Abre los ojos/Cierra los ojos (Acto de magia)

O sea, entrecierra las vistas parada-sentada 100 años
como abuela huilliche atizando la llama.

Así el color de la memoria
será un retrato desvaído de la in-memoria,
un borrón afiebrado un cuento
de revoltura entre vivientes y finados tu cuento.

Por eso, abre los ojos / cierra los ojos vuélvete mágica
que
entre lo que veas y lo que no veas
puede estar el sentido de esta iluminación, o sea,
tú ahí, parada sentada con una costura en la boca,
sabia y hermosa como las abuelas huilliches.

Agua de Pariciones

La bolsa de agua reventada para siempre
empapó a Adán y Eva o sea
a la autobiografía del hombre.

La bolsa de agua de la Santísima Virgen
chorreando desde la punta de los volcanes
bajó a empozarse
para que nacieran las hijitas del paraíso

las hijitas como yo, como tú, como
las pecadoras que somos

para que con esas mismas aguas de pariciones
nos laváramos los ojos empapados.

Autorretrato

Soy como los animales:
presiento la desgracia en el aire
y no duermo sobre arenas movedizas.
Arriba siempre el viento
-desde el tiempo de los pañales mojados-
raspando la solidez de los cartílagos
mientras alguien
con mano sosegada escribe en mi cuaderno
cortas palabras de tristeza.

Soy como los animales:
sé pisar en la oscuridad, y
desde el fin del mundo,
podría volver con los ojos vendados
a mi vieja casa en las colinas.

Los años cortan
agazapados por dentro,
pero se desvanece el miedo a estas alturas
y una opalina
filtra su luz en el salón del piano
donde danzan mis muertos con su sombra.

Soy como los animales de narices mojadas:
olfateo en el cielo
la carga de la tormenta eléctrica
y desconfío de pasos que no conozco.

Soy como los animales:
siento que empiezo la vuelta a mi tierra de origen…

¡Cristo sabrá por qué!

Canto y contracanto

Te canto como si fuera a morir.
Esto quiere decir: me mato cantándote
y da pie para soltarle las polleras
a la metáfora, e hilar cosas preciosas
para la boca de una señorita.
Pero mejor, te contracanto
bajo las linternas enmohecidas
justamente a la entrada del invierno
donde mi guitarra quedó descabezada
en la bohardilla de mi casa de campo.

O de golpe, no te canto,
y sentados en el suelo con las botas aceitadas
sentimos pasar la noche callados como tumbas,
-sentir hasta mudar de piel, he ahí la clave-
porque es necesario aprender, hermanito,
y escuchar con atención animal
los silbatos dorados
que largan señales desde las sepultaciones.

De vez en cuando
hay que ponerle el hombro
a los grandes silencios.
Uno no puede ser siempre el ombligo del canto.
DESDÓBLATE -dice una voz.
NO ERES EL OMBLIGO DE NADA -agrega la voz.
CUANDO MENOS PIENSAS
TU VIDITA CUELGA DE UN HILO -termina la voz.
Pero, si quieres,
le hago empeño para sacar un DO de pecho
y afinamos. Después de todo,
estos papeles sobreviven entintados en mi corazón.
O si tienes ganas,
canta tú,
yo contrapunteo en la sombra
y guardo mis cuatro versos para mañana
o para el Día del Juicio.

El sol mira atrás

En el cielo

El sol mira para atrás

Porque tiene que llamar agua,

Y tú conoces las señales

Los sagrados olores de la tierra

Y empiezas a lustras tus botas

La escopeta del 16

Que el abuelo colgó en el comedor

En este otoño de su muerte.

Y en el morral huequeado por antiguos

Reventones de pólvora,

Hay un juego de naipes gastados

Como esa risa que fuimos perdiendo

Cuando nos vendaron los sueños

Para que creciéramos

Más tranquilos, más ciegos,

Y no preguntáramos

Por qué el sol miraba para atrás

Desde el umbral sonoro de la lluvia,

O por qué los que amábamos

No volvieron jamás

Para justificar su eternidad

A nuestro lado,

Y tú

Y yo

Tuvimos que ir guardando las sillas vacías

Pasando llave

En el óxido de las chapas antiguas

Pasándonos una costura en la boca

Para quedarnos

Con las palabras estrictamente necesarias

A nuestro sencillo amor.

El sol mira para atrás

Porque tiene que llamar agua

Y se ilumina la copa de los manzanos

Y nos entra un frío por las rodillas

Avisándonos la primera señal.

Esta es la casa

Quien quiera saber lo que acontece
a las lluvias en marcha sobre la tierra,
véngase a vivir sobre mi techo, entre los
signos y presagios.
Saint-John Perse.

Esta es la casa
aquí la tienes con la puerta abierta
Aquí vivo
conjurada por la noche de campo
y los mugidos de las vacas
que van a parir a la salida del invierno.
Entra en las piezas de sentimiento antiguo
con manzanas reinetas
y cueros claveteados en el piso.
Esta es la casa para ser como somos,
para contar las velas de cumpleaños
y las otras también,
para colgar la ropa y la tristeza
que jamás entregaremos a la luz.
Este es el clima, niebla y borrasca,
sol partido entre los hielos
pero encima de todo:
un evangelio duro
una pasión sin vuelta
una carta de agua para la eternidad.
Esta es la zona: Km. 14, Santa Amelia,
virando hacia el oeste,
con todas las jugadas de la vida
y todas las jugadas de la muerte.
Esta es la casa raspada por los vientos
donde culebreaban los inviernos
de pared a pared
de hijo a hijo
cuando nos aliviábamos con ladrillos caldeados
para aprender las sagradas escrituras
que la profesora de la Escuela Catorce
sacaba de un armario
o de los dibujos de un pañuelo.
Esta es la fibra fiel de la madera
donde calladamente me criaron
entre colonos y mujeres
que regresaron a su greda.
Aquí vivo con la puerta abierta
y este amor
que no sirve para canciones ni para libros,
con mi alianza sin ruido a Santa Amelia
donde puedes hallarme a toda hora
entre las herramientas y la tierra.

Huevo de gallina soltera

O sea, pura clara, imitación de huevo completo,
huevo de utilería que nunca va a cuajar
sin pasión ni calentura de nido nunca.

Huevo de culebrón según la enciclopedia del campo,
desvanecido de alma mostrenco
huevo de entierro y luto

fin de huevo.

Los cómplices

Te decía en la carta
que juntar cuatro versos
no era tener el pasaporte a la felicidad
timbrado en el bolsillo,
y otras cosas más o menos serias
como dándote a entender
que desde antiguamente soy tu cómplice
cuando bajas a los arsenales de la noche
y pones toda tu alma
y la respiración
perfectamente controlada,
por mantener en pie tus rebeliones
tus milicias secretas
a costa de ese tiempo perdido
en comerte las uñas, en mantener a raya
tus palpitaciones,
en golpearte el pecho por los
malos sueños,
y no sé cuántas cosas más
que, francamente, te gastan la salud
cuando en el fondo
sabes que estoy contigo
aunque no te vea
ni tome desayuno en tu mesa
ni mi cabeza amanezca en tu pecho
como un niño con frío,
y eso
no necesita escribirse.

Nocturno con los pies helados

Tengo los pies helados
y nadie va a llegar con calcetines de lana
a hacerme compañía
porque ayer me cruzó la lechuza
de sur a norte en el camino
y sobrevoló hasta la medianoche
-como buen pájaro agorero-
a dos metros de la camioneta roja
donde traía los víveres del pueblo.
Tengo los pies helados
y corrieron por ahí
que desertaste por un canto de sirena.

Papel de antecedentes

Yo católica mestiza
minimalista y campesina.

Yo perrera y caballera de ombligo amarrado a
la telúrica madrecita tierna de
nunca acabar.

Yo de sesenta para arriba y para abajo
mes de corrido los Diez Mandamientos,
El Ojo (o-j-o) y la Pastoral de L. van Beethoven.

Ropa limpia

Un día
uno sale a encontrar la muerte,
sin equipaje,
sin muda para la otra semana
con la única camiseta blanca
que quedaba
del tiempo de colegio.
Un día
uno se apura como malo de la cabeza,
como si tuviera que llegar
a todos los trenes
y saludar a medio mundo.
Un día
uno no sabe quién diablos
tendrá suficiente amor entre las manos
para arreglarle
esos asuntos particulares
que siempre quedan flotando
después de la catástrofe,
o quién diablos
va a cerrarle los cajones del velador
con las fotografías secretas
de esa edad
en que la musculatura orgullosa y dorada
era toda la potencia con que contábamos
para vivir.
Un día
uno no vuelve más
por ropa limpia.

Sabidurías de gallinero I

La cosa es saber sin abrir los ojos sólo al tanteo
si el huevo está producido o esta huero,

porque si está huero
seríamos nonatos yemas de culebrón
y el poema que estoy escribiendo
no se escribiría nunca, a no ser, que
el propio Resucitado empollara
y entonces:

creo en Dios Madre todopoderoso…

Sabidurías de gallinero III (En lo tocante al amor y su galaxia)

Las estrellas cuando mueren dejan un hoyo negro.
Los que amamos cuando mueren dejan un hoyo negro.
Pero si tú mueres y yo muero
no quedará un hoyo negro sino una astrología en
la carta cósmica una escritura tan elemental
que podrá ser leída hasta por los niños que no
saben leer.

Esta vendría siendo mi sabiduría, mi física cuántica,
en lo tocante a la galaxia, a la ecuación poética resuelta
como sigue: “escribir por ejemplo, la noche está estrellada
y tiritan azules los astros a lo lejos’.

Situaciones

Con cierta gente,
uno se siente incómodo
como cuando tiene arena en el espinazo
o un clavo en la bota
y busca la puerta de salida con urgencia.
Con otra gente,
uno estira las piernas -se afloja-
enciende un cigarrillo
lee un verso
se agarra de las mechas por ideas políticas,
habla del hijo que se engendró una vez
entre girasoles,
recibe un puñete de frente,
lo devuelve,
come pan
y duerme en la misma pieza.

Por suerte
ésta última es la mayoría.
Todo es cuestión de encontrarse.