Poemas de “Ave Virgilio”

Versión de Miguel Sáenz
De “Ave Virgilio” 1959-1960
Ediciones Península, Barcelona 1988

“Ave Virgilio fue escrito en los años 59 y 60 en Inglaterra, sobre todo en Oxford, y en Sicilia, sobre todo
en Taormina. Me olvidé de él durante veinte años. Hubiera podido destruirlo con otros poemas que volví
a encontrar de la época de mis treinta, pero la razón de publicarlo ahora es que ese poema condensa, mejor
que ningún otro, el estado de ánimo en que me encontraba a finales de los cincuenta y principios de los sesenta.
En aquella época, después de terminar en el Mozarteum, me ocupaban sobre todo, además de mis estudios de
teatro, las obras de Eliot (The Waste Land) , Pound, Eluard, y también César Vallejo y los españoles Rafael
Alberti y Jorge Guillén.”

Thomas Bernhard 1981

I. Los invitados a la boda

Novia:

Nada más que rostros muertos
y detrás
nada más que profesiones muertas
tiempo muerto y morir muerto
prados muertos, campos muertos
granjas muertas, vacas muertas
cerdos muertos, arroyos muertos
y en los arroyos
peces muertos
oraciones muertas, mujeres muertas
ciudades muertas, inviernos muertos
y detrás
saberes muertos y lamentos muertos
otoño muerto y primavera muerta
la locura muerta de mi alma muerta…

Novio:

Qué muertos son ésos sin mar,
qué preguntas, qué respuestas,
qué gentes…

Qué niños son ésos sin primavera,
qué discursos son ésos sin contenido,
qué situaciones sin salida son ésas, dime
qué perros desesperados son ésos…

Qué copos de nieve son ésos sin ojos,
qué tradiciones son .ésas,
qué palabras son ésas que no consuelan,
qué frío es ése…

Qué mañanas son ésas sin cielo,
qué hombres son ésos sin mujeres,
qué mujeres son ésas sin hombres,
qué vacas son ésas sin leche,
qué iglesias son ésas sin sacerdotes…

Qué sueños son ésos sin muertos,
qué inviernos son ésos sin blanco,
qué tumbas son ésas, qué son…
qué gritos son ésos sin llantos…

A las tres de la mañana te despiertas…
enganchar de caballos,
rodar de toneles,
barren los restos del
piano destrozado…

Gruñidos de cerdo…
sueño, sueño, sueño,
reírse, toser, vomitar, reírse,
una frase que ya has oído
o leído en un libro… Cierran la puerta del
sótano,
dos caballos, siete u ocho personas,
las voces de la otra orilla…
Zell… Calibán, el posadero… Carcajadas…
Poco sitio, gritos, galopes …
pronto estará el trineo sobre el lago
helado,
pronto será sólo un trazo sobre el lago,
pronto será sólo un trazo negro en la
noche blanca…

* * * * *

II. Mañana de invierno

No es que sea incapaz
de pronunciar tu nombre…

y aunque me lincharan en la plaza del pueblo,
me arrojaran a una fosa oscura
y escupieran en mi calavera
disputándose luego mi cola,

venerable padre,
acepta mis balbuceos,
di una palabra por mí,

pues ninguno de mis taberneros paternales
me regala un tonel,
ningún cerdo sus gruñidos…

Leyendas, invierno, superpoblaciones…
en el sueño las hojas salvajes de un lluvioso
otoño,
el temprano embrutecimiento de noches apuradas,
relación de la nieve negra
con los jóvenes esposos…
Viento, aventar y verdad…
sobre la sombra del mundo.
la cama sin hacer,
los gritos de pájaros oscuros…

* * *

En el trigal:

Acaso no he pagado el precio de mi vida
antes de distinguir las tinieblas de las
tinieblas…
acaso no he evitado elogiar demasiado pronto la gloria
sombría de la noche…

Barcos, mis hermanos del horizonte,
habladme de mi madre…
…donde mi hermano estaba en la orilla,
donde mi hermana durmió a gusto
su engaño,

yo hablaba de verde manzana y de salvado de invierno,
rebuscaba en los bolsillos de mi abrigo…
Difundía desde el púlpito salmos
absurdos,
sofocaba gritos de pájaros en el
sinsentrigo…

Dos mil años después de ti
descubrí yo las ciudades,
morí yo en la colina,
yo, cráneo calcinado del norte…

Recuerdo el relampaguear de todas las estrellas
que me dio el lenguaje de pueblos extraños,
las letras de Virgilio, el hablar de mis
campesinos…

Dos mil años después de ti
estoy yo en el país, enfermizo,
ando en mis camas de diciembre…

* * *

Hostal Freumbichler

y luego:

¿Qué te pertenece a ti de ese perder la vida
y cuál es en ese perder la vida mi parte?
No te soportaría sin saber,
tú o yo
o algún durmiente de mi nombre,
tú que me confundiste con otro,
que me despertaste en lugar de a otro,
tú que me excluiste de su vanidad,
tú que me inventaste, tú mi única
poesía…

* * *

Cuatro veces, cinco, cada vez con más insistencia:

En esas casas bebí
mi cerveza…
en las conversaciones del aire,
en la frialdad de los pensamientos…

Ni uno solo de mis enterradores
me desenterró
mis tempranas desesperaciones…

Con el olor a quesería, el
sonido de los zuecos
soy, sin motivo,
el polvo de los huesos de mis
endeudados vecinos…

Sigue, sigue en silencio,
apártate de sus
entierros…
los cansancios sin sentido,

las largas noches en el
molino de las recriminaciones…
sigue, sigue,
no necesitas ningún juez…
sigue…

* * * * *

III. Duelo

Canto primero:

Se trata de purificar todos nuestros sentimientos,
sacados de los periódicos y de las callejas,
sacados de los conciertos
y de las vísperas,

se trata de purificar nuestro despertar,
se trata de todos los buenos propósitos
y en contra de todas las desesperaciones,
se trata de la yuxtaposición de dos
sinsentidos…

no se trata de esta ciudad ni de otras
ciudades,
no se trata de esta Tierra ni de otra
Tierra,
no se trata de mañana ni de
pasado mañana,
no se trata de todo lo que existe ni de lo que
no existe,
se trata sólo de nosotros dos…

* * *

Canto segundo:

Dónde diablos estás, si no estás
en estas espigas, en esta humillación,
si no estás cerca de mí, entonces en parte alguna
no oíste por qué dije que No,
no oíste mi oración fúnebre,
que nada tenía que ver con compasión,
sólo con nuestros difuntos padres…

Dónde diablos estás, para que pueda ir ahí
y adivinarte…
Pero mi muerte es más definitiva que tu muerte,
eso quiero decírtelo…

* * *

Canto tercero:

Invierno, me avergonzaba de mi lengua,
llamaba, llamaba,
sin eco era un árbol desecado
sin raíces…
preguntaba a los bosques,
me pudría con los guerreros descompuestos
hasta las sienes, ya no vivía
una vida al margen de la vida…
No mencionaba la palabra de Dios,
despertaba al batracio y a la
perdiz
al gordo faisán y a las hambrientas cornejas
con mi lamento…

* * *

Canto cuarto:

Palabras buscan palabras, emigran
de boca en boca…
… y en tus ciudades
y en tus tinieblas
y en tu palabra silenciosa…
nada…

llevan duelo, sostienen
las conversaciones de otras palabras
en libros abiertos sin palabras…

* * *

Canto quinto:

Contemplaba el mar sin ningún destino,
poseído por la idea de la inmortalidad,
por la silenciosa recaída en el desierto de la
juventud…

Dondequiera que llores
estaré yo…
exactamente ese día
mil años
y mil años después
y siempre
contigo
en tu llanto,
y muchos
te mueren
y muchos
que tú lloras
y siempre…
dondequiera que llores
estaré yo…

* * *

Escenarios de Verona:

Figuras susurrantes te cubrieron
de tinieblas,
rompieron cadenas, donde tú estabas,
te azotaron con azotes de pájaros…
Monumento de tedio en las colinas heladas,
los días se levantan negros
y tú en tu hambre.

* * *

Al final de la tumba escuché
tu voz
en la protesta de la corneja,
con viles mentiras te até
a las orillas del río…

* * *

¿Pues quién escribió antes que yo
que nadie vivió antes que tú
y nadie murió,
y nadie estuvo en mí,

quién escribió antes que yo
que la primavera era invierno
y el invierno primavera,
quién escribió antes que yo:
ésos eran nuestros nombres:
un verde negro,
un rojo mate,

quién escribió antes que yo
cómo entraba en las frías tumbas
el viento frío y la muerte fría?

* * *

tú en tu sombra,
tú en tu despertar,
tú en tu tiempo,
tú en tu gloria,
tú en tu palabra,
¡tú!

* * *

Sobrevivir
a las órdenes de la noche,
tú te refugias en los libros,
a mí me retiene la tierra
con sus pensamientos.

IV. Tu muerte no es mi muerte

1
… contemplar cómo cava el topo…

3
antes que la rosa la espina,
antes que la luz la sombra,
antes que la vejez la muerte…

5
Entonces comparecí ante ti y entré en tu sufrimiento
como si fueras una basura
y pudieras soportarme…

8
Mi zapato prueba la tristeza de las canciones
y pocos cantan conmigo, hoy ninguno,
ya no sé por qué todos
callan…

9
Director de mi oración, te exprimo
los ojos incapaces,
con lengua abierta hablo a los jornaleros,
en tu nombre
refreno la discordia
con el sueño… con la copa del árbol…

11
La muerte bajó por fin a la vida,
mató a muchos mientras despertaban,
y se puso al trabajo, cansada, impasible.

* * * * *

V: Octubre

En el montón de escombros nada significa
el lamento de la madre,
nada la intercesión del padre borracho
nada el parte de bajas del teniente
la rebelión de los cardenales nada,
nada el reproche del futuro,
el llanto de pueblos enteros nada,
nada el aire muerto,
el fin de los océanos…

Desenterré la mandíbula enterrada,
las humillaciones,
llevo mi debilidad

ante mi boca degenerada,
ante mi cráneo reseco
a mi miseria de la mañana…

En la noche
compensas los incendios del mundo
con mi imbecilidad fraterna…

Coral:
Qué quiere el día de mí
y me hace preguntas, cientos de miles de preguntas
y me presenta nombres
y revuelve mi estupidez con su
llanto…

Qué quiere el día de mí
y me clava en árboles gruesos,
se limpian su sangre en mi rabillo del ojo,
y la sangre no me deja ver la tierra, nada…

Qué quiere el día de mí,
me clava estaquillas en la carne y me hace
cantar…

* * * * *

VI. Quién en esta ciudad

¿Quién en esta ciudad es la mañana,
con qué derecho
más abierta a otros hombres,
no la experiencia del guerrero,
ni mi invención…

Quién en esta ciudad vivía de mí,
producía sólo un eco,
incapaz de una sola línea de verdad,
y no provocaba más que el sollozar de las
almas de perro
con el calor del mediodía…

Quién en esta ciudad no soporta los golpes,
el jurado de catorce horas,
los interrogatorios sin pausa de la noche…
Quién en esta ciudad no moriría
al borde de las grandes frases,
fuera de los grandes libros
cayendo, como caen los cerdos
en el olvido…?

Tú en el camino de los pensamientos…
campos embrutecidos humean
en medio de la perfección.
Conquistadores del mundo:
Dante, Virgilio, Pascal

Versión de Miguel Sáenz
De “Ave Virgilio” 1959-1960
Ediciones Península, Barcelona 1988

De “En las alturas”

[…]los infelices: los miserables: no es un cuento de hadas,
estoy en la sala del tribunal y sigo el proceso que he elegido, decido irme
del palacio de justicia, me abro paso entre la gente, bajo la escalera,
quiero hacer una pausa,
estoy junto al río,
sobre la montaña,
otra vez abajo en el río,
camino así dos, tres horas, sin tener un solo pensamiento, sólo veo imágenes,
nada más que imágenes:
mirar al río: durante semanas el único placer, el único cambio,
la única posibilidad de no hundirse,

los provincianos del föhn, estupideces,

por lo menos tres veces al año tiene que someterse elcatedrático
a una pequeña operación de ojos complicada: con una enfermedad tan avanzada
y en la mala situación económica en que se encuentra, con esosespecialistas tan caros:
ahora no ve más que sombras, sombras y nada más que sombras,
su mujer le pone la mano delante de la cara, pero él ve nada,
ella le taladra el cerebro con su taladro,
lanza algunas invectivas a sus hijos que corretean por el el prado,
les dice que vengan: paseo del domingo por la tarde:
abofetea a sus hijos, reparte sin motivo alguno bofetadas en vez de manzanas,
hasta que se agota: os criáis como cerdos, dice: oyen el tañido del martillo de
una campaña: luego la desolación se extiende sobre sus cabezas de pleno verano,
el catedrático dice: el mundo es aburrido, el mundo es aburrido entre dos y es aburrido solo,
prolonga la palabra cínico hasta que se rompe,
Dios es un gran cínico, dice, Dios es una mentira,
y a su mujer: ¿por qué no me guías?, no veo, ¿no ves que no veo? […]

* * *

[…]cuando uno corre un trecho, sin cuidarse del corazón ni los pulmones:
cuando uno corre unas horas por la tierra húmeda sin querer llegar a ninguna parte, jamás,
empieza enseguida a sudar,
ahora tiene calor, un calor insoportable,
una ráfaga de viento frío desde el desfiladero,
tengo la salud tan afectada, que basta un pequeño
empujón para hacerme caer,
basta un ridículo empujón,
¿ah sí?, nada más que días de adiós, nada más que días
de adiós a mi alrededor,
el calor y el frío se mezclan y me derriban sencillamente, me empujan a la fosa,
si uno no se defiende,
de año en año el ser humano es más vulnerable,
si no consigo terminar el manuscrito,
una deformación ridícula en mi deformado cerebro,
al final todo acaba,
el año es tirado a la basura,
la vida entera es tirada a la basura,
todo es tirado a la basura y empieza a apestar, envenena el aire de todos,
oh sí, esa fantasía traspapelada,
absurdo, parloteo,
todos esos años largos y fatigosos,
me han engañado, me han declarado culpable, se ríen de mí, me escupen,
me arrojan a la basura como un trapo apestoso,
la serie de crímenes del solitario,
con absoluta intención homicida,
con absoluta falta de responsabilidad,
el reconstruir y el sustraer y el injertar y el no preocuparse, el amontonar y el acumular
y el reducir a un objeto ridículo,

por sexta o séptima vez doy la vuelta al edificio del tribunal,
me he puesto mi grueso abrigo de invierno y un verso en la cabeza, una línea de un verso
que podría transformarse en un poema,
utilizaré todos los medios: conseguiré hacerme impopular,
sopla un viento frío, pasan trenes por el puente, el río es negro, los árboles son negros,
mi cerebro es negro, me he subido el cuello del abrigo, pero puedo ver muy bien
lo que tengo delante: ¿el qué?,
mi fusta golpea con fuerza los rostros y los lacera, mi fusta de aire, mi fusta de aire de cuero,
en su mueca hinchada,
que horroriza al cielo: golpeo con mi mano deforme
sobre la carne, ¡y revienta!,
otra vez cuento los palos de la valla: unodostrés, unodostrés unodostrés, el contar los palos me vuelve loco,
me hace perder la razón,
tiendas de telas, tiendas de libros, tiendas de carne,
tiendas de beber,
ahí entro y bebo,
tiemblo como un perro,
me siento,
estudio a la gente,
estudio las bolsas de viaje,
estudio los flecos, las orlas, estudio la basura y la escoria, las cosas repugnantes,
las formalidades bajo la mesa y las formalidades sobre la mesa,
Dios mío, me siento,
mi perro gordo, mi perro delgado, ¡siéntate!,
mi perro de todos, solo en el mundo, […]

De “En las alturas” 1959
Traducción de Miguel Sáenz
Editorial Anagrama, Barcelona 1992

De “El Doctor Glas”

Editorial Seix Barral, S.A. Barcelona, 1967
Título original de la obra: “Doktor Glas”
Traducción de Gabriel Ferrater

Fragmentos:

13 de julio

Tengo días grises y momentos negros. No soy feliz.
A pesar de todo, no conozco a nadie con quien quisiera cambiarme;
el corazón se me encoge al imaginar que yo pudiera ser tal o tal otro de mis conocidos.
No, no quisiera ser ninguna otra persona.
En mi primera juventud sufrí mucho por el hecho de ser feo, y en mi abrasador deseo
de ser guapo me tenía por un monstruo de fealdad. Ahora sé que mi aspecto es
más o menos el de todo el mundo. Lo cual tampoco me pone muy contento.
No me hago grandes ilusiones sobre mí mismo, ni en la cáscara ni en las entrañas.
Pero no quisiera ser otra persona.
Queremos ser amados, a falta de esto admirados, a falta de esto temidos, a falta de esto
odiados y despreciados. Queremos suscitar en los demás alguna especie de sentimiento.
El alma aborrece el vacío, y quiere tener contactos a cualquier precio.

* * *

14 de agosto

Quisiera tener un amigo en quien confiar. Un amigo con quien aconsejarme.
Pero no tengo a nadie, y si tuviera a alguien -de todos modos hay límites a lo que uno
puede exigir de los amigos.
Siempre he sido bastante solitario. He acarreado mi soledad por entre la multitud,
como el caracol su casa. Para algunos, la soledad no es una circunstancia en que
han ido a dar, sino un rasgo del carácter. Y mi soledad me ha enseñado una gran verdad:
ocurra lo que ocurra, tanto si las cosas salen bien como si salen mal, mi «castigo» será
siempre la prisión perpetua en incomunicación.

* * *

Quién fue el que dijo: «La vida es corta, pero las horas son largas».
Tenía que ser un matemático como Pascal, pero me parece que fue Fénelon.
Lástima que no fui yo.

* * *

4 de setiembre.

Los días vienen y se van, y uno es igual que otro.
Y la inmoralidad sigue prosperando, a lo que veo. Hoy, para variar la monotonía,
ha sido un hombre el que ha venido a pedirme que sacara de apuro a su amiguita.
Hablaba de viejos recuerdos y del profesor Snuffe del Ladugaardsland.
Estuve incorruptible. Recité en su honor el juramento hipocrático. Le impresionó tanto
que me ofreció doscientas coronas por adelantado y otras tantas post facto, junto
con su inquebrantable amistad para toda la vida.
Resultaba casi conmovedor: no parecía ser rico.
Lo eché.

* * *

7 de septiembre.

De tiniebla en tiniebla.
Vida, no te comprend0. A veces siento un mareo en el alma, cuchicheos y avisos y murmullos de que
me he extraviado. Lo he sentido hace un rato. Entonces he examinado el expediente de mi proceso:
las hojas de diario mediante las cuales interrogo mis dos voces interiores, la que quería y la que no quería.
Las he leído y releído, y no puedo menos de creer que la voz a la que finalmente obedecí era la que tenía razón,
y la otra la que sonaba a hueco. La otra voz era tal vez la más prudente, pero de escucharla habría perdido
todo respeto por mí mismo.
Y sin embargo… sin embargo…
He empezado a soñar en el pastor. Era de prever, claro, pero justamente por esto me sorprende.
Creí que podría librarme de esa prueba, precisamente porque la tenía prevista.

Comprendo que al rey Herodes le disgustaran esos profetas que andan por ahí resucitando los muertos.
Los tenía en gran estima por lo demás, pero reprobaba esa rama de sus actividades…

Vida, no te comprendo. Pero no digo que sea culpa tuya. En que yo sea un hijo desnaturalizado me parece
más verosímil que el que tú seas una madre indigna.
Y al fin empieza a despuntar en mí cierto presentimiento: que lo planeado no era que el hombre
comprenda la vida. Todo ese frenesí de explicar y comprender, toda esa persecución de la verdad,
es tal vez un extravío. Bendecimos el sol porque nos separa de él la distancia precisa que nos lo hace útil.
Unos pocos millones de millas más cerca o más lejos, y nos asaríamos o helaríamos. ¿Y si con la verdad
pasara como con el sol?
El viejo mito finlandés dice: el que ve la cara del dios tiene que morir.
Y Edipo. Resolvió el enigma de la esfinge y fue el más desgraciado de los hombres.
¡No resuelvas enigmas! ¡No preguntes! ¡No pienses! El pensamiento es un ácido que corroe.
Al principio crees que sólo va a corroer lo que está podrido y enfermo y que es mejor amputar.
Pero el pensamiento piensa de otro modo: corroe ciegamente. Empieza por la presa que le arrojas de mejor grado,
pero no creas que con ella se sacia. No para hasta devorar tu última y más querida reserva.
Tal vez yo no hubiera debido pensar tanto; tal vez hubiera hecho mejor prosiguiendo mis estudios.
«Las ciencias son útiles porque impiden que los hombres piensen». Un hombre de ciencia lo dijo.
Más me hubiera valido tal vez vivir la vida, como dicen, o dar gusto al gusano, como dicen también.
Mejor ir a esquiar y jugar al fútbol, hacer una vida sana y alegre, con mujeres y niños. Mejor casarme y echar niños
al mundo, mejor hacer lo debido. Cosas así son agarres y soportes. Tal vez ha sido también una tontería el no haberme
arrojado a la política y presentado a elecciones. También la patria nos necesita. Bueno, para eso tal vez quede tiempo todavía …
Primer mandamiento: no comprenderás demasiado.
Pero el que comprende este mandamiento, ése ya ha comprendido demasiado.
Me mareo, todo da vueltas a mi alrededor.
De tiniebla en tiniebla.

Editorial Seix Barral, S.A. Barcelona, 1967
Título original de la obra: “Doktor Glas”
Traducción de Gabriel Ferrater

Cantos durante la huida

Dura legge d’Amor! ma, ben che obliqua,
Servar convensi; però ch’ella aggiunge
Di cielo in terra, universale, antiqua«

Petrarca, “I Ttriunfi”

I
La hoja de palma se parte con la nieve,
las escaleras se derrumban,
la ciudad yace tiesa y brilla
en el extraño resplandor de invierno.

Los niños gritan y suben
a la colina del hambre,
comen de la blanca harina
y rezan al cielo.

La rica quincalla invernal,
el oro de las mandarinas,
vuela en las ráfagas salvajes.
Rueda la naranja sanguina.

II
Yo, sin embargo, yazgo solo
encerrado en hielo, lleno de heridas.

Todavía la nieve
no me vendó los ojos.

Los muertos, abrazados a mí,
callan en todas las lenguas.

¡Nadie me ama ni ha agitado
una lámpara para mí!

X
¡Oh amor, que rompiste y tiraste
nuestras cortezas, nuestro escudo,
el cobijo y la herrumbre marrón de años!

¡Oh penas, que pisándolo apagaron nuestro amor,
su fuego húmedo en las partes sensibles!
Llena de humo, sucumbiendo en el humo, la llama se repliega.

XII
Boca que durmió en mi boca,
ojo que vigiló mi ojo,
mano-

y los que me arrasaron, los ojos!
¡Boca que pronunció la sentencia,
mano que me ejecutó!

XV
El amor tiene un triunfo y la muerte tiene otro,
el tiempo y el tiempo de después.
Nosotros no tenemos ninguno.

A nuestro alrededor sólo hundirse de astros. Destellos y silencio.
Mas la canción por encima del polvo después
va a superarnos.

Currículum Vitae

Larga es la noche,
larga para el hombre
que no puede morir, largamente
se tambalea bajo farolas
su ojo desnudo y su ojo
cegado por el aliento de aguardiente, y el olor
a carne mojada bajo sus uñas
no siempre le aturde, oh dios,
larga es la noche.

Mi cabello no se encanece
porque salí del vientre de las máquinas,
Rosarroja* me untó de alquitrán la frente
y los mechones, habían estrangulado
a su hermana, blanca como la nieve. Pero yo,
el jefe de la tribu, pasé por la ciudad
de diez veces cien mil almas, y mi pie
pisaba las cucarachas del alma bajo el cielo de cuero, del cual
pendían diez veces cien mil pipas de la paz,
frías. Una calma de ángeles
deseé a menudo para mí
y cotos de caza llenos
de los gritos impotentes
de mis amigos.

Con las piernas y las alas abiertas
subía la sabihonda juventud
sobre mí, sobre el estiércol, sobre el jazmín,
hacia las inmensas noches del secreto
de la raíz cuadrada, la leyenda de la muerte
empaña mi ventana cada hora,
dadme euforbia y verted
la risa en mi garganta
de los viejos que nos antecedieron, cuando
caiga yo sobre los infolios
en el sueño vergonzoso,
para que no pueda pensar,
para que juegue con flecos
de los que cuelgan serpientes.

También nuestras madres
soñaron con el futuro de sus maridos,
los vieron poderosos,
revolucionarios y solitarios,
pero después del retiro los han visto encorvados en el huerto
sobre las llameantes malas hierbas,
mano a mano con el fruto charlatán
de su amor. Triste padre mío,
¿por qué callasteis entonces
y no habéis seguido pensando?

Perdido en las cascadas de fuego,
En una noche junto a un cañón
que no dispara, condenadamente larga
es la noche, bajo el esputo
de una luna enfermiza, su luz
biliosa, pasa volando sobre mí
el trineo con la historia
embellecida,
en la vía del sueño de poder (lo cual no impido).
No era que yo durmiese: estaba despierto,
entre esqueletos de hielo buscaba el camino,
volvía a casa, me ceñía el brazo
y la pierna con hiedra y con restos
de sol blanqueaba las ruinas.
Respeté los días festivos,
y sólo si mi pan estaba bendecido
lo comía.

En una época arrogante
hay que pasar de prisa
de una luz a otra, de un país
a otro, bajo el arco iris,
con la punta del compás en el corazón,
tomando la noche por radio.
Abierto de par en par. Desde las montañas
se ven lagos, en los lagos
montañas, y en el armazón de las nubes
se balancean las campanas
de un mundo. Saber de quién
es ese mundo, me está prohibido.

Ocurrió un viernes:
-yo estaba ayunando por mi vida,
el aire chorreaba del zumo de los limones
y la espina estaba clavada en mi paladar­
entonces saqué del pez abierto
un anillo que lanzado
al nacer yo, cayó en el río
de la noche y se hundió.
Yo volví a lanzarlo a la noche.

Oh ¡si no tuviera miedo a la muerte!
Si tuviera la palabra
(y no la errase)
si no tuviera cardos en el corazón
(y rechazara el sol),
si no tuviera avidez en la boca
(y no bebiera el agua salvaje),
si no abriera el párpado
(y no hubiera visto la cuerda).
¿Están tirando del cielo?
Si no me sostuviera la tierra
hace tiempo que yacería quieta,
hace tiempo que yacería
donde me quiere la noche,
antes de que hinche las narices
y levante su casco
para nuevos golpes,
siempre para golpear.
Siempre la noche.
Y nunca el día.

*Rosarroja y Blancanieves son hermanas en el cuento.

El tiempo postergado

Vienen días más duros.
El tiempo postergado hasta nuevo aviso
asoma por el horizonte.
Pronto tendrás que atarte los zapatos
y correr los perros de vuelta a las granjas marismeñas.
Pues las vísceras de los peces
se han enfriado al viento.
Arde pobre la luz de los altramuces.
Tu mirada rastrea la niebla:
el tiempo postergado hasta nuevo aviso
asoma por el horizonte.

Allí se te hunde la amada en la arena,
sube por su cabello ondeante,
le quita la palabra,
le ordena callarse,
le parece mortal
y dispuesta a la despedida
tras cada abrazo.

No mires hacia atrás.
Átate los zapatos.
Corre los perros de vuelta.
Tira los peces al mar.
¡Apaga los altramuces!

Vienen días más duros.

En la penumbra

De nuevo metemos los dos las manos en el fuego,
tú, para el vino de la noche largamente embodegada,
yo, para la fuente de la mañana, que desconoce los lagares.
Aguarda el fuelle del maestro, en quien confiamos.

Al sentir el calor de la preocupación, el soplador se acerca.
Se va antes de que amanezca, viene antes de que llames, es viejo
como la penumbra en nuestras tenues cejas.

De nuevo, él prepara el plomo en caldera de lágrimas,
a ti, para un vaso -se trata de celebrar lo desaprovechado-,
a mí, para el pedazo lleno de humo -este se vacía sobre el fuego.
Así avanzo hasta ti y hago sonar las sombras.

Descubierto está quien ahora vacile,
descubierto, quien haya olvidado el dicho.
¡Tú no puedes ni quieres saberlo,
tú bebes del borde, donde está fresco,
y como antaño, bebes y permaneces sobrio,
a ti aún te crecen cejas, a ti aún te contemplan!

Pero yo ya aguardo el momento
en amor, a mí se me cae el pedazo
en el fuego, a mí se me convierte en el plomo
que era. Y detrás de la bala
estoy yo, tuerta, segura del blanco, delgada,
enviándola al encuentro de la mañana.

Explícame, amor

Tu sombrero se levanta despacio, saluda, y vuela al viento,
tu cabeza desnuda enamora a las nubes,
tu corazón tiene que hacer en otra parte,
tu boca asimila lenguas nuevas,
la hierba tembladera menudea por aquí,
el verano apaga y enciende los ásteres con un soplo,
ciego por los copos levantas el rostro,
ríes y lloras y te hundes en ti,
qué más ha de ocurrirte –

¡Explícame, amor!

El pavo con solemne asombro hace la rueda,
la paloma levanta su collar de plumas,
el aire se dilata repleto de arrullos,
grita el ánade, el país entero
se sirve de la miel silvestre, también en el sereno parque
los arriates están enmarcados con un polvo dorado.

El pez se ruboriza, adelanta a la bandada
y se precipita entre grutas al lecho de coral.
Al son de la música de la arena plateada baila tímido el escorpión.
El escarabajo huele de lejos a la más espléndida;
¡si yo tuviera sus sentidos, notaría también
que brillan alas bajo el caparazón de ella,
y tomaría el camino del fresal lejano!

¡Explícame, amor!

El agua sabe hablar,
la ola toma a la ola de la mano,
en la viña el racimo se hincha, salta y cae.
¡Cuán confiado sale el caracol de su casa!

¡Una piedra sabe conmover a otra!

Explícame amor, lo que no sé explicar:
¿trataré durante este tiempo corto y hostil
únicamente con pensamientos y sólo yo
no conoceré ni haré nada afectuoso?
¿Tiene uno que pensar? ¿No le echarán de menos?

Dices: otro espíritu cuenta con él…
No me expliques nada. Veo a la salamandra
pasar por todos los fuegos.
Ningún horror la persigue y nada le causa dolor.

Invocación a la Osa Mayor

Osa Mayor, baja, hirsuta noche,
animal de piel de nubes con ojos viejos,
ojos de estrellas,
por la espesura irrumpen relucientes
tus patas con las garras,
garras de estrellas,
mantenemos despiertos los rebaños,
pero encantados por ti, desconfiamos
de tus flancos cansados y de tus dientes
agudos y semidescubiertos,
vieja osa.

Una piña: vuestro mundo.
Vosotros: sus escamas.
Yo la muevo, la hago rodar
desde los abetos del principio
hasta los abetos del final,
la resoplo, la pruebo en la boca
y la agarro con las zarpas.

Ya tengáis miedo o no lo tengáis,
pagad en la limosnera y dadle
al ciego una buena palabra,
para que sostenga a la osa de la correa.
Y sazonad bien los corderos.

Podría ser que esta osa
se soltara, no amenazara ya más
y corriera tras todas las piñas caídas
de los abetos grandes y alados
que cayeron del paraíso.

Nueva

Sale del atrio celestial templado de cadáveres el sol.
No están allí los inmortales,
sino los caídos en batalla, oímos.

Y el esplendor no repara en la putrefacción. Nuestra deidad,
la Historia, nos ha dispuesto una sepultura
de la que no hay resurrección.

Publicidad

Pero adónde vamos
no te preocupes no te preocupes
cuando oscurece y cuando viene el frío
no te preocupes
pero
con música
qué debemos hacer
alegre y con música
y pensar
alegre
cara a un final
con música
y adónde llevamos
mejor
nuestras preguntas y el escalofrío de todos los años
a la lavandería de sueños no te preocupes no te preocupes
pero qué ocurre
mejor
cuando sobreviene

un silencio de muerte.

Salmo

1
¡Callad conmigo, como callan todas las campanas!

En la placenta de los horrores
buscan las sabandijas alimento nuevo.
Públicamente, cuelga los Viernes Santo una mano
en el firmamento, le faltan dos dedos,
y no puede jurar que todo,
todo, no haya sido y que nada
será. Se hunde en las nubes pardas,
arroba a los nuevos asesinos
y sale absuelta.

De noche, sobre esta tierra,
forzar ventanas, darle para atrás a las sábanas,
que quede al descubierto el embozo de los enfermos,
una llaga llena de alimento, infinitos dolores
para todos los gustos.

Enguantados contienen los carniceros
el aliento de los desembozados,
la luna en la puerta cae al suelo,
no recojas los fragmentos, la cinta de la que colgó…

Todo estaba preparado para la extremaunción.
(El sacramento no puede llevarse acabo).

2
Qué vanidad de vanidades.
Arrastra una ciudad hasta ti,
levántate del polvo de esa ciudad,
toma posesión de un cargo
y enmascárate
para no ser desenmascarado.

Cumple las promesas
delante de un espejo ciego en el aire,
delante de una puerta cerrada en el viento.

Intransitados están los caminos sobre la pared a plomo del cielo.

3
Oh ojos, que la tierra, almacén solar, quemó,
con la carga de lluvia de todos los ojos cargados,
cubiertos ahora de hilos, de telas
hiladas por las arañas trágicas
del presente …

4
En la cuenca de mi mudez
pon una palabra
y levanta grandes bosques a ambos lados,
que mi boca
entera quede en la sombra.

Sólo cosas sombrías

Como Orfeo, toco
en las cuerdas de la vida la muerte,
y ante la belleza de la tierra
y de tus ojos, que administran el cielo,
sólo sé decir cosas sombrías.

No olvides que también tú, de pronto,
aquella mañana, cuando tu lecho
todavía estaba húmedo de rocío y el clavel
dormía junto a tu corazón,
viste el río oscuro
pasar a tu lado.

La cuerda del silencio,
tensada sobre la ola de sangre,
puso manos en tu corazón sonante.
Transformado quedó tu rizo
en la cabellera de sombras de la noche,
los copos negros de las tinieblas
nevaron tu semblante.

Y mi lugar no está a tu lado.
Ahora nos lamentamos los dos.

Pero como Orfeo, sé
junto a las cuerdas de la muerte la vida,
y en mí reverbera el azulado
de tu ojo por siempre cerrado.

Temprano mediodía

Silencioso verde a el tilo en el verano inaugurado,
muy apartada de las ciudades tiembla
el brillo opaco de la luna diurna. Ya es mediodía,
ya se agita en la fuente el chorro,
ya se alza bajo el destrozo
el ala maltratada del pájaro de fábula,
y la mano, desfigurada por tirar la piedra,
cae en el despertar del trigo.

Donde el cielo de Alemania ennegrece la tierra,
busca su ángel decapitado una tumba para el odio
y te entrega el cuenco del corazón.

Un puñado de dolor se pierde sobre la colina.

Siete años más tarde
te acuerdas nuevamente,
junto a la fuente, ante la puerta,
no mires demasiado profundamente,
se te saltarán los ojos.

Siete años más tarde,
en casa de amortajado,
apuran los ayer verdugos
el vaso dorado.
Se te hundirían los ojos.

Ya es mediodía, en las cenizas
dobla el hierro, sobre el mandril
está izada la bandera, y sobre la roca

del sueño ancestral, queda de aquí en adelante
forjada el águila.

Solo la esperanza, aquejada de ceguera, está acurrucada bajo la luz.
¡Rompe sus cadenas, guíala
ladera abajo, ponle
la mano sobre los ojos, que no la
abrase ninguna sombra!

Donde la tierra de Alemania ennegrece el cielo,
busca la nube palabras y llena el cráter de silencio
antes de que el verano las perciba bajo la llovizna.
Lo inexplicable recorre, en voz baja, el país:
ya es mediodía.

Todos los días

Ya no se declara la guerra,
se prosigue. Lo inconcebible
se ha hecho cotidiano. El héroe
permanece alejado de los combatientes. El débil
ha avanzado hasta las zonas de fuego.
El uniforme de diario es la paciencia,
la condecoración, la mísera estrella
de la esperanza sobre el corazón.

Se concede
cuando ya no pasa nada,
cuando el fuego nutrido ha enmudecido,
cuando el enemigo se ha hecho invisible,
y la sombra del armamento eterno
oscurece el cielo.

Se concede
por abandonar las banderas,
por el valor ante el amigo,
por revelar secretos indignos
y desacatar
toda orden.

Toma de tierra

Llegué a las dehesas
cuando ya era de noche,
olfateando en los prados la hierba
y el viento antes de levantarse.
Ya no pastaba el amor,
las campanas se habían extinguido
y los haces de hierba endurecido.

En el suelo había un cuerno clavado
por el obstinado animal de guía
hundido en la oscuridad.

Lo saqué de la tierra,
lo alcé al cielo
con todas mis fuerzas.

Para llenar este país
del todo con sonidos
toqué el cuerno,
dispuesto a vivir en el viento venidero
y bajo los tallos ondeantes
de cualquier procedencia.

Una especie de pérdida

Usados en común: estaciones del año, libros y una música.
Las llaves, los boles de té, la panera, sábanas y una
cama.
Un ajuar de palabras, de gestos, traídos, empleados,
gastados.
Un reglamento de casa observado. Dicho. Hecho. Y
siempre alargada la mano.
De inviernos, de un septeto vienés y de veranos me he
enamorado.
De mapas, de un poblacho de montaña, de una playa y de una cama.
Con fechas he hecho un culto, promesas he declarado
irrevocables,
he adornado un algo y he sido devota delante de una nada,
(-de un periódico doblado, de las cenizas frías, del
papel con un apunte)
impávida ante la religión, porque la iglesia era esta cama.
De la vista de un lago surgió mi pintura inagotable.
Desde el balcón había que saludar a los pueblos, mis
vecinos.
Junto al fuego de la chimenea, en la seguridad, mi
cabello tenía su color más intenso.
La llamada a la puerta era la alarma para mi alegría.
No te he perdido a ti,
sino al mundo.

Vuelo nocturno

Nuestro campo es el cielo,
arado con el sudor de los motores,
frente a la noche,
bajo la intervención del sueño.

Soñado sobre calvarios y piras,
bajo el tejado del mundo, cuyas tejas
se ha llevado el viento -y ahora, lluvia, lluvia, lluvia
en nuestra casa y en los molinos
los ciegos vuelos de los murciélagos.
¿Quién vivía allí? ¿Quién tenía límpidas las manos?
¿Quién resplandecía en la noche,
fantasma a los fantasmas?

Al abrigo del plumaje de acero, interrogan
instrumentos el espacio, relojes y escalas,
la maleza de nubes, y roza el amor
el lenguaje olvidado de nuestro corazón:
corto y largo largo… Durante una hora
bate granizo el tímpano del oído,
que, desafecto a nosotros, escucha y distorsiona.

No ha desaparecido el sol ni la tierra,
solo se han movido como astros, irreconocibles.

Nos hemos remontado de un puerto
en que no cuenta el retorno,
ni la carga ni la pesca.
Las especias de la India y las sedas del Japón
les pertenecen a los comerciantes,
como los peces a las redes.

Pero se percibe un olor
que se anticipa a los cometas,
y el tejido del aire
desgarrado por el cometa caído.
Llámalo estado de los solitarios
en que se lleva a cabo el asombro.
Nada más.

Nos hemos remontado, y los conventos están vacíos
desde que toleramos, una orden, que no salva ni enseña.
Actuar no es asunto de los pilotos. Tienen la vista fija
en las bases y extendido sobre las rodillas
el mapa de un mundo al que nada hay que añadir.

¿Quién vive ahí abajo? ¿Quién llora…?
¿Quién pierde la llave de la casa?
¿Quién no encuentra su cama, quién duerme
sobre los umbrales? ¿Quién, cuando llega la mañana,
se atreve a interpretar la estela de plata: mirad, por encima de mí…?
Cuando el agua impulsa de nuevo la rueda del molino,
¿quién se atreve a recordar la noche?