¿Qué? ¿Dónde?

Desde Rijmenam lanzo pensamientos,
lazos por el espacio;
y, mira, flotan sueltos
se tornan aros y
¿qué?, ¿dónde?; no vuelven a mí.

Estoy sentado aquí y pienso ¿dónde están
mis aros, dónde mis lazos?
Y presumo que mis
pensamientos muy allá lejos preguntan
¿qué? ¿dónde?: es Fa Claes en Rijmenam.

Año nuevo

Bailarinita, Año Nuevo,
tan dulce, tan alegre, agachada todavía,
y ella misma una lazadilla
para que con una lazadilla
sus zapatillas
pueda atar.

Un momentito todavía,
y me yergo
y empiezo a bailar
lazadilla tras lazadilla
para que a todos, el uno al otro
y a todos a mí, pueda atar.

Año nuevo de 2000

Un poquito, como una mañana cuando sale el sol,
esquiva la penumbra la niebla de tus ojos.
Ves iluminarse los colores,
la luz te levanta el corazón y la esperanza
te envuelve en una ola. Hoy.
Todavía un momento y todo será posible hoy.
Puede que haya primavera en el invierno,
verano y sol y sonrisa y gritamos
y oímos gritar: ‘¡Llego, llego!’
Nos miraremos a los ojos
y diremos y oiremos decir:
«Te amo, amor, tanto… Tanto te amo…»

Como la mañana cuando sale el sol.
Quienes están delante de las puertas -nosotros estamos
delante de las puertas, todos nosotros estamos aquí-
ven ceder sus hojas por el mundo entero
ante el deseo, la buena voluntad.
‘¡Llego!’ Por las puertas afluyen
las muchedumbres como luz, como
agua, como tiempo y eternidad,
un sueño como el año nuevo de dos mil
que en ningún aspecto
difiere de hoy
en Rijmenam el universo,

cada mañana cuando sale el sol.

Bestia

¡Ay! ¡Ay!
Somos una gran bestia salvaje
que vive de miles de millones de células:
se llaman hombres.

A veces -¡Ay! ¡Ay!- a miles los contrae,
manda a veintidós de ellos al campo
y coloca a los otros alrededor en amplio óvalo.

Con vehementes contracciones la ola
recorre las células y tras mucha batahola
la bestia en hordas las expulsa.

A veces -¡Ay! ¡Ay!- a millones las arrastra,
chillan hasta resquebrajarse la tierra y
violentamente una pata sucia
y sus pretensiones levantan.

Pero cuando sus habladurías se derrumban,
entran a gatas por pasillos, tubos,
cavernas, tierra, Rijmenam,
donde cada uno piensa de sí mismo:
yo, lo otro es mierda, es mundo
y eso tiene menos… ¡no!,
no tiene ninguna importancia.
¡Ay! ¡Ay! – ¡Ay! ¡Ay! Que sean
tres veces: ¡Ay! ¡Ay!

Carácter

Dime, carácter mío de mierda,
¡qué difícil vivir con él!;
imagínate, desde que nací
te arrastro por todas partes.

Mira, tan sosegado ahora, pecio de
barco encallado. Apenas piensa,
apenas respira con demacrado
tórax en quilla.

Buenos días, tú, buenos días en la oscuridad.
Vaya hombre, un error, nosotros juntos yo,
nosotros los muchos los insoportables,
quienes unos a otros se amargan las horas.

Dime en la oscuridad: buenos días.
Vida contigo arrastro por todas partes
desde mi nacimiento. Imagínatela
insoportablemente encallada.
¡Vete a la mierda!, carácter. ¡Vete a la mierda!, pecio.

Certeza

¿La certeza respecto al hombre?
Hay una: morirá.
Y por más que el mundo jure y
rabie resistencia: ¡eso jamás!
Probaremos a toda costa
que somos inmortales
y, si no sale bien,
salta, mozo, salta
en el pozo de la fe.

Y saltar es lo que hacen, hombre,
por centenares, a millares, en compañía;
y están seguros de esto:
cuanto más gente salta,
tanto más segura se torna su fe.

Consuelo crepuscular

¿El lado hermoso de la vida?
Que tenga su complemento
en el otro lado abominable;
en nada lo hace más hermoso
aunque no lo aniquila.

Los dos están
incomprehensibles el uno al lado del otro.
Es particularmente difícil
desde los momentos oscuros ver algo
que de cualquier manera podría ser luz.

Francamente, no sabría dónde
en Rijmenam, dónde en el universo
encontraría consuelo.
Pero lo que deploro más:
no sé nada con que
pudiera consolar
Rijmenam o el universo.

Eso pone pena sobre pena.
Pienso. Inclino la cabeza,
sigo trabajando. Y callo.

Cuento

¿Pequeño? Aquí en Rijmenam
todo es pequeño.
La plazuela es pequeña,
las calles son pequeñas,
los hombres son pequeños.
En Rijmenam todo es pequeño.

¿Pequeño? Aquí en la tierra
todo es pequeño.
El ansia del dinero es pequeña,
la crueldad sanguinaria es pequeña,
y sobre todo el amor es pequeño.
En la tierra todo es pequeño.

¿Pequeño? En el universo
todo es pequeño.
Los quarks son pequeños,
los leptones son pequeños,
e incluso en cualquier parte
los siete enanos son pequeños.
Entonces, ¿qué me importa a mí
que tenga que ser pequeño en el universo
o en Rijmenam?

Cultura

Estoy en Rijmenam entre montañas.

En el tiempo en que ejecutaban
dos veces el concierto para trompeta
y trombón de Peter Cabus,
he quitado el polvo en el salón,
he pasado por las aguafuertes
de Karel Mechiels y Frida Duverger,
al lado de cuadros de
Lily e Ingrid de Volder
y retratos de René Smits.

‘Ja ja’, pienso en voz alta para mí mismo,
estoy mirando a mi alrededor con la mano en la cintura
‘todo arte, todas obras de arte,
nuestra casa reluce con ellas,’
y pienso de nuevo.

Para mi asombro me oigo
declarándome respetuosamente a mí mismo:
“¡santo cielo! cómo por todo lo alto
estoy aquí, colmado, entre ecos,
entre montañas, mis amigos,
maestros, el apogeo,
mi admiración.”

Cumplimiento

Mediodía, pero sombrío el aire.
Hay tormenta, la lluvia retumba y
el relámpago hiende.

De pronto estamos siglos atrás.
La tierra humea, se arremolina, hierve.
Titanes de agua en ráfagas,
el aire resuena cuando el fuego
quema la cortina.

La evolución ha comenzado apenas
aquí, yo, en Rijmenam.

¡Dios!, ¡Dios!, pudiera mañana encontrarse unos miles
de quintillones de eones y más tarde aún,
quiero escribir: el cumplimiento
de los esfuerzos,
de tanto esfuerzo
la solución, por fin,
el resultado más consumado.

De otra manera

¿Qué, si en otra parte es posible
de otra manera?

La pesadilla de mis sueños,
la jungla de mi odio y mi amor;
la selva de copular, tragar, matar.

Mi libertad; y en el centro yo,
recogiéndome a mí mismo
de trozos memoria, de deseo,
y, si es preciso, de invenciones
de las rayas de mi mano,
yo aquí en Rijmenam.

Y qué, si en otra parte es posible
de otra manera.

De puertas adentro

Leo filosofía,
un pavo disecado,
la enfermedad de lujo,
teorizante con un chorro de ron,
vanidad con una gota de nata,
el gusto una lengua gorda.

¿Qué es verdad de toda esta
bien revuelta prueba rociada con salsa?

No superas la estructura,
no pasarás de unos ismos;
en mi cinturón, diez cabecitas
del tamaño de un puño.

Sal al mundo, hombre.
Con un paso estoy
entre las amapolas
y de rojo encendido florezco
hasta el fin de todos mis tiempos
en este único instante en Rijmenam
y nunca nunca nunca
después.

Desfile

El siglo veinte desfila.
Lenin delante con pátera
con sangre de proletas . Stalin luego,
bailando la danza macabra sobre el cuerpo de Trotski.
Siguen el canalla Hitler y su manada,
perros llenos de desprecio de sí mismos
para quienes el hombre era ficción.
Detrás de orgullo cerrado gatea
Hiro Hito, de la misma calaña.
El sol naciente se hundió
en sangre.

Roosevelt, Truman, Bush.
¿Creí en ellos? Cada uno de ellos
era una desilusión.
¿Qué otro guasón triste desfilará
en América después del siglo veinte?

Los conocí sólo de nombre,
a los poderosos de la tierra.
No los reconocí
porque no conocen otro derecho
que el del perro más fuerte,
porque no conocen otro amor
que el del perro más apasionado,
porque no conocen otra vida
que la de de perros.

Cuando considero que gobiernan
el mundo, que Rijmenam
no escapa de su abrazo,
aprieto los labios,
mi corazón se retuerce y
con indecisión meneo la cabeza.

No, pienso, no, no lo conozco a él,
Chirac, Yeltsin, Milosevich,
Bill Clinton.
No lo conozco a él, Mobutu,
Assad, Papa Doc,
pequeño renacuajo de mal mayor.

No lo niegues, cada uno de ellos
tiene sus cualidades.
Exactamente esas no me gustan.
No pienso que nosotros
-ellos y yo, quiero decir-
podemos ser amigos.

Tengo una falta absoluta de respeto
para quien solamente evoca la apariencia
de ejercer el poder
y por consiguiente abusa del poder.

Detrás del hombre

A veces, en la niebla, -adivinando sólo sombras-
toda la lejanía se ha encogido alrededor de ti,
un círculo sofocante para tus ojos que buscan,
tu sentido que busca.
Estás en medio de ruidos, apagados sin embargo,
en medio del campo que humea frío,
en medio de angustia y de preguntas.

Feliz aquel a quien de pronto se le desvanece
la niebla, cortina diáfana en todas partes
retrocediendo simultáneamente.
La claridad penetra cuidadosa hasta la primera casa gris,
hasta los árboles, hasta las torres y la ciudad.

Entonces, de pronto,
allá arriba brilla claro el azul celeste.
La casa se hace ladrillo, rojo,
el árbol se hace pino y verde.

Delante de ti, detrás de ti, por doquier contemplas
la lejanía de la tierra, el aire, las torres,
la luz nueva, la vida risueña.

Jurarías: por allá
-detrás del horizonte, siempre en el horizonte-
ríe y vitorea y hace señas el tiempo nuevo,
el año nuevo de pronto,
y no tienes que hacer nada
sino ser pregunta y deseo
y esperar el cumplimiento.

Diálogo

La conversación fue monótona.
Oí a Newton y a Einstein;
luchando entre sí, se rompieron las uñas de los dedos.

El resultado fue un mundo como éste,
por todas partes hombres con largos cuchillos,
con revólveres, con fusiles.
Todos reivindicaron sangre.
Si fuera necesario la suya propia.

La latitud norte resultó ser la misma;
la nebulosa Andrómeda, tan lejos como antes.
Los creyentes encendían velas,
quemaban incienso o se arrodillaban
con credo.

El rechinar de dientes puedo oírlo
hasta en Rijmenam.

Diferencia

Vemos el sol girar alrededor de la tierra;
pero eso no es el caso,
giramos alrededor del sol.

Pensamos el espacio tal una gran caja vacía
en que brotamos y crecemos;
pero eso no es el caso:
el espacio crece.

Pensamos el tiempo tal una magnitud existente,
una regla graduada deslizándose
desde el mañana, cruzando el ahora hasta el ayer;
pero eso no es el caso:
el tiempo crece con el espacio espacio-tiempo.

Pensamos el mundo un universo invariable
que, inmóvil, se ha quedado estático
con todas sus bolitas esféricas en su precisa posición,
todo un árbol de Navidad, y no puede romperse nunca;
pero eso no es el caso:
todo torna y vuela y choca y estalla.

Pensamos a Dios un padre amable
que no deja que un gorrión se caiga del tejado,
un perfecto que crea perfecciones, un omnipotente
cuya omnipotencia se manifiesta en sus criaturas,
un existente que existe fuera de todo lo existente;
pero eso no es el caso:
un cubo esférico no puede existir.

Pensábamos que Rijmenam
era diferente,
pero eso no es el caso:
no porque no sea un océano,
no porque no sepa lo que es montaña,
no porque no sea una isla,
no porque no sea inhabitable,
no porque no sea polo,
no porque no sea ecuador;

pero sí porque son todos quarks
y todos leptones
desde todos los tiempos y antes de eso
en todo espacio y al lado de eso.

Amigos, somos.
Pero quién sabe la diferencia.

Filosófico

Diga pamplinas sobre la lengua exterior e interior,
me voy al huerto, voy a cavar,
Añés prefiere puerro este invierno,
preparo un bancal para plantarlo,
acaso mañana ya.

Adiós, Merleau-Ponty, Lacan,
Wittgenstein y compañía,
hombres letrados todos juntos,
que sólo filosofan
porque la criada lava sus calzoncillos,
plancha sus camisas, hierve sus sopas.

Señores, he hablado con ustedes;
es decir, les he oído a ustedes,
su palmadita y su risa sardónica.
Ninguno de ustedes
escuchó al otro o a mí.
Juntos seguían simultáneamente
su ininterrumpida charla.

Con asombro atento he callado
y riendo entre dientes -pero eso no lo pueden saber-
ahuyenté su relincho hacia el armario , ¡atrás!, digo.

Génesis

Espera un momento aquí,
volveré.

Ante todo tengo que desaparecer
en mí mismo un rato, busco mi Creador,
Dios, algo grandioso, algo eterno,
algo que me satisfaga o que por lo menos
cause la impresión de que para siempre
permanecerá y cumplirá
totalmente.

Un instante que comprenda
todo y que nunca
me abandone.
Ese momento de que hablé
espera aquí,
y mira, volveré,

no regresaré jamás
yo, que en este momento
estoy haciéndome..

Hormiguear

Hormiguean
veinte millones en la ciudad de México.
¿Cuántos millones en Nueva York?
¿Cuántos millones en Pekín,
en Shanghai, en Hong Kong,
en Bangkok, en Hanoi?

Hormiguean en París diez millones.
¿Cuántos millones en Moscú?
¿Cuántos en Buenos Aires, o en Río,
cuántos en Londres?

Hormiguean en Atenas tres millones.
¿Cuántos en Roma, en Madrid,
en Ankara? En Viena, a millones;
en Amberes, a cientos de miles;
en Malinas, a decenas de miles;
en Rijmenam, unos miles.
Y aquí con mucha cautela hormigueo yo también.

Inestable

Sé que en el fondo debo cantar,
debería vitorear: el avellano
está brotando, el cerezo florece,
y el melocotonero y el ciruelo; la primavera
llega, temprana e impetuosa, todo florece a un tiempo.
Todo florece y brilla el sol.

Alarmado lo veo. Tanto esfuerzo
gatea por mis pensamientos y
mi esperanza. Bajo el esfuerzo
se refugia la tristeza. De pronto somos
la vieja generación, setenta y más.
No me abandona la idea de que hayan pasado ya.

¿Han pasado? Por excepcional que sea,
la duda que de otra suerte te mina
viene a consolarte. Todavía no ha
pasado. Aún el sol brilla, veo
el avellano con hojas, el cerezo en flor.
¿Pasado? Todavía no, vivo aún con tristeza.

¿Piensas? Vivo bastante a menudo con gusto.
Lo que es una lástima, me canso rápidamente y puedo
soportar más sol en mi frío cuerpo.
Arrugas y espaldas encorvadas de los otros
no son consuelo. Y dime ahora, ¿de dónde
saco mi gozo entonces?

La verdadera alegría se encuentra en la estructuración
del pensamiento. Eres estructura
de células hechas de miles
de millones de partículas, las mismas que el avellano,
y el cerezo y el sol. Así son las cosas.
Lo demás es cantar. Lo demás es luz.

Inhumano

¿Es inhumano lo que quiero?
La vida me muestra las frutas
y la sociedad dice: ¡déjalas!
Es inhumano lo que la vida
Y la sociedad me hacen.

Sólo cuando me refugio -se llama resignación eso,
eso es humano, dicen-
después de un rato ya no siento
cómo el cuchillo talla mi carne
y ellos roban -inhumanos- la libra entera.

Míralas: chicas de veinte;
son humanas en su piel lisa que yo
no puedo tocar, cada año;
tienen veinte años, y tiemblo.

En mi cuerpo, el anhelo;
en mi cabeza, la idea;
en mi corazón, un universo
y yo; todo eso junto en Rijmenam
-inhumano- un hombre que no sabe
qué hacer conmigo.

Interrelación

¿Ves tú la interrelación?
Para eso se necesita un corazón,
eso es el primero
y después un amplio, un grande,
un sanísimo sentido común,
algo creciendo desde bajo la tierra,
ortigas y cardos, la plena lozanía,

algo natural
como el sol, como el instante
al lo que sigue otro instante,
un trueno después del rayo
para quien sobra.

Eso no es tan difícil.
Es tan sencillo como el filósofo
sentado al sol en la terraza
tomándose un café.

Unos cosechaban los granos,
otros los transportaban, los tostaban,
hervían el agua.
Otros pronunciaban la palabra
y él la mordisquea
y mordisquea y habla y construye
y Babel crece sobre Babel
el inconcebiblemente alto
espejismo.

Espera hasta que vuelva el atardecer,
espera hasta la noche.
Alrededor de la estrella polar el cielo gira,
alrededor de su interrelación,
alrededor de Rijmenam.

Locura

¿De dónde la locura en nuestras cabezas?
Ves a millones creyendo
y no das crédito a tus ojos. A millones
los ves listos para morderse
la yugular unos a otros porque
no pertenecen a la misma tribu.
Se desprecian unos a otros, reniegan
unos de otros, se asesinan unos a otros. ¿De dónde,
de dónde esa locura en nuestras cabezas?

Los ves negros, blancos, amarillos y de todas las
mezcolanzas. No puede servir de nada. Son
completamente iguales, digamos de cuerpo y alma.
Pobres y ricos, grandes, pequeños, letrados
o analfabetos, cubierta su ropa con las mismas
desvergonzadas pruebas de su ilusión hipócrita.
¿De dónde?, de donde no se puede averiguar.
Mas no tienes que adivinar el resultado:
esto -‘esto’ son los cuerpos- yace alrededor de ti.

Pero ¿qué tiene eso que ver con Rijmenam?
Se está apacible por aquí. Nadie agarra
a otro por el cuello. ¿Y por qué no? Hay abundancia.
Espárragos con bistec, por la noche tele,
cortado a tiempo el césped, a tiempo
copular un poco con la propia compañera o
tomas prestada a alguna, unas habladurías generales
y de noche cerrados los postigos. Locura,
llegarías a jurar que no existes.

Lucy

“No sé si puedo hablar,
no sé si puedo pensar.

No sé donde está África o Rijmenam,
no sé que la tierra es esférica,
ni que el sol no se levanta,
ni que el agua es H2O,
y tampoco que E es igual a m
multiplicado por c al cuadrado.

Siento lo que es hambre y sed.
Saboreo las raíces que como,
las nueces y las bayas.
Le huelo cuando se acerca,
él a quien mi piel desea.

Sé cuánto temor me asalta
cuando tiembla el suelo,
cuánto temor en la noche
cuando las tinieblas gotean de los bosques.
Me encojo, me arrastro
por los suelos. El terror
es terrible. El infierno
estalla alrededor de nosotros
y a ése lo llaman Dios.”

Magnitud

¿Las dimensiones de Rijmenam? ¿Qué piensas?
Mira por mi ventana un instante
y dónde termina
haz el favor de decírmelo.

Siglos hace que miro por mi ventana:
Nuevo México, Manila, Moscú, Londres;
veo lo insignificante, Rijmenam,
las aguas de la Dila, el océano.

¿Y qué, cuando subo las montañas,
las montañas desnudas y sus laderas?
¿Y qué, a la vuelta?
Todos vuelven descalzos.

Pero, ¿y las dimensiones de Rijmenam? ¿Qué piensas?
No terminan cruzando Manila.
No terminan cruzando los agujeros negros
y el horizonte final.

Meditación

Estoy en Rijmenam pensando:

quieren parecer grandes en la opinión del otro;
se arrastran por la escala siempre más alto,
siempre más dinero y más honor,
siempre más cabildeo, alzando el gallo más y más;

y yo con gran asombro estoy mirando aquí.

De vez en cuando ruido llega a mí,
desaprobación, por supuesto, estoy antisocial;
cada pensamiento, cada profundidad,
descuella en hombros y cabeza sobre ellos,

seguros de enfrentarse solos a la jauría.

Moral

Hombre, hombre, ¿qué haces cuando sabes
que no puedes saber?
Universo o Rijmenam, la autoconciencia,
personalidad, el origen de la célula;
toma cualquier punto que
sirva de punto de partida,
toma Dios si hace falta.

Ningún punto es un ‘iluminado’ principio.
Digo: cada punto de partida
es un centro.
Estás en medio del desierto,
inmensamente dilatado,
no termina en ninguna parte, nadie
sabe la medida.

¿Un centro?
Por todas partes sin perspectiva,
distancia, lejanía, hasta el horizonte perceptible.
Detrás se hallan – ¿quién sabe? – otros conocimientos.

Nunca las tendremos:
Tokio, Nueva York, México,
Pekín, Calcuta, Rijmenam.
¿Y entonces?
¿Qué hacemos cuando sabemos
que nunca sabremos, nunca?

Como siempre. Continuamos
aquello en lo que estamos ocupados.
Comemos y bebemos, copulamos,
criamos niños,
codiciamos el dinero y el poder
y degollamos a aquel
que estorba el paso.

Navegar

Cerca de la ventana en Rijmenam
contemplo el campo,
hasta el Mar del Norte
millares de años.

El agua alcanza océanos;
trazo una huella de navegación;
millares de años
alrededor del mundo.

Delante de mi ventana en Rijmenam
muchedumbres pasan,
mil millones los vencedores,
mil millones los mártires
aherrojados y esclavos;
millares, millares de años
alrededor del mundo.

Delante de mi ventana en Rijmenam
de la hierba brota la tumba
sobre años de espanto
y estoy mirando con los ojos fijos
y me pregunto.

Navidad

Rijmenam, penumbra, noche.
Sosas, las noticias en la tele:
exterminación étnica en los Balcanes, en África, en Timor,
medio millón de muertos, cadáveres, calaveras.
En mi propio país un asesino violador de niños
y su mujer. ¡Venga ya! ¿Es verdad?

Noticia internacional: un futbolista
que acaba de jugar. ¿Quién
se lo imagina?

A continuación un reportaje sobre
deportación, gitanos, judíos,
holocausto. De pronto se te aprieta el gaznate;
mira, mientras son filmados,
los niños sonríen a la cámara
y una chica seductoramente guapa
entra en la cámara de gas.

¿Qué demonios estamos haciendo?
Conversamos por redes superpobladas,
apresurados y siempre demasiado tarde.
La creación, pienso, ¿ha empezado?
Dale marcha atrás, Dios, corrige, recomienza.

¿Quién me oye? ¿Quién en Auschwitz
escuchó la oración de millones?
Es Navidad 1996 en Rijmenam,
enviamos felicitaciones de año nuevo,
Creemos apenas en nuestra esperanza
y seguimos trabajando, muy mudos.

Notaría

Algún día hallaremos la fórmula
que nos indique la vastedad del universo
y la amplitud de nuestro corazón.

Algún día hallaremos la clave
en que ha sido compuesta la música
de las esferas y la encerraremos también
en nuestro corazón, levitados
canturreando satisfechos:
¡lo hemos conseguido!

Algún día hallaremos a Dios,
ya sabes, el Todo, a secas.
Sigo esperando para anotarlo
aquí en Rijmenam
con la fecha de mañana,
dentro de mil quintillones de años, hoy
con mi nombre y función, yo,
Fa Claes, notario del universo.

Ojeada

Por una vez quiero todos mis pensamientos juntos,
una vida entera, mil quintillones de ficheros,
que abarco de un vistazo.

Temo que me cubran por completo,
enano entre rascacielos
que se espesan sobre mi cabeza.

Entonces desde dentro se vuelven arena
y se derrumban, una loma como una pirámide,
y nadie nunca sabe ni qué ni por qué.

Por consiguiente da perfectamente igual.
En Rijmenam bajo un Himalaya de pensamientos
de mí mismo, hasta yo mismo no sé qué ni por qué.

Paseo

¿Es eso la vida?
Empiezo con ella, cada día de nuevo.
Afilo mis cuchillos,
cargo revólver y fusil.

Y me digo a mí mismo: pobre cabeza,
venga, vamos a pasearnos un poco
al sol.

Él brillará por siglos.

Pensar soñando

Cuando es de noche, expulso mis pensamientos,
mis sueños, y me duermo…
al alba me despierto otra persona.

Llegan al rato, llegan
uno por uno y los reconozco,
no los reconozco.

Tengo que arreglarlos. Los arreglo.
Se adaptan a mí o no,
y ocurre que entiendo.

Vuelvo a acogerlos, los animo
con una palabra, con un gesto
en mi orgulloso ojal, Rijmenam.

Mira, dicen, extraños, vueltos a casa,
de nuevo la flor de tu meditación,
nosotros, clavel del intelectual.

Plegaria

Procura, Dios Bueno, que existas:
procura que seas grande y bueno,
tan grande y bueno que puedas
ocuparte un poco de los hombres,

que puedas ocuparte un poco de mí,
mira, allá por abajo en Rijmenam;
recógeme de la dispersión de
pensamientos, sentimientos, instintos,
-tú sabes- de toda la psicología;

juntos recógenos todos de la diáspora,
la inexplicada confusión;
procura que domines el caos,
porque algo tan horroroso no puede jamás
estar procreado por un Dios.

Predicación

Tantos siglos pasan en el mundo
y el hombre va paso a paso arrastrando los pies
por su historia,
una lucha incesante
contra miedo y fábula.

Se oyen vítores y triunfo
Esplendidísimo: ‘vae victis’,
¡mátalos!, no hay nadie
más poderoso que yo, Alejandro; que yo, Hitler;
matamos el miedo.

Se oye el convulsivo lloriqueo
de los creyentes
y la cobardía del sumo sacerdote y del papa,
ellos saben que su dios es imposible
y lo predican.

Y yo aquí, en Rijmenam.
Veo cómo pasa la primavera,
el verano. Siento mi otoño.
Acercándose, el miedo. La fábula, asumiéndose.
Pasando, arrastran mi historia arrastrando los pies.

Proscenio

Todo el proscenio fuera de Rijmenam,
por todas partes salpicones,
proyectil de flores taladradoras, luminosas,
sacacorchos hecho de estallido tras estallido,
cielo lleno de piel restallante,
salpicadura de sangre.

Bala, cohete, misil,
alto, más alto, altísimo,
a codazos y patadas encarna
estridentemente el cliché: combate es la vida.

En verdad, no sirve para nada.
Después se hace el silencio
en Rijmenam y todo el proscenio
se hunde en las tinieblas, el sol se quema,
el universo se encoge hacia el nuevo big bang
y nadie después, nadie sabrá
si alguna vez ha existido Rijmenam aquí,
o Tierra, o sistema solar, o galaxia.

Pueblo

Coge a uno de los siete de la mano
y llévalo a Blancanieves.

Tan pronto como concibe lo que ella
tiene escondido bajo sujetador y braguitas,
agarra la manzana y muerde.

Cuando viene el príncipe
y la besa, sus entrañas
se desgarran.

Los otros esperan en Rijmenam,
tienen su erección en la mano.
En su reseca manita apretada.

Representación

Cuando descorro las cortinas,
toda la escena florece:
magnolia, cerezos, melocotonero
y ahora las lilas estallan
con suaves sonidos de púrpura,
el golpe en el gong.

Aquí estoy vanagloriándome
en medio del gran desperdicio:
mil millones de flores de cerezo de mi jardín
se hielan en una noche.

Pero el mirlo exulta, siente
las lombrices de tierra creciendo bajo sus patas
y las baila afuera.
Así miles de flamencos registran minuciosamente
las lagunas buscando gambas
y todos los días hay bastantes gambas
para dejarse tragar por miles de flamencos
hasta que se tiñan de rosa
a su gusto.

Todo el desfile desfila,
-quarks y leptones todos-
y se transforma en otro desfile;
ignoramos cuál sea.
Estamos mirándolo,
pertenecemos totalmente al mundo, ¡ay, peor!,
en él consistimos y seguimos
con o sin deseo, gusto y fines .

Y yo en cuanto a eso:
no tengo que hacer nada,
nada urge, todo ocurre por sí mismo.
Soy hombre, es decir estoy de vacaciones.
Por casualidad o no, en Rijmenam
en el planeta Tierra.

Pero significa también
¡fuera, trabajo!, ¡fuera, política!
Soy como un espectador
en el palco más privilegiado.

¿Por dónde cae el Este, donde se levanta el telón?
No te preocupes, la luz conoce cada senda.
Cada alba gloriosamente brilla
ex oriente lux
desde todas las regiones celestes.

Resignación

Estoy tumbado aquí con toda mi filosofía
en mi sillón en Rijmenam.
Fuera, la niebla flota. Gris
se desliza por la ventana, gris pálido.

La calefacción susurra un murmullo.
Poco a poco hace maravilloso por aquí.
Cruzo los brazos sobre mi vientre,
cierro los ojos. Y bajo.

Al pie de la escalera
se abren puertas en las tinieblas
donde el bienestar a mí y a todo,
para siempre, completamente…

Saludo matutino

¿Cómo va el mundo, Rijmenam?
¿Matan a golpes a los hutus en Ruanda todavía?
Los cadáveres salían de la pantalla,
medio millón de esqueletos en una semana,
cómo apestaba allí con ese calor,
nadie para enterrar muertos durante
la fiesta de larvas.

Los Salvajes de Europa han dejado
la matanza, Vukovar, Sarajevo,
bastante se tiñeron de sangre.
¿Chechenia? ¿Y Pakistán?
¿Y Corea del Norte? ¿Y Vietnam?

El hambre en Somalia se ha pasado de moda ya,
Guatemala ya no está en la lista, San Salvador
parece muy , muy feliz, y Argentina, Brasil,
México, volcanes, pero apagados
en la miseria y en la sangre.

Ayer Irán tembló: una pequeña parcela,
no es para tanto, ni siquiera tres mil muertos
en uno o dos minutos.
En Japón fue más duro en la Bahía de Sagami,
casi cien mil, un número razonable;
pero hace demasiado tiempo,
y la sensación está olvidada.

¿Qué importa? ¡Es sensación!
La tierra tiembla para tantos
cuando viene su tiempo
y se los sacude de sí.
Sacudirse unas cuantas veces,
no importa,
incluso sin sacudir las cosas van
-un eufemismo de ‘tropiezan’-
empeorándose.

Sé lo que me espera,
la puerta está entornada en una mueca
que odio voluptuosamente, pero
por donde pasaré a su tiempo,
y no importa cómo el universo,
el mundo y mi Rijmenam
estén ahora y estén después.

Sesenta y ocho

Sesenta y ocho y estoy sentado aquí
con mi añoranza de
antes de cincuenta años,
como si ella llegara al fin,
se desnudara
y en ella metiera yo
mi beatitud.

Sesenta y ocho y estoy sentado aquí
con mi perspectiva de
mil millones de veces, mil quintillones de años,
y de todo lo que he esperado
o creído o con lo que nunca he podido soñar
ni pizca, por muy poco que sea,
es verdad.

Sesenta y ocho. ¿Eones? ¡Ojalá!, años.
La diferencia es un pelo
no más ancho que el que hay entre Rijmenam
y el horizonte perceptible.
Esa distancia con un gesto
único se puede determinar:
de aquí hasta allá.

Sesenta y ocho años de preguntas,
nada más que preguntas
quién, cuándo, qué,
dónde, cómo y por qué.

Simbolismo

Tienes que verlo:
verde bajo sol, en todos los tonos;
detrás, todo un campo de manzanilla
en ondas blancas;

y ahí dentro, una mancha acre rojo, más rojo, rojísimo,
seis veces amapola.

Tienes que verlo en Rijmenam:
la alameda hacia nuestro campo bajo el sol,
después de ella, la casa oculta;

y ahí dentro, ella, Añés, el rojo ardiendo
entre el rojo vivo de nosotros,
cuatro veces amapola bajo sol
de cada niño nuestro.

Tienes que verlo así:
¡Dios, Dios!, cada uno de nosotros, es
todo el planeta Tierra rojo,
es amapola roja, es -total seis veces- el sol.

Transeúnte

Lo único que pasa aquí es el tiempo.
Canto en todas las tonalidades de poesía,
dichoso estoy cuando cierro los ojos
y dormito, ¿quién sabe?, duermo.
Y sueño.

Salimos de mañana
miramos a lo alto y elegimos
el rumbo donde ninguna nube
nos moleste.

Ninguna nube. Hasta eso solo
es motivo para cantar
¡hurra! para lo que crece.
Con garbo y bandera
anchos y azules como el aire,
pero inadvertidamente traslúcido cual tiempo,
desfila ante nosotros.
Adiós, queridos amigos.