Entonces, sólo entonces (18) de Luis Cardoza y Aragón

Todo yo me abro como una ventana
y justa quedas enmarcada en ella.
Me acodo en mí mismo.
Te siento, a veces, como pulpa,
tal vez como semilla
o como fruto íntegro,
y algo que es mucho más que fruto sólo:
alta perpetuidad de tu delicia.

Ventana, horizonte y vigía,
están en mí, y yo estoy en ellos
confundido, como mi propia muerte
está en mi propia vida.