XV (I) de Kenny Rodríguez

Hace siglos llovieron sonrisas
a mi solitario caracol
padecí tus fiebres
y alcancé tu pecho para anidar.

De vos, ni un solo gesto queda
tan sólo el pincel de tu recuerdo
que te dibuja en mi soledad,
ya no volveré a tus labios
ni a tu almohada piedra de volcán.

Sea por vos
que devoro inviernos con los ojos
y trenzada a tu muerte
mantengo mi munición de amor
para esparcirte en todas mis galaxias
en punto del disparo
con profundo amor
a mis compañeros
y el odio más temido
a la implacable ave de rapiña
enemiga del futor, del amor
y nuestra lucha.