Ahora

a Francisca Esther, mi esposa

Ahora
cuando la lluvia salpica los costados de mi patria
y el viento
trae en sus enaguas un dejo de tristeza camuflada
mi voz se desprende
buscando apaciguar estas ansias
porque una llama enhebra la ternura
que habita en mis ventrículos…

Ahora
mientras un torrencial cae sobre la vieja ciudad
cual borrasca que sabe a pesadumbre
quisiera
escaparme de este trabajo que me ata
romper los cristales que dividen nuestra sangre
porque anhelo
que se pierda la noche
que sabe a la melancolía que llevo dentro…

En esta noche… repito…
cuando la lluvia trae centellas
y el peligro acecha en las esquinas
de un barrio carcomido por la angustia
te recuerdo, como si fuese ayer,
y sin embargo,
sólo espero que el sol
me dé su última estocada…

Ahora, allá, abajo,
donde camina la ignominia en ancas de la parca
he deseado cantarle a la esperanza
pero sólo me brotan
más que dos verbos furtivos
pretendiendo entender la vida de los niños
que aprendieron a cantar
como la voz de los abuelos
con granos de maíz de raza…

Ahora llueve
sin embargo me pregunto
¿sabrás que este canto
es el pregón del futuro,
el verbo donde podré cantarle al amor
sin más grilletes que la quimera?…

Ahora
he de recordarte que una vez
supe del llanto de una cigarra
cuando el otoño acechaba e insistente
quise enarbolar
la frase más tierna que supo de la ausencia
mientras la lluvia
navegaba entre líquenes.

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Amor inédito

Ven, siéntate a mi lado
que necesito compartir contigo
este aroma a flor selvática que se esparce
y nos envuelve en el grácil silencio de la noche.

Ven, que quiero asir en la mente
tu voz impregnada de ternura,
el hechizo de tu mirada y el color rosa de tus
mejillas,
porque estando a tu lado no existe ni existirá
ningún ruido mundanal que perturbe contemplarte toda,
serena y taciturna…

Ven,
que deseo saciar la pasión inédita del amor
necesito compartir contigo, el lenguaje titilante
que frenético hipnotiza a mi alma
bajo el suave verdor de primavera.

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Aquí estoy de nuevo

Aquí estoy de nuevo
ansioso buscando la palabra
uniendo sílabas mudas
ante un mar de lágrimas
que me estremecen
empapándome
descubriéndome
sin esperar a que me defienda
o que encuentre respuestas
perdidas en el silencio.

Aquí estoy de nuevo
descubriendo pergaminos
hinchando mi cuerpo
procurando descifrar
en libros de sílabas polvorientas
una frase clave para mi palabra…

Aquí estoy de nuevo
aprendiendo a amar
no importa quien esté conmigo
extiendo mi mano
signalizando con ella
que no estás solo
toma mi corazón
para que mañana no digas
que esquivé tu palabra.

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Calla!

¡Calla!
-no digas nada-
deja que en silencio
pueda arrancar de ti
este adiós que nos duele.

Guarda silencio
por favor -no digas nada-
que las estrellas ignoren
este mutis de despedida
deja que la tenue brisa
confabule contra el amor
que nos juramos un día;
porque entre tú y yo
siempre existió eso
una locura de amarnos
sin más sonidos
que el palpitar
de nuestros pechos…

Vamos
es preciso que reinventemos
otras formas de amarnos
aunque al final
volvamos a decirnos adiós…

¡Calla!

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Como los robles

a Ovidio Villafuerte

“En el muro quedaron
los tatuajes del juego”
Mario Benedetti

Cómo evadir el canto
si la pluma entre mis manos
“desparrama tinta” y está vedada
pero no teme a la mortaja
ni a los vaivenes del viento
y se rebela ante la luz del sol,
pues “en el muro quedaron
los tatuajes del fuego”;
por eso Ovidio
hombre claro en las vicisitudes
eres fuerte como los robles…

Dame la mano
distribuyamos la palabra entre la vida
pues te he visto estrechar el verso
y lo has pulido…

Dime Ovidio
cómo no comprender tu canto universal
si eres
el sonsonateco de pura cepa
que bebió de la savia de “Pipo” Escobar Velado
pero no te quedaste en los sueños
pues conoces de cuerpo entero los espasmos
los sortilegios que te legó la tierra
y aprendiste –como Salarrué–
que la palabra crece al compás del tiempo
sin que por ello se pierda la visión de la vida…

Ovidio,
miembro del otrora Piedra y Siglo
y aunque pasará otro siglo,
pero tu voz seguirá
enarbolando el canto de los ausentes
como proclama que se ciñe
y no se “conmisera ante la muerte”
porque tú eres Ovidio
Ovidio Villafuerte…

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Desnudez

Estas manos
que tantas veces
te han recorrido
acuden a ti
a cada esquina de tu cuerpo
retornan al frente de batalla
para decirte con fiereza
que la palabra nace trémula
cuando tú desdices
la fidelidad
de la oruga
y sólo crees
que la luna
sabe acogerte
a la hora del unicornio…
Este castillo
que ha sabido fundirse
con tu sangre
ha comprendido
la congoja
de los años
y pese a la llovizna
confiesa a viva voz
que su cuerpo
sólo es tuyo
y te entrega
la luz del nuevo verbo
pues aunque caigan
otras trincheras
a la diestra del Padre
allí estaremos
para hacer cumplir la palabra
y la promesa
con que nos fundimos…

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Diálogo frente al espejo

“la poesía es un espejo/
que muerde”

Jorge Arturo

otra vez la noche
la soledad irrumpe con sus fauces
no hay nadie que me dé un beso
que se alegre porque he llegado
no hay nadie… sólo el silencio
espero la noticia que diga
“Murió de soledad”

suena el teléfono
a la una de la madrugada
no hay quien conteste

preguntan por Pedro ¿o Joaquín?

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Evocando tu mirada

En este abril
cuando la brisa de marzo
no está conmigo
he recordado el brillo de tu mirada
que acechó en las esquinas,
mientras, mayo,
furtivo y sediento,
se reía de un junio
cobijado entre sombras…

En este julio
los luceros inventaron el amor
que febrero olvidó
atendiendo vitrinas
expuestas al mejor postor
aunque en silencio
agosto,
conspirara contra el amor
que le heredó el vecino del norte
como si la ternura
estuviese confinada
al mercado de tus ojos…

Ah, pero no me hables de
septiembres
conmemorando la flecha y el arco
de falsos profetas
independentistas
que usurparon la quietud del
alba
porque no podía soportar
el desdén con que octubre
celebró con pompas
la llegada de un “hallowing”
insertado en las venas
ya que noviembre y sus
nostalgias
por la presencia de la parca
rompió en sollozos
cuando un diciembre
aletargado y campante
se atiborró del canto de un
jilguero…

¿Qué harías tú sin un enero
que se vistió de gala
cuando la radio
musitaba con algarabía
que un abrazo
de un diciembre le bastaba
para poblar de dicha
el brillo de tu mirada
y tú, mujer,
¿qué hiciste con el cántico del
amor?

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La paz

a Nicolás Chávez

“…también fue necesario
escribir la historia
con el proyectil de la palabra”
L.A.CH.

Es un jilguero posando en nuestros pechos
como aroma de duraznos esparcidos por doquier.

Es una copla endulzando los sentidos
cual rayo certero en el alma de la urbe.

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Legado

a Marlon Rubén, mi hijo
octubre de 1994

Algún día sobre esta misma tierra
conocerás el abecedario de mis sueños
y comprenderás, que con ellos
quise descubrir mariposas
pero me creció la ansiedad primero,
que la luz que me señalaría el camino…

conocerás muchas cosas que aún no logras comprender
pues apenas tienes tres inviernos y medio sol
aunque ya empiezas a joderte por un mañana difuso…

entonces, haciendo alusión a tu signo
te encasquetarás en el toro para domarlo
pues no será fácil que te desmoronen los vientos…

Escudriñarás a las estrellas
la luz que les delegó el hacedor del universo
e intentarás comprender a los luceros
que hincharon sus pechos
hasta incendiar las horas
donde se izaba la esperanza…

entonces, vástago mío
al verme con bastón y copos de nieve en el cabello
serás tú el que se encandile
con la idea de jinetear la vida
y elevarás con tu dulzaina
otra tonada con diferente tono…

serán otros
los herederos de la historia
y tú hijo mío,
intentarás también conocer a miguel mármol
a los padres jesuitas, a monseñor romero, a…
por de pronto sólo te doy mis versos,
mi pluma, mi cuaderno…
porque tú harás lo tuyo
en el momento preciso…

Del libro inédito
“Los hijos del trueno?

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Los hijos del trueno

quizá mañana
cuando el sol se inserte en la piel
seamos como dos potros indómitos
y volvamos a caminar por estos lares
abrazando, sin exabrupto
el canto del zenzontle
la lechuza el dichosofui…

quizá mañana
compartamos el abrigo
y una hoja perdida a la intemperie
nos muestre los rasgos
de unos días
perdidos
en
el
limbo…

quizá mañana
cuando se icen las ilusiones
y una luz multicolor
muestre la dureza del oro
hurguemos ahí
donde creció la hiedra
la palabra tempestad
o quizá
en la casa del tiempo
algún pájaro migratorio
nos dé una palmadita al hombro
a fin de proyectar
lo mejor de nuestra sonrisa…

quizá mañana
todavía viva el niño
que llevamos dentro
y hasta podríamos
apretar los labios
para no mencionar
que fuimos los hijos del trueno
los que soportamos con temple la tormenta
los que aprendimos el valor a la vida
los que nos enfrentamos a la muerte
y jugamos con ella
al “esconde el anillo escóndelo bien”
los que atestiguamos esta historia semicumplida…

Quizá mañana
tal vez
los ríos logren
saciar esta sed centenaria
y sean otras las palabras
con las que describamos el amor
por de pronto
no veamos la historia
por el rabillo del ojo
sino que escribámosla
para que nuestros nietos
los hijos del jaguar
sonrían de oreja a oreja…

Del libro inédito
??Los hijos del trueno??

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Nocturno

a mi hija que aún no nace

Celebremos la noche
la conquista de un nuevo día
el verbo no conjugado
la voz añeja perdida en el miasma
el silencio vertiendo lo perdido…

Mujer,
veo tu vientre creciendo
y en mi ansiedad
pido diluyamos un nombre,
la química de lo que no se hizo…

Empujemos la noche…
el grito atrapado en la garganta
bebámonos las horas
hija
esta angustia crece
¡ya es tiempo de ver tus pupilas!

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Nostalgia

a Esther

Del ayer
cinco inviernos han pasado
maduraste a fuerza de los días
te hiciste mujer
me enseñaste a vestirme con la lluvia
mas yo, terco, tomé mi propia senda
¡huía de la cotidianidad!
y tras mi ocaso
en el escampado silencio
dejo un vástago en tu vientre.

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Nunca es tarde

A Dra. Matilde Elena López
“Has crecido/ suben tus hombros como dos colinas”
Pablo Neruda

Nunca es tarde para hacerlo
y ahora te dedicamos la palabra
el verbo enhiesto
que bebió la savia de los dioses
e invoca a deshoras un canto
y vamos pa’lante
pues no nos detienen los vendavales…
Siglos pasan Matilde
y hoy como ayer
muestras ese canto
que ausculta la esperanza
y miras el horizonte
recorrer la historia
con tu Balada de Anastasio
y junto a las Cartas a grosa
elevas Los sollozos oscuros
que no son tan oscuros
pues son los sueños de los hombres…
Con tu voz lumínica
impregnas tu vida
cual testimonio
porque no sucumbistes
a las tormentas
y cantaste a las gestas
de esta patria hipotecada;
mantuvistes tu voz erguida
para recordarnos aquel 44
con el verbo desenfadado
pues era tu pluma, Matilde nuestra
elevada en tu atardecer…
Y como Prudencia
supiste que tu voz diáfana era verbo
sin importarte si la vida
se quedaba en la calle
y viviste el destierro
la voz de los poetas
acogiste en el pecho la esperanza
por eso,
vaya contigo este canto
este verbo cual ramo de rosas rojas
que aromatizan la vida…

Febrero de 2003
(Del libro inédito
Mis amigos, los poetas)

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Oda a tu mirada

a Francisca Esther, mi esposa
“De tu mirada
quiero llenar mi vaso”
Antonio Machado

Mírame
no dejes que el brillo de tus ojos
abandonen en la oscuridad mi corazón
perfora con tu mirada
esta sonata dominguera
y si notas
que el canto fluye insípido
abónalo con el néctar de tu sonrisa
que el rocío de tu lengua
unja cada espacio de mi alma
y ves una pizca de duda en mí
tómalo tal cual –ya se le pasará–
pero no dejes que la llovizna
aleje nuestras vidas
porque lo sabes tú, lo sé yo
sólo el amor construye primaveras…

Obsérvame
retiene en la retina cada gesto
haz que el calendario se confiese
hasta que las páginas de los días
no sean barreras para que nos amemos
pues la tormenta y sus designios
saben de esta sensibilidad a flor de piel
cuando el verbo toma vida
en un ápice del sol naciente…

¡Tuyo soy!, Querube
¡mi alma se calcina entre la lluvia!

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Orgullo

Ignorante eres al decir que mi pluma,
si se yergue no es más que un filazo
el que da y luego se agazapa; ella es una
que a las dádivas huye y también al abrazo.

No es que no sepa donde cae el estocazo,
ni la cizaña que todo lo destruye;
sucede que mejor se resguarda y huye
del que finge amistad y pronto da el zarpazo;

del que agita sus alas y te extiende una mano
pero con la otra, como ya lo hizo Judas,
hace señas para delatar al hermano.

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Para escribir

a Jorge Ortiz

Para escrivivir el presente
trataré de revivir un pasado
como la arcilla de mi raza;
rescataré el maíz y sus arroyuelos;
callejuelas cómplices de un mañana
enquistado en los pechos…

Para enarbolar tres lirios blancos…
recorreré las cárceles, los cementerios
ríos como el sumpul que son historia
escrita en las hogueras del tiempo
porque no es fácil, Jorge Ortiz
hablar contigo de poesía, sin rememorar
viejas querellas en los sinsabores
del tiempo…

Jorge
quizá te parezcan estas frases
surgiendo entre pavesas de un cielo
que supo la verdad de los cristales
de añejas camándulas gritando al viento
porque la poesía no claudica
ni aunque en sus enaguas llevemos hogueras…

Jorge
voy a capearle tiempo al tiempo
me colgaré de la luna y en su remanso
platicaré con los dioses de mi tierra
en la búsqueda de un verbo diferente
que abra los sueños a la esperanza…

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Regreso

Regreso a la casa del tiempo
mis pies desnudos se llenan de nostalgia
ya no está Sultán -el perro de la casa-
y a la enredadera se secó a causa de tu ausencia
pienso en cuantas horas perdidas entre cigarros
el minuto aquel en que nos dijimos adiós y no estás
¿que fue de ti?

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Retención

Te vi
y te quedaste en mi retina;
navegué en tus oleajes
y mi corazón, henchido
no supo prolongar esa dicha
acuñaba en el poder de la sangre.

Te vi…
conjugué el verbo en presente
eché por la borda el pasado
y alguien quiso atrapar
el espacio sublime guardado para ti.

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Seremos una muralla

Esta vez, amada mía
cuando el sol despunte al horizonte
trataré de retener el tiempo
mandaré un mensaje con el viento
para decirte cuanto te amo…

Dialogaré en silencio con la brisa
a sabiendas que en ella estás tú
y así retendré tu silueta
para sentir en mis labios
un soplo de tus besos
mientras me solazo de alegría
pues dentro de unos minutos
podré darle un beso a tu vientre
donde aguarda mi vástago
ése que Dios nos dará como un regalo
este noviembre eterno…

Y le pondré tu nombre
pues ser el amor más puro
que Dios me ha dado
gritaré al viento
que lo sepan las flores, los ríos…
que un nuevo hijo lleva parte de mi sangre
de nuestra sangre
como bendición del Altísimo
y a la hora de los salmos
seremos la muralla frente a la vida…

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