Abel

Abel, Abel, qué hiciste de tu hermano,
Di, qué hiciste,
Con el tallo de tu cuerpo siempre pito
Las sandalias lustradas y tus veintes.

No mirabas las ubres de las vacas
Ni el coloquio escondido de tus perros,
Sólo el humo de tu ofrenda que ascendía
Como ascienden las moscas hacia el cielo.

Sin embargo
Yo he visto a tu hermano y lo conozco
Persiguiendo la cólera entre vainas
Entre campos de trigo
Con los sucios vapores de su llanto
Reposando en la tierra

Como pronos cadáveres sin deudos
Dime entonces qué hiciste
Hoy que yace tu hermano tan al este.
Tú que nunca pensaste que para otro
Era duro de roer el Paraíso

Browning, Robert

Dime Robert
Qué es más propio;
La grama
El césped
El grass
La extensa pradera
De hierba
Sordello; un loco señor
Me habló de Sordello;
Ezra Pound

Y otro de tus jardines;
Jiménez de Moguer
(“Roberto Browning”, M: 380)

Byron, Lord

“A Jorge Noel Gordon Lord Byron”

Qué te diré; sinvergüenza
Compañero, yo también
Oculté mi tristeza
Y qué, sabemos
Cómo te plagio, Lord,
Como no sea quizá
Que hemos nacido
Para el morir
Eso que llaman muerte
¿La venceremos, Byron?
Yo creo que mejor
Bebemos por la Poesía.

Cantos de Pisac

Canto primero

Digamos que eres un muchacho,
Acaso el que tallara
La sortija del durazno,
Pensemos que ella fue creciendo en tu dedo
Hasta hacerse lejana como un astro.

Digamos que eres un muchacho
Que juega en una nave de piedra
Al abordaje.
Pensemos que atrapaste tu vejez
Con unos garfios,
Inútilmente.

Inútilmente dibujaste sobre tu cuerpo
Al vagabundo cruel
De las islas aladas:
Sin deseo, sin prisa, sin belleza,
Eres solo en la noche del espacio.

* * *

Canto segundo

¡Un río. Melodía, dios, un río!
El espacio en el cauce de lo alado,
Sordo monstruo tallado por Estío
Entre un triste frescor
Oh, ignorado,
Tan eterno tu Otoño en la caída!
Como garra rapaz: sí enredadera,
Flama amada del tiempo, desvaída
Por la turbia carcancha, tan certera.

Dios oculto en un vientre de roca:
Destrozado, muda espina lanzada
Por la noche fugaz sobre los cantos.

Agotada en sí misma es honda roca
Cegadora de grutas arrancadas
Por las fieras llameantes de amarantos.

* * *

Canto tercero

Astronauta,
A mil millas del mundo que los hombres crearan
Para nunca conducir,
Algo conoces de esta tierra
Y algo olvidas,
Algo conoces de las aguas,
Y relatas solitario a tus espacios:
En Atlántida, cuando se hunde océano
Brillan oxidadas las máscaras de los esclavos.
Piensa ahora que te anudas a las tardes
Con el limo en los ojos.
Piensa, con un niño en el pómulo celeste:
A la vuelta está el viento,
El paisaje deleznable de las nieves.
No temas nunca el mar
Que también tiembla.
No juzgues la carrera del Sol
Coronado por los zorros.
Suelta tus manos en los vuelos ajados del alambre:
En la última esquina del tiempo,
Mendigando en retorno, condenado,
Hallarás las mil fases de lo eterno.

Chapter the one

En toda confusión hay siempre mezclado un asunto

de cerveza. O de quermeses centelleantes bajo la luz de los

focos de 25 W. El aire es denso y añil como una caja cubierta

por dentro de corduroy y algunitas estrellitas.

En alguna habitación del rincón, por ejemplo, de los cristales

rotos, de las campanillas, clips, cartones, alguien entona una

canción con algo, quien sabrá de tristezas y si no ¿cómo?

Oh isla de San Jacinto si no ¿cómo?

Ahora es pleamar nocturna bajo los faroles y la luz de las

mechas de alquitrán.

Alguien compra en la tienda con sus soles.

Chopin, Federico

“Federico Chopin” de la sección “Los muertos”,
Las constelaciones T:28

Se sintió primero
Con la tristeza
De un niño solitario
Y luego
Con la grandeza
De un niño solitario

Y escribió
Aquella Música
De su alma
Que es lo único
Que pudo
Bajo un sol
Que no era el suyo
Dar su Amor
(“Chopin”, M: 87)

1
¿Recuerdas tú
El bosque de Watteau
Y un claro de luna
Que sí ha de volver
Que sí volverá?
¿Recuerdas tú?

22
Y si recuerdas
El bosque
Y si recuerdas
El bosque
Dónde habré
De hallarte
Recordando

(“Prelude”, A Federico Chopin, M: 170-171 )

* * * * *

En las estrellas
Del cielo de Varsovia
Hay una fuente

De cristal y límpida
El agua fluye

Tras los alambres de púas
La fúlgida

Herrumbrada selva
De las latas luces
Y un horizonte azul
Más allá de Varsovia

Con el corazón
En París

Y luego
Tu cuerpo torturado
Pobre poeta de Polonia

En el cielo azul
De Varsovia

Hay
una
fuente

Coleridge, S.T.

Te regalo las adormideras/ que crecieron/ Junto al Támesis/
Para Samuel Taylor/ Samuel Taylor Coleridge…

Rodeado de fantasmas
Samuel Taylor Coleridge:
Por qué hiciste tonterías
Algo más esperé de ti:
No esperar más.
Pero fuiste un milagro
De rara belleza
In Xanadú.

Dicen que soy

Dicen que soy
Un soñador que sueña
Y otros dirán de mí

Adiós: me iré
A algún otro lugar

Y si la Melancolía
Me alcanza
Y si la Melancolía
Me alcanza

Me cubriré del agua
De la mar y ya no he
Más de morir

Y ya no he más

El elefante asado

Consérvame en la frialdad
De las cosas abruptas
Y sin Sol
Y de las agujas grises
Ezra Pound

1
Esta es la historia
De Mowli
El niño oveja

2
Adiós amor
Te he visto
Muchas veces
Reluciente
Beber el agua
Y también
Beber el vino
Y jamás
Me he dolido
En tu presencia
Adiós amor
Muchas veces
Y jamás

3
Tengo el sueño vago
De haberte visto;
Y también entreabrirse
El aire
A tus pasos amor mío.
Y entre vidrios,
Bajo, en el horizonte:
El día.

Ezra Pound: cenizas y cilicio

1
Tower of Pisa
Alabaster and not ivory. Y eterno,
Para ferias de fascistas
Quien la canta.

Y ebrio ya de belleza y en demencia
(Puede ser que sus ojos sean nuestros)
Rojo mar y el adriático crepúsculo
Y dos guerras herrumbradas en su frente:

Frente a la lívida amenaza de la historia:
Ezra Pound,
Ezra
Y su ejército perenne en pie
De muerte.
Torre de Pisa
Et cinis et cilicium.

2
Ezra:
Sé que si llegaras a mi barrio
Los muchachos dirían en la esquina:
Qué tal viejo, che’ su madre,
Y yo habría de volver a ser el muerto
Que a tu sombra escribiera salmodiando
Unas frases ideales a mi oboe.
El milagro se oculta entre lo oscuro
Donde olvido y memoria son tan sólo
Los reflejos de lo áspero y amado,
La ilusión que ha surgido de enebro

Duramente recuerdo tus poemas,
Viejo fioca,
Mi amigo inconfesable.

Fauré, Gabriel

Gabriel Fauré
tiene el agrado de invitar a:
César Cui
con motivo de:
Intercambio de canciones.
Rue des Herbes Paris- France
(“Invitación”, M: 86)

Delicado
Pero
Brutal, oh, escondido
Relator de los jardines

Libre eres al cantar
Ese único modo
De contar
Los reflejos del basalto,
El sol extendiéndose

“Oda a Fauré”, M: 227

Freud, Sigmond

Durante 10 años
Estuve solo
Ahora una enredadera
De lirios
Dormita junto a Sigmund

(Historia del médico judío”, M:70)

* * *

Sigmund Freud
O aquel muchacho
Que dejó
En Viena
Lirios en los trenes.
Y luego, en Londres,
Su corazón,
También
Una hermosa flor.

Goethe, Wolfgang

“Canción para Wolfang (sic) Goethe”

Los cromáticos yates
Cruzan el mar azul
Azul prusia
De La Herradura
Los Cromáticos días
Que jamás no han de volver
Plenan de flores geranios
Blancos y el resplandor
De los bares: Paz de los bares
Paz de los cinemas
Donde recién ahora:
Qué breve es la vida
Se inicia la Poesía
La voz que incontable
Y en misterio
Vuelve para tomar
De cada ser su primitiva
Forma. Yo sé que Goethe
No puede menos que el hacer
Calmar la noche el otoño
Las playas las centellas
El vaso de cerveza
Del apartado ebrio los pétalos
De la soledad, los desiertos
Y las extensiones pálidas
De espuma y sal
Con el cantar que proclama
Que todas las obras de La Creación
Son tan bellas como el día primero

Y que, cada sentir cada anhelo
Es sólo paz:
La inquietante paz
Que algunos llaman vida.

Herschell, William

Sir William Herschell
dijo: el universo
es como un ladrillo
visto de canto
todo podía esperarse
de quien había
descubierto
las estrellas
dobles
en un universo
preeinsteniano
cerveza helada
viendo el mar
azul profundo
y la paz
de los bares

(“Urano”)

Invenciones

Im Abendrot

A través del color y la alegría
Hemos caminado
Déjanos ahora descansar
En esta tierra silenciosa
El atardecer cae en los valles
Se oscurece el aire
Dos aves aún ascienden
Soñando en lo lejano
Pronto será tiempo de reposo
Y no equivocaremos el camino
En esta soledad
Oh paz tan largo deseada
Tan honda en el crepúsculo
Cansados ya de errar
Quizás sea la muerte así

Keats, John

Hermano:
Tierno hermano
Triste hermano
Mío. El jardín,
Ha florecido, tú,
Quien conduces
Las flores
Tierno y triste
Hermano mío
Yo hubiera deseado
Para ti el cielo
La mar que no tuviste
Porque el amor
Te relató el secreto
De la Poesía.
Déjame llorar por ti
God damm!

(“A John Keats”, M: 180)

* * *

(a. “Oda a Keats” (M: 182; Y: 258, con dos versos
más)

Qué llevas en el pecho
John Keats
Qué llevas ante ti:
No llores, hijo
El mar conserva
No sólo cuanto escribiera
Sino algo que aún
Oigo en Lima
En el año 1975

Mi corazón

Se enredó
Y desde entonces
En tu alma
Dormían los paisajes
Y la flor perpetua
De los jardines
Jamás recorridos. Tú
Y una tarde
Que acontece tú
Me hablabas
De algo me hablas
Pero el brillo de tu corazón
Te oculta
Algo me dices
Pero el estruendo
De tu alma
Me impide
Sobre el mar
Veíamos el transcurso
Del verano las flores
Del Estío las joyas
La armonía que
No debe ser quebrada.

Petrarca, Francesco

Qué puedo yo ensayar/Sobre el autor de ese/Soneto. Creo que/
Petrarca…

la sotto giorni
nubilosi e brevi
nasce una gente a cu’il
morir non dole

En Campidoglio
Coronaron al Petrarca
De sonetos

y

la, sotto giorni
nubilosi e brevi

En Campidoglio
Se elevó el Petrarca
El triste Petrarca
A la altura
De coníferas ramas
Asfodelos
Y el agua de los ríos
Tévere
Yen lo alto
La luna
Seine
Rhein Amazonas
Y tras las siete colinas

Petrarca
My soul has grown deep
Like the rivers

Prière

Señor de los abrelatas
El jardín en flor
La hojarasca
La tristeza. El recuerdo.
El sol. Los navegantes:
Sus naos prestas
A la brisa y cambiantes, sí
Cuando el Sol desciende
Y llega al mar la Aventura
Del vivir: los puentes
De carrizo, la arena,

Señor de la desolación
Señor que tallas
En el Espíritu
Más fuerte
A tu imagen un dolor

Señor de las mañanitas
Señor del azúcar
Señor de la espera
Señor del viento

No me oigas
Oye más bien
Lo que en ningún tiempo
Hé de decir.

Schumann, Robert

Hermanito: Tú posees
La languidez del sueño
Y un amor. Atardece
Y en la calle
A pesar del Tiempo
Me alcanza tu alma
Y me recuerda
Que bajo todo cielo
Existe la nostalgia
Y el silencio. En la taberna
Se escucha
El La doliente. Transeúnte
Es el Tiempo también,
Como nosotros. Yo comprendo
Tu lamento noble
Y tu alegría flores
Sobre el asfalto suaves
Flores. Tú posees
La languidez del sueño
Tú eres quien ahora
Canta:
Solitarios son los actos
Del poeta: Como aquellos
Del Amor
Y de la Muerte.

Shelley, P.B.

Adiós Percy Shelley
Quién sabe
Si nos veremos
Der Dichtung Schleier
Aus der Hand der Wahrheit
Plena ya es mi vida
Puedo regresar
Al valle profundo
O también, Percy,
Volver a hablar contigo,
Tú, que me enseñaste
que nada es sueño
Y menos aún el amor

* * *

Como el sueño tuyo
Que se refleja
En todos los sonetos
De Inglaterra
Tú soñaste
O, igualito es,
No soñabas
Es la enredadera
Y el denso paisaje
Algunos dicen
Que hay que liberarse
De los fantasmas
Del amor
Pero el amor
No son fantasmas
Tú, que sabías
Y hay en algún lugar
Pequeños preludios
Como el sueño tuyo
Nadie puede ocultar
Su origen
En el sueño
Nadie puede cubrir
Sus ojos humanos
Nadie puede ocultar
Su propia poesía
Nadie no ha sido triste
Nadie no ha sido
Alegre
Todos hemos construido
Pequeños preludios
Oda a Percy Shelley
Y, de alguna forma,
To know
Even hate
Is but a mask

* * *

Tú sabes del amor
Lo esencial:
Que es continuo y canta
Yennoblece
Y nada puede.

Pero amor
Tú sabes del amor
Y yo también
Pero Shelliry
Sabe describirlo.

Algo así conocemos
Como él
Que amar comiema
Y jamás
No hemos de verlo

Viento del oeste
¿De dónde vienes
cuando
Dibujaste en los tejados
en las sombras
Altas de las casas
Sabías tú que el Sur
estaba cerca
Donde el sol que amaste?

Tres cantos de amor

1
¿Recuerdas tú
La Primavera?

El claro Sol
Y tú sonriente
Quizás así me amaras

¿Recuerdas tú
Del Sol
El límpido fulgor?
¿Recuerdas el jardín
En flor. Recuerdas
Y entonces las estrellas
En tus ojos
Se ocultaban?

¿Recuerdas tú la niebla
Tú el bosque
Y la sombra
Del árbol
En la noche
La quietud de los mares?

Olvida mejor
La Primavera.

2
Malagua de fresa
Malagua de cherri
Malagua de limón
El azul océano
La mar
En lo alto.

3
De nada me hablas
Pero
El estruendo
De tu corazón
Te oculta

De algo me hablas
Pero el brillo
De tu amor
Me impide.

A un suicida en una piscina

No mueras más
Oye una sinfonía para banda
Volverás a amarte cuando escuches
Diez trombones
Con su añil claridad
Entre la noche
No mueras
Entreteje con su añil claridad
Por lo que Dios más ame
Sal de las aguas
Sécate
Contémplate en el espejo
En el cual te ahogabas
Quédate en el tercer planeta
Tan sólo conocido
Por tener unos seres bellísimos
Que emiten sonidos con el cuello
Esa unión entre el cuerpo
Y los ensueños
Y con máquinas ingenuas
Que se llevan a los labios
O acarician con las manos
Arte purísimo
Llamado música
No mueras más
Con su añil claridad.

Au die freude / Oda a la alegría

El cielo tiene varios
Momentos
El momento azul
Cuando no hay
Ni una nube
Y los cuerpos
Bajo el sol
Corren
Se secan
Compran bebidas
Dulces
Como el océano
A través de las cuales
Puedes ver
Un mundo rojo whisky
Sobre las rocas
O cerveza helada S/.15
O algún licor
Que se recuerda
Lejanamente
Bajo un farol
Yuyos anémonas
Hidras asfódelos
Y risas arena
Esparcida
Sobre la playa
Es un horizonte sereno

Canto cuarto

Reposando en el cuenco de la luna
Y con los ojos tan lejos
Que se diría
hierba de los lagos;
Y sobre ti, nieve dulce que los años pacen:
El terror de este canto
O su ternura oculta entre el follaje
Como la boca de un venado.
Sobre ánforas muertas y sepultos espinos,
La rama del corazón es posible
Y se alza y te toca, impalpable caricia
A través de tu pecho desleído.
Y luego el viaje en tren
Y aquella dama lánguida
Sonriendo veloz a telégrafos y búhos:
‘Dennis, Dennis, tú no estás,
Pero las yeguas paren.’

La espina del Sol,
Desde el reloj de piedra,
No los ojos primeros tasajea
Sino cegadas máscaras, memoria
De lo no vivido, fruto insomne
Que antecede a la semilla.

De Jean Arp: Rosas pasean sobre las calles de porcelana

A orillas de la fábula teje para sí la noche rosas
El ovillo de las cigüeñas frutos faraones arpas
La muerte conduce su aleteante ramo bajo las raíces del vacío

Las cigüeñas aletean sobre los tejados
La noche es una fábula marchita
Las rosas pasean sobre calles de porcelana
y tejen para sí el ovillo de sus años
estrella sobre estrella

Entre las estrellas yace un fruto
Las vacías comarcas los años marchitos las maletas
sonrientes danzan

Las cigüeñas devoran faraones
En los tejados nacen rosas
La muerte devora año sobre año
Los faraones devoran cigüeñas
Entre los frutos duerme una estrella
y sonríe tierna en el sueño como arpa
de porcelana

Las aleteantes fábulas calles tejidas cigüeñas danzan
Las raíces de los faraones son de rosas
Las cigüeñas llenan sus maletas de tejados
y vuelan a la tierra de los faraones

Las constelaciones (1965)

Bendíceme pues, tú, ojo tranquilo,
Que sin envidia puedes ver
Una dicha demasiado grande.
Federico Nietzsche

I

Los signos del Zodiaco

Géminis

Es extraña nuestra canción. Es demasiado triste y antiguo lo que cantamos. Nuestra canción no nos pertenece. Y si se nos oye en las noches en las ferias, es porque no somos ajenos al cansancio y la gloria, porque la paz que encontramos alcanzará a cubrir por un día el deseo.

Hemos llamado en nuestra ayuda a la fatiga. Hemos subido los muros. Hemos dejado en casa al hermano, al mismo hermano que guarda —quizás sea que volvamos— el gastado cuaderno de sus labios.

Hemos ascendido los mares, uno a uno llegado. Y es que Nave, lo más Sur y vencido, nos aguarda. Y tal vez este juego que inventamos, este juego en que ardemos confundidos, ha venido de sus manos a las nuestras.

Y en nuestro corazón, que jamás fue duro, es poniente ahora. Porque pese a que fuimos simples e inalcanzables, hemos sobrevivido al hermano. Lo hemos dejado, ciego y amargo, en sus viajes no emprendidos: sólo trazos de los dedos silenciosos sobre el mapa.

Aries

Tomamos de la Estación que muere
Los despojos.
Tomamos los añicos lucientes
Del Verano.
Con ellos en la tarde, heridores del Estío,
Entretejemos
El recuerdo pacífico y cruel
Del aire helado.

Scorpio

Hacia furia este camino:
Esta calle bajo luna, bajo áspera luna,
Sin esquinas. Los prestigios del agua
Que nos muestra sus lentos pilares derruidos.
Algo recordarás aquí de la canción de la tierra,
De la música girante de la esfera.
Algo recordarás de la majestad de los días perdidos,
De los días atados en las manos, como cintas:
Esto es lo que en la noche se acompaña.
Inimitable es esta melodía:
Hacia estanque las tardes que bebimos en las calmas
oleosas.
Hacia furia conduce esta canción.

Aunque el dulce Noviembre
Nos derribe en estrellas,
Elevados.

Piscis

Es el Sur quien nos lleva y nos olvida
Hacia el alba postrera. Sus presagios,
Aprendidos sin miedo en las estrellas,
Son tan sólo la forma como el agua
Centelleante ha llegado.

Acuario

Jugador de tenis de una noche
Al regreso, Acuario, constelado.
Yo no sé si esa prisa que alcanzaste
En tu duro golpear en la fatiga
Tenga un término de paz o de deseo.

Sueña, Acuario, caído en los espacios,
Todo pleno en tu mudo parecer, en tus heridas
Errante, confundido, entregado
Al Oscuro y al cansancio.

Sin embargo a nosotros nos es dado
Nunca a tu forma llegar,
Nunca un lugar en tu juego
Entre luces crecidas en alambres.
Los gimnasios del mar son esta brisa,
Estos peces extraños: pobres signos del agua
Que en su ascenso a la dicha se han perdido.

Virgo

Tú debiste estar
Cuando sol y espiga.
Agosto era un mes tan simple.

Agosto es el mes más simple.
Yo soy ahora quien sueña,
Quien dobla lentamente
En las esquinas.

Tauro

Qué antiguas estirpes del dolor
Vivieron en tus entrañas, toro.
Toro formado a imagen
De mi insomnio.
De qué ocultos guariques, como humo
Surgió tu alma: crótalo negro,
Toro entre banderas.
Crótalo en la selva de la arena dorada.

Si creado contemplo tu amargura,
Tu alma, toro,
Se torna en mi celeste compañero:
Tuyas son como mías
Las fugaces visiones
De esta tierra.