El paisaje es estático un sarcasmo. Un grupo de viejas canta salmos
cristianos hasta que quedan exhaustas las gotas caen incesantemente sobre la negra indiferencia del pavimento. La canción se desvanece en el ambiente
la traga el aire.
Una paloma se descuelga desde un inmenso pino.
Hay fachadas de edificios destruidos por la guerra
individuos desdoblados en la fugacidad del tiempo
siluetas que construye la noche sus propias semejanzas
Estaciones de tren donde nunca llega el alba
ruidos gritos murmuraciones de gente apresurada
el día se cae hecho pedazos
explosiones sirenas estridencias de fusiles y metrallas
Un relámpago destiempla de súbito la frágil presencia de la tarde
La lluvia surge pronta la ciudad se anega de dolores y de barro
Unos hombres salen en cortejo a enterrar sus muertos
La ciudad es hostil
profundamente hostil y vulnerable
Claman por piedad los desconsolados
los ancianos la multiplicidad de sus penas
La tarde sigue siendo una antojadiza espía
posa su sombría relevancia en los detalles
Los caminos no permiten que la guerra abandone esta destruida urbe
están cortados con una profunda herida
Ella también y el neón
las luces de los escaparates de las tiendas
Ya nadie hace culto al fetichismo de la época
se mata para oficiar la barbarie de los malvados días
y los cuerpos pierden suficiencia
La dignidad descendida a la tierra repugnante
bajo un centenar de escombros yace de vulgares cascajos
La sombra alcanza una atrevida destreza en la zona prohibida
la ruina tendrá después de todo su nefasto epicentro
Un francotirador apunta su villanía al caer la noche
el humo entorpece la visión existente entre los muros y las piedras
se traspone el silencio y brota con claridad una profusión de llanto
una nueva ráfaga parcela las osamentas
cuando acaba el derrumbe los vestigios están allí presentes
¿adónde irán a parar los siervos de la gleba?
En Gabés cercano al páramo Hamed marcha en una caravana de dromedarios a Douz. La grava se altera en trizas estériles en la aquiescencia del desierto Desovan las lagartijas trashumantes entre los pedruscos yermos de Kebili Se ruinan los ídolos y los peregrinos en los cenobios del rastro agonizan las zarzas y las musarañas de los cenegales Me enternece la claridad de la mezquta en la kashah camino de las ciénagas de Marrkía.
¿no es el acto que apresa la ironía
obstinado creador de mis recuerdos?
1
¿dónde están las paredes que viví?
remuevo el barro fresco
de las casas antiguas
y descubro
los rasgos de mi padre
2
porque hay días que no puedo perder
en esta ciudad ciega
yo la amo
aquí la luz se da como los frutos
es un sitio cuidado desde el simple poder
de una mirada
mordiéndose los labios
3
pon las manos en la noche más alta de tu pecho
asómate al abismo
la pregunta
confiesa tu rencor por esta tierra
deseas que vaya al sitio donde el sol
ha secado mis pasos
y por eso al tocarte
me acaricio
Dilapidó en estúpidos proyectos
el caudal de su ira
y después
miró ante sí una puerta.
Fatigado,
tuvo que recargarse
en el dintel de sus cuarenta años
antes de abrir la puerta y contemplar
sus perspectivas.
Dichoso el árbol que es apenas sensitivo
Rubén Darío
Esta mañana algo se detuvo
y muy a pesar mío
espero en un sillón,
deseoso de raíces.
Quiero sentirme árbol
no para dormir
ni para morir menos
-bastaría con echar a la basura
mi endeble filosofía de la vida-;
simplemente
me duele la cabeza.
Todas las cosas a las que me entrego
se hacen ricas y a mi me dejan pobre.
Rainer Maria Rilke
Esa esclava que obsedió al orfebre
adorna la muñeca del guarura.
La última acuarela del suicida
se multiplica en el papel tapiz.
La razón es inútil,
no es humana.
Es la ínfima parte que nos toca
de Dios.
Y lo demás, lo nuestro,
está en los sentimientos,
la flaqueza.
Porque saberte débil es sentir que estás vivo,
porque la perfección te da la fuerza
y el poder matar.
Oye, qué acordeones falsos.
La lucidez, el muro blanco,
(la voz gangosa del disco)
rayado, un leopardo arisco
preso entre los hilos rojos.
(las agujas de sus ojos
me miran). La hoja en blanco,
la mano que escribe temblando.
Escritos en el suelo han quedado los signos
de la muerte.
Y en los mosaicos de piedra roja
el estampido de los rostros de oro.
La humedad ha cubierto los frescos.
En la escalera
las manchas de los pies rajados.
La pared cruje.
Grieta en lo blanco.
Allá va, desunido,
el cuarto.
Detrás del tragaluz
un rostro, otro,
mirándose,
mirándonos.
Un cubo despegado.
Pegada la oreja a la pared.
Oye.
Algo va a romperse. Algo
crece.
Lo que en el muro
hierve.
Abierta, no,
entrejunta.
Esa ranura mira.
Detrás de lo blanco,
blanco.
Ahora el silencio.
Las paredes se cuartean.
El cuarto desmoronado,
navega. Y ese brillo.
La puerta transparente.
La raya negra y el battello,
el monte siamo tutti,
el barco blanco sobre el agua blanca
y la fijeza
de los pájaros sobre la Salute.
Pase,
il fait beau del otro lado
del otro lado, digo,
del río.
No hay silencio
sino
cuando el Otro
habla
(Blanco no:
colores que se escapan
por los bordes).
Ahora
que el poema está escrito.
La página está vacía.
El sueño no:
la pérdida.
El blanco roedor,
que ciega.
Pierdo pie. Todo es compuerta.
Mira:
el muro sangra.
¿Qué se hicieron los cantantes?
¿Qué se hicieron los cantantes,
los reyes, los Matamoros
de dril nevado y los oros
de las barajas de antes?
¿Quién las tardes del Cervantes
recuerda, y aquel grabado
del Diario, desdibujado,
y los bailables de Sagua?
Que se quede el infinito sin estrellas,
Que la curva del tiempo se enderece.
Y pierda su fulgor, cuando se mece
Un planeta en su abismo y en las huellas
Del estallido primordial. Aquellas
noticias recibidas del comienzo
de las galaxias, del vacío inmenso,
hoy son luz fósil.
¿Qué se hicieron los cantantes,
los reyes, los Matamoros
de dril nevado y los oros
de las barajas de antes?
¿Quién las tardes del Cervantes
recuerda, y aquel grabado
del Diario, desdibujado,
y los bailables dSagua?
(Las guitarras llenas de agua
están, y el tambor rajado.)
¿Los dioses
se fueron, se quedaron,
murieron con Beny Moré
ellos que con él alucinaban,
o habitan aún las orquestas habaneras,
las trompetas como dos lluvias de flechas,
los cascabeles roncos,
y las tardes de músicos y monos?
Si hija,
quisiera ser
la madre más normal del mundo
para vos.
Aunque me veas siempre
pateándole la cola
a mis sueños
corriendo
ensimismada
agotada
loca y feliz
a pesar de tanta angustia.
Mi sueño más dulcito
sos vos
y
quisiera fugarme
en esta mañana de trabajo
a saltar caballito tun-tun
tomada de tus manos
a plancharte el uniforme
darte la comidita calientita
dejarte en la puerta del colegio
y que me des un beso
y me digás hasta la tarde mamá
como la mayoría de las niñas
y yo te diga hasta la tarde mi amor
con la cotidianidad
de una mamá normal
en un día común
sin sentir hecho nudo
el corazón.
Alguno que otro día
me amanece el deseo de invitarte un café,
de abrazarme a la certeza
con la que me nombraste para siempre.
Quiero escuchar como respira en vos el universo
y descubrirme en el milagro sin edad de tus pupilas.
Además de poeta,
media madre,
un rato por las noches
y los fines de semana
costurera diplomada
nutricionista empírica
médica autodidacta
artesana inspirada
un poco bibliotecaria
articulista inédita
algunos estudios
en letras y sociología,
habría que agregar :
hilvanadora de lunas
coleccionista de sueños
– con el respectivo costo
de lágrimas, risas
y desvelos –
es decir,
enamorada indómita
del milagro universo
del movimiento eterno
….
Yo
te quiero desnudo
intenso en tu paisaje
de paraíso mío
noche-día fundidos
fuego
estallando en mis manos.
Yo
me quiero desnuda
emergiendo del polen
líquida en tu lenguaje
de rosas subterráneas.
Venada de tu pasto
me quiero libre
y ávida.
Lloveme cuarenta días
y cuarenta noches
colmame de humedad
hasta la transparencia
Que no hayan faros
para marcar el rumbo
del existir salvaje
ni islas
que contengan
la plenitud
arrasante
de las aguas.
Conjurá los ríos
que un día
se petrificaron
en mi pelo
y
desbordémonos.
I
Un buen libro
es como tú.
Podría pasarme
un domingo completo
leyéndote la piel
y amanecer el lunes
con la necesidad de volver
detenidamente
a leer
desde el principio.
II
Nunca dejes tu cuerpo
sobre la madrugada
No me tiendas tu sangre
como quien deja un lienzo
al descuido en la cama
No me insinues un bosque
un cielo horizontal
Mira que soy un cuerpo
Adentro de mi ropa
unos ríos fluyendo
sin desembocadura
sin playa donde estallar
oye que ríen mis duendes
que lloran mis princesas
que he perdido la brújula
entre tanto desierto
y aunque respire el frío
que hace casa en tu bosque
y me tiendas tu sangre
como un lienzo al descuido
después de todo el llanto
no sé como llegar.
¿Encontrarás el camino a mis manos?
¿Borrarás con tu beso
el abismo del tiempo?
¿Cómo palpitarás
si un día olvido
que no tengo luz verde
y decido cruzar en rojo
hasta tu espalda?
Es un crimen vestirte,
cubrirte con cristales.
Una inconsistencia, rociarte de
fragancias
ajenas a tu humedad de niña y
holocausto.
Totalmente imperdonable
no arrancarte perezas,
polvo,
andrajos
y contemplarte
desnuda
intacta
vital
palabra.
Estoy de pie,
en la calle
donde desembocan los destierros,
esa tierra sin amo y sin esclavos.
Vengo de algún lugar que tuvo
nombre,
de la persecución mortal de la
esperanza.
Vengo para dejar libres mis raíces
en el suelo fecundo
de mi origen.
Desde que te cabalgo,
desde que me cabalgas
y la ansiedad de mi piel
y el reclamo de mi boca.
El incendio diseminado
y tu nombre
y tu voz resonando
y la humedad
y el sol
y el bosque
y el mar
y el universo dentro de mí
haciéndoseme lágrima,
risa,
dibujándome tus ojos
prendiéndome fuego
fuego
fuego…
sé
que los demonios no me son ajenos
que el estado de posesión en el que habito
lo engendró un infierno
profundamente
humano.