Ahora estoy plena de silencios y de sombras

Aquella luna roja en la vigilia
bebió la sangre de mi entraña.
Hubo demonios escondidos
en el trigal
que sorbieron todas las gotas de mi savia.

Sin buscarte,
habías venido a mí.
Estaba mi boca entreabierta deambulando por los senderos secos y
agrios,
cuando fui a tu encuentro.

Si yo no hubiera sido la mujer que con dientes de espuma
quiso arrebatar la pujanza del hierro en llamas.
Si yo no hubiera sido la mujer de cascabeles de oro y diamantes,
esmeraldas y rubíes que cometió el pecado de la palabra vacía.
Si yo no hubiera sido la mujer que apenas vivió el amor
el tiempo que dura el ocaso.

Si yo hubiera sido la mujer que adivinara la esperanza de la luna fría y
blanca.
Mi vida sólo estaría enmarañada en el fulgor de tus brazos.

Hipnosis

Me sumerjo en el imperio de la noche
desde aquel palacio rodeado de un séquito de dioses
que hieren con sarcasmo
mientras recogemos lirios prohibidos.

Mi cuerpo
a veces deshabitado del presente
comienza a ensoñar
recorriendo los laberintos del sexo.

Después de descender a los infiernos
y al ver a las Erinias
nos entregamos al goce
y recuperando lo esencial
convertimos la vida en una fiesta

Ningún gemido podrá turbar la tierra aletargada.

Mis senos guardan el misterio del origen
porque el vuelo fue más allá de los sentidos
cuando las semillas de sangre esparcieron
corales en la arena.

En el despertar de tu voz
el sueño viaja
contemplando la aventura.

Mi fuego vital se une al dios
del éxtasis.

Me pondré un vestido de espigas
para renacer a la noche del sepulcro.
el rocío bendecirá la tierra
transmutada en esperanza.

Me fragmento en el morir

Por qué, padre,
me he jugado la vida.
Hubo un tiempo
en que aceché al ser
que fisgoneaba por sentidos peligrosos.
Y así , con el ardor ácido de un golpe invisible,
se acalambrararon mis carnes
aguijoneadas mil veces
por esa furia execrable.
Aquí ,en esta hora deforme y sin color,
me fragmento en el morir
juntando
mi propio cadáver.

Una quimera

Te amé entre la letra negra de átomos iracundos.
En el instante fugaz de un encuentro azaroso.
En la embriaguez de un corazón transfigurado
por resplandores marchitos.
En la tormenta estival de amores desechos.
En la ruptura del otoño imaginando tus orgasmos.
Cuando ofrendé mis ríos tenebrosos desde este cuerpo frágil.
Al presentir la despedida de una vida en ruinas
sobre mis fatigadas vértebras y
enmascarada con la violencia de una pasión salvaje.
Aquellos jacarandáes de nuestro jardín en celo
cubrieron nuestros cuerpos con su sangre y se unieron reflejados
como mantas de colores, tejidas hace mucho tiempo.
Yo sé que tú imploras la caricia
con la conciencia despierta de nuestra América,
donde se yerguen ufanas las ciudades perdidas.
Te sigo amando porque me llamas a gritos
En tus noches sin estrellas y en tus soles patriarcales.
Porque dejaste la tierra áspera
inundada de semen esperanzado.