Mejor levantarse a tiempo,
antes que los poemas
y la vieja música de la infancia.
No se ve el otro brazo del sol.
El día empieza como una marcha de soldados,
caen al suelo blancos de papel los amigos.
Vámonos por las calles donde nadie es intruso,
pisando nuestros dolores,
hasta encontrar el sitio
donde la vida irrumpa
como desde la boca de un hechicero loco
Cerca está el tiempo.
En la arcilla se refrescan algunas formas;
un hombre trabaja un cantero.
Alguien levanta la voz
que reposa en las piedras,
oculto dice una alabanza
a los jardines que un día recorrió,
con la mitad del cuerpo hundida en la luz
y la otra mitad hundida en la sombra.
Las calles son un taller oscuro
donde vi cosas que no dije.
Fui poeta, no pensé en las actas,
quise dar con el peligro.
Una noche llovió y quebré mi espejo.
Las damas se tienden unidas,
los monos tañen sobre ellas,
cargados de flores.
Aquí quedó oscilando mi última furia.
Engullo cada mancha de la pared,
cada clavo.
Y me siento dueña de mi voz descolgándose,
palpo sus aristas y me quedo quieta,
absorbo su semilla y ya no se esparce.
Me tiendo sin una piedra o talismán.
Junto a la ventana está tu rostro,
la tierra firme de tus ojos.
Me acerco y toco tu mano, tus rodillas,
paso mi mano por tu pelo.
Yo te conozco. Me pasaré la vida tentando el fondo
hasta que suba una imagen que se te parezca.
Las palabras no son de este mundo
sino cuando caen a tierra
semejantes a frutos o demonios..
Vivir ha sido convocarlas.
Tengo una sola almohada,
un solo respaldar,
pero cuido mi vaso,
mi risa:
en la espesura de las hierbas inclino mi cabeza.
En la noche cercana alguien me espía.
En las caras una lágrima se alarga.
Voy a entrar donde no logró deslizarse el sol.
Pero no querré enseñarles a llorar
porque soy una buena niña de piedra.
Duele el poema.
Hay una paloma abriendo el pecho.
El sol salta como una llama
hasta quedar en el pavimento.
No hay regreso. Prisa es la mañana.
El perro siguió la cadena de su amo.
Hecho polvo un hueso.
Porque espero
porque parece que nadie viene
por el silencio
y las cosas que son ajenas
por lo repentino y los pájaros
por las puertas
que únicamente al mediodía
en el calor cuando parecen abrirse
crujen y atrapan algunos ruidos
por el fuego
que sombrea su cola
pido perdón
pido perdón porque me inclino
porque espero
casi soplo
casi vida
casi mi cuerpo
abriendo tu cuerpo.
El cuerpo quiere rendirse
y no sé como aguardas todavía
en vez de maldecir.
Nada pasa. Se mueven
algunos tallos; un silbido
entra por la ventana.
Tienes que aprender a alejarte
y no digas después dónde estuviste.
En esta tierra donde debemos vivir
otra alucinación vendrá después.
Falta de cobijo, nuestra vida insepulta.
Un pueblo calla sus muertos
bajo la fuerza de algún resucitado.
En está ciudad aguzada en la espera
no debemos morir, en esta ciudad de cal
nuestras manos se aferran
al sol, al sol entre los cerros.
Todo nos falta,
un cigarrillo,
tiempo para escribir,
una excusa para los acreedores.
El último fósforo está empapado.
La humedad de la casa nos hace temblar.
Llueve.
Dame un mendrugo para el alma,
para el gesto huraño,
para el hambre
y buen tiempo
para los que se marchan.
Alguna noche insomne,
sentada al borde de la cama
los pies en mullidas zapatillas
y la tristeza enroscando
como un gato su cola en mis tobillos,
contemplo su tranquilo descanso,
su confinado sueño,
como si aún flotaran
en la acuosa seguridad de mis entrañas.
Analiza tu vida
que ya está programada.
A lo mejor ya vieja, las canas te pesen
y te hagan bajar la cabeza
porque tu herencia será lastre
y tus descendientes,
indefensos insectos adheridos.
Karla Dolores es un poema japonés.
Sus ojos fueron hechos de palabras
rasgadas.
y su piel, de finísima porcelana,
fue robada a Lin Fu, el alfarero.
Karla Dolores, el mejor poema
que tu madre no escribió:
tú te hiciste.
Debiste haber cumplido años hoy
y ya no estás, para tu bien.
Guardo tus palabras
y tu postrera ansiedad por mi
destino,
porque la historia no te permitió
vislumbrar este momento,
mucho menos comprenderlo.
El juicio ya fue dado.
Dejaré que muera en mí el deseo
de amar tus ojos dulces,
porque nada te podré dar sino la pena
de verme eternamente exhausto.
No obstante, tu presencia es algo
como la luz y la vida.
Siento que en mi gesto está tu gesto
y en mi voz tu voz.
Quiero llorar porque te amé demasiado,
quiero morir porque me diste la vida,
ay, amor mío, ¿será que nunca he de tener paz?
Será que todo lo que hay en mí
sólo quiere decir saudade…
Y ya ni sé lo que va a ser de mí,
todo me dice que amar será mi fin…
Qué desespero trae el amor,
yo que no sabía lo que era el amor,
ahora lo sé porque no soy feliz.
Amigos míos, hermanos míos, cegad a la mujer morena
Que los ojos de la mujer morena me están envolviendo
Y me están despertando de noche.
Amigos míos, hermanos míos, cortad los labios a la
mujer morena.
Que son maduros y húmedos e inquietos
Y saben hacer voluptuosa cualquier frigidez.
Una gota de lluvia
cuando el vientre grávido
estremeció la tierra.
A través de viejos
Sedimentos, rocas
Ignoradas, oro
Carbón, fierro y mármol
Un río cristalino
Lejano milenios
Partió frágil
Sediento de espacio
En busca de luz.
Amiga, infinitamente amiga
En algún lugar tu corazón late por mí
En algún lugar tus ojos se cierran al recordar los míos
En algún lugar tus manos se crispan, tus senos
Se hinchan de leche, desfalleces y caminas
Como ciega a mi encuentro…
Amiga, última locura
La tranquilidad suavizó mi piel
Y mis cabellos.
Lejos de los pescadores los ríos interminables
van muriendo de sed lentamente…
Fueron vistos caminando de noche hacia el amor
-¡oh, la mujer amada es como una fuente!
La mujer amada es como el pensamiento del filósofo
que sufre
La mujer amada es como el lago que duerme en el cerro
perdido.
¿Quién pagará el entierro y las flores
si yo muero de amores?
¿Qué amigo será tan amigo
que en el entierro esté conmigo?
¿Quién, en medio del funeral
dirá de mí: ‘Nunca hizo el mal…?
¿Quién borracho, llorará en voz alta
por no haberme traído nada?
Piensen en la criaturas
Mudas telepáticas
piensen en las niñas
Ciegas inexactas
Piensen en las mujeres
Rotas alteradas
Piensen en las heridas
Como rosas cálidas
Pero oh no se olviden
De la rosa de la rosa
De la rosa de Hiroshima
La rosa hereditaria
La rosa radioactiva
Estúpida e inválida
La rosa con cirrosis
La antirosa atómica
Sin color sin perfume
Sin rosa sin nada.
Una mujer al sol es todo mi deseo,
viene del mar, desnuda, con los brazos en cruz
y la flor de los labios abierta para el beso
y en la piel refulgente el polen de la luz.
Una hermosa mujer, los senos en reposo
y caliente de sol, nada más se precisa.
Sobre tus blancos pechos lloro,
mis lágrimas bajan por tu vientre
y se embriagan del perfume de tu sexo.
¿Mujer, qué máquina eres, que solo me tienes desesperado
confuso, niño para contenerte?
¡Ah, no cierres tus brazos sobre mi tristeza, no!
Esa mujer que se arroja fría
y lúbrica en los brazos, y a sus senos.
Me aprieta, me besa y balbucea
versos, rezos a Dios, votos obscenos.
Esa mujer, flor de melancolía
que ríe de mis pálidos recelos,
la única entre todas a quien di
caricias que jamás a otra daría.
De repente la risa se hizo llanto,
silencioso y blanco como la bruma;
de las bocas unidas se hizo espuma,
y de las manos dadas se hizo espanto.
De repente la calma se hizo viento
que de los ojos apagó la última llama,
y de la pasión se hizo el presentimiento
y del momento inmóvil se hiso el drama.
Fuera de mí, en el espacio, errante,
la música doliente de un vals;
en mí, profundamente en mi ser,
la música doliente de tu cuerpo;
y en todo, viviendo el instante de todas las cosas,
la música de la noche iluminada.
Una rosa es una mano es una rosa
es una linfa es una isla es una
luna es una nube que viene en la tormenta.
Una tormenta es el otoño es el verano
es la infancia es el desaste es el viento
que arrastra consigo las nubes y las islas.