La foto del invernadero

fue la que siempre quisimos y faltó.
el invernadero estaba junto al parque
con sus cristales húmedos bajo el sol que entraba
en la tarde, o en la mañana, a colorear sus plantas.
yo me paseaba contigo de la mano –eras
de estatura un poco más bajo que yo-
y así alcanzaba a ver, desde esa altura,
los tallos quebrados por mi madre
que componía y podaba las macetas de buganvillas.

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Otra naturaleza

mi mensajero puso girasoles
para el vértigo de las abejas
en la jarra violeta puso girasoles
de luz amarilla.
se los robó a Van Gogh a la vírgenes a las sombras
puso girasoles para bañar por las noches
mi cuerpo
y las flores son cosas extrañas
seres turbulentos entran como finas agujas
a hincar el corazón se instalan
en los precipicios y calman la locura.

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Pestañas de madera

con tus pestañas de madera abres la mañana,
para que inunde el polvo mi caserón despierto
y el sonido del aire meza las mamparas,
los cuadros que se borran bajo el sol,
su deuda de diciembre enamorando la claridad.

con tus pestañas recorres la distancia
y ocultas el amor.

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Poética del otoño

desde que no te veo
las cosas han perdido sus colores:
el búcaro dejó de ser azul
los amarillos desertaron
y no puedo decirte
qué colores atravieso.
hasta los canarios supieron hacer un nido
sólo nosotros que no sabemos ser pájaros
destruimos las plumas y el color.

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Un chocolate viene

aquí tengo en la cartera un chocolate.
apretada
le letra de un hombre se ha prendido
al papel que lo envuelve.
un hombre azul me lo envía
lo deja caer desde una nube.
un chocolate viene
desde un vuelo muy alto sin aviso
a mi boca
y en el gusto van entrando sus ojos.

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Una rama

como una cesta de paja
mi mano blanca y su pulgar girando
mi mano fina y oscura
para tocarte
cuando hacemos su juego
en el aire mi mano alta
de arrancar las frutas prohibidas
y abrir la yerba
mi mano constante precisa
que me permite definir esos contornos
la materialidad del mundo
la forma del placer mis ojos
mis oídos en la noche de espasmo.

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Autoepitafio

Mal poeta enamorado de la luna,
no tuvo más fortuna que el espanto;
y fue suficiente pues como no era un santo
sabía que la vida es riesgo o abstinencia,
que toda gran ambición es gran demencia
y que el más sordido horror tiene su encanto.

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Dos patrias tengo yo: Cuba y la noche

Dos patrias tengo yo: Cuba y la noche.
José Martí

Dos patrias tengo yo: Cuba y la noche,
sumidas ambas en un solo abismo.
Cuba o la noche (porque son lo mismo)
me otorgan siempre el mismo reproche:

‘En el extranjero, de espectros fantoche,
hasta tu propio espanto es un espejismo,
rueda extraviada de un extraño coche
que se precipita en un cataclismo

donde respirar es en sí un derroche,
el sol no se enciende y sería cinismo
que el tiempo vivieras para la hermosura’.

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Epigrama

A la columnista; digo, calumnista, de un periódico
hispano en el estado de la Florida

Sus escritos, señora Nurka o Nurko,
más que en español están en turco.
¿El tema? Siempre el mismo: nada, nada.
¡Y al pie su horrible foto engalanada!

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No, música tenaz

¡No, música tenaz, me hables del cielo!,
donde es obligación cavar la tierra.
No creo que exista tal consuelo
donde sólo es vivir perenne guerra.

Pues quien del horror ya corrió el velo
sabe que sólo horror el mundo encierra.

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Sonetos desde el infierno

Todo lo que pudo ser, aunque haya sido,
jamás ha sido como fue soñado.
El dios de la miseria se ha encargado
de darle a la realidad otro sentido.
Otro sentido, nunca presentido,
cubre hasta el deseo realizado;
de modo que el placer aun disfrutado
jamás podrá igualar al inventado.

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Ultima luna

Por qué esta sensación de ir a buscarte
hacia donde por mucho que vuele
no he de hallarte.
Qué terror sin tiempo ahora me impele
a por sobre tanto terror siempre evocarte.
No ha de encontrar sosiego nuestra pena
(que hallarlo sería comenzar otra condena)
y por lo mismo jamás cesaré de contemplarte.

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Berna

Desde arriba contemplo a la bestia dentada
y recuerdo que en la infancia jugaba con una réplica
en peluche, mucho menos imponente,
presente en la formación sentimental de todo niño alpino.
El foso es la salida del laberinto medieval,
un camino sinuoso de piedra arenisca ocre
en la que han sido labradas las agujas más sorprendentes
y las ventanas de las viviendas.

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Bogotá

Maresmer ver
desmeral dar
dar
ver
verd
verd smerald

Visio smaragdina. Juan Eduardo Cirlot

Un manto de materia verde cubre la montaña.
Verde, verde y verde. La alternancia con el rojo
y la rosa que abre entre hojas verdes, el verde helecho arborescente
y la verde piel del lagarto puntiagudo.

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Café arábiga

Pido al sol que en tu cuerpo se ufana y destaca
henchido de vigor rojo en las nalgas, mil lados
de la gema más buscada, repentina, ya incendiada.
Tu desvelo me llena y el deseo, tan denostado y
del que tanto dependo, corona mi cabeza y entra
en ti como negro impulso o negro brebaje amargo.

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Ciudad Juárez

Caminando por la ancha avenida, en dirección norte,
el paso lento y cimbreado, las manos en los bolsillos
del estrecho pantalón vaquero, azul como las largas piernas.
La cadera prieta por el cinturón incitaba a la lectura
de dos inciciales entrelazadas en plata, trofeo ostentoso y viril
que anunciaba vete a ver qué locura desbocada,
allí mismo, en un oscuro lugar, verde y amarillo sobre el metal
quemante de tanto manoseo.

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Disfrutaba de la arcana fuerza

Disfrutaba de la arcana fuerza de juventud
no sin cierto sentimiento de cautiverio o distancia.
Entonces fumaba Gauloises hasta altas horas de la noche
y desayunaba en un viejo establecimiento de nombre extraordinario,
Megas Alexandros.
Alejado ya de la canícula, a medio morir,
mi cuerpo es una suprema anémona ardiente,
cubierto de oro,
víctima de complicadísimos rituales nupciales,
dominado por la luz, ligero como ya no puedo recordadr,
vencido por el agua, dueño, lumbre, rey.

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Dueño de los aspectos

Dueño de los aspectos ardientes e irracionales de la vida,
es capaz de alterar el comportamiento de los animales
en el jardín de Arcadia.
Parece ignorar, hasta el momento,
el suceso maravilloso que ha tenido lugar en el infierno.
independiente y lleno de energía, su poderoso cuerpo,
elástico y sano por los juegos y la guerra,
espera en armoniosa unidad respuesta de los dioses.

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El embarco a la isla de Citerea

La partida
El dos es una casa donde las estrellas titilan encima
de todas las cabezas, el aire blanco, refractario, perfora
los convenidos puntos cardinales. Dices siete palabras
mágicas y un incendio podría despojarlo de todo
su sentido.

Ofrenda a Venus
Todo cuanto florece, todo lo que germina
es un reflejo del oscuro mirto que nace entre las olas.

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