Coreografía

Para mí amigo Carlos Cortés

En fin
que no he vivido nada.
No sé qué cosa es una guerra
y tengo como prisión al cuerpo
y alma como campo de batalla.

Me debato entre la duda
de reflexionar o fluir;
esto es situarse en el palco de los espectadores,
o estar
en cada íntimo instante del milagro.

Vivo de pedacitos,
pero aspiro a la totalidad,
es decir a Mozart y al poema que me redima
y me revele los espacios absolutos
y la nada.

Percibo de mí
los sitios más secretos:
la culpa,
una tercera conciencia de las cosas,
la dualidad del pensamiento,
la ira pequeña
por lo que ya ocurrió.
Pero he vivido poco. Treinta años.
Dos amores de piel
y un querer abandonar
esta espera que me señala la vida.

Anhelo la anarquía,
el más tierno desorden del amor,
la cábala
los relojes de arena y una habitación sencilla.

Quiero tener un destino trazado de antemano,
encontrarme con Dios
y los abismos
y no tener conciencia de la llama.
Ser la llama misma y la aventura.

Pero vengo de soledades últimas,
de conversaciones que nunca concluyeron,
de espejos que me miraron desde la infancia hasta ahora,
de abandonados armarios de caoba que fueron
de tías o de abuelas remotísimas.

Cuán poco he vivido.
No conozco la guerra. Y tampoco la paz.
Me duele la orfandad,
el desarraigo,
el sentirme extranjera en cualquier sitio,
el no pertenecer
a una familia o a una patria.

No puedo narrar una batalla;
ni hablar del hambre y de la peste,
ni escribir la canción de algún soldado herido,
ni hablar de mujer violada,
ni decir cómo es un cementerio después de una llovizna.

Pero anhelo decir en el poema
que la vida me conmueve,
que respiro mejor cuando me entrego,
que necesito amar de la manera más simple y primitiva.
Me gusta la paz y la defiendo
y la guerra cuando es justa,
y el sabor de las mandarinas cuando llega el verano,
que me gusta ser una y arraigarme en el cosmos,
y sentir que mi vida palpita al mismo tiempo que la vida,
aunque no haya vivido,
aunque mi hambre sea de infinito,
aunque no sepa expresar
que por alguna razón precisa estoy aquí,
a punto de vencer,
a punto de morir,
de vivir.

De «Los reductos del sol»

III
Me aferro al cuerpo
como único reducto permitido.

Carezco de sitios de ternuras y llantos.
De nuevo palpo la llama del pájaro quebrado.
Busco abrigo en lana.

He puesto mis pies debajo de las aguas
y por la presión
de mis párpados callados
sé que no soy ni siquiera una isla.

VIII
Vivir, ya he dicho:
Tener sobre las manos un fajo de papeles:
un lápiz, libros, dibujos, sueños.

El alma al descubierto
vulnerable.
Estar así. Beberse a uno mismo.
Sollozar.

Tomar el invierno para tejer
una mansión de lino
Vigilantes los senos,
escondidos en la piel.
Vibrar
Repasar las camisas, acomodar los sueños,
dejar en perfecta armonía los clavos, la canela,
el azúcar y los aromas.

Dejar el alma al despoblado,
musitar pequeños versos de Sor Juana,
olvidar castigos y derrotas.
Recordar el olor de un verano en Guanacaste.
Fruncir el ceño por placer ,
sonreír por malicia.
Vivir,
acodada entre sombras,
aniñando los ojos
y olvidar, olvidar.

El ojo de la aguja

VII
Al amor llegué con un grito de seda
y puse las dos mejillas,
el cuerpo y la conciencia.

Nada quedó de mí,
ni siquiera una carta,
ni siquiera un espejo en donde reconocerme.
Mas aprendí a pasar
por el ojo de la aguja,
es decir a perdonar sinceramente.
A dejar la piel en el alambre,
a dolerme desde los pies
a la cabeza.

Lo perdí todo.
Y cuando entendí que no sabía defenderme de la gente,
respondí con una bofetada de ternura,
porque yo sé
que sólo los dulces heredarán la tierra.

Hay dos caminos en mi vida

II
Hay dos caminos en mi vida. Siempre
los hubo. En cada uno hallé un ánfora
con el agua hasta los bordes. De las dos
aguas he bebido hasta saciarme. Mas
ahora, he llegado al final de cada trecho
y las aguas han sido consumidas.
Me coloco el peplo y te escojo a ti, vida,
como tercer camino.

Hija de la tierra soy

III
Hija la tierra soy. Amante de la muerte.
A menudo en mis sueños la verdad se revela por
completo.
Crecen mis manos y mis pies hasta enroscarse
en un enorme tronco.

Deja que sea yo quien te penetre. Aunque
sea por una sola vez.

Soy dueña tan solo de mis lágrimas.
No sé llorar por dentro.

Jaguar de agua

Yo canto porque no puedo eludir la muerte,
porque le tengo miedo, porque el dolor me mata.
La quiero ya como se quiere el amor mismo.
Su terror necesito, su hueso mondo y su misterio.
Lleno del fervor de la manzana y su corrosiva fragancia,
lujurioso como un hombre que sólo una idea tiene,
angustiadamente carnal con la misma muerte devorante,
yo me consumo aullando la traición de los dioses.

Soledad mía, oh muerte del amor, oh amor de la muerte,
que nunca hay vida, nunca, ¡nunca! sino sólo agonía.
En mis manos de fango gime una paloma resplandeciente
porque el amor y el sueño son las alas de la vida.

Me duele el aire… Me oprimen tus manos absolutas,
rojas de besos y relámpagos, de nubes y escorpiones.
Soledad de soledades, yo sé que si es triste todo olvido,
más triste es aún todo recuerdo, y más triste aún toda esperanza.

Porque el amor y la muerte son las alas de mi vida,
que es como un ángel expulsado perpetuamente.

Toco la carta suavemente

XIV
Toco la carta suavemente. El mago murmura
algunas palabras que no entiendo. Dice que
la mujer del coche soy yo.

No puedo lanzarme desde aquí, aunque quisiera
tener el valor de hacerlo. Soy yo, la mujer,
esta criatura mágica que tira de las riendas
de este coche, sin haber descubierto nunca
quien las puso en mis manos.

No comprendo cuál es mi papel. Lo cierto es que
estoy aquí desde siempre, en lo alto, mirando
hacia adelante, sin parar, sin hacer un solo
momento de tregua. No puedo hacerle concesiones
a nadie. Estoy aquí yeso me basta.

Quiero que otra persona venta de pronto.
Pero no. Nadie podría atravesar conmigo
tantos lugares, tan altos, tan angostos y
gigantescos sueños, aquí conmigo en este
coche.

Temo perder las riendas. Si alguien viene
podría adueñarse del coche, de los dragones
y también de mí. Necesito llegar lejos, a
las cumbres, a las puertas azules de los montes,
o quizás más alto aún: a las nubes.

Temo quedarme sola; sin embargo no puede
detenerme.
Es el destino ya ese sitio se llega a oscuras
en la ceguera total. Tiene que haber un final, por
eso continúo mi ruta, mi viaje total con las
estrellas. ¿Cómo será ese fin? ¿Será la muerte
líquida, será la muerte blanca, la de la creación,
la que me aguarda, o será la muerte-muerte?

Basta, no importa ya nada. Tengo mi alma y el
coche en movimiento. Soy la mujer que dirige
un carruaje con los dragones de Medea. Sé hacia
dónde voy. Si alguien pregunta por mí, díganle
que me vieron pasar, que salí al alba y que no
regreso más.

POEMA PRIMERO

Ven
Amado

Te probaré con alegría.
Tú soñarás conmigo esta noche.
Tu cuerpo acabará
donde comience para mí
la hora de tu fertilidad y tu agonía;
y porque somos llenos de congoja
mi amor por ti ha nacido con tu pecho,
es que te amo en principio por tu boca.
Ven
Comeremos en el sitio de mi alma.
Antes que yo se te abrirá mi cuerpo
como mar despeñado y lleno
hasta el crepúsculo de peces.
Porque tú eres bello,
hermano mío,
eterno mío dulcísimo,
Tu cintura en que el día parpadea
llenando con su olor todas las cosas,
Tu decisión de amar,
de súbito,
desembocando inesperado a mi alma,
Tu sexo matinal
en que descansa el borde del mundo
y se dilata.
Ven
Te probaré con alegría.
Manojo de lámparas será a mis pies tu voz.
Hablaremos de tu cuerpo
con alegría purísima,
como niños desvelados a cuyo salto
fué descubierto apenas, otro niño,
y desnudado su incipiente arribo,
y conocido en su futura edad, total, sin diámetro,
en su corriente genital más próxima,
sin cauce, en apretada soledad.

Ven
Te probaré con alegría.
Tú soñarás conmigo esta noche,
y anudarán aromas caídos nuestras bocas.

Te poblaré de alondras y semanas
eternamente oscuras y desnudas.

POEMA TERCERO

Tus brazos
como blancos animales nocturnos
afluyen donde mi alma suavemente golpea.
A mi lado,
como un piano de plata profunda
parpadea tu voz,
sencilla como el mar cuando está solo
y organiza naufragios de peces y de vino
para la próxima estación del agua.
Luego,
mi amor bajo tu voz resbala,
Mi sexo como el mundo
diluvia y tiene pájaros,
Y me estallan al pecho palomas y desnudos.
Y ya dentro de ti
yo no puedo encontrarme,
cayendo en el camino de mi cuerpo,
Con sumergida y tierna
vocación de espesura,
Con derrumbado aliento
y forma última.
Tú me conduces a mi cuerpo,
y llego,
extiendo el vientre
y su humedad vastísima,
donde crecen benignos pesebres y azucenas
y un animal pequeño,
doliente y transitivo.

II

Ah,
si yo siquiera te encontrara un día
plácidamente al borde de mi muerte,
soliviantando con tu amor mi oído
y no retoñe…

Si yo siquiera te encontrara un día
al borde de esta falda
tan cerca de morir, y tan celeste
que me queda de pronto con la tarde.
Ah,
Camarada,
Cómo te amo a veces
por tu nombre de hombre
Y por mi cuello en que reposa tu alma.

SATCHMO LIROFORO

¿Te acuerdas, Louis Armstrong,
del día en que viajamos por un corredor de sonidos
que amábamos hasta la muerte?
¿Recuerdas la onomatopeya que no salió al paso
y que nos dio un trono de un solo golpe?
Parece mentira, Louis, amor mío,
que hayamos compartido tantas cosas,
tantas ramas
y tan gran número de espumas.
Parece imposible, Louis,
que entre nosotros se deshagan
las formas del azul que nos acompañaban;
que tú, dardo, arma del ángel vivo,
te lances a donde nadie podrá reconocerte sino por tu alegría,
por tu voz de durazno,
por tu manera de prolongarte en la luz
y crecer en el aire.
No creo que haya desaparecido del mundo
la manada de resplandores que nos seguía.
Más bien creo que se ocultan en el tiempo
y que no será consumidos.
Tú, continuación del fuego,
pedestal de la nube,
desinencia de mariposa,
andas hoy al garete entre harinas
y entre otras materias incorruptibles que te guardan
como guardan a todos los justos,
a todos los hermosos
cuya hermosura viene de lejos y no se va nunca,
y se incendia cada día
igual que la altura.
Satchmo, querido hasta la música,
soñado hasta el arpegio,
las arpas de David y sus graves de cobre
te están tocando el alma
y los clavicémbalos el cabello sin fin.
Ricardo Wagner está de pie, aguardándote en una azotea tetralógica,
lleno de flores que andan y crecen continuamente.
Ricardo Wagner está en sí mismo
viendo que llegas al dominio de los cristales,
armado de la trompeta bastarda y de la baja
tocando un son del viento,
sonando como un trueno
recién nacido, y húmedo y perfecto.
Y yo, sombra sonora del futuro
también estoy allí,
soñada por dos cuerpos transparentes
que se besan y funden y confunden
en la gran azotea tetralógica
donde todo es tan claro como Dios
y el amor
y los árboles.

SINFONÍA PEQUEÑA

Cascabel,
cascabelín,
para que duerma el lebrel
la Luna pone un cojín
campanón
campanería,
la noche roba un ropón
para vestirse de día.
violoncín,
violoncelo,
el sol deja su pañuelo
y se lleva su espadín,
campanolín,
campanada,
el pájaro cantarín
se bebe la madrugada.

Decime si la prisa

¿Decime
si la prisa es grito
que mata pájaros
con péndulos?
¿Decime
si la angustia es agobio
que acerca muertes
con taladros?
¿Decime
si elmiedo es oruga
que envuelve músculos
con tornillos?
¿Decime
si el amor es amargo
por el rato que retiene
y la vida que se lleva?
¿Decime
si podés decirme
dónde crece la luz
que sólo noche noche
me amanece en el alma?

Desde donde nace la voz (I)

Desde donde nace la voz,
la voz plena, sin ortografía ni sintaxis;
la voz plena, sin los etcéteras de la impotencia;
la voz plena, sin los énfasis angustiosos;
la voz plena, desnuda de síes y noes;
la voz plena, que sembramos sobre nuestras camas
cuando somos un solo ser solitario
y no cabría en el universo
nuestra conciencia enorme
de ser vivo y despierto.
Desde esa voz y con esa voz
quiero hablarte para siempre,
simplemente hablarte.
No puedo darle la novedad luminosa
de los telones amanecientes.
No puedo caer en los ríos
para describir en piedra
este taloneo de amargos afanes.
No puedo quedarme en las cosas eternas
porque tengo sangre, tengo pies,
tengo adioses en el pelo
y olvidos en los ojos.
Hay dentro de mí un llamado de caminos.
En cada paso que doy, voy dejando pañuelos mudos.
A mi ausencia en tu ausencia,
¡qué inmenso himno de desconsuelo
empiezo a recordar entre un ayer y un mañana
(no vivido!;
pretendo dejar algo de mi voz,
esa voz plena que tú conoces
cuando a orillas de la noche
olvidamos la cadena de hormigas,
las llaves que resbalan en los pavimentos,
las hojas verdes que mueren a diario
en las calles y en los archivos.
Cuando frente a las estrellas
juntos oponemos,
desde distintas ramas,
un desafío de ser brillante.
Cuando sobre las camas,
desfiguradas por el cansancio
en nubes terrosas que peregrinan,
todo lo vemos y lo sentimos
con la agudeza de almas castradas,
intoxicadas de una ternura sin puerta.
Hermano,
desde donde nace la voz plena,
recíbeme con esta dádiva impotente.
Y en la larga mudez de mi ausencia,
recuerda el desvelo de mi lucha con la palabra.

Desde donde nace la voz (II)

Contra los párpados cerrados,
¡qué dulces sueños abren su retablo!
Si pájaros fuéramos,
si tuvieran alas nuestras tristezas
y emigraran a la esperanza de una caricia!
Si una vez apenas
fuéramos un sueño:
el sueño manso que anida el grito,
el sueño tímido que el acomodo sacrifica.

En los espejos mirando a lo eterno
hay siempre muertos
muriendo una muerte exigente,
muriendo de sed de volver.
¿Los has mirado?
En los párpados hay siempre sueños,
que despiertan sobresaltados
como el desvelo de gatos aullando en las tejas
una noche negra sin tope de ángeles,
que siguen empolvados en los ojos abiertos,
que pretenden miopía de entraña profunda
para seguir mirando las máquinas sin sueño,
que se abren con hambre y pereza
y aprisionan en cuartos lejanos y oscuros
la voz plena, cautiva en la sangre,
que vuelve a dormir su apetito
de acariciar la punta de los árboles
y de ser papelote con hilos de fiebre tierna
en un cielo que no pregone misterio y angustia.

En esta tierra redonda y plana (XXXVIII)

Sólo las abadesas me acusaron
sólo ellas no creían
yo me encomendaba
día y noche
me encomendaba al viaje
a la rueda de la fortuna
al ruido del portazo
a la dulzura del tevayabien
a la desnudez del amor

sólo ellas
convento y rejas
rosario y corredores
eran las vigilantes
de quienes creen en amaneceres
nuevos amaneceres
con soles sonrientes
pintados por niños

Impertinente signo

Impertinente signo
del olvido
las llaves dónde están
la cita era antes
no después
y ese nombre
en la punta de la lengua.
Impertinente
te acordás
claro que sí
y yo con persianas
de dónde y cuándo.
Impertinente símbolo
de mejor apuntar
y apunto destino
sin saber por dónde
que inmenso es el olvido.

Y llegaste a tu soledad, sudoroso de engaños

Y llegaste a tu soledad, sudoroso de engaños,
para dialogar con tu conciencia,
para hablar con Dios,
para pensar y soñarnos
con la imaginación iluminada
por tu casa empozada en el mar.
Hablaste a Dios con voz sincera,
llena de sonoridad
por el peso denso de las cosas reales.
Le hablaste con palabras verticales.
¡Ah cómo te gustaron las palabras!
Las unías en una red de equívocos,
las alzabas contra los tonos cansados,
las hilabas en mentiras de haciendas gitanas.
Hay algo de mi sombra en tu sombra,
hay algo de mi sueño en tu sueño,
hay algo de mi frío en tu invierno.

Y si pensar fuera suficiente

Y si pensar fuera suficiente
Pienso
a veces lloro río
Pienso
a veces siento no siento
Pienso
a veces nazco muero
Pienso
nunca es suficiente
Pienso
apenas comienzo
Pienso
soy casi sexo
Pienso
me encanto
Pienso
me desaparezco
porque si pensar supiera
me doblaría ausente
para desaparecer pensando
que un día fui pensamiento
de alguien que pensaba
y al pensar tal vez sentía
quizás insuficiente
inicio de un canto
que pensar es acto
de movilizar ausencias.

Ya no sentís timbres

Ya no sentís timbres
escándalos de otras puertas
timideces de toses
tartamudeos de orgías.
Ya no sentís nada.
De silencios te has hecho
para presentir ajetreos
de porvenires duros.
Y cuando te digo
fiesta de momentos
alegrías eternas
te sumergís
en páginas de mañanas
para abrir tus ojos
tan brillantes
en este momento.

APUNTE INTERIOR

Hoy mi vida no tiene peso alguno:
es un viento, menos que un viento, menos
que una raya de luz.
Ahora ninguno
puede serme oneroso.
No hay terrenos
resquemores debajo de mi alma.

Mi sangre es una roja armonía viva.
Estoy en armonía con la brasa y la calma,
con la voz amorosa y la voz vengativa.

Parece que mis manos no existieran, parece
que mi cuerpo nadara en un agua inocente.
Como un viento desnudo de mi corazón se mece
y hace sonar campanadas dulcemente.

DESPEDIDA

El camino, despacio,
retrocede a nuestras espaldas.
Todos los árboles se han alejado
hacia el poniente.
Todo en la tierra
se aleja alguna vez.
La luna y el paisaje.
El amor y la vida.
El reloj, en mi muñeca,
dice que son las cinco de la tarde.
La hora de los adioses,
la hora en que la misma tarde
agita nubecillas en despedida.

DESVESTIDO

La noche, deseosa, apenumbrada,
te quitó sin pensar las zapatillas…
y -por sentirse blanca y alumbrada-
desnudó blancamente tus rodillas.

Luego -por diversión, sin decir nada-
la noche se llevó tu blusa larga
y te arrancó la falda ensimismada
como una cosa tímida y amarga.

Después te colocaste travesura:
desnudaste tus pechos por ternura
y -hablando de un amor vago, inconexo-

porque sí y porque no, a medio reproche,
desnudaste también, entre la noche
la noche pequeñita de tu sexo.

DIGO

El hombre no ha nacido
para tener las manos
amarradas al poste de los rezos.

Dios no quiere rodillas humilladas
en los templos,
sino piernas de fuego galopando,
manos acariciando las entrañas del hierro,
mentes pariendo brasas,
labios haciendo besos.

Digo que yo trabajo,
vivo, pienso,
y que esto que yo hago es un buen rezo,
que a Dios le gusta mucho
y respondo por ello.

Y digo que el amor
es el mejor sacramento,
que os amo, que amo
y que no tengo sitio en el infierno.

DIOSES

Los dioses son estatuas de humo y viento
que se tuercen, alargan,
y se cambian de ser
como cambian de blusa las muchachas.

Alguna vez usaron cuernos, luego
se envolvieron en carne de montaña,
aprendieron a usar huesos de hombre
y se vistieron una barba blanca.

Una noche compraron zapatillas
y perdieron sus prístinas sandalias.
Y un día cualquiera rodearán la tierra
charlando amables con los cosmonautas.

ESTE SITIO DE ANGUSTIA

Uno quisiera siempre tener su mano amiga,
su buen pan compañero, su dulce café, su
amigo inseparable para cada momento.
Quisiera no encontrar un solo fruto amargo,
una casa sangrando, un niño abandonado,
un anciano caído debajo del fracaso.

Pero a veces los días se ponen grises,
nos miran con miradas enemigas,
y se ríen de nosotros,
se burlan de nosotros,
nos enseñan cadáveres de jornaleros tristes,
de muchachas vencidas, de niños sin tinero.
Se mira uno las uñas, como haciéndose viejo,
encoge las rodillas para no perecer,
y nada, nada bueno agita las campanas,
nada bueno florece en los hombros del mundo.

Entonces es que uno llama al apio y le dice,
llama al rábano amargo y le dice también
que esta corteza de hombre debe ser un castigo,
un paisaje maldito donde el hombre no quiere,
no soporta vivir porque le sorben sangre,
porque le chupan sangre hasta dejarlo ciego.

MILAGROS

Misteriosas substancias emergen de la luz.
Genésicas materias laboran en la noche.

Una mañana amanecerá la muerte
recolectando flores,
subiendo por la savia y por la sangre
para besar al hombre.

Y el tiempo llenará
de ojos los relojes,
para ver el milagro
del hombre haciendo al hombre.

NOSOTROS LOS HOMBRES

Vengo a buscarte, hermano, porque traigo el poema,
que es traer el mundo a las espaldas.

Soy como un perro que ruge a solas, ladra
a las fieras del odio y de la angustia,
echa a rodar la vida en mitad de la noche.

Traigo sueños, tristezas, alegrías, mansedumbres,
democracias quebradas como cántaros,
religiones mohosas hasta el alma,
rebeliones en germen echando lenguas de humo,
árboles que no tienen
suficientes resinas amorosas.

Estamos sin amor, hermano mío,
y esto es como estar ciegos en mitad de la tierra.

El hambre ocurre

el hambre
su alquimia pertinaz

transmutación violenta
en la costilla

tener un hombre vivo entre los dedos
tirárselo a la muerte

el hambre es una muerte
que se hace la olvidada
se demora

finge buscar su cita en la libreta

pero al final te toca
y es una brea
inarrancable

no deja cicatriz

o sustrae al más pequeño de la casa
lo convida
al baile helado

el hambre ocurre
esto lo escribo en Costa Rica
estamos en setiembre ochenta y cinco

pero resulta
la muerte aquí es católica apostólica
el sueño en que moramos no resiste
este grillete
así nadie comenta
el hambre queda en rasgo de mal gusto

la paz

aquí la paz se nutre con la sangre

Para ser mujer

Me dieron
mis dos brazos de mujer
y no me dijeron como romper los cerros.
Y ahora que he aprendido
a volar
entre sus flancos
de animal herido
me quitan
el único par de manos
que llevo.
Si algún día
yo pudiera caminar
por las calles
libremente,
sin catecismos
ni prejuicios de herrumbre,
sin una Virgen como ejemplo,
y golpear una piedra
con mi pie de mujer
y sonreír,
y hacer que un hombre sea
en la exacta medida y fuerza
en que yo soy.
Si yo pudiera
alborotar el mundo
y trastornarlo,
y devolverle la claridad rabiosa
a su rostro ciego.
Se me llenaría la cara
con libertad de aguaceros.

Quiero tomar un hijo, tener un barco, tomar un barco

si ya lo sé
si soy la lagartija que cruje
bajo el orbe
el tenso escarabajo que palpita
sostengo con mi miedo la tormenta
qué no voy a saber si estoy desnuda
en esta llaga
y el el aro del pecho
me imprime la vida su cornada
su blanco puñetazo

que no se me abandone
yo voy a la estación, a alguna parte
a clavar con fe los incisivos
a hurgar con dulce hambruna
la filigrana testaruda del deseo
la telita jodedora del que ama
y ya no puede contenerse
y es un jarrón de flor desesperada

si ya lo sé
que no me digan de nuevo la desdicha
quiero tomar un barco, un beso
una medida

una pomada nueva
zurcirla a la matriz con esperanza

tomar a mi varón, sobre su sexo
depositar esta vagina enamorada
esta vulva hecha del higo de los vértigos
y ser el más estrecho brazalete

mirar esa fiereza que se funde
y es esta hilacha tibia
saliva del destino
espuma del esperma
donde escucho a mi hijo que me llama

quiero tomar un barco
dejar que me hable el mar por este sexo
que se ha puesto de pie
para preñarme

que su espuela de miel
en las entrañas
me ponga un ser del musgo
yo voy a la estación, a alguna parte
adonde salen a parir los ciervos hembras
ese sueño bruñido que les brilla
como un cristal creciente
a pesar de los pesares y los hombres
y del dolor morado de este mundo

quiero tomar un hijo, tener un barco
tomar un barco

a ellas como a mí
que nos manche la vida y su promesa
con su baba de estrella
en los ijares

Cuánta extensa devoción

Cuánta extensa devoción
que he esgrimido.
Cuánta cruzada fervorosa.
La desnudez de labios
que atravesó mi historia.
Los nombres de varón
que bebo y que desviven
como efímeros derrumbes.
Cuánta fatiga y la fatiga
y la pasión que olvida dar sus señas.
Y así extraviada
adolescentemente
entre tanta ternura que escalara mi cuerpo
y cuerpos que ay nunca escalaron mi ternura.
Cuánto ejercer la entrega,
mi ocupación de amante,
para arribar a vos,
César Manuel,
cierre de rutas
último y preciso
donde convergen los bordes del verano.
Para arribar a vos,
para escribir al fin
y arrancarme la desdicha
este mi sereno,
mi esperadísimo
y final
primer poema de amor.

Vocación

Que el orbe se desboque,
que toquen a la puerta mis amigos,
que llueva ajenjo sobre los paños
de blanca estofa
y se tuerzan en la cazo los cereales,
que el ceño frunza, descontento,
mi marido
y me extrañe alguno que otro
en el teatro de Dionisios.
No desviaré mi paso:
en mis dos pechos mansos
serás el comensal.

Alumbramiento

Vino de mí
salió del fondo
el médico aplaudía
yo vine con el mar en la barriga
como un intenso parasol
un mapamundi
yo era la esfera que rodó en la madrugada
de corazón latí como un caballo
lo digo así
es que la crin
me perfumó
el vientre se movía
como suelen moverse los rebaños
venía con mi molusco mi amapola
mi potranco
con mi gorrión redondo
yo no podré faltar jamás
me dije
a nuestra cita
así que estoy aquí
con esta fiesta
brincando por el talle
hice mi baile de rosas
mi aleteo
mugí como los barcos
el vientre daba vueltas
me esperaba
oculta en el carmín
donde el médico buscaba con su ceño
yo empujaba
el ventarrón del orbe en mi testuz
soplaba como un faro
Como los dioses marinos de los cuentos
una granada real a punto de volar
recuerdo que por suerte
César me retuvo del cabello
estaba emocionado
sin saber si tintinear o si envidiarme
de entero dedicado a mis pulmones
expirando inspirando y expirando
me miraba de adentro de sus ojos
como sólo una vez me mirará
en toda la vida de su vida
y a mi vientre que cambia de paisaje
y así
vino de mí
salió del fondo
nos bendijo de un golpe con su grito
se puso a beber sol como una fiera
de lana o amaranto
yo estaba enamorada y me reía
de loca de centella de rodillas
quería besar el sexo el vellocino
de César que lloraba
tomar a mi criatura
correr a derrocharla por las calles
qué llovizna de leche que cabalga
toda la luz del mundo en el pezón

Pene de pana

pene de pana
pene flor del destinado mío
empuñadura del sol
envidia del anturio
aguda palabra
mástil de las estrellas
garza despierta
garza dormida
cigüeña
farol de la promesa fecunda sobre el humus
anguila escarcha
brazo del guerrillero
medusa tenor
de la línea el alma cardinal
columna cálida
ovillo menguante
generosa cintura
sonrisa oscura y clara
de puntillas el amor
vías lácteas dormidas
despiertas vías lácteas
canción del pueblo
desmesurados niños atesora encierro tibio
cuna de la semilla
fruto brillante
panal del pene
himno
cónsul de Dios más excelente excelso
que ninguno
la nuez se hermana con su cuello
llave de naves invisibles
la delicia
vendavales sus quehaceres
azadón
un exaltado obrero
pene de penas el olvido
desbordadas deidades te humedecen
oboe maduro
oboe el tenue
tú muerte viva de la muerte

No es por ti por quien lloro

no es por ti por quien lloro no
ni se hunde mi hocico de loba en un charco de plumas
buscando entre el satín sudor y semen
un vestigio de sal que dejara tu cuerpo
ese arcángel jadeante que clavaste
como un chorro de miel entre mi sexo
la luna que te di y que ya no fuimos

no es por ti
no

aunque tu nombre suene
si alguien agita el fondo
de este cascado corazón

lloro por él por eso
se llama amor yo lo inventé
en homenaje a ti
el sexto día

lloro por mí y el amor que te tuve
donde quiera que esté
donde desflore
como una supernova
el firmamento

Si del sexo te acuerdas

Si del sexo te acuerdas,
fiebre de abejas
traigo, el perfil de la pera
entre las piernas.
Bermejas alegrías,
mansedumbre
donde colmar tanto fervor
en ristre.
Un nido,
una copa de vino
culminando mis muslos
para calmar tu ayuno,
país de regocijo.
Para el niño
creciente
y decreciente
que tus ingles corona
de azafrán y otros humores perfectos
henchido
mi dulzor de vagina
amainará en tu cuerpo.
Si del sexo te acuerdas
que ondea bajo mi manto
de vello y azabache,
he destruido el lamento
final de los obispos,
a puñados olvido
viejas recomendaciones,
los afectos pasados,
séquitos de dolores,
soy la tierra
y el rayo para tu sexo erguido.
Los edictos, correas rugosas,
desgarrantes
han perdido el camino.
La dicha del pistilo
me reservo.
Soy el cauce, la huella.
Si del sexo te acuerdas,
rayo y abejas. Vino

Primer silabario

Papá lee.
Mamá lava.
Papá de estaño
y aceras,
mamá de azúcar
y patio.
Papá sillón,
mamá armario.
Papá ascensor,
matemática,
castigo,
países,
carro.
Mamá cuchara
y remiendo,
mamá de jabón y paño.
Papá vuela
por las calles
con un millón de caballos.
Mamá cubre de alpiste
su pálido mundo de trapo.
Papá lee.
Mamá lava.

Yo voy a romper, mamá,
alfileres y candados.

No está sentado a la derecha

No está sentado a la derecha.
No me prohíbe ni me arrasa ni me encierra.
No tuvo un látigo, no sabe de la cuerda.
No prende al negro.
No sucumben sus pies en unas botas.
No juzgaría a aquel gorrión innecesario.
No lo humilla el viaje a la cebolla.
No puede hacer su flor bajo el tirano.

Vino a este sitio del sudor como nosotros.
Me trajo las dos alas.
Esa bala que fue hasta el transeúnte lo parte
amargamente.
Sangra en el árabe.
Su corazón se raja como un cántaro en la guerra.
Pone a parir la luz sobre su lienzo.
Está dorando el ajo como un astro.
Vive de pie a la izquierda ahora y en la hora.

Desde entonces no salgo de la estación del celo.

Mi Único pÁjaro

Hoy llevo puesto
mi vestido tierno.
Y la casa está dorada
como un jarro de miel.
Hoy,
cuando el cielo ascendía de nuevo
sobre mi árbol
he arrancado de un soplo
el único pájaro que tenía.
Cuando se alejaba,
parecía que el alma se me llenaba de plumas.
Y un solo pájaro atravesó la mañana.
Debe de estar desangrándose
en el tejado oscuro de tu casa.
Esta mañana el único pájaro
que me quedaba
se ha roto hasta apagarse,
aurora que se desgarra.
Esta mañana,
cuando el sol
sembraba de margaritas
todos los rincones.
—Tu puerta estaba cerrada—

Tu boca

Tu boca vela de roja nervadura
para mi sed ruidosa dame
tu fuego
enervada frambuesa de tu encía
boca donde desgarrar
este grito desgreñado
donde terriblemente muerto así
ya nunca más la roja
sed encarnadísima
frambuesa y rocío espeso
tu saliva
luz distraída que se alojó en tu boca
dame espada de duro clavel
tu dentadura
para esta fiebre con su lanza
sobre mi lengua desiertos que ha fundado
su ácido encaje señora lenta
arráncame este borde cárdeno
la garra furibunda de la melancolía
para tu boca vuelo yo y la hoguera
hundir las estrellas apretadas
entre tu boca cristal sin juicio
traigo a beber el mar
dame esta granda irreprochable
un tesón de mediodías sobre tu labio menor
toda ternura tocó este nido
el anís el verano
para mi roja
dame
porque la sed
mis senos dos tigres de bengala dos
desquiciados pelícanos en llamas
hasta tu boca norte
tu boca boca bodega del cielo
al galope
que tu relámpago azul
bebo la luz.

Ahora que el amor

Ahora que el amor
es una extraña costumbre,
extinta especie
de la que hablan
documentos antiguos,
y se censura el oficio desusado
de la entrega;
ahora que el vientre
olvidó engendrar hijos,
y el tobillo su gracia
y el pezón su promesa feliz
de miel y esencia;
ahora que la carne se anuda
y se desnuda,
anda y revolotea
sobre la carne buena
sin dejar perfumes, semilla,
batallas victoriosas,
y recogiendo en cambio
redondas cosechas;
ahora que es vedada la ternura,
modalidad perdida de las abuelas,
que extravió la caricia
su avena generosa;
ahora que la piel
de las paredes se palpan
varón y mujer
sin alcanzar el mirto,
la brasa estremecida,
ardo sencillamente,
encinta y embriagada.
Rescato la palabra primera
del útero,
y clásica y extravagante
emprendo la tarea
de despojarme.
Y amo.