Bestias y ansiedades

Escarabajos con cuernos

de marfil

vienen todas las noches

a mi sueño

Brindo con el abuelo

de los escorpiones

y recojo piedras de los libros

Hay mares y ríos y lagos

y muchas comarcas de agua

y no puedo ahogarme

El profeta

La locura del alfabeto

muere

en la boca del profeta

Con una daga

le extraigo

el corazón

a las cosas

En la nausea

de mi perro

me rebelo

contra las espinas

de mis neuronas

La desmemoria

Hace siglos vine de la infancia

encontré dragones

y vasijas llenas de rostros ausentes

En las ascuas de mi memoria

las montañas rugen

El viento golpea

Nada nos recuerda

Sonámbulos caminamos

y el dolor no nos duele

Todos siguen la voz

de mi abuelo

mientras bailan

un tango de polvo

La noche

La noche ladra a los perros

que cruzan la calle

Bajo un almendro

una sirena se detiene

a cantar sus exilios

Es tarde

y nada puede impedir

que los espejos se quiebren

cada vez

que un niño sueña

Mi mano se inunda

de verbos mudos

soles marchitos

e historias en ceniza

A nadie le importan mis heridas

mis padres cayeron

y en sus huesos

descansan mis espejismos

La patria de los robles

Esta es la patria de los robles

aquí olvidaron

su guitarra

los grillos

y en ellas

nacieron ciudades

y memorias

Esta ciudad es grande

los muros que la protegen

están construidos

de huesos

y sombreros

Aquí no hay sol

y llueven piedras

cuando alguien quiere verlo

La noche se prolonga

y sus racimos

se pudren

en nuestras vidas

El recuerdo hiede

y nos carcome

Los pájaros mueren

antes de levantarse de las cenizas

Un río corre a unos metros

y en sus cristales

las figuras se detienen

beben estío

y regresan a sus sombras

Una antorcha

se enciende bajo la lluvia

y un rayo muere

en el mismo instante

que los centauros brindan

por el frío de los robles

Los documentos

Tienen nombres

con brillo en las esquinas

Respiran letras

que nadie entiende

Sus voces

se quiebran

al rechinar

las bisagras

En sus costillas

sienten el escozor

de un río de mustios

Mienten

son antifaces

El poeta

El reflejo de los libros

me da asco

Renuncio a la vida

y a mi nombre

muerto en el éxodo

de mis escombros

En mis desvelos

habita el llanto de la luna

Los ceniceros de Chicho Cuadra

no me regalan ninguna profecía

Caigo sobre una almohada

Sueño gotea de mis ojos

Oficio

Espío mi pensamiento

Con mis ojos

hurgo el mundo

de los muertos

Abro las puertas

de los libros

y las palabras callan

Busco los rostros

de mis nombres marchitos

En las esquinas

de los signos

encuentro el reflejo

de los huesos

sin ventana

Parto

La luna

encela al pájaro

que duerme

en la idea del poeta

El no conoce pájaros

sino muchas lunas

en que el sueño se evapora

y los fantasmas no aparecen

La idea pierde su cuerpo

el poeta

otra luna

y la luna

gana tiempo