Rue de Saint Michel

Sombra entrepernada con la carne
tu cuerpo que en el mío se estremece
qué infiernos de la fiebre
qué soledades nos habitan
en la cúspide absoluta de la llama
atajo de la muerte
retorno de la piel humedecida

(era preciso hundirse
para lamer el fondo del pantano)

estallan ardientes los jilgueros
destilan la semilla de la luz:
un glande cubierto de rocío
suculento fruto contenido
flor de incendios
saeta helada
bala expansiva del deseo.

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Vuelo de tus besos

para la ciudad de León, Guanajuato

Suave doncella, madre de celeste manto
recibo los pétalos de tu amor inmenso
para vencer a la pantera negra
a la bestia enrarecida
que me habita.

Madre Santísima de la Luz,
bajo tu media luna
todo se transfigura:
bajo tus pies, mi llanto
bajo tu velo, el alba
bajo tu amor, mi vida.

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Ama, amor

Ama, amor
mientras yo estoy lejos.
Dentro de mí sostengo tu rostro inigualable
y le doy eternidad.
Creces en mí. No cambias.
Sólo el amor da el rostro de lo eterno.
Besa otras bocas
tan bellas como la mía
mientras estoy lejos.

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Aquí estamos

Aquí estamos las madres negras
petrificándonos
como un raro ejemplar
de otras edades.
Sin que estas palabras
puedan cambiar
las decisiones de los hombres
que mantienen los pueblos
en la sombra.
Aquí estamos las mujeres poderosas
rodeadas de atormentadores
reducidas a cenizas
por la mano del hombre.

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El secreto

Ha pasado un siglo.
Un día alguien levantará
una piedra abandonada
para estudiar
el pasado del mundo.
Y ahí debajo, ensombrecido
estará mi poema.
Nadie sabrá repetirlo.
Sobre la tierra, nuevos hombres
nuevos sonidos, nuevos poetas
van trabajando y cantan.

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Es necesario

Es necesario que el día
nos contemple los huesos
Elevemos el amor desnudo
al sol que está naciendo
Yo no tengo miedo de mostrar
el cuerpo que nos habita
a los que pasan
y adivinan
nuestra miseria
Faz a rostro yo te digo
que en mí ya no existe
ningún maravilloso secreto
Porque el día
descubre el fondo
de las palabras que mienten

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No me relaciono

No me relaciono con el desastre
ni con la muerte.
Soy un as-pájaro que come vida
adaptado a diámetros de luna y sol.
Una mujer pacífica en un mundo de batallas.
Hay tanta cólera en la mente de los hombres
¿Cuándo van a comprender que hay
un camino distinto
para llegar a los grandes poderes?

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Angel en mí

Te estoy hablando bajo, muy bajito,
Sin voz, como se le habla a los querubes.
Pero sé que me entiendes y que subes
Del fondo de mi sangre hasta mi grito.

¿Grito? ¿Por qué? Si mi dolor contrito
Se percibe sonriendo entre las nubes.

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Divino amor (II)

Aquella tentación, aquel sendero
Abierto en cruz a la visión dorada,
Aquel trino de alondra en la alborada
Y aquel embrujo del primer lucero…

Hollar de rosas con el pie ligero,
Temblor lunar entre la fronda… En cada
Repliegue del enigma, tu mirada
Alumbrando los ojos del viajero.

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Divino amor (III)

Amor, no volverás… Sé que mañana,
Cuando torne otra vez la primavera,
Perdido el rumbo, la ilusión viajera
No atisbará tu signo en mi ventana.

Ni codicia del sol. Ni luz cercana…
Sordo el oído a la canción de afuera,
Mi alucinado corazón no espera
Tu beso amigo ni tu voz hermana.

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El huésped

El pan servido. ¿Y para quién adorno
la mesa dulce en el convite huraño?
Porfía de aguardar, año tras año,
el pan servido y la ceniza en torno.

Quemaronse las brasas en el horno
y el huésped sin venir: huésped extraño
presente y sin presencia.

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El viaje inútil

Todo era azul en la primer salida
Azul la embarcación, azul el puerto.
El corazón, hacia la luz abierto,
Soñaba con la tierra prometida.

Y en el retorno, con pavor de huida,
Anclo en mi propia soledad y advierto
Que, tras de mí, se iluminó el desierto
Y que en la luz se me quemó la vida.

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Holocausto

Luz que en la soledad madura el hielo.
Cauce de sed y curva que se inicia.
Imán de perfección, que alza y propicia
El faro inaccesible de mi anhelo.

No sé si, en mi holocausto, el goce es duelo,
Dardo que hiere o ala que acaricia…
¿Vértice de la luz?

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Sobre la misma piedra

Sobre la misma piedra, cuanto tú pases, Tiempo,
sin fin y sin principio,
sin forma ni color:
tiempo de mar y selva,
tiempo de espacio y nube,
tiempo de donde vine,
tiempo hacia donde voy…
sobre la misma piedra
donde tú me dejaste,
bajo un silencio claro te aguardará mi voz.

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Vértigo

Al caer de la luz, mínima y quieta,
Repaso mi dolor. Y alzo mi vida
Lo mismo que una página leída
Cuya frase final no se concreta.

El ritmo en fuga, la canción inquieta
??voces de ayer y hoy niebla desvaída??

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Contrarios

Sucede que alguien nos devuelve la vida
revolviéndonos en el vientre un afilado
cuchillo.
A veces se precisa caminar en cuatro patas
para agradecer que caminamos sólo en dos

Los periódicos se venden por el número
de muertos habidos todo el año

Los pobres son toda la riqueza del rico
Los enfermos toda la salud de la sociedad.

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El loco

¿No son los rostros en la multitud
rostros de mi propio sueño y locura?

En mi presencia el espíritu del vino
trueca la alquería del mercader
en columna de fuego,
el taller del plomero
en estrella matutina,
las calles en rios de dorada cerveza.

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La casa de la bruja

Durante el día duermo a orillas
del helado torrente de montaña.
Un enjambre de mariposas
revolotea en el jardín de mi barba.

Pero durante la noche, quedo a solas
con la embrujada
Dama de las sombras.
En el rincón de la casa de campo
veo dibujarse sus labios muy finos
y relucir la negra estrella de sus ojos

Mientras me llama a su paso
por el oscuro corredor
apartando los flecos de la niebla.

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Lectura del I Ching

La sombraluz en la celda de la prisión
¿Qué dice? ¿cuál sentido
que la palabra
no descifra por anticipado?

Ha acaecido el aguaviento.
Cambia la piel del tigre
cuando el hombre de niebla
apenas muda su rostro
a la sombra de la picota.

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Sol negro

Veo un sol rabioso devorado por un saltamontes
en la colina
que sólo la pluma fuente de la noche consigue
aplacar con los negros trazos de la tormenta.
Un sol loco y espumante corriendo en la colina
tras de mi ojo izquierdo, saltado y de negro
sombrero de copa,
Donde una estrella almidonada por el cuello
sirve el rubio champaña de la madrugada.

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