El sueño de un viejo pescador de Eugen Jebeleanu

Oh, los huesos… las piernas… y las manos
y los ojos…
y el sueño mismo…
dolores, nada más que dolores.
Engañador… te conozco.
dame peces nunca atrapados…
También soy un niño,
una criatura,
acunado tan sólo
por las olas,
por las olas burlonas…

Una barca soy,
de huesos…
resbalan junto a mí los peces
y me tocan
y resueno
con todas mis flautas blancas ­
una canción,
una canción de dolor y de vida.

¿Sin mi tristeza
cómo podrían existir
tantos hombres felices?

Engañador,
dame peces
nunca atrapados…
Una barca soy,
de huesos…
de miles y miles de años
permanecí
en las olas,
segado siempre por sus hoces azules.
Una barca soy, arrasada por la tempestad
y sacudida como un hombre
que está por vomitar
de hambre…
Esponjas son mis piernas
de hielo…

¡Qué pesado es el mar…!
¡Cómo me oprime el pecho…!
¡Qué pesado resulta
para un pescador
con las redes rotas
y las plantas de los pies
como la piel enrojecida en la roca que gime!
¡Cómo me oprime el pecho
la titubeante fiera verde…!

¡Fiera, oh, fiera, fiera, fiera!
Dame un poco de peces
nunca atrapados,
dame mi juventud. amarga
como tu beso.

pero entera. inconmovible.
dame mi juventud
envuelta en una sola
red enorme,
pero entera…
dame la armadura
de soga
de mis fatigas…

¿Mas qué escucho?
Con todas sus trompetas se me anuncia
y lanza el mar peces, sin fin,
a mi cabaña…
Con los peces
tintinea mi cabaña como repleta de monedas…
Y, ved, ahora,
ved…
también la sombra de mi juventud.
¡Acércate, ven,
siempre decías tener hambre…!
Bien venida…
toma cuantos peces quieras, cuantos puedas llevar…
Me dan asco, no puedo verlos…
Son muchos,
muchos, demasiados…
Mirad, la enorme red también
huye para no verlos,
se oculta donde puede. Es un diluvio
de peces…

¡Oh, no deseo tantos,
no, no he deseado tantos…!
Engañador,
dame tan sólo los peces que preciso
para poder vivir,
y un pez de arroz con ellos
y dos altas botas hasta la cintura
y una estrella de mar que me ilumine
las profundidades verdes, donde
me hundo más y más…!
Y para el corazón
la sonrisa de los niños que duermen satisfechos…

Versión de Manuel Serrano Pérez