Clase práctica

Excavar por todo el arte. En busca de las víctimas de la prestidigitación y del azar. Dilatar el paisaje de los cuerpos hasta que se tenga la medida más impropia de los desastres. ¿Cuántas son las muertes que se repiten en cada tumba violada? Objetos devorados por la ausencia de sombras, deshechos en sí mismos sin remedio. Voces encajadas en los muslos del tiempo, sangrando señales que mal leídas resultan en una retórica de dilemas. Si el mundo camina en largos pasos descuidados, cuidar entonces que le falte tierra bajo los pies. Afrontar el orgullo tosco del vacío y decirle en el ojo cuánto la dispersión los está matando con tan sólo una jarra de gritos mal escritos. Buscar un sentido en otro, en los demás. Planifiques o no, todo tu ser se arrastra dentro de ti. Evolucionamos por galicismo.

Dos mentiras, X

Disecados ahí sobre la mesa: el rostro y la máscara,
dilema minucioso de interferencias de espectros
cuyo juicio no les compete ni aún a ellos mismos. Aunque
se incorpore el diablo a los procesos sangrientos
de la Iglesia, toda la repugnancia vendrá de Dios,
por la presunción de que podría salvar a todos.
Las opiniones sospechosas son hijas de la vanidad y no
existe prueba en contrario. Oíamos a Shakti, nuestros
cuerpos entornados en la alfombra del salón, el vino
de su saliva embriagando mis tetillas. De cuál
obra tratábamos sino de la latitud de esos versos,
del carácter de la espátula en los colores que les revelan
los dones más secretos? No hay destino o mérito,
y todo juicio deriva siempre de una fustración.

Mecánica del abismo

Las escaleras desmayan arrancadas como si no dieran señal de la caída que representan, si esculpen el perfil de una nueva vorágine o si sólo enredan la memoria de quien no sabe cómo esbozar una falta. Las escaleras son poseídas por una inclinación natural cualquiera y tienen pesadillas con tumbos hambrientos. Despiertan en medio de la noche con el viento dilacerando sus costillas. No dan un paso sin confundir cielo y tierra. Cuántas veces no nos desilusionamos ante el mapa perdido de lo que suponemos que nunca nos encuentre? Dispuestas en la horizontal las escaleras degustan una entrada de brújula. No distinguen entre fruto y fruto. Somos furtivos en los mínimos detalles. Y nuestra gran invención es la diferencia.

Noticiero nacional

Cuando un penitente embiste contra sí mismo
es para librarse no precisamente de una tentación externa,
sino del infierno que hay en sí mismo.
El hombre y el fruto de lo que crea en su mente.
En la realidad, el mundo es bien simple.
La exploración del deseo es lo que da ocasión a esos monstruos tan hábiles.
Y nuestra idea de catástrofe adora el eje dislocado,
de un día para otro, en un telenoticiero cualquiera.
Víctimas aquí o allá, pero siempre víctimas.
Las víctimas no son reales. Sólo el telenoticiero es real.