A veces

Suelo ser una mancha
con forma de ave o mariposa
un charco de minucias
un ramillete de olvidos
una canción rota por los lados.

Río a carcajadas
¿por qué no?
reir es una forma
de soltar los animales presos en el alma
entonces el rostro me cambia de forma
pierde su manera de tristeza mal copiada por los genes
imperfecto dibujo
con su medialuna y sus burbujas.

Lloro
¿por qué no?
cuando se bebe vino tinto
se tienen treinta y tantos años
y el mundo duele con sus cuatro esquinas artilladas
esta agua del ojo
justifica la pena de todas las ausencias
instaladas
entre la piel y los pasos.

Círculo flotante

Olemos a sagrada dispersión de panes
a pájaro profano
a prohibición de mágicos designios
y antiguedad de auroras
Olemos a círculo flotante
caballo desbocado
selva jade.
Olemos a bruma inconcebible
es decir:

sudor
saliva
semen

Cuando un pedazo de sol

Cuando un pedazo del sol agonizaba en mi ventana
Y tus ojos miraban caer meteoros de cruda lejanía
Yo contaba los hijos que perdí en guerra sin nombre
Los animales enjaulados en mi boca
Y los dias vagabundo
Con el musgo entre mis piernas que no tuvo sello
Barcos fantasmas vi partir desde mi cuerpo
Mordí la ácida fruta de los nocturnos desamparos
Y las horas incrustaron alfileres de veneno
En mi carne fugitiva.

De la propensión a la puntualidad

No es que haya nacido en otra parte.
Mucho menos, que me preocupe el tiempo
en su belleza de abstracta redondez lunática.

Es que los minutos me muerden los talones
hormigas enfurecidas urgiéndome a hacer
a no detenerme en función de los finales.

Es muy cierto
la prisa es un agujero en la calma del insomne
una muralla en la planicie de los sueños
un abrevadero de ilusiones que a menudo fallan

No es que me avasalle el miedo a la tardanza
pero la magia se me acaba
he perdido las fórmulas los jeroglíficos las pócimas
la clave de los secretos que guardaba
las cosas que el sabio Fritz confió a mis huesos

Lo confieso
cada vez soy menos yo
y más lo que he vivido.

Por eso es que me apuro
para no llegarle tarde
a la que realmente he sido
cuando todo se acabe.

De la propensión a los olvidos

La felicidad- me dijeron-
es asunto de poetas ebrios.
Útiles solo para cabalgar la luna
con todo y sus acólitos nocturnos.

Escóndete tras la puerta me dijeron.
No cruces la línea que separa al ahorcado
de su mediodía.

Huye del espejo y sus engaños
únete más bien a una legión de imágenes
promotoras de la ausencia.

Trágate tu amor al prójimo
y sus dinosaurios descalzos.
Esas utopías ya no las compra nadie.

Si descubres un vuelo de monarcas coloridas
dales la espalda
no escuches su caricia en el aire
y el escándalo de sus alas encendidas.
Podrías no recuperarte.

Ama la sombra y sigue sus instrucciones
protégete en su círculo de las tentaciones
que la luz produce

Súmate a la sagrada ley de lo que no se mueve
eso es lo que perdura.

Todo esto me dijeron.
Pero mi desnudez no tenía bolsillos para entonces.
Tampoco una memoria para el llanto.
He seguido la ruta de las aguas
en su afán de mar y de horizonte.
Y no puedo detenerme todavía.

De la propensión a los silencios largos

Llena de oscuridad mi boca es una piedra
en su inmovilidad oculta a los absurdos.

Huyo de mi lengua como de la ira
espanto las palabras para que no se posen
en el labio del niño que duerme
ignorando catástrofes y circos.

Las espinas de lo dicho
inundan la enorme gravedad del participio
y ningún verbo es voluntario
para rescatar el juicio o el prejuicio.

Acomodada entonces
en mi oficio transitorio de partícula
voy pareciéndome a la noche
protectora de ensombrecidos seres
que mataron el hambre con acentos
y calmaron su sed en los sepulcros.

El silencio es un pez en mi cabeza
felizmente alimentado con todas las palabras que no dije.

De la propensión a reir

Yo había llegado tarde al reparto de los dorados
dones.
Alguien que tenía prisa
olvidó una carcajada que memovió su cola.
Lástima me daba verla sin boca ni motivo.
La recogí aquel día memorable con cuidado
de madre
me la tragué despacio como quien traga espuma.

Desde entonces la risa me acompaña
me preserva del miedo a lo que se me esconde
de la vida sin abrazos
de sendero de ausencias adentro de mi pecho
y los cuchillos que clavan los formales.

No me permite distraerme en el lamento
ni autoidolatrarme.
Me mantiene alerta contra los infames
los que mientiendo humanidad destilan sombra
en jardines de hierro y fraude.

La risa recoge para mí
las flores queno alcanzo
y me ayuda a entender
la eterna vacuidad de aquellos que no ríen
por temor a que una carcajada enorme
se los trague.

El mendigo en la plaza

Ya no tiene cuerpo
sólo mirada con legañas
párpado y odio rancio

Ya no tiene ropa que le cubra
sólo pedazos de historia recortada
que nadie supo nunca y al fin y al cabo
a nadie le importa.

No será invitado al banquete
ni irá al cielo

Ya no tiene cuerpo
sólo una mano extendida
en la que no caen monedas
sino
gotas del último aguacero.

El principio fue

El principio fue un desplome de la aurora sobre el mundo
Un inocularme el escándalo en el alma. Un coro de canarios
Saludando en ofertorio lo preciado y lo elejido.
Una fosforescencia en tus ojos en señal de bienvenida.
Un derrame de lilas en mi pelo naciendo de tus manos
El principio fue todo lo feliz que podía ser
Sin sombra de atroces vaticinios. Y entonces el amor
Era todo lo tangible y lo esperado. Un resquicio de alegría
Hacia soles permanentes.
Un rociar de pétalos en el medio de un juramento anunciado.

El suicida

Lo ví caer de siete pisos y quebrarse las piernas
atónito asombrado incrédulo
llorar lamala jugada
retorcerse de ira en su cama del hospital.

Alguien dijo:
‘lo que pasa es que
tampoco la muerte
acepta a los cobardes’

La que murió virgen

En su hombro había un lunar que nadie conoció
Su cuerpo fue un planeta inexplorado
Su piel fue un paquete sin abrir.
No pudo entender el erotismo del poema
y la pornografía no fue mayor problema de moral
no conoció los besos de zaguán
ni los hoteles de ocasión.
En suma
la que murió virgen fue un equívoco de Freud
y vivió a medias.

Petición al buhonero

Véndeme si puedes
un canario amarillo que cante notas rojas
los aretes que le faltan a la luna
el diente de un lagarto que no llora
un reloj que dé las 12 en mi esperanza
el blues ancestral asesorando al humo
la carrera del conejo y la tortuga
la lujuria de Blancanieves y los siete pecados capitales
las barbas de Carlos Marx y la locura de Van Gogh

Véndeme fantasías
para los niños que trabajan
y un poco de rabia para los que se conforman.

Véndeme
pero véndeme barato
la ternura
es la única moneda que me queda.

Suposición

Y si regresas
con otra mitad que te puso el mundo
perdida ya en la memoria de la piel
bajo tus manos
ausente el gesto del antiguo abrazo
no me busques.
Te prefiero limpio y humano
como cuando nos bebimos los dos
intentando atrapar la plenitud.