Hay que defender la paz a todo trance
y trenzar trazos de versos,
que aniden en la verdad y bondad.
Para de la verdad beber y vivir,
esta receta:
escucha y no escarches,
observa y no reserves,
ama y no llames, ¡ama!.
Hay que defender la paz a todo trance
y trenzar trazos de versos,
que aniden en la verdad y bondad.
Para de la verdad beber y vivir,
esta receta:
escucha y no escarches,
observa y no reserves,
ama y no llames, ¡ama!.
Vivir el día a día,
y en el día vivir:
cortés en las formas,
gentil en el fondo;
para donarse a la existencia
y darse vida en la vida.
Haré una buena acción
y no lo diré a nadie
y no lo echaré en cara
y no diré sí,
sí tengo que decir no.
Quise medir el amor
con los labios del mar,
y el mar me bañó de versos
con los labios de tu boca.
Tu boca es el olvido del yo
y la memoria del alma
que se funde y se confunde.
La acogida, el amor, y el servicio al niño,
nota distintiva de las familias cristianas.
(Juan Pablo II.-
Exhortación apostólica postsinodal Familiaris Consortio,
noviembre de 1981)
Los niños del mundo pobre,
se les recluta para ser escudos,
se les arma para ser guerreros,
se les adoctrina para ser leones,
y a cambio de pan, reciben odio,
que les mutila la sonrisa del alma.
Madre, que portas al Hijo, ¡Madre!
Nos descubrimos ante Vos, reina de la Vida.
Todo el pueblo de Granada está contigo.
Contigo y con los versos poblados de Evangelio.
¡Tú eres la llena de poesía!
El verso más níveo y el universo más nieve.
Para Laura Orozco
y Fernando Solana
Todo.
Te empujo el palabrerío
que me hace el cuerpo,
te soplo la lengua
que te gritas.
Hela ahí habla verrionda
de boca en boca.
Él la habla,
hablija de ella deshablada en la quemadura queda del aire,
su duna adelia su puente adunco,
nabla de su rijo que cantarilea las gémulas de su ardida.
Para Octavio Paz
I
Lo que la sílaba soba y desova
es el pulso larvoso de la nada,
la Vesta que deflagra su melisma,
su llama que te abro
aquella boca que calla en la boca
y que saliva en ábaco su sílaba
y el abáculo aboca de su sino,
vocal que vidria un agua.
Canto azuceno o anémona del frío, el curso procuroso y procuroso de la voz lidiada hace cima y cerco de su cisma, ya castillo que se pone asedio a sí mismo. ¡Gran cosa tuviera que ser el poema para fundar tal enclave torreado y arcifinio donde la guerra sin paz no gana!
Como la brisa apareció en la tarde
de aquella tibia calle con naranjos.
A mi encuentro venía lentamente,
como si no quisiera llegar nunca
o buscara quién sabe qué misterio.
Por fin llegó a mi altura y se detuvo
-justo cuando esperaba su pregunta
con ese rubio acento de ojos claros
que tienen las muchachas extranjeras-
a coger unas flores de azahar,
hasta entonces tan lejos, de tan cerca.
Con la luna has llegado hasta el umbral
sin que a tu voz ladraran mis mastines.
Segura y fácilmente
has abierto la puerta
de mis ojos,
como si siempre hubieran sido tuyos.
Luego, en silencio -mientras iban
cayendo
una
a una
todas tus prendas en el suelo-
el lóbrego pasillo que sube al corazón.
No es que yo viva para la añoranza
ni que, a menudo, ande cabizbajo
pero, si alguna vez se viene abajo
mi corazón y pierdo la esperanza,
si retrocede la ilusión y avanza
sombrío el desaliento, no hay atajo
mejor, para ponerme a salvo bajo
el cielo, que volver a la bonanza
de aquella luz, de aquella primavera,
de aquel tiempo de sueños sin frontera
cuando nada se sabe de la muerte.
He puesto cuanto tengo a plazo fijo,
y renovable por el tiempo
que Dios quiera, en la nueva sucursal
bancaria de mi calle;
que, tal y como están las cosas hoy,
es mucho desaliento para llevarlo encima
y demasiada sombra para tenerla en casa.
(Gaspar Melchor de Jovellanos,
por Francisco de Goya)
Como un lento, oscuro, inmenso
mar que anega el corazón,
crece mi desolación
hoy, más cuanto más lo pienso.
Tan débil, tan indefenso
me hallo ante la soledad,
la responsabilidad,
los ataques, las intrigas…
Y carcomidas mis vigas
por la pobreza y la edad.
Si siempre ha sido flor
de un día la esperanza
y hasta la piel que tocas
mañana será nada;
si todos somos nadie
y nadie supo nunca
que fuera más que sombra,
que fuera más que duda;
si ni siquiera sé
si aún nos queda tiempo,
¿qué me quieres pedir?
Mana recuerdos tibios
la tarde de noviembre
mientras sobre la cama
me acostumbro a la muerte.
Acodado y absorto,
un niño, desde el puente,
contempla, al sol, las barcas.
Con ojos transparentes
el niño mira, y tiembla
el agua en las paredes.
Tal vez la dicha sea, entre otras cosas
cotidiana y hermosamente simples,
venir, como esta tarde, a recogerte,
a la salida del colegio, ¿sabes?,
y bajo el sol dorándose en tu pelo,
llevarte de la mano y sorprenderme,
como si del olvido regresara,
de ver que ya me llegas justo al pecho
y de lo mucho que a ella te pareces;
y al aire nuevo de la primavera,
pasear por el parque y de palomas
llenarme el corazón y la mirada
cuando alegre me cuentas que sacaste
un siete en Naturales y que Bea
te ha invitado a su fiesta de cumpleaños.
Del alba a la agonía
la vida es duda. ¿Acaso
pena? No viene al caso
hablar de la alegría.
Solo o en compañía
lo mismo, paso a paso:
mañana, tarde, ocaso
y nada cualquier día.
Del alba a la amargura
hay tal vez lo que dura
sólo la primavera.
Como raudas torcaces invisibles
uniendo con sus alas lejanías,
sobre la mar brumosa del olvido
mis pensamientos cada noche cruzan
el tiempo que separa, para siempre,
nuestras islas hundiéndose en las olas.
En sus anillas llevan temblorosos
mensajes que son brasas, que son labios,
que son besos soñados hondamente.
Donde hoy una ventana,
hubo ayer una puerta
de par en par abierta
al sol de la mañana.
Donde hubo una campana
tocando a vida cierta,
hoy sólo se despierta
mi pena y se desgrana.
Ansiar tanto el encuentro.
A la ausencia, al olvido, a la nostalgia
mi corazón les pone letra y música
de tango algunas noches, tú lo sabes:
veinte años no es nada. Aunque, a las claras,
bien sabe a quién engaña pretendiendo
engañar, como a un necio, a la tristeza.
¿Dónde hay un cuerpo para habitar?
Estos tristes duos no significan el amor,
solo la parte que sobre de cada uno.
¿Dónde un cuerpo abierto en lo estrecho?
¡Entramos a las ciudades con maletas vacías,
arrojamos el corazón
al fuego de la incertidumbre!
Un país donde el mar y la carne fueran un
[templo
donde el cuerpo y el agua al unirse
donde la partición de los ojos enamorados
dieran luz a un palacio inmenso
Un pájaro de lunas abiertas, ensangrentado,
desatara el inusitado fervor
la baraja de lo Inesperado saltando como un
[ácido
dieran luz a un palacio inmenso
La transpiración del mar este alcohol
la fiebre que bordea los espejos
la risa inocente como un aullido
dieran luz a un palacio inmenso
Una mariposa negra desde el abismo del techo
una araña crucificada que canta su sombra
insecto cuerpo, sacromonte
dieran a luz un palacio inmenso
querer aquí la vida
esta mano este cuello estas bocas
este deseo bajo la mirada del tigre
dieran
El círculo de tiza en la máscara brillante
la herida en la más abierta acabar
acabar
dieran luz
Un país Un país comarca encendida
el húmedo paisaje donde la luna roja se estrella
y bendice la unión de dos cuerpos bajo las
estrellas
dieran a luz un palacio insomne
La puerta que se abre sin estar cerrada el
[murmullo
de las paredes desprende una palabra
[incomprensible
que cubre de misterio el desierto arrasado del
[amor
dieran luz a un palacio inmenso
aquello que no supimos pronunciar con
[nuestras palabras
aquello que reclamó palabras nuevas para su
[fiesta
aquello que rima con alegría y espanto
como certeza en lo blando
risa en lo oscuro
huesos de diamante
dieran luz a un palacio inmenso
También los años que se abren paso como un
[asesino perfecto
las bocas vacías quebradas mudas que han de
[darse
al vidrio donde duerme la espuma blanca
[dieran luz a palacio
el amor diera luz
el abrazo diera luz
la entrega diera luz
y en un gran concierto de glorias y derrotas
dieran luz a palacio inmenso.
Abril ha llegado con el atraso de las hojas
el susurro del arco en la vena de la medialuna
la cabeza que arde en el eco del infierno.
Si llegas a saber quién soy
o esperas que te nombre entre tanta ruina
pondré un beso en el nadie que se existe.
Con la crin torneando la voluta de aire sobre la que nos
posábamos.
Ala corta para el infortunio,
la desproporcionada sed de cada mañana.
Solo como una flor en el desierto de piedra
dejaba estar las horas a mi lado, no buscaba,
en la parquedad de esos instantes vislumbré la vida.
El hombre que yo era empeñado en demostrar
la imbecilidad de vivir
la piel desnuda flor seca
ambulaba por el mundo.
Tomaba un ritmo del aire, una flor del éxtasis
en el placer caía en el humo.
La flor de la hez de la palabra.
Como operación delicada que es, los poetas
comienzan a roer la realidad con tal delicadeza
[e inocencia
que nadie, juraría, creería que eso es lo que
[sucede.
Se desmontan los mecanismos del pensamiento.
La orfebrería mental
se desvanece.
a José Carlos Becerra (México 1937-Brindisi, Italia, 1970)
UNO
Una vez más frente a frente.
Pero ahora el miedo
ha quitado de las palabras el ropaje de las palabras
y ahora las palabras, pero no las palabras,
son palabras finalmente, y no aquéllas.
Mago de espina seca
astrada medialuna
bajo el carmen perfecto vio
dos mañanas de fuegos azules
ardiendo entre cristales sabios
el amor lejos siempre de la sabiduría
más calor, más agua verde,
amenazando qué estirpe religiosa
tras la cortina
el pasillo laberinto
el silencio y la letra
creció el humo y nació la piedra
la virtud.
Dos mujeres bajo la luz conversan
cinturón de plata ciñendo
nadie habrá entre plata y piel
dos mujeres conversan bajo el abanico dorado del aire
palabras similares para cinturón y piel
‘nadie como el oscuro’
bajo la luz conversan
y de lo cierto incierta palabra dará testimonio
dará una hermana muerta
envuelta en el collar de sus ojos
cuando acuerden será sobre algo que no existe
las dos mujeres que conversan
abren en el aire del dorado abanico
a ese nadie que plata y piel transita
buscando no repetir lo irrepetible
simulaban siempre otra existencia
la que era otra y otras en las que eran
El sentido de las canciones
¿pero dicen visión ?
Un pájaro con un cajón en la boca.
Un galeón de oro tripulado por ratones blancos.
Un pez que cuando nada a dos aguas desgarra
(el casco de todos los barcos.
Una hora de nuestra vida que no lograremos recordar.
Una botella de whisky vacía con la lengua de un náufrago.