A Cecilia
Cuando el océano respire hondo sobre tu alma,
y la luna recoja el tesoro que dejaron tus ojos sobre la tierra,
Ay! subirás las escaleras con tus libros bajo el brazo
y entrarás a una biblioteca a conversar con la sabiduría,
volverás a ser tú la misma muchacha del cabello caído,
la que partió al fondo del mar a encontrar una caracola,
la que obsequió la vida repleta de luces en kilómetros de arena,
y en tu casa la madre se pregunta a veces por qué,
por qué la niña liberó su dulce corazón en la sal del mar.