A la memoria de Raúl Gustavo Aguirre

Estoy de este lado
no sé cómo llegar a tu muerte
enamorarte los ojos
prenderle fuego a tus palabras.
En tu voz
veo barcos calcinándose de neblinas
y un rumor de sirenas
enlutando las anclas que buscan una pregunta
en las costillas del océano.
Tu oficio es un naufragio,
la claridad exánime del que no responde.

Bebe
has visto la luna rigiendo el leprosario
baila
el cielo vacía su blanca taza sobre el Hades
sueña
una canción es una trampa
canta
una sinfonía enloquece en tus manos
muere
pues es necesario renacer donde el corazón yace.

El silencio ruge una plegaria
y el alba abre su resplandeciente página
sobre la momia de un tiempo que no existió
y hemos vivido.

El ojo de los días

Aún humea el ojo de los días.
En el templo las voces bordan los cielos
y las lluvias bendicen lenguas dolientes.
Un espíritu se ha levantado desde las fauces del océano
y su aliento incendia jardines de piedra.
El silencio tañe muérdago,
un ojo ríe
y cuerpos perdidos hienden la ausencia.
No hay salvación,
todavía el alma pena.

Emilio Salgari

I

Una sombra improvisa rabiosas aventuras
en paisajes ninfomaníacos
con hombres a cara o cruz
curtidos por el sol y el viento.
No hace falta abrir la ventana del cuarto mal iluminado
para batirse a duelo con los traficantes de esclavos,
sólo se necesita la fiebre por la vida,
no dejar caer los brazos.

II

El viaje más largo que hiciste
fue de Brindisi a Patras
y sin embargo ¡qué bien huelen tus odiseas!
Te imagino furioso frente a la hoja en blanco
embebido en esa tinta que fabricabas con tu sangre,
fumando un cigarrillo antes de tomar cada decisión
al igual que tu capitán Yañez,
quien fumaba cien cigarrillos diarios.
Una selva loca invadía tu lecho,
Malasia te mecía en sus brazos
mientras los tigres surcaban el cielo raso de tu cuarto
y alaridos descabellados de extraños plumajes
perforaban el silencio
¡Cuántos obstáculos venciste para rescatar el grito
desgarrado de nuestra selva!
Una multitud de fieras conversaba contigo en las noches
y nunca te negaste a contestarles,
sabías demasiado como para callar
las alucinaciones de la mente.

III

La injusticia brama en Malasia
y tú, desde una pequeña habitación arreciada por los huracanes,
ciñes la desazón que otros hombres labran sobre las barcas.
La fiebre amarilla disuelve tus entrañas;
ensimismado en combatir la intemperie de los gobiernos ingleses
luchas junto a monos aullantes y piratas disecados
por la sal de los mares
Nada pudo detenerte,
ni la lujuria del cielo del Cabo de Buena Esperanza
ni aquellos felinos que agazapados sobre sus pensamientos
esperaban pacientes dar el salto
para atrapar a la presa entre los dientes.
Sandokán no es un mito,
su sangre caliente es de nuestros días;
sólo el poder es un mito
que en la soledad de su codicia
se devora a sí mismo.
Está derrotado quien arriesga
pero está muerto quien no opone resistencia

IV

Tu geografía es el croquis de nuestro desconcierto.
Son muchos los que han perecido
en los laberintos de la jungla
mas nunca a tus personajes les pasó nada,
presos en la incandescencia de la vida
eran tomados prisioneros por implacables enemigos
y luego liberados por incondicionales amigos.
Un maharajá nunca se duerme por completo,
permanece espiando al mundo con su ojo oculto
pues sabe que ninguna ciencia es cierta,
lo que hoy es un emirato mañana será un pantano.
¡Qué nítido se recorta Sandokán en esta tarde
cuando a través de mi ventana veo princesas cautivas
pudriéndose a la espera de los amantes!
Miente quien dice describir la realidad,
ella es tan fuerte y segura de sí misma
que sólo es posible atraparla mientras soñamos
con los ojos desvelados por la alquimia del verbo.

V

En Verona,
sólo en Verona reposan para siempre los amantes.
Allí una gastada lápida delata tu presencia.
Imagino que aún combates en la tumba
contra enemigos escurridizos,
aquellos que te ensartaron dos sablazos
cuando de puro distraído pensabas en la muerte.
¡Qué desdicha la del que medita con sus entrañas!,
nada le es claro, todo tiene gusto a sangre.
‘¡Oh Capitán … mi capitán!…nuestro espantoso
viaje ha terminado’.

Eva

Ausencia eterna, hiere mi voz,
dame la palabra del rubí,
un canto del arpa, la belleza del trueno.
Que en cada oración encuentre mi reino.
Bendita sea tu desnudez enceguecedora,
tus frutos luminosos,
tu oro extremo.
Soy polvo, sangre, hiel
y nada en tu oculto lecho.
Ausencia eterna, otórgame la luz,
confiéreme el silencio.

La diáspora

Hacia los cuatro vientos,
el polvo del camino nos nubló la vista.
Descendimos
hasta volver.
Estamos en todas partes y no somos nadie,
sólo la noche nos rescata.
Nuestro horizonte es la cruz del sur
donde ojos entrecerrados
aún tocan música.

La muerta

Muerta la muerta, encendido su olvido
su nunca más de yegua desbocada, su noche
donde canta la piedra y la nube.
La voz de la muerta no muere, agoniza, permanece
y sus canciones encantan a los navegantes, a los no nacidos
y a los muertos que gritan en silencio
para que la muerta escuche y despierte sobre su muerte,
sobre los ojos enceguecidos y sobre el féretro de oro
de todas las aguas, ríos, mares y océanos
que atizan las lenguas de la intemperie.

Leonardo y la última cena

Por encargo de Ludovico ‘el moro’
deletreé durante tres años la Ultima Cena.
No cometí ningún error,
fue mi voluntad que Cristo y sus apóstoles
se fueran desintegrando con el tiempo.
Cuando la cena sea nuevamente servida
otro Ludovico me encargará rehacerla
hasta que el vino vuelva a escasear.
Confío en la eterna sed del hombre.

Lilith

La luna es nueva
y el río ya no es el mismo
pero tus ojos permanecen iguales;
sólo quien viajara hacia el fondo de su mirada
descubriría algo más que el paso del tiempo:
un animal enfurecido contra la jaula del horizonte.

Los atlantes

Los sacerdotes egipcios fueron nuestros últimos testigos;
perduró la leyenda por boca de Platón.
Nueve anillos de agua y nueve de tierra,
y de anillo a anillo construimos puentes.
Rodeados del favor de los dioses
modelamos la alegría de los metales preciosos,
cultivamos la perplejidad de la filosofía,
la magia de la poesía.
Cuando los vientos nos fueron favorables
surcamos los mares con nuestros tesoros:
nos arrojaron de todas las costas
y fueron malditos nuestros magos.
Inútil fue regresar:
nuestra tierra se encontraba en el seno de la tierra.
Fuimos condenados a vagar la eternidad.

Somos los Atlantes,
naufragamos con nuestras riquezas.
A veces,
en mitad de la noche
nos humilla la poesía.

Mujer

Oh mujer negra, negro corazón, labios impíos, gracia
sombría de árido y seco vientre; mar y nave, barco sin
rumbo, hundido y herrumbroso como el castillo del mago;
navío sin timón, naufragio.
Cuerpo candente, muérdago del deseo,
piernas nacaradas del puente,
piedra cerrada, muerta, olvidada por su olvido;
cuerpo para delatar la intemperie,
cuerpo donde aún la muerte es bella.

Requiem para Philip Marlowe

Queda la resaca de tanto café y cigarrillo,
el lejano fulgor de rubias y martinis más allá de toda madrugada,
las calles desiertas, un cuarto solitario, el dolor en la mandíbula.
Todo se reduce a balbuceos
cuando el cuerpo comienza a comportarse como una pesada carga
y los puños ya no responden.
Estás solo
de cara a las alcantarillas
viendo como tus frases sentenciosas resbalan por las cloacas
dejando entrever la sonrisa amarga del caso no resuelto.
Sabes que la alarma ha sido falsa,
tu propia imaginación exacerbada por tanta vigilia.
Después de haberte jugado la vida tantas veces
sobrevives en la ironía,
comprendes que aún no has visto el rostro de tu enemigo.

Sangre y arena

a Mario Morales

Tu capa roja sobre la arena
tu rojo haciendo la verónica para que la palabra siga su camino
y el sentido quede con los ojos furiosos mirando al público.
La escena es siempre la misma
y tu miedo aumenta con cada embestida,
sabes que nadie sale indemne de la lucha
donde una oración acomete con rabia un trapo agitado en el aire
una hoja blanca un muro
con silencios a punto de parir interrogaciones
con respuestas sin memoria.
El juego es un conjuro
y quisieras otro disfraz pero el oficio es un número fijo
y las musas no quieren un cambio
nadie lo desea
el escenario está montado
y alguien tiene que ser víctima y victimario.

Tu poema en la plaza
tu poema esquivando al toro
escapando del laberinto con Ariadna en brazos
para que el pavor no embista
al trapo blanco a la hoja roja
y la mirada sea una palabra con el sentido de espaldas al público
cuando el espectáculo es un mudo muriendo en sus gestos.

Umbral (I)

A Antoine Saint-Exupéry

I

Allí aquí

al borde
en el camino
lejos de casa
cerca del cielo
una sombra
el mar
una sombra
costa verde
agua dulce
un sueño
una duermevela
ojos rasgados
ojos pasmados
ojos sedientos
El viento
una encrucijada
el viento
una estela
el viento
aire nuevo
río ancho
río leonado
río furtivo.
Pies descalzos
en la arena
manos abiertas
en el lodo
cuerpos blancos
en un paraíso.
La mirada vuela
la mirada olfatea
la mirada gime.
Tan lejos
y tan cerca
atrás quedó
la catedral
un jardín
los bulevares
la flor de lis
una música.
Ahora el horizonte
se ensancha
los árboles
trepan
las nubes
bajan
el musgo
alborota.
Ahora la tierra
no tiene fin
es el cielo
un disco rojo
una luna menguante
el rocío
un animal solitario
la llanura desbocada.

Umbral (II)

II

Vuela
azul
asciende
volatinero
avanza
aéreo.
El aire te precede
la brisa te reclama
las nubes te oyen
el céfiro te acuna
Una ráfaga
sostiene tu aliento
un vendaval
hila tus sueños
una brizna
teje tu sino
un ventarrón
ilumina tu planeta.
Del Oeste al Este
del Este al Oeste
enamorado
sigiloso
iluminado
tomando atajos
criando ensueños
amando lo indomable.
Tus alas
velas del firmamento
tus alas
encomiendas enjoyadas
tus alas
diamantes azules.
Sin tus ansias
el océano que nos separa
sería un erial
un desierto oscuro
una pena incierta.

Umbral (III)

III

Cabalga caballero andante
cabalga
entre el vértigo del Sur
y los campos elíseos
entre la Pampa sedienta
y los jardines reales.
Cabalga mi capitán
cabalga
que el día es eterno
y la noche infinita
que el alba es un océano
y el despertar un deceso.
Enciende las velas
el limosnero sangra
enciende las velas
la claridad enceguese
enciende las velas
la oscuridad ilumina.
Trueno
ánfora
relámpago
señuelo.
Apaga las velas
la casa envejece
apaga las velas
Juana arde en la hoguera
apaga las velas
un corazón brama.

Umbral (IV)

IV

Correo del mundo
tu príncipe enjoyado
desvela poemas
en un planeta solitario.
La soledad de la guerra
la soledad del soldado
la soledad del niño
la soledad del hermano
hieren tu vuelo
de jinete solitario.
¿Quién te escucha?
¿Quién te ve?
¿Quién te nombra?
Del Atlántico surge un hada
de París un arcano
de Buenos Aires un enero
de tu prisión un niño iluminado.
Del Sena nace un gorrión
del Río de la Plata un tango
de Montmartre una acuarela
de la Pampa una zamba.
Correo del mundo
tu aeroplano
tu voz unió las voces
de Argentina y de Francia.

Umbral (IX)

Y yo canto al cielo que hay en ti,
ungido de luna;
recuerda en la noche
cuando el mundo rodó al mar,
recuerda en la noche,
recuerda que éramos lo que somos:
carceleros de horas y torres,
hermanos del viento
extranjeros bebedores del rocío,
un ojo hacia el que ascendemos.

Umbral (V)

V

—————–(recitativo)—————————–(coro)

Yo soy
el ciervo blanco del mar————————-profano las playas
el viento ácido de los puertos—————–escucho los secretos
el dolmen iluminado—————————–adivino la luna
el dios radiante del diluvio——————— codicio tu sangre
el libro muerto de una noche——————oculto la rueda
el ojo celeste del paraíso———————–miro el humo
la llave roja del templo—————————devoro tu astucia
la serpiente de la higuera———————–custodio tu aliento
los espejos de un castillo en ruinas———resucito en tu sombra
las moiras de un canto floreciente————invoco tu infancia
el gallo de las pléyades————————–confundo tu lengua
el príncipe inerte del miedo———————amparo tus estrellas

¿Quién
encontró el ala rota del buitre ——————el cielo oscurece
fundó el agua en el océano———————el fuego no consume
gritó el nombre que nadie recuerda———-el cuchillo desciende
veló sobre la montaña y el bosque———– el águila no canta
derribó el muro donde dormía el viento —–el vacío no recuerda
dibujó el sol de medianoche——————- el carbón es una espada
llamó a Saturno para invadir los lechos—–el corazón es la intemperie
convocó a la razón para abortar al niño—– el que ama se pierde
comenzó el delirio y encerró el laberinto—-el toro fecunda la ausencia
cruzó el puente y apagó la lámpara?——– el crimen es sueño.

Señor:
te evoco en alta mar para que lleves mi nave
hacia el puerto donde me esperan los secretos que olvidé,
te denuncio a través de la bruma matinal para que levantes
un palacio donde pueda deshilvanar mis desdichas,
te nombro aunque nombrarte me sea prohibido para que
inscribas en mi frente el signo candente de la derrota,
te invoco en mi oficio donde el cisne oculta su cuello
para que nazca un nuevo día en la penumbra blanca de tu ocaso.

Umbral (VI)

Canta
vuela
baila
bebe el vino
transatlántico.
Sueña
corre
ríe
susurra un arcano
olvidado.
Marinero marinado
juglar de vuelo alto
piloto de tormentas
príncipe destronado.
Estas playas se desnudan
ante tu mirada
estas playas se desvanecen
ante tu magia.
Pan casero
tus oraciones
pan ácimo
tus plegarias.

Umbral (VII)

La infancia
un jardín enloquecido.
Mirra e incienso
tu casa
carmín y fuego
tu reino.
Telares del alba
muerden tu deseo,
la rosa negra
te eleva
entre las brumas
y enciende
las luces del alba.
Oh fronteras irredentas
hacia las playas corres
para bordar las olas
que surcarán los mares.
Un cometa surca el aire
y como Faetón incendia
los papeles viejos
las murallas de nunca
las tumbas del ensueño.
Oh rosa tatuada de la infancia
esplendor súbito del horizonte.

Umbral (VIII)

Un muro de silencio
cubre las puertas doradas,
cal de la memoria
y sal del desencuentro.
Tu alfabeto hollado por la luna
una plegaria que horada el tiempo.
Bebe
has visto a Saturno en el leprosario
baila
el cielo vacía una blanca taza
sueña
un corazón es una trampa
canta
una sinfonía enloquece.
Esta tierra se desvanece
huye de su sombra
para encontrar una palabra,
un inventario.
¡Canta tu canción, canta!
tu canción de inmensidad en llamas
tu canción de lino blanco
¡canta tu canción
que estamos aquí para escuchar
tu ausencia!.