Al final de la montaña

Erguido.

Parapetado a ras del cielo.

Las piedras rojas de la cumbre
encaminan pequeñas misericordias.

Un racimo de lluvia pretendió rebelarse,
sus compañeras en marabunta
lo condujeron con gravedad hacia abajo.

Mojó piedras negras.

Rapiña, carroña, qué más da;
en la cima se ve igual,
da lo mismo.

Parvadas de halcones
señorean los litorales.

Nubes desdentadas humedecen,
no aguantan la risa;
rostros que orientan hacia el fondo.

Un coyote acecha con lascivia;
el deseo es ver correr sangre
en sus tripas sedientas.

Insectos.

Relámpagos de gozo,
la agitación intensa de una rata
en el momento justo que el veneno
le devora agriamente las entrañas.

Alvaro de Campos quiere escribir un poema

A MARIO MONTEFORTE,
quien me presentó a Pessoa

Sabe que no pertenece.
Se sabe sin lugar/ sin gente.
Abierto como Onán
a cualquier búsqueda
que no disponga encuentros
estira el papel/ lo mira.
No es sangre la que corre.
Es uno y no sabe que es otro.
(Tras avenidas
que esconden siglos silenciosos
voces atrapan otras voces).
Cuánta raíz escondida
y este no saber qué hacer
este no saber qué ser.
Abre la ventana.
Percibe que afuera está el infinito.
¿Llanto?

(Un destello).

Carne

La carne piensa y no llora.
JUAN GELMAN

“La carne piensa”, dijimos,
recordando a alguien
que ya olvidamos.
Y es la sangre
la que construye el instinto
y es el instinto
el que seduce a la muerte
y es la muerte
la que desata la sangre
y es la sangre
la que comprueba la vida.
Todo es circular,
todo vuelve.
(Decir que todo cambia
es una obviedad:
no está claro por qué
decirlo renueva la esperanza).
Los ojos de una madre
delatan que piensa en los hijos
aun cuando no piensa en ellos.
La carne recuerda y es ajena
a cualquier renunciación.
La verdad reside
en el brillo del cuchillo,
duele como la mordida
de un perro agotado de sueños.
Esta carne se somete al filo
y otras carnes alrededor de la tierra
lloran/ sangran
sin saber por qué.

Fata Morgana

Un hombre vio en el desierto
lampos de luz sobre las rocas
anuncios de la oscuridad que espera.
(las rocas son lágrimas secas
vestigios de alguna memoria
deseosa de asirse a la tierra).

Un hombre vio en la distancia
sorbos de luz separando cielos y arenas
y mares que transpiran ausencia.

Un hombre mira al mundo alejarse
cual espejismo o suave marea.

Fe

A LAUREN MENDINUETA

Algunos vieron el fin
creyendo encontrar el principio.
Pero creyeron.
Así se han hecho las cosas siempre.
Y los cuerpos quieren creer
como saben hacerlo las almas
o escarbar la ausencia
hasta ver un estallido en el aire.
Un hombre desea tocar a una mujer.
Ansía arrebatarle otra labor al agua.
(Cuenta los días con rayones en los muros).
Está el cuerpo que grita
los jirones de luz abundando el olvido
la memoria de una vida futura
que existe porque ya era pensada.
Este hombre codicia esa mujer.
Su “vago ser” no acepta la pérdida.
Quiere hincarle palabras como dientes
verle la carne arrancándole sombras
sudar con ella igual a las bestias
que nada esperan y todo lo advierten.
Nadie está condenado a creer.
Pero creyendo nace un alivio
un respirar que se suaviza
y hace volver los ojos a ese soplo
que está en todas partes y espera.

Lejos

cansa el cuerpo los huesos

el cielo es falso y lo vemos
(cúmulos de gas y mentira)

decir mujer es saberla sal
(esencia genesiaca de todo)
y no tener valor para arrancar
y poseer al amor en la tierra

soledad anuncia el polvo
que nada enseña siendo maestro
ese trazo inerme que recorre la tierra
esa ubicuidad cansada de esperarnos

el cielo es falso y lo vemos

bella lejanía:
una mujer triste
leyendo en la penumbra
una exactitud de carne suave
que no nos mira

Marca de agua

Lenta es la luz
cuando quiere alumbrar
los pozos de lo olvidado.
A Brodsky lo encerraron
por huevón,
por “parasitismo social”
y nadie supo entonces,
nadie sabe ahora
que muchos más quedaron
saludando muros eternamente.
Hay quienes esperan,
hay los que confían
en que sus huesos se abracen,
se froten y clamen por ellos.
Lenta es la luz y la luz es
la confirmación del abismo.
Estéril soñar con poetas apolíneos
que caminen, lloren, canten
con una marca de agua en el alma.
Inútil todo
y las bombas que amenazan
caer como cae la lluvia.

Más que la muerte

Más que la muerte
el miedo.

(Mujeres vestidas de negro,
vacunadas de amnesia.
Son tristes. No olvidan).

Un muerto,
más que un muerto
el miedo
de ser sangre corriendo,
de ser una sombra vaciada de vida.

Más que la muerte
estar solo,
terriblemente solo
como un poderoso
que no sabe amar sin golpearnos.

Y la palabra
(como si tal cosa pudiese)
se sitúa más allá
intenta perderse de la muerte
aun cuando sabe que sólo es el fermento
de algún aliento antiguo que se resiste a callar.

(“Dios lo tenga en su gloria”,
musitaban las mujeres).

Hay un muerto,
nadie descansa.

Memento

¿Permanece la memoria?
(La sangre es certeza horrible.
El agua el semen del tiempo).
¿Acaso el tiempo quiso llamarnos
para reconocerse en el aliento de los mares?
Nuestros pies gastan la tierra
dejando láminas de piel en las rocas.
Acaso la memoria es corta
y la tierra el vestirse del tiempo olvidado.
Las hormigas se alimentan
con la piel que pierden los hombres.
Acaso esa pérdida
sea el llanto de los cuerpos
que piden ser recordados.
El tiempo llama.
Empujemos nuestros pies
ardientes cual bestias inconsolables.

Noche

cuánta luz tragan las horas

en mí el llanto
de las criaturas perdidas

respirar en un insomnio
que haga de los huesos un cálido refugio

negro es el plasma de la noche
mucha la tierra que aparta a los enterrados

qué ser si no memoria
en este caos sin resguardo
del sol vivo quemante de la sangre

o la aventura del mal
o el amargo fondo de los ceniceros

la penumbra devela el origen
el nacimiento de algo antes muerto
que escapa por las rendijas de los siglos

pienso una palabra
al unísono mueren miles de hombres

nace de la muerte este susurro
que mojará los caminos de la carne

Pensando, por la tarde

Desde mi calabozo
ensimismadas
redoblan gotas
de azufre
contra el fuego.

Se encienden candiles
con el viento
me ven
borrando lágrimas
en el crisol
de la otra mesa.

Deletreo los abismos
los desfloro
uno a uno
para que el miedo
(con sus gastados espectros)
en la noche
no persista.

Poetas

¿Qué seremos ahora?

Enormes cóndores
que surcan los vastos empíreos
brindando su fealdad al orbe.

Camellos obstinados,
jorobados de tormentos,
cargando aguas amargas
para el susurrante desierto.

¿O es que somos paquidermos
armados de marfil
y nuestras patas son las torres
que encarcelan al miedo?

Quizás seamos perros salvajes
que embestimos en manada
doblegando medrosamente
a nuestras presas
y anunciamos con carcajadas
nuestro mutis.

O tal vez el semblante
de un jaguar enjaulado;
nuestra palabra es
su majestuosa mirada turbia
que palidece en el encierro.

Somos el parco silencio del albatros
al cesar el batir de sus alas:
extinguiéndose
ante la triste cadencia del bullicio.

Radical 2003

A JAVIER PAYERAS

Que este verso se oponga al siguiente.
Ah, la sustancia liminar del mundo.
La palabra tiene tentáculos
que el poeta esquiva
para encontrar raíces.
Si bien vale reconciliarse,
saber decir, verbigracia:
“la vida avanza cual velamen roto”.
La actitud nada otorga, lo sabemos.
Luego nos contradecimos:
andamos las calles casi borrachos,
viendo a las gentes y pensando
en cómo llevan esa vida pedestre
que se parece tanto a la nuestra.
Nos da rabia.
Reímos como idiotas.
La vida tiene tentáculos
que el poeta esquiva.
¿Dónde las raíces?
Que este verso se oponga al anterior
y éste al siguiente.
Mala manera de plasmar la dialéctica.
Ah, la sustancia liminar del mundo.

Snapshot de un sueño

¿De qué sirve esperar
lo que nunca llega?
Un torrente de seres
se agolpa en la noche
y no dice algo nuevo.
Dice lo dicho. Nada más.
El que duerme está solo.
Todo aquel que duerme está solo.
Un mar de cosas
se clava en la cabeza
y atisba lo que no dicen los seres.
¿Los seres qué dicen?
El que duerme espera algo.
Sangre/ agua /
sal/ marea/
tierra/ amor.
Caer del cielo.
Un imán en la tierra
para nuestras alas de acero.

Sombras

A MAURICE ECHEVERRÍA

ser una sombra

(la luz malgasta su ser
no traduce el enigma)

ser la sombra de algo
una lengua de oscuridad

(torrente sin voz
instalado en el sueño)

a qué venir a quejarse
si los insectos siguen naciendo y muriendo
y viven su tránsito como ráfaga gozosa:
sus horas son mucho más largas
que nuestras horas

ser la sombra de algo
que quiso ser y no es

una piedra es legítima
y merece ser
aunque su destino sea
destrozar un cráneo

Totales / ars poética

A BEATRIZ COSENZA

Contenerlo todo
(el vaso del universo)
y pulir piedras con miradas.
No cabe la poesía en la palabra:
la estira/ la tensa/ la quiebra.
Hay quien lo sabe y llora.
Entrega silencios
para parecerse a Dios.
¿De dónde nace un ser bello?
Si el verbo se hiciese carne
la poesía daría tanta verdad
como un puño de tierra
sería tan cierta como el aliento
del anciano que sueña futuro
en larga fila de jubilados.
Lo bello persigue lo bello
aunque en ello se vaya la vida.
¿Y la mentira?
Camina con ella/ enamórate/ muere.
Animal purificado y débil
planeta gemelo del dolor y la gracia.
El dolor es anuncio de divinidad.
La poesía se persigna ante las cosas.