Creación

Cuando el Señor, la mano fatigada
de modelar en barro las figuras,
quiso formarle a él, notó que el barro
era muy poco, preparó el que había
para plasmarle, y meditó un momento:

«Con el poco de barro lo haré enjuto,
pero lo apretaré con energía;
lo haré delgado, resistente, como
vara de acero».

Realizó la obra;
y después coronándola de gracia
para suplir la ausencia
de robustez, le transmitió un espíritu
de los mejores, y quedó gozoso:
a falta de la fuerza del atleta,
dotóle del poder maravilloso
de la inmortalidad: ¡Lo hizo poeta!

Definición

La frente, el ojo, el cuello y el cabello.
Fúlgidos oros el cabello exuda.
En luz desnuda el cuello se desnuda.
En luz desnuda se desnuda el cuello.

No sé que gracias a su gracia anuda
el semblante elegido, que no hay sello
que no sea de gracia en cuanto es bello
en la belleza sin posible muda.

No hay muda en la belleza. La mirada
-claror del ojo-, en honda y desvelada
dulzura, ciñe mundos de pureza.

No hay muda en la belleza. Consecuente
con sus tantas virtudes. Ojo y frente,
cabello y cuello en perennal belleza.

Espuma

De lo ligero de la madrugada;
de lo sutil en lo fugaz -neblina,
vapor o nube- queda en el mar fina,
fluyente y tremulante pincelada.

De lo que el mar en su extensión afina
-perla en matización, concha irisada-,
queda un halo brillante en la oleada.
Halo que en pulcra irradiación culmia.

Los petalos del lirio da la tierra
al mar, y el mar los tiene. El mar encierra
gracias, y gracias a sus gracias suma.

Y va mostrando, cuando la aureola
de la belleza ciñe, en mar y ola,
el blancor indecible de la espuma.

(De Inefable orilla)

Idioma castellano

Verbo macizo y señorial, lenguaje
de recia y transparente arquitectura.
Voz extrañada de la tierra pura,
la tierra paridora del linaje.

Horadas la centurias de tu mensaje,
urdido de vigor y de finura,
de grande consistencia en su textura:
oro, marfil, piedra preciosa, encaje.

La rancidez de tu riqueza brilla
en los viejos infolios de Castilla,
que prestigiase el imperial sigilo.

Suma de eternidades, tus legados
ofrecen, por las gracias enhebrados,
los más nocbles decires en su estilo..

La décima criolla

La décima criolla -jalón del continente,
puntal de lo indohispano- de espíritu se llena.
De autoctonía vasta, de espíritu potente,
corre por nuestras zonas de planta, mar y arena.

Propio es su contenido, propio es su continente.
La décima es caliente, la décima es morena;
y uña de gato y diente de perro juntamente
brinda cuando, con rusticos instrumentos, resuena.

Al cuerpo, que es flexible, la gracia se le anuda.
Pica si se sazona, quema si se desnuda.
Pegando o requiriendo, la décima es de bríos.

Son ácidos y dulces los jugos de su entraña;
y en mi país, vestida de sol y miel, huraña
y amante, se da en sombra de tierras y bohíos.

(De Color)

La forma

Alcánzase el estado de ventura
cuando se cumple la elevada forma,
la cual ha de lucir, en su factura,
tal como el pensamiento que la informa.

Por ímpetus y llamas interiores,
se vuelve cuajo milagroso el brío
de los extracomunes cuidadores
del verbo, de inmancable poderío.

Y es por el pulcro y esencial secreto,
de la creación suprema que el vocablo
es, en silva, en romance o en soneto,
como el niño divino en el establo.

En los blancos pañales de la rima
se envuelve el nuevo y virginal poema;
y la expresión que en ritmos se arracima,
es flor y astro, manantial y gema.

La palabra

Palabra que te niegas a mi empeño;
palabra esquiva, más ardiente y pura,
cede al milagro de mi antiguo sueño
y entrégame tu amor y tu hermosura.

Yo sé que eres resumen y diseño.
Yo sé que eres espíritu y figura,
y que, si al dios de tu metal desdeño,
nunca podré tener tu arquitectura.

Sé para mí columna y también arco.
Sé para mí la flecha que del arco
hacia la luz del infinito parte.

Sé, por dominio creador, la cima
en la que, por empuje de la rima,
he de gozar la excelsitud del arte.

Los eucaliptos

Veo los eucaliptos que ocupan la colina,
donde reduce el trópico su barbara violencia.
Más que la luz, benéfico vapor los ilumina.
Son la agradable forma de la benevolencia.

Sus ramas se estremecen, nutridas por la esencia
que el aire en el espacio profundo disemina.
La tierra generosa, la tierra de excelencia,
sus prodigalidades perennes origina.

¡Y qué esplendor el suyo! Celestemente buenos,
los árboles de zumos y olores están llenos.
Pródigos eucaliptos en la diurna flama.

Recibo su abundancia de zumos y de olores,
y siéntome colmado de todos sus favores.
Bajo los eucaliptos la bondad me reclama.

Mar caribe

Isla de Puerto Rico,
isla de palmas
apenas cuerpo, apenas
como la Santa,
apenas posadura
sobre las aguas;
del millar de palmeras
cómo más alta,
y en las dos mil colinas
cómo llamada.

La que cómo María
funde al nombrarla
y que, cómo paloma,
vuela nombrada.

Isla en amaneceres
de mí gozada,
sin cuerpo acongojado,
trémula del alma,
de sus constelaciones
amamantada,
en la siesta de fuego
punzadas de hablas,
y otra vez en el alba
adoncellada.
Isla en caña y cafés
apasionada;
tan dulce de decir
cómo una infancia;
bendita de cantar
como una ¡hosana!
Sirena sin canción
sobre las aguas,
ofendida de mar
en marejada:
¡Cordelia de las olas,
Cordelia amaraga!
Seas salvada cómo
la corza blanca,
y cómo el llama nuevo
del Pachacámac,
y cómo el huevo de oro
de la nidada,
y cómo ;a Ifigenia
viva en llama.

Te salven los Arcángeles
de nuestra raza:
Miguel castigador,
Rafael que marcha
y el Gabriel que conduce
la hora colmada.

Antes que en mí se acaben
marcha y mirada;
antes que carne mía
ya sea fábula
antes que mis rodillas
vuelen en ráfagas…

San Juan de la Cruz

Este santo de barbas armoniosas
todas las ciencias de los cielos sabe…
Dijo profundas y aromadas cosas
con un acento doctoral y suave.
Cruzó la vida misterioso y grave
y lo punzaron zarzas venenosas…
Y su espíritu puro se hizo ave,
y su cuerpo llagado se hizo rosas…
Las hierbas florecían a su paso;
miel y divinidad nos dio en su vaso
pulido por sutil filosofía…
A todos nos curó dolores viejos;
eran maravillosos sus consejos,
¡y se murió de santidad un día..!

Sonetos de Dios

V

Dios me llega en la voz y en el acento.
Dios me llega en la rosa coronada
de luz y estremecida por el viento.
Dios me llega en corriente y marejada.

Dios me llega. Me llega en la mirada.
Dios me llega. ME envuelve con su aliento.
Dios me llega. Con mano desbordada
de mundos, Él me imprime movimiento.

Yo soy, desde las cosas exteriores
hasta las interiores, haz de ardores,
de músicas, de impulsos y de aromas.

Y cuando irrumpe el canto que a Él me mueve,
el canto alcanza, en su estructura leve,
la belleza de un vuelo de palomas.