Me quedo quieto, no porque no pueda de Daniel Samoilovich

moverme yo sino por la parálisis
simultánea de la opacidad
y del sentido: te miro

desesperado, no parece que lo notes,
parece, no parece, me acuerdo
que acá le dicen brillos al diamante.

Como quien percibiera dormido el cuerpo
inmóvil, sin entender que se está quieto
porque uno duerme:

y le ordenara, en el sueño, moverse,
sin lograr que obedezca, estando,
como está, boca abajo, dormido:

en un cuarto feo, azul
que por suerte o por desgracia uno
no llega a ver

estando, como está, dormido,
estampado en la cama, creyendo
que se quedó paralítico, que

la cama, horizontal, es un muro
vertical, o peor, una barrera
invisible

como el cuarto feo y azul
que, por suerte o por desgracia, uno
no llega a ver

soñando, como sueña, que está
paralítico entre el rojo
zigzag.