
pero el cariño de nada sirve
si no se junta con esas cosas
qui a las mujeres las gúelven locas.

Pa qu’es que sigas tan a desgusto;
si ha de ser luego mejor dendi ora;
ansina quedo más satisfeicho,
porque siquera no me traicionas.

Harto quisiera no ser tan probe,
pa qui anduvieras como esas rotas
que tanto invidias, porque tú inoras
qui aquellos lujos, qui aquellos trapos,
son, mesmamente, cachitos di honra…
Anda tranquila… Vete en guena hora…
Pero, no gíielvas… Nunca ti acuerdes de mi presona,
pos, manque probe, soy orgulloso….
y no me cuadra recoger sobras

Te quero muncho, pero, ¡ no li aunque!
Más vali ansina… Vete en gúena hora…

VOY CON MI HACHA

Mis güenos siñores:
¡ Pónganse muy changos!
¡ Pónganse muy águilas!

La musa del pueblo
qu’es la que me cuadra,
en vez di una lira
me dio esta guitarra,
que manque esté vieja
y un poco estillada,
salen con sus notas
suspiros y lágrimas
di un pueblo que sufre,
di un pueblo que sangra…

Yo sé di otro modo
dicir las palabras
pero esta es la musa
qui a mí más me cuadra,
y onqu’esté la probe
vestida d’hilachas,
ansina la quero,
y es la que me manda
que diga sus cosas
lo mesmo qu’ella habla,
lo mesmo que sente,
lo mesmo que canta.,.

No inoro qui hay munchos
qu’esto no les cuadra,
y por ser humilde
van a dispreciarla,
pero, ¡eso no li aunque!
¡ Guena es la guitarra!
¡ Tan guena com’otras
de muncha pomada!
y ella no es culpable
de si por disgracia
estas probes manos
no saben tocarla…

Sus guenas mercedes,
perdonen la lata
y díganme aluego
si no les doy di ala,
pa que yo me largue
con todo y guitarra…
Pero si por suerte,
les he caido en gracia,
¡ aguárdensi un pelo…
¡ Déjenme templaría…
¡ Pónganse muy changos…
¡ Pónganse muy águilas…

Mis guenos siñores,
¡ ai les voy con mi hacha!