Y si regresas
con otra mitad que te puso el mundo
perdida ya en la memoria de la piel
bajo tus manos
ausente el gesto del antiguo abrazo
no me busques.
Te prefiero limpio y humano
como cuando nos bebimos los dos
intentando atrapar la plenitud.
Poemas panameños
Siempre estás allá, como el mañana.
Procurando abreviar la espera mía,
amanezco mil veces cada día
y echo a volar el cielo en la ventana.
Para encender una esperanza vana,
para aromar de músicas la vía
y constelar la soledad vacía
le basta al hombre con su sed humana.
Al clausurar el sueño,
cuando cerré la carta
y volví a la rutina,
descolgué el corazón
para no recibir llamadas.
Me puse el rostro sereno,
eché al bolsillo las llaves,
los saludos y las gracias.
Con anteojos oscuros
me protegí contra la realidad quemante,
porque en el clima nuestro
hace daño mirar las cosas cara a cara;
produce irritación
y puede provocar lágrimas.
Se ramifica el frenesí en tus dedos
predispuestos al viaje apasionado
sobre las aguas, que en silencio esperan…
O tal vez, más efímero,
en impetuoso vuelo sin escalas,
tan lejos del dolor como de la esperanza,
porque en esta confluencia venturosa
besas hacia el adiós, sin recordarlo.
Fluyen en la mente
como peces
enfilando
hacia ignota carnada
y no se detienen
a respirar
ni cuando duermes
porque eres una máquina
perfecta
que sólo habrá de suspender
su ritmo
al final
de la última jornada.
En el solo espacio
abierto
congregarla -mi poesía-,
rescatando
alientos y quebrantos
que viejas o inéditas
aletean aún
porque todavía significan
-al menos para el hombre diferente/igua al
que sigo siendo.
Retomarla desde la óptica
del más reciente cuándo
y del adónde enexorable
en los que agradecido sobrevivo.
Por horas
permanezco
como en trance
oyéndome pensar
por horas.
Puedo sentarme quieto
un día entero
y hasta varios días
sin que sepa
por qué me agreden
como víboras hambrientas
los atardeceres de la memoria.
Hay días
en que salgo a buscarme
y no me encuentro
por ningún lado.
Si acaso logro verme
en alguna fuente clara
o detrás de la fachada
de un escaparate
resulta que es otro
el que me está mirando
como un reflejo.
Prendada estoy del aguacate.
No dejo de pensar
en su acuosa existencia verde,
la luz vegetal balanceada
en su cuerpo de fruta,
convidándome la dentellada.
Aún pienso en el aguacate
de unos ojos que he visto.
La primera vez
la sangre,
como hija,
caminó por la vida
con su verdad,
y fue siempre
hasta el final
anunciando
la fertilidad
y todos sus tiempos.
Anclando el ebrio
movimiento de sus hierros,
la nave espera madurar
la digestión del plátano
en su bodega de hielo,
mientras canta
todavía
el estibador.
El mar se ancla
dormido
en la pacífica piedra
del muelle,
la pared magnífica
en que descansan las olas
hasta el próximo temporal.
Como sedales
aún mojados
que no niegan la huella
en que anda
su naturaleza pescadora,
el olor que desprenden
las branquias de sal
me guía al mercado.
Entiendo al aire
cuando lo impulso,
desde mi boca lo llevo
al caracol de tu oído
y se estanca como el mar
para ser escuchado.
La atormentada
necesidad del agua
va raptando el último
agujero de sol,
y de pronto las ánimas
que trae el viento
me despiertan
las ganas de estar
acompañada.
Estos pliegues de vida
colgados a los huesos
esta cintura aún visible
donde te aferras
a ratos
estos muslos anchos recios
que trotan tus espacios
esta cadera ahuecada
estuche para tus manos
estas piernas que te asfixian
con nudo de terciopelo
desde la oscura garganta
hasta el fuego
-tierno
mástil
que trastorna los sentidos-
estos pies que te caminan
estas manos que te hurgan
esta mujer que te quiere,
aquí
en el cuarto imperfecto.
La luna es el día incendiado bajo el árbol.
El agua quema mi garganta
sólo una palabra fresca
inunda mi cuerpo y mi alma.
Es la palabra que juntó nuestros pasos
en cualquier esquina
y tropezó entre sombras
y adoquines
y encontró el camino del mar
perdido.
Soy recinto
de todas las palabras colgadas en el viento
de la luz que atraviesa mi curva cordillera
de la canción del sueño
del mar con sus espumas
del alma desbocada al filo de una estrella
Soy voz
que no se esconde
que explora sus tejidos
que aúlla en el misterio de todos los silencios
que murmura a la vida
que acecha en la vigilia
que da vuelo a la risa venciendo la nostalgia.
Si mañana la mano
izquierda
me amanece muda
no confiaré en las palabras.
Las frases serán
un río de astilla
y dedos heridos
Si mañana
un relámpago invalida
mis noches, las mañanas
¿cómo les comunico
el dolor o la alegría?
Al borde de la tarde
cuando el silencio crece
y limita la libertad
que habita en la garganta
te encontré
-alternativa de la angustia-
pálida como la bandera
de todas las aspiraciones humanas.
Aquí, contigo, en ti
sobre tu cuerpo escribo,
trazo increíbles garabatos
con la vara del recuerdo.
Con las sílabas de mi carne
describo descabellados actos
aprendidos de memoria
a flor de calle
y apenas alcanzo a descubrir
el infierno que arde en tu boca.
Se requiere mujer hermosa;
senos mirando al cielo de por lo menos
dieciocho pulgadas cada uno
torneando suavemente una
cintura tierna que las manos
puedan abarcar dentro de veinte pulgadas
más abajo treinta y seis esta vez
sobre la pelvis
todo será canjeado por un viaje alrededor
del mundo automóvil último modelo
maridos eventuales presentacioens en TV
anuncios publicitarios
y el mejor maquillaje a prueba de agua
que se conozca.
Dos amigos por la vida andan
juntos como hermanos
se trenzan por la misma vía
van como tiburones jadeantes invencibles
reman con sus dos fuerzas contra
una corriente que luego de discutida y analizada
resulta lamentable a ojos vista
hasta que un día
uno de ellos ciego cogido por la cola
rompe el hechizo
-el amor no basta-
los dos amigos se hablan luego sólo de vez en cuando
ya no se miran a los ojos
justifican un encuentro casual con intermitencias
aisladas
de allí en adelante
seguirán siendo tiburones jadeantes enflaquecidos
con un par de tristezas sobre el río.
La única mujer que puede ser
es la que sabe que el sol para su vida empieza ahora
la que no derrama lágrimas sino dardos para
sembrar la alambrada de su territorio
la que no comete ruegos
la que opina y levanta su cabeza y agita su cuerpo
y es tierna sin vergüenza y dura sin odios
la que desaprende el alfabeto de la sumisión
y camina erguida
la que no le teme a la soledad porque siempre ha estado sola
la que deja pasar los alaridos grotescos de la violencia
y la ejecuta con gracia
la que se libera en el amor pleno
la que ama
la única mujer que puede ser la única
es la que dolorida y limpia decide por sí misma
salir de su prehistoria.
No significa nada, Patria, nuestro dolor de antes.
Es ahora cuando nos duele el cuerpo y el alma y la vida.
Es ahora cuando respiramos sangre por tanto tiempo contenida.
Es ahora, Patria,
cuando nos abrochamos el cordón umbilical al corazón
y podemos marchar contigo
y podemos dolernos, hacia adentro,
con dolor de Patria
por tantos muertos y tantos caídos.
Durante toda una mañana
contemplo niños jugando en el parque
en mi infancia yo fui como ellos
también disfruté del aire y lancé mis
manos como mariposas hacia la copa de los árboles
ahora en cambio ellos siguen corriendo
mientras yo permanezco
y no recuerdo en qué preciso momento
mis manos ya no fueron más mariposas
Eres más fuerte que una máquina
hasta ahora has hecho el trabajo
tuyo y el de otros
eres más inteligente que el tiempo
has ganado más batallas que los
que las han provocado
eres más suave que el rocío
más ligera que el viento
y todavía preguntas ¿qué hacer?
No como el hombre que plantea Prevert
que nada puede contra ese mundo
en el que sólo el hombre
llena los estómagos
no
como ese
que a duras penas
imagina
cabezas de ternera
o cualquier cosa
con tal que sea
comestible
no
como ese
que mueve suavemente
las mandíbulas
porque -claro- entre ellas
aprieta apenas viento
no
como ese
de ojos
de manos
de patas de borrego
no
como ese
que nada tiene que perder
pues nada tiene
sino
como este nuevo
que va a tomar lo suyo
lo que de siempre le perteneció
y le fue usurpado
todos los frutos las carnes las aguas las flores
-que también
pueden
comerse
las flores-
y sabe
que de ahora en adelante
destruirá
al que quiera arrebatarle
su dicha
Algún día
echaremos a los niños
el cuento del soldado Calley
que mató y mató
entre drogas tragos y chingongo
mascado
arriba y abajo de los dientes
algún día
echaremos a los niños
el cuento de Angela Davis
que se levantaba cada mañana
dudando
entre ponerse la armadura contra las balas
o llenarse los bolsillos
la carterita y la ropa interior
con glicerina
porque se dio cuenta que era negra
toda negra:
alma
cuerpo
futuro
y pensó en voz alta que era un lindo color
algún día
echaremos a los niños
el cuento aquel del águila
que se hizo vieja
viciosa
ciega
y no se enteró
sino muy muy tarde
que ya bajo sus garras
bajo sus patas bajo sus dos alas
momificadas
nadie
-porque ya no había locos criminales ni mafiosos-
esperó más
a que contáramos
esta historia
Si para trabajar te bastan las manos
para comer te bastan las manos
para luchar te bastan las manos
para amar te bastan las manos
para morir te bastarán las manos
¿para qué quieres más?