Duele que el mar

Duele que el mar, sitiado por la arena
renazca en cada aurora y cada espuma
y que la ausencia de la flor asuma
en nuevas rosas su verdad mas plena.

Duele que el luto que la tarde estrena
resurja en cada sombra y cada bruma
y que, perenne, el llanto se resuma
en las resurrecciones de la pena.

Duele que el tiempo tome, sin medida,
a dar frescura al corazon inerte
de la naturaleza estremecida.

Duele que todo hacia la luz despierte,
menos la soledad de nuestra vida
que va a la sombra, al polvo y a la muerte.

La savia que me agobia

Si por instruírme de amorosa llama
y confiar en la rosa y su armonía
me agrede la impiedad de noche y día
y el dolor me cirdunda y me reclama.

Si por amar la tierra donde se ama
y no empuñar el odio todavía
tengo a la soledad por compañía
y en mi la sed se anuncia y se proclama.

Si por toda esa lumbre tempestuosa
que me llena, me agobia y me reviste
de esta verdad ardiente y dolorosa,

He de habitar el clima que me embiste,
todo esta bien. La niebla que me acosa
hace vivir el canto que en mi existe.

Madrigal

Pende tu olvido sobre mi nombre oscuro
como prende la hiedra desde el muro
o la luz de la estrella en el vacío.

Así, silvestremente como el vuelo
cuelga sutil del cielo
o como maná de su fuente el río,
te llevo en mí, sin desamor ni empeño,
sin saber si eres ansia o eres sueño,
si eres amor o desencanto mío.

Romance del dolor ilímite

La penunbra humedecida se tendió
cómo un abrazo y alumbraron los espejos
de la antesala del llanto.

Hasta las piedras el pulso
fue llevando su delgado paisaje de enredaderas
y bosquecillo aromático.

La vida le hacía gárgaras
por las grietas del costado
y a la tiniebla oprimída
por las cárceles del barro
le mandaron los planetas
su luvia de candelabros.

Para llegar a los muros
se hizo círculos el campo.

Las flores guardaban
una tímida estrechez de clavos.
Farol y viento vinieron
a la herida de sus párpados
donde moría una danza
de esqueletos inalámbricos.

_ Marco Antonio se murió
gritaban por los gimnacios.
_Se ha fugado el domingo
la sierpe de su zapato
que se enroscaba a los cuellos
con gritos de medio campo.
_Sólo ha quedado el aullido
estelar de los fanáticos.

Se va una voz de la oscura
muchedumbre de los pájaros.

Quedó su grito social
por las fraguas y el arado.
Quedó pensando en el suelo
cómo el Merendón su canto.

Si todo nace, crece y envejece

Si todo nace, crece y envejece
y todo muere al completar su día
y el mismo fuego acaba en agonía
y la pasión en la frialdad perece.

Si nada en esta vida permanece
y nada escapa de su cesantía
si la palabra misma desafía
en vano el tiempo donde desaparece.

En tus ojos no ha muerto el desapego
de la primera cita iluminada
por una hoguera de incesante fuego.

De allí que a la tiniebla y a la nada
para su burla y su desasosiego
siendo de un sueño basta una mirada.

Una es la espera

Una es la espera y la esperanza es una.
Una es el llanto y una la alegría.
Una la sombra de la noche fría
y uno el sonido blanco de la luna.

Una es la sed sin esperanza alguna.
Uno es el sueño y una la agonía.
Uno el crepúsculo en que muere el día
y una la faz del polvo y de la cuna.

Una es la vida, lenta y dolorosa.
que a la ceniza- sin piedad alguna-
lleva el amor del pájaro y la rosa.

Pero también es una la fortuna
viva en la muerte misericordiosa
porque también la muerte sólo es una.