Alto mañana

Yo, la hija del extranjero
que lleva una india tras la cara,
alzo mis manos en las cumbres
y pateo firme la tierra larga.
Yo, la mujer blanca
nacida, criada y amamantada
en estas tierras americanas,
con mi pedazo de canela
creciéndome en las enaguas,
con una raíz en la distancia,
doy mi follaje, gaviota,
barco, vela, espacio, tiempo,
rayo del sol, lucero del alba,
petate, jarra;
de mi resina se alimentan
todas las aguas.
Yo, la mujer que alza su rostro
sobre las pirámides de nácar,
y lleva por vestido un monte,
y por penacho, cinco nostalgias.
Yo, la desposeída del propio
futuro,
dueña majestuosa del más alto mañana,
llevo en los pies cascabeles
y rasco y horado un pasado de obsidiana.

América

América, te percibo con el dedo
de los pobres,
desde tu íntimo deseo de ser mano.
Te percibo madre-padre de los que de ti
fueron arrancados.
Tu tierra ha ido puliendo
la nostalgia, día tras día,
hachazo, guaro, mujer pendiente.
Hijos del cacashte antiguo
de tus ídolos.
Hermanos de este Cristo tan hecho
a la medida de tus clavos.
Y tú, apenas hoy te levantas
para decirnos: buenos días, muchacho,
Qué haces?
Muchacha, buenos días, Duermes?
Duermen todos?

Ciudad: San Salvador

Ésta es mi ciudad. Hay olor
de gente por todos lados.
Un olor atropellante
que galopa sobre las aceras
-y, aunque no haya aceras, galopa lo mismo-.
Olor que crece sin decrecer nunca
y va en su ascenso dejando rastro.
Olor que asume para sí mismo
un especial olfato.
Ésta es mi ciudad: un olor.
Olor que te absorbe y te ras
de mano en mano.
Como poder entonces decirnos
Como poder entonces decirnos

Deslizado murciélago

La vida transcurre,
deslizado murciélago
de noches cerradas.
Al final de una gruta
una fuente y un árbol pispilean;
mariposas de musgo
se acercan.
¡Nunca mas el agua repite el mismo curso!
Hojas caen en los remolinos
del tiempo,
mientras el aire, tranquilo demiurgo,
hijo del éter,
vigila sigiloso
el aleteo de todo lo que existe.

Entraste en mí por un beso

Entraste en mí por un beso.
Luego,
ya no fue sólo un
beso.

Fuiste tú.
Con tu vergüenza de hombre
Con un traer recuerdos
a mi futuro:
con un depósito
de ventanas
y unos paisajes diarios.
Entraste. No sé si de visita.
Viniste. Eso es todo.
Otro año será
aquel en que me saques
tus manos de mi cuerpo,
húmedas de mí…

Ideología

Ventana hecha de cualquier cosa
y para cualquier hombre.
Tú me das al mundo en archipiélago de nombres,
y me quitas un ojo
y otro ojo me robas.
Me dejas ciega en mi pobreza de pobre.
Ventana de un mundo que se ordenó en desorden.
Caos de mi palabra en tu angustia torpe.
Ciérrate ante mi. Verte no quiero,
ventana del mundo. Deja que el mundo llegue
y tome: del mar, sus aguas,
del camino, la vereda, el monte…
de la piedra ¡el golpe!
Ventana del mundo: retírate.
Deja que el hombre sea hombre.
Ancla tu ancla en tu silencio oscuro
que oscuridad esconde.
No quieras ser sus ojos,
ni su voz ¡menos su nombre!

La siguanaba

Países: vulgaridades sonoras,
silentes, pestilentes.
Países: sombras que a cada lado
se acomodan tratando de obligar
a la vida a que los piense
y los desee como únicos valores.
Hojas secas, tostadas a fuerza
de energía sintética.
Países que por pretender programar
desde unos huesos el futuro,
cierran un juego sin encarnar mas
que la nada.
Vienen luciendo sus pájaras
Casandra, Pandora y la Siguanaba.
Países: no hay ya tablero
para mover tus piezas y,
aunque lo hubiera,
Casandra se limpia los dientes filudos
con una astilla de Troya,
Pandora tiene vacía la caja
y la esperanza no existe,
y la Siguanaba…
¡Ah, la Si-gua-na-ba!
De tanto ir a caballo, llego también a Troya,
justo en la noche de todos los incendios.
Queda solo un camino:
recobrar lo auténtico y tirarlo a la pira.
De esas llamas sacaré collares…
Solo que esta vez, ¡irán a sus orígenes!

Llagas erizadas

(Mientras Carlos Cañas e Isabel de Sola escribían)

Triste vergüenza del hombre que camina,
que marcha puliendo su agonía,
retocando con alambres sus escaramuzas.
Vergüenza terrible de una estirpe
que momifica sus verdades
por la repugnancia que causa el conocerse
en lo que somos.
Quién tamiza sus silencios
hacia adentro
Y quién, quien vierte su podredumbre
sudorosa, su pus pestilente por los ojos
hacia lo otro? A ese otro pus igual
que el mío, gangrena elemental
nuestra historia?
Y el mundo nos exhibe sin detenerse.
Nos restriega esta mismidad tan compartida,
porosa, en su sombra proyectada.
Y nos quebramos todos, en distinto
tiempo,
sin que nuestros dedos acaricien, palpen,
ejerciten su pronóstico en los dedos del otro.
De ese otro pus, que es como el mío:
gangrena elemental de nuestra historia.

Noticias

La antena de televisión
se confundía con la pantalla
de 36 mm de la casa del vecino.
Al otro lado, un transistor
daba las noticias del minuto:
Tres caracolas fueron encontradas
en las pirámides de Geoz.
Hace apenas dos horas
se acaba de dar por finalizado
el acto de inauguración
de la Tercera guerra Universal.
Un hombre fue visto ayer,
en horas de la tarde,
en una plaza repartiendo tortillas.
A los pocos minutos se tenía
la pista del desconocido y ahora
se prepara a recibir su sentencia
en la Cámara del Comercio y de la Banca,
por haber faltado a la moral
y al orden público.
Lo menos que merece este individuo,
por haber repartido tortillas
cuando el Señor Presidente de la República
estaba homenajeando al Primer Rector
de los Abusos, al Excelentísimo Señor Doctor
de todos los ataúdes, y a la Primera Dama,
Señora Benemérita de la Pro-constitución,
Doctora Cuca-Kola, digna del agradecimiento
de las Américas,
es un envenenamiento lento y cáustico
a mas del suplicio de la fidelidad,
amor y buenas costumbres.
Pedimos, a todos los terrícolas,
un voto masivo de repudio
a semejante acto delictivo,
y los invitamos a seguir manteniendo la guerra,
el hambre y la degeneración,
únicos valores de nuestro grandioso mundo.
Hasta aquí las noticias del día.

Pasaje de ida

Cuando el contorno se estrecha y nos asfixia,
cuando el amor que soñamos y esperamos
se queda trabado de una rama,
como cualquier piscucha…
Cuando andamos como las gallinas
y como las patas: buscando donde
desovar con la temperatura necesaria,
volvemos a unos brazos que existieron
nunca en nosotros.
Y es entonces que lo imaginado
cobra lugar de compensación sin nombre propio;
para que vayamos, dentro de nosotros mismos,
a vernos en ese cristalino que llamamos tiempo,
y nos estiremos como gusanos,
dando los largos, mas no los anchos,
de nuestras esferas en los anillos;
para que volvamos a buscarnos nombre, cuna,
y algunos cuatro tontos para llamar familia;
para que vayamos en busca de aquellos brazos interiores;
tal vez de un espejo y quizás de un peine.
Mas de repente, el contorno explota, y hace
que muramos.–Como si la muerte
y sólo ella, tuviera los brazos exactos
para el calor y el tacto de nuestro cáscara-cuerpo.–
Entonces, solo entonces,
cabe esperar a que se abran
los días con sus noches,
los volcanes con su fuego-misántropo,
encerronado y eterno.
Esperar porque el cansancio consuma
las palmas de una mano,
las huellas digitales,
prisioneras, en cadena perpetua…
Esperar en el semáforo a que pasen
los mendigos y los desocupados,
infinitas procesiones de crucificados
inútilmente
Que pasen los días con sus noches,
los volcanes con su fuego-encerronado;
el cansancio, las palmas, las huellas digitales…
El cansancio, el cansancio, que pase…

Realidad horizontal

El siglo esta aquí,
abierto ante los ojos.
Trae consigo la voz alzada,
la voz nacida de la profunda América.
Esa voz que a veces es borbollón de sangre
manando por una grieta,
y a veces, tan sólo a veces,
es grito abierto en el aire y alarido de parturienta.
Mas quién va con ella… Quién… y por dónde?
Nadie.
El siglo, como esta tierra,
están anudados, solos, en el ombligo de la noche.
América…
día dormido aún en el horizonte.

Realidad vertical

Varón de seda fugitiva,
espejo de este azul tan transparente,
descalza tu lenguaje,
llévame en tu frente;
en tu trueno-música recoge mi tambora,
mi hormiga de colores
y esta magia-real que a ti te explora.
En tus brazos apriétame
la nostalgia de ti,
hasta hacerla callar.
Porque yo en ti deseo
ser, minuto, segundo. Hora.
Estancia y minucia de tus sueños,
necesidad, hambre permanente. Mar.
Idea, carne, flor del valle.
Montaña de peñasco antiguo.
Cordillera fértil de tu boca.
Y en tu pecho,
en tu latir de sangre-tierra-roja,
ser, ser contigo esta profunda lágrima que llora.

Serpentinas cloacas

Síntesis de cuervo
nuestra memoria agita
su bandera inagotable…
Sangre pelada de la tierra,
nuestras personas: función aracnida.
Vamos así dentro del ritmo,
desconociendo los rostros.
Pauta del tiempo que se cobra solo.
Rezumo en el nervio
de serpentinas cloacas.
Reptiles rectilíneos,
los cuervos se delatan.
Trataran de acercarse en mi interior
mas puro los insípidos cuervos
de la noche ensangrentada.
Intentaran sabotearme. Provocarme.
Y se irán acercando
entre sus plumas, batiendo sus alas,
acariciando el polvo
que mis sandalias dejan,
“evitando”, segun ellos,
el peligro que presenta para ellos
mi palabra.
Creerán seducirme
con sus estúpidos halagos.
Sembrarán la discordia.
Pondrán duda entre los dientes,
¡calumnia tras de mi espalda!
¡Ah, cuervos de la larga noche!
No han de poder conmigo,
pues ahora es el mañana.
Mi rebeldia se les escapa
por entre las piernas
sin entrar, ni por un momento,
en sus apestosas cloacas.
Genuina es mi fuerza,
y árbol de sangre
fermentada es mi palabra.
Sin entrar en “su” guerra,
camino desnuda,
y llevo pólvora en mi garganta.
No soy de ustedes.
Ni me han de tener consigo,
pues soy testigo de mi tiempo
y a nadie voy atada.
Libre en lo que cabe,
y rebelde desde el fondo,
mi posición me pertenece
pues soy de ustedes
y de los otros,
los dos ojos de la cara.
Nadie me cuenta cuentos
aunque creo con vehemencia
en las hadas.
Tormenta es mi dolor.
De olor a madres descuartizadas.
Fuego, luz y sonido,
¡rayo feroz mi guerra que me estalla!
Sola voy, desnuda de mis huesos,
y llena de madres ametralladas.
Pero las sangre de mi tiempo
se cobrarán un día sus alas.
Y aunque no tengo acuerdo con ellos,
los pongo a salvo en mi palabra.
Porque mujer soy,
y tengo vientre,
y senos de leche helada.
Palabra es mi presencia:
testigo de sus aldabas…
que he de romper con mi voz,
pues fuerte soy de la vida y la vida…
conmigo, señores, y con estos miles
de muertos, sepultados para siempre
en la imbécil vergüenza de sus caras.
Quién conmigo se atreve a no ser nadie
y tener nada?
Quién conmigo y el hombre?
Quien, por la existencia del mañana?

Siglo XX

Camino de ti, en este breve instante de tu hora,
voy siendo apenas esta hoja desprendida,
donde una ilusión su nido encuantra agonizando.
Esta hoja fugaz, pálida vena del destino.
Hiel. Carroña innecesaria. Veinteavo deseo
de ser un soplo vivo.
Qué lenguaje usar para decirte que te quiero.
Siglo árbol que enredas mi espesura.
Qué dialecto secreto entre nosotros/
Qué brisa/ Qué viento/ Qué angostura/
Por ti, en mi recojo el eco de los hombres:
miniatura del ser, extrema cortedad
del reino del detalle.
Por ti recojo en mi detalle y todo:
ruido de camiones, humo de fábricas.
Huelgas sangrientas, metrallas, vozarrones.
Recojo tambien cunas desvestidas,
muertes impunes a causa de tu nombre.
En ti voy viendo al mundo y sus mundanos
traidores: civiles, curas, militares,
médicos de cabecera, especialistas,
estudiantes, abogados. Ingenieros y arquitectos
de la injusticia. De la ciudad del hambre/
Poetas de la deshonra. Novelistas del fraude.
Maestros del pica-pica, a falta de perro
que les ladre.
en ti, voy siendo apenas esta hoja de la hiedra,
rastrera, a fuerza de ser el ronquido de la tierra
Hoja cantante de una realidad cientificista.
Hoja burlesca de mímico lenguaje.
Y tú, el árbol de remedios fugitivos; de soluciones
abiertas al desastre; débil gorrión,
enfermizo deseo de ser padre.
Alimentas en tus calderos el olvido del honor,
el abandono de la madre.
Cueces orgullo con vino tinto.
Sirves la mesa y no sabes,
como cocinar el que otros siglos
no tengan que juzgarte.
Siglo veinte: qué lenguaje usar
para decirte que te quiero,
si por amor fuera a cambiarte.
Por ti, voy siendo apenas
tu agonía, esta hoja fugaz…
Veintavo deseo de ser un soplo vivo
Así, espejo frente a espejo reina el mundo.
Fulgor contra destello al hombre abate,
y en este sentir de la hoja y de su árbol,
árbol y hoja se confunden.

Total memoria

A G.E. por haber ayudado a recuperarme a mí misma)
“Vamos, esto es realmente un espectaculo
que ha sacado a los muertos de sus tumbas
¡La población de los viejos cementerios
de las colinas, corre a verlo!
¡Fantasmas! Fantasmas innumerables en los flancos
y en la retaguardia”.
Walt Whitman
(De “Balada a Boston”, 1854)

I
Ciudadanos de una tierra de raíces…
¡Manglares vagabundos
buscando lo blanco en unas alas!
Cadáveres ya de cuerpos que no existen
caminando con muletas hacia la gran ciudad buscada…
Cojos indecisos por una libertad de papel
bajando gradas.
Manoseada forma de hablar y de decirse.
¡Nada clara!
Abofeteando la inteligencia que calzamos
¡fruta jugosa con su propia tierra exacta!
¡Soberana forma pensante toda una!
atentada
por explosivos cargados con la dinamita de 9 muertos,
hoy, que han crecido las murallas.

II
Y adonde, en la razón y en el juicio,
los otros sesenta y nueve mil novecientos noventa y un
cadáveres?
En qué cárcel de oscura pestilencia se quedó el vecino,
el hijo del comerciante, el profesional instruido,
la muchacha joven que quiso interpretar con sus entrañas,
la Sinfonía del Nuevo Mundo?
Qué avioneta los arrojó al mar casi cadáveres?
Qué perro devoró sus carnes?
Quién fue el que ató sus manos a la espalda?
Por órdenes de quiénes se mutilaron sus huesos,
se electrocutaron sus miembros?
Cuántos torturadores hubo? Adónde están y quiénes fueron?
Adónde, quiénes
y a cuántas ratas metieron
en las vaginas de las vírgenes?
Qué cuchillo o qué cigarro se aproximó a los ojos?
Cuántos escupieron sobre los rostros y quiénes siguen siendo
los que dan la cara?
Cuántos quedaron putrefactos en las paredes de las cárceles,
incrustados en las aguas de las bocanas?
Quiénes sacaron a quiénes de sus casas, por la noche,
con sus carros blindados, para que jamás volvieran,
para que nunca retornaran?
Quién dio la orden?
Quienes se jactan de tener Próceres en sus familias
y celebran cada año la Independencia de la República
-ganada a punta de curas rebeldes, en su tiempo-
y ahora piden hostias en las misas
y se dan golpes de pecho
en las espaldas?
Con quiénes habla Matías Delgado ahora,
que ha tenido que acoger al arzobispo
y a siete nuevos curas masacrados
en el seno de un viejo 15 de septiembre?
mientras el país deja que pase todo
como agua…
Quiénes y adónde arrojaron las doradas semillas
para el estallido?
Quién cosechó el fruto de la soberbia, de la inconsecuencia?
Quién nos refrescara la total memoria?
Cuántos caminaremos por los caminos,
para desenterrar a los muertos?
Unir sus pedazos?
Qué hueso tomará la decisión por mí?
Qué haremos todos, esta vez?
¡La vida va pasando! Pasa?

III
¡No se que haran ustedes!
Por mi parte,
no voy a basarme en la muerte de solo 9
cuando hay 69,991 más, esperándome
con su azadón de tiempo y su maleza en punto.
Por mi parte, quiero tener presente que junto a esos 9,
quedaron 69,991 guisos a la mitad de sus hervores,
desayunos intactos,
televisores encendidos,
radionovelas al aire.
Madres rotas. Mecedoras moviéndose. Esperando.
¡Que en el sueno, la pesadilla no se arrodillo nunca!
Que de esas 69,991 irrecuperables pulsaciones,
hubo miles de mujeres solas en su noche de bodas,
hombres descuartizados a la mitad de un orgasmo,
abuelos desdentados aguardando su atol de maíz,
su cajita de maicena.
Cabezas de niños pidiendo leche. Con la boca abierta en el pecho
de sus madres.
Aullidos horribles en mitad de la noche.
Pueblos errantes…
¡Libros que todavia aguardan, para que los lea alguno!

Vísceras planetarias

A Edmundo Barbero, mi padre

Cuánto diera por saber lo que tarda el agua
en convertirse en agua viva.
Plena de musgo, de algas, de trasparencia oscura al ojo
no avezado en la meteria.
Y cuánto diera de mí en el sabroso desgaste
hacia lo humano.
Hartarme de gente y no llenarme nunca. Ser el nuevo
metabolismo de la civilización
occidental, torturada cultura de las llagas
y mil púas invisibles saliendo por todos lados…
Me conmueve el no saber el hacia adonde de lo nuestro.
De lo que hemos hecho nuestro
sin propiedad, tan sólo porque existe una sangre
y unas células heredadas del inmenso pasado.
Y en esta incertidumbre visceral, a la que no he podido
acostumbrarme todavía,
continúo mi escrutinio y el hallazgo, es siempre permanente.

Y vino Dios un día

Y vino Dios un día
a jugar conmigo.
Juntos fuimos al Hombre.
Recorrimos al hombre.
Gozamos en el hombre.
Mi ser ya no podía con su
infancia abierta,
ni Dios con su cansancio.
Nos miramos.
Nuestros pies
unieron las piedras
y así formamos
un cementerio
sin cruces.
Ya nadie podría
beber nuestras angustias
y nadie tendría
en sus distancias
flores de papel.
Nos llenamos de hormigas.
De soledades abiertas
y cerradas.
Dios habló.
Me fui yendo poco a poco
y dejé al hombre solo.
Mañana será otro día me dije.
Pero el día no vino.
Y Dios quedó encerrado.
Empecé a llorar.