All the world will smile again

El que medita a la sombra de una torre,
o el que canta
en la cima de ese Everest moldeado de nieve,
puede ver cómo el mundo vuelve hacia atrás sus
ojos
y olvida sus cabellos caídos por la historia,
puede observar también cómo allá en lo
profundo
quedan lagos por descubrir, selvas
blanquísimas
y todo un reino de bondad nativa
que iguala ante la ley aves y hombres.
Ve cómo el viento suave levanta un murmullo
de hojas en Manchuria,
o mueve una palmera tropical,
y todo es así;
hay siempre un sudor frío que anega la frente
del tirano,
que moja el pecho del coolí dormido entre
bambúes
y cae sobre la humanidad como lluvia cándida
de democracia, de traición y mano blanca.
Toda esta frondosa vista deja un pozo de sangre
en la memoria,
sangre al besar los labios de esa mujer
y ver que son de humo,
destino de desear las dunas de ese pecho
como montones de nostalgia:
y de adormecerse entre las brumas de ese país
que nadie ama.
Pero el mundo volverá a sonreír,
tal vez mañana se ofrezcan a Dios árboles
tiernos
y dólares de oro,
tal vez las armaduras, los fusiles que fulgen
se oxidarán en los desvanes de la aurora
con sequedad de latones o sacos de herrumbre
Tal vez el que medita o canta
observa ya mejillas sin cicatrices,
insólitas banderas
desplegadas hacia los astros vivos
y una claridad pura
por occidente, inmóvil sobre el caos

Ascensión a la rosa

Helada en el susto verde
te soñé
latiendo en las claridades
Vientos sin rumbo alumbraban
tu sangre viva en la nieve
crucificada en las venas
Por tu candor de aluminio
claveles degollaría
en invisibles licores
Y en transparencias vacías
galopando en los confines
te raptaré nadadora

Bellísima de estío

Nunca reclines un ángel oh bellísima de estío
hacia el violín sibarita
Hay que dejar caer la voz
para hacer pie sobre las amapolas.
Bien sé que una mejilla
es tan mortal como las pompas de jabón
Bien sé que los transeúntes
están hallando el área de las flores
Por eso te ruego ruiseñor
que te adhieras a la caída de la hoja
Alista tu materia prima para las talas de amor
Disfrázate de ciervo descalzo y sin autoridad
sobre el mar
y rescatarás su alma de las traidoras
golondrinas

Blessing

La lengua es un sistema de signos que procede como el
juego de ajedrez
Saussure

La dejadez, la intemporalidad
subsiste como el humo,
inaugura conjuras de silencio
de fe sin ficciones
como vanas sombras de juventud.
Hay claves indecibles de secuencias,
textos de libros gnósticos,
ocres perdidos en la creación incesante del
albaricoque.
A veces un ruiseñor se extingue en el aire
como un reflejo,
pero nadie ha visto su esquema
en la delgada frontera de abril y octubre
ni su didáctica en el horizonte del gozo.
Ignoramos siempre si se acaba o se empieza,
inexorable palíndromo del canto,
ecuación sin aristas,
sin propósito último
avezado al cansancio de quererte
en plena crisis de la niebla que sube
y levanta un mausoleo al amor.
Belleza equivocada
de mirar la lluvia
mientras sueño con mis estadísticas
y el tiempo me impulsa
más allá de los accidentes imprevistos.

El 28 de julio de un año sin gloria

El 28 de julio de un año sin gloria
nací a la extrañeza,
y al bienestar de los rincones familiares,
discontinuo y sin sueño
como el que no espera visitas.
Nunca necesité afanes para diluirme,
ni testigos para la emancipación al menudeo;
sin transacciones ni pretextos
he rechazado el clima de esas horas inevitables
vana escoria de una imagen desenfocada.
Condenado a negarme,
ya firmar pactos de inactividad con maniquíes
sibilinos,
he llegado a este mundo
como un puente tendido a la contradicción
o al nihilismo de los galeotes.
Guiado por vilanos,
desatrancando puertas cerradas al hastío de los
transportes,
he desdeñado los mejores auspicios
y las frambuesas anexionadas por un devaneo
de otoño.
Al paso del tiempo,
apenas me doy cuenta del declive de la virtud,
de la degradación paulatina de las tormentas de
verano
de las torres oblicuas
que se tambalean
en el error de las actitudes imprevisibles.
A veces prolongo las palabras con que juego
sin gran convicción
y vagamente sigo la porfía
de una nueva forma de vislumbre.
Sálvese el que pueda
en el cataclismo de la tristeza
o en las consolas donde naufragan los deseos
imbricados en lo irreal
aunque sin provecho de nadie.
Poco se sabe
de los predestinados a la irreflexión
y mucho menos
de los que comparten su miseria en el
aburrimiento.
Más de trescientos años queman mi orgullo,
mis gestos de pana marchita
o cordobán raído, ahíto de polvo,
sobre la prudencia anónima
que cede a la vanagloria de la luz.
Ahora me asomo a los proyectos olvidados
y a las citas equivocadas en los planes del
viento.
Sólo una mano inadvertida repara la tramoya.

El soneto que fue a medias

Tu comba en puro croquis de sirena
late en el lirio del usted primero
y en catarata azul de marinero
regula la oración mensual de arena
Mujer elaborada en la verbena
a sol y sombra del paisaje al cero
—cauta sonrisa de papel soltero
que disciplina el labio y la cadena—
Tu banderín subasta y equivoca
el gato limpio que al fluir te invoca
en un alga nacida bailarina
Dime la situación de tu pañuelo
y en el esquí dormido de tu vuelo
abre el cilicio en ascensión de harina

Elegía

Lo que hubo en ti de roca, sangre y sigilo,
fue del último viento estéril,
de la última nevada transitable, a los ojos
ya las banderas abatidas, solas.
¿Por qué nuevos caminos vas
acumulando noche, noche para siempre?
En qué colinas toma rumbo a los cielos
tu fluir de testigo delgado, actitud del alba?
Aquellas aguas grises,
aquel tardío florecer de las tierras aradas,
tu paso del otro lado de las lícitas aves,
eran los simulacros de amor para el otoño.
Todo fue inútil, inútil como una bocina
entre las losas del mundo y las cabelleras
cansadas,
y ahora que un fusil me apunta a los ojos
y sobre mi cabeza caen árboles tronchados,
te necesito: háblame muy cerca del pie,
muy cerca, sube lentamente en pudor de
neblina
hasta mi voz petrificada de emigrante celeste.
Vanidades, humaredas, glorias humanas,
no son tan inmóviles como yo mismo,
como mis vagonetas cargadas de recuerdos
que pasan sobre tus moldes terrenos,
sobre los senderos que hollaste
y que conducen a ti,
tan lejana de los viejos modos y de los días.

Habitantes de una naranja

Si observáis fijamente comprobaréis la
redondez de la tierra,
veréis una naranja por la que corren ríos,
gacelas, vientos frío y aureolas de héroe.
Pero veréis también cuerpos abandonados,
cumbres desconocidas para los hombres y las
aves,
besos de familia, afectos que una latente polilla
va carcomiendo todos los días un poco,
hasta dejar sólo su recuerdo.
Bajo esta superficie
cuántas raíces ahogan su felicidad,
cuántas aguas nómadas no sospechan
el regadío de los pechos sedientos,
cuántos árboles y hombres que emergen lo justo
para divisar ese cielo que todas las noches rutila
vuelven a caer en el abismo silencioso
sin pensar que todo pasa
y que lo único eterno es el cielo.
Días y noches, ardides del tiempo para los ojos,
y sin embargo construimos pirámides,
nos embriagamos de amor
aliado de otras mejillas
y hay algo que nos lleva a la olvidada niñez,
pero eso no basta.
Somos nosotros los que nos reflejamos en los
mares
habitantes de esta naranja desgajada del cielo,
que nos vemos vivir,
que nos vemos desaparecer
como humo evaporado
para nunca volver, inciertos personajes
nacidos al error para borrarse.

Homenaje a Enrique Gil

La luna el firmamento plateaba
pálida y bella la serena frente,
y el ruiseñor la orilla arrebataba
de aquella mar tan música y doliente.
E.G.

La luna se avecina
a solas con su huella
espía de los trigos
mártires hacia el alba
Alejaba la flauta
los durmientes fluviales
los durmientes sin brío
que anhelaron violetas
Se olvidaba la voz
a la sombra más lenta
y la almohada cedía
sus oros desvelados
Vierais delfines limpios
arribar a lo débil
y entristecerse el pie
vislumbre de las aves
Vierais el ruiseñor
centro de los verdores
nivelar su plumaje
sin eco sobre el mar

Los degenerados morales

Los degenerados morales,
los incorruptibles de delicadas maneras,
los exquisitos de la usura,
exigen a veces muy poca luna para morir de
amor.
Esto es obvio.
Nadie lo reconoce con el plumaje de la
vanagloria
ni como proveedores de la real casa
ni como contribuyentes al erario público.
Hasta que un día se marchitan de pronto.
Entonces cae la lluvia sobre la ciudad gris
y Dios no se arrepiente.
Deja que se extravíen en el eclipse de sus
conciencias
y de sus harapos remendados de rojo.
y todo empieza como siempre
por vagas reflexiones tardías,
por quintaesencias, por arabescos de otro yo
discrepante
por violetas abatidas en el claroscuro,
hasta que los cubre un acorde de nubes bajas
junto a recuerdos desconchados.
Son los oportunistas de la miseria donde todo
decae,
oscuro asombro repentino
cuando te agitan vientos mágicos
y un antiguo orgullo resurge de sus ojos
y del crujido de sus dientes.
Nadie los reconoce
cuando pasan con sus almas enmohecidas
bajando la escalera de escalones interminables.

Los poderosos

Los desengaños del Mundo
Cristela Lozano

Los poderosos centellean en su oro pálido,
las clases pudientes aman su dialéctica,
no su ignominia,
vituperan la edad de oro totémica
pero creen en su plenitud.
Como titanes que emergen del asfalto,
esbeltos testimonios de obcecación temporal,
no los salva el amor, sino el dinero,
de la tierra, del caos, de donde exhuman la
plata.
Niegan la resurrección de la carne.
Buscan sus paraísos en estado amorfo,
sus huríes descamisadas,
y encuentran su némesis, su noche ebria,
sus dardos adventicios.
que traspasan su sombra cuando entrevén el
desamparo.
Pero es sólo un instante.
Reconciliados con las flores,
con voz atronadora, claman, chapotean
en la soledad,
viven en lo hueco del mundo.
Ya les ha cicatrizado la herida intemporal de la
usura.

Te encontraré

Te encontraré tal vez
en esa esquina del paraíso
o en el aire trivial de una playa nocturna
donde se ata la sombra
y se extenúa el infinito.
Plenitud en que se abisma la atracción
del violonchelo apenas oxidado
junto a una vida escorada a estribor
por no llorar con las manos crispadas.
Ahora el reflector hurga en la opacidad,
en la noche de las premoniciones
del triángulo adensado
en la ojiva polvorienta de un caliente desorden,
pero todo se pudre en la trampa del tiempo.
Sólo migajas de mentira,
la imperceptible hoja, los hechos sin
significación.
Resurgen sombras falseadas,
engañosos remordimientos de cicatrices
adheridas,
un peso hondo
de multitud desangelada
en el horizonte de la ceniza.

Un árbol revela el viento

Muerta en rigores de mármol
el aire se te rendía
y en ángulos te quebraba
Sola
desceñida de las aguas
Pistas de sueño y naufragios
imantadas de claveles
en el mundo sin distancias
La luz te resucitaba
y el silencio te escondía
en paréntesis de nieve
sin pestañas y sin hojas