No es tu sexo lo que en tu sexo busco
sino ensuciar tu alma:
desflorar
con todo el barro de la vida
lo que aún no ha vivido.
Dos atletas saltan de un lado a otro de mi alma
lanzando gritos y bromeando acerca de la vida:
y no sé sus nombres. Y en mi alma vacía escucho siempre
cómo se balancean los trapecios. Dos
atletas saltan de un lado a otro de mi alma
contentos de que esté tan vacía.
No soporto la voz humana,
mujer, tapa los gritos del
mercado y que no vuelva
a nosotros la memoria del
hijo que nació de tu vientre.
No hay más corona de
espinas que los recuerdos
que se clavan en la carne
y hacen aullar como
aullaban
en el Gólgota los dos ladrones.
He vivido entre los arrabales, pareciendo
un mono, he vivido en la alcantarilla
transportando las heces,
he vivido dos años en el Pueblo de las Moscas
y aprendido a nutrirme de lo que suelto.
Fui una culebra deslizándose
por la ruina del hombre, gritando
aforismos en pie sobre los muertos,
atravesando mares de carne desconocida
con mis logaritmos.
Cuentan que la Bella Durmiente
nunca despertó de su sueño.
(carta al padre)
And fish to catch regeneration.
Samuel Butler, Pescador de muertos.
Solos tú y yo, e irremediablemente
unidos por la muerte: torturados aún por
fantasmas que dejamos con torpeza
arañarnos el cuerpo y luchar por los despojos
del sudario, pero ambos muertos, y seguros
de nuestra muerte; dejando al espectro proseguir en vano
con el turbio negocio de los datos: mudo,
el cuerpo, ese impostor en el retrato, y los dos siguiendo
ese otro juego del alma que ya a nada responde,
que lucha con su sombra en el espejo-solos,
caídos frente a él y viendo
detrás del cristal la vida como lluvia, tras del cristal asombrados
por los demás, por aquellos Vous etes combien?
Sólo la nieve sabe
la grandeza del lobo
la grandeza de Satán
vencedor de la piedra desnuda
de la piedra desnuda que amenaza al hombre
y que invoca en vano a Satán
señor del verso, de ese agujero
en la página
por donde la realidad
cae como agua muerta.
«Fifteen men on the Dead Man’s Chest.
Yahoo! And a bottle of rum!»
Canción pirata
Fumo mucho. Demasiado.
Fumo para frotar el tiempo y a veces oigo la radio,
y oigo pasar la vida como quien pone la radio.
Yo he sabido ver el misterio del verso
que es el misterio de lo que a sí mismo nombra
el anzuelo hecho de la nada
prometido al pez del tiempo
cuya boca sin dientes muestra el origen del poema
en la nada que flota antes de la palabra
y que es distinta a la nada que el poema canta
y también a esa nada en que expira el poema:
tres son pues las formas de la nada
parecidas a cerdos bailando en torno del poema
junto a la casa que el viento ha derrumbado
y ay del que dijo una es la nada
frente a la casa que el viento ha derrumbado:
porque los lobos persiguen el amanecer de las formas
ese amanecer que recuerda a la nada;
triple es la nada y triple es el poema
imaginación escrita y lectura
y páginas que caen alabando a la nada
la nada que no es vacío sino amplitud de palabras
peces shakespearianos que boquean en la playa
esperando allí entre las ruinas del mundo
al señor con yelmo y con espada
al señor sin fruto de la nada.
«Jois e Jovens n’es trichaire
e malvestatz es d’aqui»
MARCABRÚ
Una cucaracha recorre el jardín húmedo
de mi chambre y circula por entre las botellas vacías:
la miro a los ojos y veo tus dos ojos
azules, madre mía.
Esperando todos los días para que venga el cierzo
para que venga el ciervo
azul como el poema, como el gamo
que corre fugitivo sobre el poema
y que sea la nada mi último poema
baba de los labios para que el hombre muera
azul sobre la página
» victorieusment fuit le suicide beau» Mallarmé lo dijo
oh belleza húmeda del suicidio
única rosa, única flor
rosa cúbica de la página
para que el hombre descubra
que no es un hombre.
Oscuridad nieve buitres desespero oscuridad nueve buitres nieve
buitres castillos (murciélagos) os
curidad nueve buitres deses
pero nieve lobos casas
abandonadas ratas desespero o
scuridad nueve buitres des
«buitres», «caballos», «el monstruo es verde», «desespero»
bien planeada oscuridad
Decapitaciones.
A mi tía Margot
Se diría que está aún en la balaustra del balcón
mirando a nadie, llorando,
Se diría que eres aún visto como siempre
que eres aún en la tierra un niño difunto.
Se diría, se arriesga
el poema por alguien
como un disparo de pistola,
en la noche, en la noche sembrada
de ojos desiertos, los ojos solos
de monstruos.
Te mataré mañana cuando la luna salga
y el primer somormujo me diga su palabra
te mataré mañana poco antes del alba
cuando estés en el lecho, perdida entre los sueños
y será como cópula o semen en los labios
como beso o abrazo, o como acción de gracias
te mataré mañana cuando la luna salga
y el primer somormujo me diga su palabra
y en el pico me traiga la orden de tu muerte
que será como beso o como acción de gracias
o como una oración porque el día no salga
te mataré mañana cuando la luna salga
y ladre el tercer perro en la hora novena
en el décimo árbol sin hojas ya ni savia
que nadie sabe ya por qué está en pie en la tierra
te mataré mañana cuando caiga la hoja
decimotercera al suelo de miseria
y serás tú una hoja o algún tordo pálido
que vuelve en el secreto remoto de la tarde
te mataré mañana, y pedirás perdón
por esa carne obscena, por ese sexo oscuro
que va a tener por falo el brillo de este hierro
que va a tener por beso el sepulcro, el olvido
te mataré mañana cuando la luna salga
y verás cómo eres de bella cuando muerta
toda llena de flores, y los brazos cruzados
y los labios cerrados como cuando rezabas
o cuando me implorabas otra vez la palabra
te mataré mañana cuando la luna salga,
y así desde aquel cielo que dicen las leyendas
pedirás ya mañana por mí y mi salvación
te mataré mañana cuando la luna salga
cuando veas a un ángel armado de una daga
desnudo y en silencio frente a tu cama pálida
te mataré mañana y verás que eyaculas
cuando pase aquel frío por entre tus dos piernas
te mataré mañana cuando la luna salga
te mataré mañana y amaré tu fantasma
y correré a tu tumba las noches en que ardan
de nuevo en ese falo tembloroso que tengo
los ensueños del sexo, los misterios del semen
y será así tu lápida para mí el primer lecho
para soñar con dioses, y árboles, y madres
para jugar también con los dados de noche
te mataré mañana cuando la luna salga
y el primer somormujo me diga su palabra.
En esta paz del corazón alada
descansa el horizonte de Castilla,
y el vuelo de la nube sin orilla
azula mansamente la llanada.
Solas quedan la luz y la mirada
desposando la mutua maravilla
de la tierra caliente y amarilla
y el verdor de la encina sosegada.
Para inventar a Dios, nuestra palabra
busca, dentro del pecho,
su propia semejanza y no la encuentra,
como las olas de la mar tranquila,
una tras otra, iguales,
quieren la exactitud de lo infinito
medir, al par que cantan…
Y Su nombre sin letras,
escrito a cada instante por la espuma,
se borra a cada instante
mecido por la música del agua;
y un eco queda solo en las orillas.
Desde mi vieja orilla, desde la fe que siento,
hacia la luz primera que toma el alma pura,
voy contigo, hijo mío, por el camino lento
de este amor que me crece como mansa locura.
Voy contigo, hijo mío, frenesí soñoliento
de mi carne, palabra de mi callada hondura,
música que alguien pulsa no sé dónde, en el viento,
no sé dónde, hijo mío, desde mi orilla oscura.
Ignorando mi vida,
golpeado por la luz de las estrellas,
como un ciego que extiende,
al caminar, las manos en la sombra,
todo yo, Cristo mío,
todo mi corazón, sin mengua, entero,
virginal y encendido, se reclina
en la futura vida, como el árbol
en la savia se apoya, que le nutre,
y le enflora y verdea.
A Felipe Granados
Hay algo en tu poema
que me hace leerlo antes de dormir
repetirlo al cruzar los parques
y soltarlo por el mundo
cuando llueve
cuando llueve
consuela a los enfermos de melancolía
los enamorados suplican
por sus versos húmedos
y los perros lo olfatean
en los charcos sucios
de la vieja Roma
hay algo en sus palabras
que me invita a navegar
pero este barco tiene goteras en el techo
y no llegará a Paraíso de Cartago
ni podrá hacer frente a los gansos
ni a los vendedores de caramelos
en la calle de Dolores
Hay algo en tu poema
que nos invita a festejar
aunque esto no sea un hidrofaltante
la laguna sepultada bajo el suelo de México
o la promesa de un diluvio que no llega
hay algo de oración de vieja plegaria
una burbuja un tragaluz
la sonrisa de Nick Cave o el gatito de Tino
que me hacen sonreír
y creer que por fin
hoy no llueve
Ponme como un sello sobre tu
corazón, como una marca sobre
tu brazo;
Porque fuerte es como la muerte el
amor…
CANTAR DE LOS CANTARES 8,6
I
Mi cuerpo es claro, el tuyo oscuro
y en la aromosa claridad nocturna
nuestras lenguas se enlazan
con negritud de día
este deseo que nos invade
lo sé, viene de ser otros continentes
otros ríos que buscan cauce
hasta llegar al territorio
donde el color de nuestra piel
desaparece
y encuentra
esta infinita luz
que nos traspasa
II
Soy la tierra y tú el ángel
busco cielo y tú costa
eres la tempestad que inaugura mi ser
de mil maneras
nada es más grande que tu vuelo
ni nada más telúrico
que mi carne
abierta para ti
III
Tiemblo debajo tuyo
como una hoja
cuyo rocío
es tu semen
IV
Tú tienes el deseo entre las manos
me tocas y soy tuya
crepito, como el relámpago estoy viva
soy agua que te sacia
tengo las redondeces de la tierra
la voluptuosidad del río
pero me alejas de este mundo
oscura e invisible
V
Te vi de pronto
como un deslumbramiento
ante la aurora
y reconocí tu piel
como el amanecer reconoce
la noche que termina
VI
Por qué, desconocido
llegas y levantas mi falda
abres mi blusa
y besas mis senos claros
con una furia
tan sólo imaginada
por el ciclón
que arrasa nuestros campos
VII
Pasan los días
y comienzas a decirme
cómo debo arreglarme el pelo
los labios naturales
las flores por perfume
sigues lamiéndome
el cuerpo de espuma
que provoca tu deseo
VIII
Cuando el manto de la noche
besa los labios de la arena
un aliento de mar
de nubes
de tus manos
surge como navío nuevo
mi barca es una playa
y un verano que germina
tu cuerpo un dios
donde se acuesta el alba
IX
Somos dos animales hambrientos de deseo
Nada es sucio, me dices
mientras cabalgas en mi cuerpo
y la violencia de nuestros sexos enjoyados
florece como espigas
X
El día se nubla
de tanta conmoción temprana
debo olvidar que te llevo
como una espira que trepida
XI
Para besarte es que me escapo
templo sagrado donde la llama oficia
eres azul y rojo como el ardiente cielo
dorado mar:
mañana lloverán semillas
y nuestros cuerpos
florecerán de cantos
A Rosalba
Llegamos a la estación Catorce
después de un concierto de Santana
era el año del dragón y tu sonrisa una enciclopedia
leíamos a Simone de Beauvoir
y los duendes efectivamente eran verdes
Los duendes y la mezcalina no se llevan
dijiste cuando en la estación
encontramos un refugio frío donde pasar la noche:
que calentamos con música y fuego de linternas
No valían las explicaciones, tan sólo las metáforas
de dos chicas contándose historias al oído
Tú utilizabas todas las ingenierías para estropearme
Para que la máquina fuera lo más humana posible
Buscábamos fiestas donde no existían
fantasías pequeñas que nos hacieron cómplices
del amanecer
Eras como una virgen desnuda
y tu llegada un circo
Después del desierto partimos
a veces regresabas para enseñarme las incandescencias
de la aurora
Hoy mamá ha muerto y no entendemos nada
nuestra historia de la estación Catorce
es una nube
que sigue perdida en el armario
A José Gorostiza
Un mar ondulante y sórdido es llama
de un naufragio.
Tu fotografía instantánea queda atrás
entre el infinito polvo que flota a través
de la ventana.
En el aire una barca rema hacia la arena
de tus versos.
Pronto será un texto vivo
se alza y ya es una palabra
La letra balbucea y se convierte en música
La mujer se llena de gozo
El hombre da a luz una Letra
La mujer lame
El hombre ronronea
La mujer lo atrapa en el pulgar del Cielo
El hombre resbala por el índice del Tiempo
La mujer siempre ha estado ahí
El hombre va a un mitin
La mujer es una guitarra azul
El hombre tiene un girasol en la mirada
A la mujer le han crecido dos ramas
El hombre va a la playa y regresa
La mujer aúlla sin convertirse en lobo
El hombre trae a casa un oso y un delfín
para ver morir la luna
La mujer abre la ventana para verlos volar
El hombre canta mariposas
La mujer se las come hambrienta
El hombre llora una lluvia de estrellas sobre el frutero
La mujer le da una cerveza por el tallo
El hombre cree que es una flor y se marchita
La mujer se apresura a componerlo
El hombre pone cara de reloj descompuesto
La mujer intenta conciliar el sueño
El hombre dice el tiempo se ha apagado
A mi amigo, Arturo Souza
No volveremos nunca
a ver la caída de la estrella en el charco
a caminar los desiertos de luna
con el Sueño que nos enlazó el ombligo
No se verán más lágrimas
en el dolor del cementerio
que ve partir a los amigos
No más el polvo del eucalipto y el ciprés
cubriendo el Tercer Mundo
con la estela de hojas
en el camino
en las piedras rodantes
en las canciones de amor
y en los Cien años de Macondo
Las tardes tranquilas devoran libros
de la Biblioteca Universal Circulante
e iluminan anárquicas miradas
al amparo del hongo rosa de la fiesta
Para extrañarlo todo
la foto de Elisa en el poster de la Universidad
los poemas de Wirikuta
las canciones de Paraíso
el Manifiesto pacheco
la expedición a Tamazunchale
para buscar al unicornio
y las manos alzadas en los mítines
Las pintas en las bardas de la ciudad
los conciertos de rock
las enseñanzas de Burroughs
y las etílicas madrugadas de lucidez
para el poema
El llanto de luciérnagas
el día de tu muerte
la voz de Patti Smith
la inocencia perdida del suicidio
y el paradigma de Jesús
en la cripta 33 del ciprés y el eucalipto
No volveremos nunca
a ver la caída de la estrella
en el vaso de cerveza
pues la soga ha quedado vacía
y nuestros cuerpos mueren
en esta tarde ebria
donde la tristura
cobra con creces los cien años de Lolita
quien espera en la llegada de la aurora
la canción más íntima
o los ladridos de los perros
que anuncien la próxima partida
No volveremos juntos
a ver la caída de la estrella
en el charco.
Cuando no hay canícula
sino lluvia
la luna está fuera de nosotras
Retorno con el beso de la luna
hirviendo en el cuerpo
Soy mujer y a veces
como a Marge Piercy
le gustaría quitarse el sexo
y dejarlo guardado
en el armario
Sucede que me canso
de aullar el deseo
en las temporadas de canícula
cuando arden los insectos
Entre la carroña que encuentro
al atravesar la ciudad
resulta que soy pura
que obligo a mis apetitos
a salir de cacería
cuando la selva
es una jungla de concreto
Sobre la alfombra polvorienta
despierto con la certeza
de haber estado con dos leopardas ebrias
La ciudad es una olla express
que gotea sus vapores sobre sí
mientras la luna es el grafitti
más bello de la noche
La mujer dice el tiempo se ha apagado
El hombre intenta conciliar el sueño
La mujer pone cara de reloj descompuesto
El hombre se apresura a componerla
La mujer cree que es una flor y se marchita
El hombre le da una cerveza por el tallo
La mujer llora una lluvia de estrellas sobre el frutero
El hombre se las come hambriento
La mujer canta mariposas
El hombre abre la ventana para verlas volar
La mujer trae a casa un oso y un delfín
para ver morir la luna
El hombre aúlla sin convertirse en lobo
La mujer va a la playa y regresa
Al hombre le han crecido dos ramas
La mujer tiene un girasol en la mirada
El hombre es una guitarra azul
La mujer va a un mitin
El hombre siempre ha estado ahí
La mujer resbala por el índice del Tiempo
El hombre la atrapa en el pulgar del Cielo
La mujer ronronea
El hombre lame
La mujer da a luz una Letra
El hombre se llena de gozo
La letra balbucea y se convierte en música
se alza y ya es una palabra
Pronto será un texto vivo
Yo pisaré las calles nuevamente
de lo que fue Santiago ensangrentado
y en una vieja plaza liberada
me sentaré a cantar por los ausentes.
Pablo Milanés
Cuando el terror de un avión
explote en grito vacío de Las Torres
y la tierra viuda se sacuda el luto
y sólo escombros habiten su vientre
y cadáveres cuelguen de su apagada voz
una estatua llorará por su pueblo de fieles
herida frente al mar
Cuando el enemigo sea una sombra huidiza
y las calles vomiten hijos de variada piel
las estaciones se fugarán del bestial ritmo intacto
que recorre a la ciudad de corazón herido
En el grito del hierro más cercano al hueso
que a la carne sucumbirán las anémonas
el cielo y los vientos verán caer sus alas
y el mundo será una ubre seca
que recordará todas sus lágrimas
todos sus estallidos y todas sus venganzas
A Benjamín Anaya
Cruzaré por tu calle como por tu cuerpo
con un poema desnudo de toda enciclopedia
quién soy yo para nombrar tu claridad
en un amanecer que se sonroja
boca de mirlo con sed y sin abrigo
Para ti no tengo coartada, ni gloria, ni infinito
no tengo amaneceres, ni pájaros, ni madreselvas
no tengo avestruces en cuyo vientre acurrucarte
Para ti no hay espinas, ni aduanas, ni soldados
no hay sombras, ni famas, ni gorriones
no hay púas, ni codornices en el estómago del día
para ti sólo tengo mi vocación de gaviota triste
mi vuelo
y voluntad de arena
A Ramón López Velarde
La vida dura
las estaciones se suceden
una tras otra
casi hipnótica
duración del instante
en que anduve
sonámbula
buscando a los astros
su fuego ardiente
y el crepitar del pájaro
que muere en sí mismo
sin encontrarse
y comprender
que cada huella
de la corteza del árbol
necesitó 33 días
para nombrarte
para verte girar
perlas de luz
De llama y agua
los hombres
las yeguas
la ondulación de los segundos
Me esfumaré bajo tus pies
viento que me ves nacer
dispersando este rompecabezas
que soy
que vivo
Tiempo que verás mi fin
en el centro de tu ondulación
respiro
Hoy no sé de auroras gaviotas
ni de botellas perdidas en altamar
Hoy no sé de la noche ni de lluvias
produciendo chasquidos
que arrecian o amainan
según su melancolía
Hoy no sé de viajes
ni de penumbras
sí de alumbramientos
Sé de la libertad
ensanchando sus alas
pronunciando sus versos
incendiando la piel y la sangre
de un trópico rebelde
Vieques libre
¡Viva tu canto!