En medio de un silencio desierto como la calle antes del crimen
sin respirar siquiera para que nada turbe mi muerte
en esta soledad sin paredes
al tiempo que huyeron los ángulos
en la tumba del lecho dejo mi estatua sin sangre
para salir en un momento tan lento
en un interminable descenso
sin brazos que tender
sin dedos para alcanzar la escala que cae de un piano invisible
sin más que una mirada y una voz
que no recuerdan haber salido de ojos y labios
¿qué son labios?
Ni tu silencio duro cristal de dura roca,
ni el frío de la mano que me tiendes,
ni tus palabras secas, sin tiempo ni color,
ni mi nombre, ni siquiera mi nombre
que dictas como cifra desnuda de sentido;
ni la herida profunda, ni la sangre
que mana de sus labios, palpitante,
ni la distancia cada vez más fría
sábana nieve de hospital invierno
tendida entre los dos como la duda;
nada, nada podrá ser más amargo
que el mar que llevo dentro, solo y ciego,
el mar, antiguo Edipo que me recorre a tientas
desde todos los siglos,
cuando mi sangre aún no era mi sangre,
cuando mi piel crecía en la piel de otro cuerpo,
cuando alguien respiraba por mí que aún no nacía.
Todo en la noche vive una duda secreta:
el silencio y el ruido, el tiempo y el lugar.
Inmóviles dormidos o despiertos sonámbulos
nada podemos contra la secreta ansiedad.
Y no basta cerrar los ojos en la sombra
ni hundirlos en el sueño para ya no mirar,
porque en la dura sombra y en la gruta del sueño
la misma luz nocturna nos vuelve a desvelar.
Yo también hablo de la rosa.
Pero mi rosa no es la rosa fría
ni la de piel de niño,
ni la rosa que gira
tan lentamente que su movimiento
es una misteriosa forma de la quietud.
No es la rosa sedienta,
ni la sangrante llaga,
ni la rosa coronada de espinas,
ni la rosa de la resurrección.
Si nuestro amor no fuera,
al tiempo que un secreto,
un tormento, una duda,
una interrogación;
si no fuera una larga
espera interminable,
un vacío en el pecho
donde el corazón llama
como un puño cerrado
a una puerta impasible;
si nuestro amor no fuera
el sueño doloroso
en que vives sin mí,
dentro de mí, una vida
que me llena de espanto;
si no fuera un desvelo,
un grito iluminado
en la noche profunda;
si nuestro amor no fuera
como un hilo tendido
en que vamos los dos
sin red sobre el vacío;
si tus palabras fueran
sólo palabras para
nombrar con ellas cosas
tuyas, no más, y mías;
si no resucitaran
si no evocaran trágicas
distancias y rencores
traspuestos, olvidados;
si tu mirada fuera
siempre la que un instante
-¡pero un instante eterno!-
es tu más honda entrega;
si tus besos no fueran
sino para mis labios
trémulos y sumisos;
si tu lenta saliva
no fundiera en mi boca
su sabor infinito;
si juntos nuestros labios
desnudos como cuerpos,
y nuestros cuerpos juntos
como labios desnudos
no formaran un cuerpo
y una respiración,
¡no fuera amor el nuestro,
no fuera nuestro amor!
Eres la compañía con quien hablo
de pronto, a solas.
te forman las palabras
que salen del silencio
y del tanque de sueño en que me ahogo
libre hasta despertar.
Tu mano metálica
endurece la prisa de mi mano
y conduce la pluma
que traza en el papel su litoral.
Es mi amor como el oscuro
panal de sombra encarnada
que la hermética granada
labra en su cóncavo muro.
Silenciosamente apuro
mi sed, mi sed no saciada,
y la guardo congelada
para un alivio futuro.
Acaso una boca ajena
a mi secreto dolor
encuentre mi sangre, plena,
y mi carne dura y fría,
y en mi acre y dulce sabor
sacie su sed con la mía.
Amar es prolongar el breve instante
de angustia, de ansiedad y de tormento
en que, mientras espero, te presiento
en la sombra suspenso y delirante.
¡Yo quisiera anular de tu cambiante
y fugitivo ser el movimiento,
y cautivarte con el pensamiento
y por él sólo ser tu solo amante!
Volver a una patria lejana,
volver a una patria olvidada,
oscuramente deformada
por el destierro en esta tierra.
¡Salir del aire que me encierra!
y anclar otra vez en la nada.
La noche es mi madre y mi hermana,
la nada es mi patria lejana,
la nada llena de silencio,
la nada llena de vacío,
la nada sin tiempo ni frío,
la nada en que no pasa nada.
(Realidad, incierta realidad o sueño.
Mujer siempre dormida en el poema.
Gacela despierta en suave paisaje de nube.
ausente de césped y horizonte
POESÍA ES A CONDICIÓN DE OLVIDO).
Estás en mí tan lenta que parece agua continua. Te veo caer
/en mis últimos
sueños, en blancos espacios de soledad. A la distancia
/mínima del deseo y la belleza.
Oigo la música de tu cuerpo en la yema de mis dedos.
En la mañana vacía
vestida de su alborada;
en la tarde fenecía
cual la rosa de la nada.
Estaba abierta de día,
de noche estaba cerrada;
cantaba como gemía,
sentía cuanto lloraba,
La flor del mundo ignorada,
que sólo el alma adivina,
de su tallo se alejaba
a ser la rosa divina.
Caída del éxtasis,
en el atardecer, entre pasiones e incendio,
música de silencio.
Tu frente se eleva como el fuego.
Se oyen los ríos, la corriente de la libertad y del paisaje.
La hoja independiente, la gota de agua,
iguales a un cosmos o poema.
A una sola línea del sueño, del color que es su vida. El mundo de
mis manos se vuelve sutil en su cuello. Luego, se pierde el mundo.
Esto ya es el gozo, la media luna, el canto de primavera. De sus axi-
las veo emerger la estación, el verano.
Augustos, en el valle, los muros columnados.
No claudicarán del roble en la senda y en los
pasos. Ni una sombra entre los dientes, por ellos,
el cristal. No se rinden siquiera del árbol y
las ramas. Penden del filo el héroe, las lanzas,
la gloria en los cabellos.
Todo lo que me separa de ti
es tristeza
Todo lo que siente
corazón distante
muda pena
es todo cuanto escucho
mío cante
Madre
que estás en aquellos
que he amado
Sombra
cuya sombra mudó
hasta alcanzarte
fría tierra
dó el niño dejó
y fue instante
Cuanto siente
ciega
corazón grave
todo lo que me une a ti
es tristeza
Yo he hecho de todo
en esta vida
mil amores de años
con Alberto
Abogado
Ejercí como abogado
Tengo dos hijos
sanos
qué más puedo pedir
No viajo
le tengo miedo a los aviones
Además
viajar con el marido de una
cuesta demasiado
Por costumbre
se acuesta en la cama
a esperar a su marido
que llega siempre tarde
da las buenas noches
bosteza
Ella se va al baño
aplaca la furia
con su mano maestra
recostada en la toalla
cuando él entra y pregunta:
«¿Qué haces aquí?»
«Nada», responde.
Cuando jueguen. Cuando cierren puertas y nadie
diga escondido. Sin que rendijas. No te alcanza
el destello. Es juego. Abrimos ojos de grandes.
Lo que me cubre para que no me veas. Que no me
ronde el silencio; dijera. Se me alarga una lluvia,
se prolonga hasta lo último y no puedo.
Aunque sin hambre debo comerme todo
llenar mi estómago de frutas y de pasto
mi sed toda beber las jarras de agua
que me fueran ofrecidas
los refrescos
Debo saciar mi pensamiento
de muchas maneras engordarlo
darle lumbre al fuego que me alumbra
pollo
las mesas de la casa dispuestas
para el niño que llega sin hambre
Mis fauces tribales quieren carne
mis dientes de leche amoladarse
porque viene el silencio si no
a torturarme
Eran las siete y media de la noche
cuando la selección de España goleaba
por quinta vez a Dinamarca
En realidad no era muy importante
sólo que mi hijo/ de nueve años
estaba felíz
Ya habíamos apostado/ en mi contra
tres puntos a uno
Entonces
sonó el teléfono
No sé qué decir/ perdóname
Fue todo muy breve
El niño grita gol/ sobre mi oído
Antes de abrir esta boca es mía
decir que es esto lo que quiero
sufro dictando un número pierdo
el café la cucharilla la rodilla o Vallejo
Antes de amar
-que es tan solemne-
largo a sudar el quejo del estado
ya diviso los obstáculos el salto me impresiona
trastabilleo un caballo
todo me asalta un miedo formidable
Antes de besar
-que es tan humano-
resumo del peso alocución de esclavo
paño lagrimeo amor hasta el detalle
Antes de llegar ya me voy
y de nada me pierdo que no sea la muerte
El cadáver es el estado final del sufrimiento
-Peter Handke-
I
Abril es el mes más cruel
y
los peores poetas
escribimos en primera persona
versos que no importan a nadie
(Escribe: el mundo)
El mundo es el ombligo
Abrir
abrir la carne
(ver)
soñar con la ciudad
de la infancia
el país de la primera edad
en las faldas de la madre
ciudad arqueada
que a los quince años
ya era imposible
pregunté al otro
al que apaga la luz al carnicero
qué ha sucedido
por qué estamos a oscuras
Herir
herir muy bajo
cortar
abrir la carne
árboles en flor
al pie de la muralla
santa catedral
luces de neón
del cielo
de París
en primavera
No he visto nevar
palabra blanca de la tierra
¿Cuáles son las raíces que se aferran
qué ramas crecen
de esta pétrea basura?
Música
en el cielo
en los oídos
en la piel del antebrazo
dormiremos esta noche
roja de la sangre
sed
todo ha muerto
Ver
volver
abrir
abrir la carne
Visiones que la muerte
lleva en el cadáver
sordo a su quejido
abrir
abrir la reja
(Sal: esta es la luz)
El niño juega en la caja de piedra
gárgolas
puertas del cielo
sólo de tu mano
no tengo miedo
Cielo de neón
haces de luz
en las barcazas
sombra de la mole
catedral de la ciudad
Isla de Francia
solo del cielo
sombradura
Puentes abadías
precipicios del Arte Universal
música del cielo de París
a orillas del Sena
El niño danza en la caja de piedra
labio que ha cerrado
su boca en el oído
ni luz ni oscuridad
sólo la sombra
áspera del hierro
El hombre bebe la inmundicia de las aguas
trae una sed de siglos en los belfos
una sed fría, en punta, que ara cauces
en el sueño moroso de la tierra
cuerpo henchido
saciado
besado
fango del Leteo
Copas de los árboles
simétrica belleza
veleros en el lago
del jardín de Luxemburgo
Atiende a tu promesa
cielo negro sin oído
ciudad
luz
belleza
santa perra
música del cielo
El hombre que ha sufrido
bebe de sí mismo
se ahoga en la corriente
turbia de las aguas
hasta el cuello
Soy: ahora me pierdo
Cúpula cobalto
cielo de Francia
llorar
irse muy lejos
Techos de pizarra
espejos
donde el hambre se devora
saciados
no
gélido silencio sin color
liquidez en la que se puede hundir la mano fascinada
Faros del auto
luz del cielo
cobalto
de París
en primavera
la nube en el ojo de la dama
ciega
frente al bosque
respirando
(cortar: abrir la carne)
El niño canta en la caja de piedra
llora
esta noche
campo del espejo
quebrado
en el desierto
abre, por favor, la puerta
Dormía en los fangales
al sol
con los caballos
Nadie escucha lo que dices
nadie sabe
(matar: ser la tiniebla)
No
no hemos llegado
pienso en alas en fuego en música
pero no
no es eso lo que temo
túneles de miedo
dejarte en las palabras
decir
¿Tiene usted un vaso con agua?
París, 20 de abril de 1988
Tomamos el barco en le square du Vert Galant
Antes habíamos contemplado
a los enamorados la orilla del Sena
En el oscuro parque abierto al deseo
la ciudad se divisaba
como extraída de una tarjeta postal
Tú tenías sueño
A pesar de ello querías mostrarme
no sé qué cosa de París desde el río
Ruidosos turistas italianos
muchachos de cabellos largos
jóvenes
mal vestido
sin conciencia de ser extranjeros
tomaron el Bateau Mouche
ante la mirada indiferente del capitán
y de la mujer de falda roja
quien al tomar el micrófono saludó
Bienvenidos a bordo
El barco viró hacia el Oeste frente al Louvre
Mientras la joven desgranaba la historia
repetida una y mil veces
(The history of The Louvre is long and complicated)
un potente reflector haces de luz desde la barcaza
extraían de la noche la notable arquitectura de éste
y de otros monumentos
‘A droite’ ‘a gauche’
narraba la voz metálica de la guía
relatos en dos idiomas que nadie escuchaba
Tú dormías
Arriba en lo alto del bote al aire libre
a pesar del frío
-helada de primavera-
los turistas festejaban el paseo
con sordos comentarios carcajadas
y balabas de su tierra natal
Uno a uno dejábamos atrás
puentes cúpulas jardines
estela de voces
ruido no palabras
sur le Cours-la-Reine la France de lépoque romaine
de Lenoir la France moderne de Michel sur lEsplanade
des Invalides la France de la renaissance de Couton el la
France de Louis XIV de Marqueste
La luz indiscreta proveniente del bote
cegó por un momento a los circunspectos comensales que cenaban
a bordo de un restaurante flotante
Al cruzar el puente del Alma
la torre Eiffel fue recibida con pequeños gritos
flashes de cámaras automáticas
misterio en fin de un momento inolvidable
que jamás será revelado
ni en ésta ni en otra fotografía
El capitán maniobro con fastidio
rumbo al lugar de donde habíamos partido
Durante un largo trecho no hubo nada qué iluminar
-ni qué fotografiar-
Tú recostaste la cabeza en mi hombro
y yo recordé a la niña que no había conocido
en algún lugar del Barrio Latino
decidida a perderse en las aguas del Sena
cuando un negro le ofreció de beber
y trató de animarla al mostrarle
el lugar donde escondía
en uno de los muros de Saint Julian le Pauvre
haschís heroína
No tenía por qué hacerlo
y ella no tenía por qué matarse
el ruido del motor
le otorgaba intimidad a este espacio
donde hombres y mujeres bostezaban
cansados de una jornada que no excluía
la cháchara banal
la confusa sucesión de imágenes
que luego serán olvidadas
Sucedió de improvisto
Un haz de luz azul giraba en lo alto de un automóvil
extrañamente aparcado en el quai DOrsay
cerca del museo donde quise llevarte
para que vieras a la ciudad
a través de uno de los relojes de la antigua estación
El barco avanzaba penosamente
ciego a la visión
el capitán la joven guía
los turistas italianos en lo alto del bote
guardaron silencio
cuando un grupo de gendarmes
-la luz azul
girando muda-
extraía del río el pesado cuerpo de un hombre
Te dije: mira
El barco se deslizaba indiferente
ante las torres de la Conserjería
on vous montre les fenetres de lancienne
prison des femmes sous la terreur
Tú señalaste el espíritu de Dios
en la caja de piedra
la emoción en ruinas de un poema de Cernuda
El barco continuó su marcha irreversible
hacia lo lejos, más, hacia la flor sin nombre
los días en las láminas los versos las palabras
ciudad arqueada que a los quince años
ya era imposible
Gracia de los cuerpos
puentes abadías
precipicios del Arte Universal
a orillas del Sena
la voz metálica de la guía
anunció a la izquierda
la mole de la Santa Catedral de la Ciudad
bella
peor
bajo los faros
y los flashes de las cámaras automáticas
abrió su corazón de piedra
la gárgola el cielo
Yo venía de la guerra
es decir de un nuevo engaño
de esos que, al igual que el dolor, hacen bien a la dignidad narcisista
según había leído en un poema de Pier Paolo Pasolini
y que ahora llevaba como marca en la frente
-en cada herida una lección para el futuro
vacío pero inmenso-
Ya había escuchado el ruido de las aspas
y el humano deseo
de abrazar hasta los párpados
Conocí la metralla en el teléfono
y en el océano las yardas
Sorbí el trago de París a fondo blanco
parte a parte lloré por Alemania
Tuve horrendas pesadillas
recuerdo especialmente un viaje en elefante
-de viajes no me hablen-
Me persiguen las imágenes
de cuerpos mutilados
en los campos
brazos antebrazos frutos de la carne
Qué sangrientas las batallas, Susan Howe
Yo venía de la guerra
y sólo traigo unos poemas
Hay miedo en el dolor
ayer no más decía
y estas palabras para un nuevo encuentro
lo importante es invisible para los ojos
porque el odio fluye en un río de sangre
El escritor está solo
solo ante él
solo ante el mundo
solo ante la persona que ama
Esto último lo aterra
¿cómo solo?
Trata de poner en orden sus pensamientos
-la persona amada tiene los ojos color miel-
El escritor tiene un gran miedo
¿qué diferencia este amor del otro?
El escritor sufre considerablemente
¿Qué significa esta sed partida?
¿Este rectángulo interior
entre puntos y líneas?
Debe resignarse ante la duda
La muerte empolla un huevo
con gran lisura
Todo es atropello piensa
miedo a secas
Odia la escritura
Esta casa surge despacio en el agua de la lluvia que caía por los muros y olía a yerba y a todo eso. Antes salían ellos, los siempre vestidos, y uno se quedaba mirando por detrás de las puertas toda esa agua que irrumpía por los muros y las ventanas abarrotadas.