Barra de panteones, 1

Cuentan que en las madrugadas de Barra de Panteones, las gaviotas picotean los ojos cansados de ver el mar.

Cuentan que entre las palmeras se escuchan voces que nunca escucharemos.

Cuentan que en las manos del enterrador hay una paloma ciega.

El deseo del sueño, 1

Uno puede decir que sí
que la palabra se abandona
cuando la convocamos
con la más ingenua de las intenciones.
Uno puede decir que sí
que es un signo un sonido que toma
su forma desde antes de despertar
y hasta puede uno decir
que el decir es un poder tan nuevo
como el bostezo de un niño a medianoche
y que “decir” es una lámpara
que alumbra sus expectativas.
Pero cuando dos dicen
sabemos que la palabra es impronunciable
a no ser que exista como un mero deseo
en el momento de existir
o a no ser que no exista
como el simple deseo
que quizá a fin de cuentas
sea la palabra.

En el deseo del sueño, 1.2

En la palabra del día despierta la noche. Como quien se enfrenta a una serie innumerable de nombres que nada le dicen y todo le confían. Como quien mira su destino desde la escritura renovada del espejo. Como quien resiste en el desierto con una flor de arena entre las manos.

En el deseo del sueño, 1.3

Hay una hoja en blanco y una nube arrumbada. La palabra es el intento y el día la frágil continuación de la esperanza. Atravesar el día a través de la palabra es una aventura que no pocas veces termina mal; atravesar la palabra a través del día, es un riesgo que comienza con muy malas esperanzas, aunque hasta ahora no ha vivido nadie para escribirlo.

En el deseo del sueño, 1.4

Unos dijeron que no es más que el resultado de la casi desapercibida conjunción de los astros.
Otros, que es la memoria incendiada de una estrella.
Y hubo quien se atrevió a sugerir que era el resultado del choque entre un pájaro ciego y la sombra de un fugitivo.
Otro dijo que la palabra es el silencio de un reloj de arena, su instante más luminoso.

En el deseo del sueño, 1.5

Aquí está todo:
el humo a medianoche
la mano rencorosa de la soledad
y el olvido de agosto

Aquí está todo:
el transcurrir insomne de los vientos
la oración que quién escucha
y el sueño abandonado

Aquí está todo:
la común tinta del hastío
que despliega sus dones en la nada
antes que el alba
extienda sus dominios

y está el silencio
y está la voz la tuya dónde
renaciendo de los colores más opacos

Instantáneas al filo de la madrugada

*
El silencio es el reflejo más puro de la palabra.

*
La pregunta es irremplazable. A través de ella se establecen los primeros síntomas de la rebelión –es decir, la incertidumbre. El privilegio de la pregunta es que cada vez que surge, lo hace a la par de la inconformidad. Aplazarla es una decisión inútil. No hacerlo, equivale a sustituir lo irremplazable por el eco de la pregunta.

*
El sueño de la veladora es una oración vacilante.

*
Cuando el obturador abre sus ojos aparecen los fantasmas que nos han visto caminar la madrugada en el instante del alumbramiento. Esa acción vaticina el pasado. El miedo es algo similar pero no alumbra.

*
Si se escribe pensando en la palabra, puede que la lluvia no sea más que un pretexto para acudir a una cita con quién de madrugada.
Si se escribe olvidándola, la escritura no tiene ninguna razón de ser.
Lo mejor es colgar cada una de sus letras en los puntos cardinales de las tumbas de Barra de Panteones.

Sólo as?quiz?puedan justificarse los signos en el papel.

*
Caminar el espejo es la conciencia.

*
En los ojos del durazno se inventa el color de tu canción.

*
En los pies más invierno, alúmbrame con tu palabra de humo a medianoche.

*
Alrededor del fuego la memoria revolcándose en el polvo y a veces un árbol de olvido.

Instantáneas, 1

*
Frente al mar, ayer es el eco de una sombra.

Frente a la sombra el mar es el eco de ayer.

Frente a la palabra el vacío.

*
Cuando amanece como si nada en los umbrales, el vuelo de la jaula es la palabra en el ojo del pájaro malherido.

*
Si aparece el exilio y el profano secreto de una imagen en la herida de la distancia, es porque tu rostro canta en la palabra del mediodía.

*
El porvenir de la palabra habita en el silencio. Su límite es la sombra del vacío, la superficie del espacio que aguarda en la mirada.

*
Conforme avanza la desesperación, la fortaleza restituye la esperanza.

Manifiesto

Decía que:
en sus ojos el silencio es un pájaro abril de madrugada,
la espera es la abolición del instante.
Decía que:
una palabra es la revelación del signo que jamás alcanzaremos a descifrar,
la escritura es la tinta más endeble de su propia interrogante,
la noche aparece como una mera manifestación de entidades amorfas que se disipan al amanecer, y en ella el recuerdo es una paloma aleteando sus asombros.
Y decía que decir es una palabra muerta.

Ubicación

Al norte hay niños que esperan la madrugada para ponerle una raya más al tigre.

Al sur, las nativas bailan descalzas sobre la arena, al mediodía.

Al este, la tarde es un bostezo que se consume a sí mismo.

Al oeste, el amanecer encuentra a los viejos con el libro sagrado entre sus manos.

Al anochecer sólo se escuchan los pasos del visitante.

Vestíbulo

A Mario Ibarra

Cuando nadie regrese a recordar la voz
de los instantes en el mañana
que encuentra su razón en la penumbra.
Cuando la voz no sea más
que la representación de un instinto
apacentando sus furores en las venas del crepúsculo,
y su eco retumbe
en labios que no han de pronunciarla de nuevo,
ha de volver cantando el aroma de un pájaro
y su largo oficio de oscurecer el horizonte.
Cuando el color sin luz de los recuerdos
invente la vana prolongación de un sentido,
y los rostros sean el río en el abismo,
la aparición del murmullo
sostenido de sus propios desvaríos
y el desconcierto que conjura,
ha de venir ante nosotros el aura apenas de un aliento,
el visitante.