Infancia del Pan nuestro (3)

Un adobe de paja y limo fue mi cuna:
perfil de semicírculo que apunta
a la ciudad donde mi Padre
alumbra cuanto piensa.

¿Sabrán un día interpretar los hombres
los signos de mi estancia en este mundo?

Asnos rojizos, asnos grises
-entretanto- y cocodrilos verdes
pisotearán los lirios
y las flores del loto por milenios.

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La sombra de la noche

Un niño azul se alarga
como hiciera su sombra
sin despojarse de carnal frescura.
Todo es niño en Toscana:
niño quien diera ley a las ciudades–
niñas prodigio que erigen su esplendor
de la mugre del tiempo.
Niño el paisaje
salpicado de torres y rosales,
y niño el corazón que lo contempla
sin importar la edad del cuerpo
donde late.

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Memoria de un fuerte

A mis hijos, que me vieron nacer

En Margarita está linda la mar:
la muchacha que fui se lo decía
al viento acariciante de Juangriego
(insinuaba crepúsculo)
reclinada en el cañón del fuerte
ajena a las piratas palabras
y al cerco de los sueños
Hamacas prometiéndose a una nube
pescadores besados de nostalgia
y algo de Botticelli allá en lo alto
Cuánto tiempo aún precisaría
para leerle al mar
apenas una voz intraducible:
hilo de oro que enlazaba las sales
de mar a corazón
haciéndole un collar a la esperanza

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Nochebuena 1995

Hace ya tiempo que mi Nochebuena
perdió el precioso puesto de la infancia.
¿Cómo es que hoy de repente,
a pesar de que seas sol lejano,
surge en mi corazón de nuevo
como antiguo rompecabezas
rearmado por los ángeles?

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Personaje

Hija de la palabra
sobrina de la vida
condenada a mirar y traducir el mar
a un lenguaje imposible
ella
era un desequilibrio luminoso:
de su roce interior saltaban chispas

Por orden del amor sembró sus sueños
recuperó las llaves
como hija del adiós a sus amores
despidió en el altar de lo desconocido
pero un golpe de gracia
mereció la cena
solar el pan y el vino

Cuando murió le dieron
tratamiento de flor privilegiada:
la tendieron sin tallo entre las páginas
de alguno de sus libros
y envuelta en un poema
regresó
al silencio sonoro de donde procedía.

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Perspectivas

No es ver la luz lo original:
el que la luz nos vea
resulta imprescindible para amarnos
mejor. La soledad es transitiva:

los cauces de la angustia
confluyen en la fuente donde Dios
bebe al anochecer de nuestras manos
juntas.

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Pertenencia

Mi país es un árbol de lluvia
isla de fuego en flor
un pequeño Infinito
cantor de arcanos y alegrías.

Mi país es tu abrazo tu palabra
tu fantasía tu sueño tu presencia
señor de la tormenta, mi país
en ti despierto, duermo y vivo.

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Petroglifo del sueño

Ama esta piedra:
turquesa de nación
transfigurada en voz y trasvasada
de inmemorial aroma.
Piedra de mi silencio
pulida de imposible
y limpia por la lluvia
–aún me llueve– de tiempo y soledad.
Haz tuya la certeza
de mis dudas preciosas:
hazla carne del sueño
gemelo de tu niñez recóndita.

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Plaza de la Encarnación

para Roberto Juarroz

Hemos encontrado el camino
un día deshojado de tiniebla.
Hemos estado allí bajo el gran olmo
custodio del pensar de un muerto célebre
cuidador de gorriones.
Nos hemos detenido allí a eternar
con las piedras del suelo y las campanas
en memoria del jazmín y la orquídea,
casi olvidados del creciente invierno.

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Renacimiento del gozo

¿En qué ingrato momento de la infancia,
como en medio perfil, volviste el rostro
hurtándole los labios a la dicha?
Atraviesa la bruma de los años
y mírame en la alberca contemplándote,
reverberante gozo en la pupila
de tiempo, desatado al Infinito.

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Textraño

Ahora como entonces
todo es cercano cuando estamos juntos:
besables las magnolias y los mármoles,
propicia confidencias
el agua, y la Puerta del Cielo
mester de acceso a Dios, no monumento.

Qué otra historia podría desear
gozando en un perímetro de abrazo
plaza de arte, jardín, nostalgia, sueños.

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Viajes de Penélope (1, 4, 5)

1

Me ha dado por creerme Penélope
hermosa y bienamada:
tejedora sí soy para que alienten
los que habrán de morir
y es la mía la almohada
más llorada del siglo

Si yo fuera Penélope
suelo que yo pisara sería Ítaca:
al regresar Ulises
se quedara

4

Quién cantará tus viajes infinitos
Penélope:
tu Ulises era apenas un chiquillo
chapoteando en la fuente

y aventurera inmóvil trascendías
como un rayo de luz sobre la tela
confiscada a los dioses:
tejida sueño a sueño

5

Hilo a prueba de nortes
y de ausencias
con fibra de cereal desenlazado…
Y mientras tu hombre frágil de prodigios
desislaba su sombra
tú -tejedora máxima- le urdías
en su anuente memoria
el milagro callado de una isla

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Viajes de Penélope (25)

Y tómate tu tiempo por las islas
Ulises que te mides con las olas:
haz escalas imponderables
alquílate a las albas mercenarias
bebe filtros de olvido

Ítaca por fin no tiene alas
nuestro lecho resume hondas raíces
y estoy hecha a medida de tu sueño:
pastora de los vientos
terror de pretendientes
doctorada en esperas y matices
viajo sin un desmayo la tela de los dioses
y aún me sobra tiempo para zurcir
crepúsculos

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Viajes de Penélope (27)

Te has dado a la pasión de los espejos
quijote de los mares:
echas tu vida a pique por la fama
te das brillo en los hombros
y crees que los gigantes se convierten
en rústicos delfines

Se te detiene el tiempo en los palacios
donde cantan tus glorias
y lloras a luz viva
los recuentos de olvido:
con bravo sacramento
comulgas propia vida en canto ajeno

Ah si te desbautizaras…llegarías

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Viajes de Penélope (39)

No basta con tejer para la espera
es preciso viajar: volar la pluma
por la ternura encuadernada en sueños:
chalupa más sutil
cóncava y ágil
que las viriles naves de Ulises
intermitentemente prisionero

Madre isla que estás venida a remos
convertida en solar de pretendientes:
infundiendo los viajes:
¿quién guardará tus playas de naufragio?

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Viajes de Penélope (50)

Año tras año
diste muerte a los tercos pretendientes
que orillaban mi patio:
desde fuera del tiempo
los vencías
antes aun de divisar la playa
en que nos damos cita

Y yo que los quería ya de tanto
tejer por destejerles y por tanto
reclamar tu mirada
los veía morir uno tras otro
a golpes de infinito
tiernamente inmutable

Así murió el que me entreabría
las ventanas del alma
murió el que sepultaba
las llaves de mi nombre
en el océano:
murieron porque aún no había Dios
ni trinidad ni magia

Y cada primavera yo volvía
a proyectar torneos estivales
suscritos a una lágrima:
certidumbre
de la doble faena de tus manos
en su áspero venir a nuestro abrazo

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Viajes de Penélope (55)

¿Quién canta y con qué voz
me sueña aquel color en la mirada?
Tejiendo la marea entre las islas
¿qué voces silenció el fragor del tiempo?

Salvo la soledad que vuela dentro
tal parece que nadie vive:
pero vibra la estela adamantina
de la tela que voló sobre el mar

Este que fuera cuento es vida en mí
y de una cierta isla hará la historia

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Viajes de Penélope (8)

No crean que te espero
porque sé que vendrás a alzar tu casa
de las aguas hambrientas
o de los pretendientes

Te espero porque estás:
nunca te has ido a los asuntos vanos
(las paredes te conocen la voz
en las estancias más calladas)
y todas las pisadas se someten
al ritmo de tus pasos
y hasta la soledad toma tu rostro
al borde de mi almohada

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