Pero que atienda a un zorcico
Más que a jugar su abanico,
Qué capaz!
Que aplauda con boca y manos
Juan los versos italianos,
Vaya en paz.
Pero que porque él se extienda
En su elogio, los entienda,
Qué capaz!
Poemas mexicanos
Que priven al juez de oficio
Sin perjuicio de la muita,
Porque en sumario resulta
Pilatos en su ejercicio,
Y de la ley con perjuicio
Haber hecho en un par de años
Más injusticias y daños
Que un hortelano hace podas:
AhI me las den todas.
Que tenga la otra casada
A su prudente marido
En tal extremo aburrido,
Que ya no se meta en nada:
Que entre y salga una chusmada
De trato no muy honesto
Con quien ella se entretenga,
Y al pobre marido tenga,
Aunque bien armado, expuesto
A ilevar su banderilla:
iFriolerilla!
Que un rico cuando hay función
Asista a misa y sermon,
Vaya en paz.
Mas que, sin que convite haya,
For devociOn s6lo vaya,
iQu capaz!
Que tosa en el templo Juana
Cuando le viene la gana,
Vaya en paz.
Señor en sus obras magnifica,
Hasta que de una cabra los balidos
Nuevos placeres a gozar la inclinan.
Cerca de la cascada, en un repecho
O ue en tosca, pero hermosa simetrIa
Forman rudos penascos, un aprisco
De baladoras cabras se divisa.
Si no te acomodas,
Lector, a mis veras,
Llámalas tonteras:
Ahi me las den todas
Que priven al juez de oficio
Sin perjuicio de la muita,
Porque en sumario resulta
Pilatos en su ejercicio,
Y de la ley con perjuicio
Haber hecho en un par de años
Más injusticias y daños
Que un hortelano hace podas:
AhI me las den todas.
Silvia en el prado
Cuando Silvia al prado
sale a divertir,
el campo se alegra
al verla salir.
Jilguerillo hermoso,
bello Colorín,
dulce Filomena,
desde un alhelí
le cantan la salva
con pico sutil,
juzgándola Aurora
al verla salir.
I.
A Si/via.
Al pintr de sus ninfas los primores
Suelen firgir mil cosas los amantes,
Tomando ora del sol luces brillantes,
Ora robando el átnbar a las fibres:
Ya usurpan de la nieve los albores,
Ya el brillo de las perlas y diamantes,
Colorando a las bellas los semblantes
De la purp(irea rosa los colores.
Tigres esta isla barbara sustenta.
Se dice que del mar horribles focas
Salen tambidn; 6 acaso armas ajenas
Traspasarán mi pecho entre estas rocas.
iHaga el cielo a. lo menos que en cadenas
No me pongan mis asperos destinos,
Hilando cual esclava en duras penasi
Siendo nieta de Apolo, hija de Minos,
Y lo que es más, ya tuya en esponsales
iAh, no lo permitáis, dioses divinos!
AsI mi musa suele
En ocasiones
Jugar, por divertirse,
Pares y nones.
A Ia doncella de trece
Que ya de novelas gusta,
Y el padre Parra la asusta
Si la madre se Jo ofrece;
Y que, si el chulo aparece,
Cortando aill la lectura,
A cantarle se apresura
Apasionados cantares:
DIgole pares.
La Resolución.
Yo fuf jóven y amé. IVanos anhelos!
Pues buscando placeres y duizura,
Hallé tan solo do esperé ventura
Sustos, temores, ansias y desvelos.
Quise a Silvia, probe mil desconsuelos;
Amé a Lesbia, llenéme de amargura;
Adore a Clori, vi mi desventura;
Idolatré a.
Va a amanecer: gozosa la campana
saluda al resplandor que el alba envía;
se alza del lecho la doncella pía
a rezar su oración de la mañana.
Cansada de gozar, la cortesana
sale riendo de la alegre orgía;
maldice el amador la luz del día,
dejando de su amada la ventana.
Sentado de este río junto al cauce,
vengo a pensar a solas en mi suerte.
Por acercarme al reino de la muerte,
vengo a buscar la sombra de este sauce.
Mi ser ha trastornado la amargura;
me está quemando el sol, y tengo frío;
voy, refresco mis miembros en el río,
y me siento abrasar en calentura.
Antes de partir
plazas y parques fueron una historia que no se pudo
nombrar
que sin decir las frases
bajo un pórtico le nacieron noches
tantos años para recordarnos
tantos nombres para ser suicidas
es entonces
que despertamos
con el presentimiento de saberse alguien
con la ansiedad de salir
para reencontrarse con esta distancia
y perderse.
Cuando nos hayamos contemplado
la melancolía será flor en los puños
mirada que pierde
origen de primera mano
para explicar este dolor.
Nos hemos dejado
facilidad de ojos al cielo
sin entender que la verdadera inocencia
sería terminar aquí la vida.
En algún lugar estas
lejos de la lluvia posada por las calles
lejos de todo lo que llamábamos
cuando era primera vez y la nombramos partida
y nos quedamos en espera
ojos de tantos años
ciudad a fuerza que nadie quiso olvidar
para intentar hacer de nosotros otras estatuas
que miran desde Triana
y lloran.
En aras de galeón y escafandra
en negros muertos por el gusto
vimos mares que se hundían
azoros del ataque que en la mujer se vierten la caricia
bocas indescifrables para decir a esta tierra por un nombre
que contara infiernos verdes noches de reliquias
muslos jugositos para dejar aquí nuestra semilla.
Hurga la noche
urge lo encendido
lo que del eclipse nos quedó entre las manos
sobre la ciudad el suspiro que grita alba
ojo de mi cráter que la lengua vaciló en mis palabras
grite un instante para ser
creció un puerto en mi carne sin tu nombre
temperamento arena de las horas
pedazo de estas calles
fundación de agua entender al mundo.
Fui sólo sombra
habitada por el desdén, por los caprichos
de la luz vagante.
Fructificó en mi ser la desventura
y puntualmente repartí sus dones;
a veces la alegría dejaba en el aire su estela.
Árbol solitario, pan
de la multitud, fui
lo que pude.
Amanece
tras un instante
y otro
ritmando sueños,
silbándole al sol
la memoria
de una leyenda.
Alza
su propio eco
hacia el más alto pino
de la noche lenta.
Bajo
el aliento palpitante
de la muerte
renace siempre
amaneciendo.
A través de la ventana (que son mis ojos)
veo el desierto del mundo
y miro lo que puedo, lo que sé mirar:
¿qué fuera yo si no fuera lo que soy?,
¿qué soy en este desierto
sino un cactus, un animal salvaje,
un insecto más?
En la fertilidad de tus manos inacabables
puse anoche a dormitar el sueño
más largamente soñado,
y ya ves ahora, mano tan abierta,
cómo de tus costados, poco a poco,
lúcidamente va enraizándose,
dando al aire su aromada luz
que apenas se irradia.
Árbol antiguo visto desde una infancia,
el tiempo se deshoja, floreciendo,
siempre reintegrándose a sí mismo,
firme ante los aires de cualquier viento,
ante los vientos de la muerte,
el viento iracundo de la nada.
Suspiro interminable es caminar el tiempo,
jugar un juego que no acaba
dentro del árbol de las horas,
muy adentro del ramaje más caudaloso.
A la sombra de su estatura
bendice tú la harina de su hueso, ceniza caminante
en triste enflaquecido músculo
y piel de nardo.
Para que vuele, para que
no se incendie, sacúdele
la rabia que la aniquila.
Que en un grito alarido enorme resucite
y si no, luego entonces
nuevamente crucifícala.
Escribes
bajo el fulgor de la noche,
sintiendo su influjo
como un llamado a la escritura.
Piensas entonces que la noche
uno a uno
te dictará los versos.
Pero en verdad, nada dice.
Solamente los grillos,
entre sí,
se dicen su cuento;
ah, y también las lechuzas.
Como moneda
que lanzara Dios al abismo,
sin detenerse,
ruedan los días
hacia la abierta alcantarilla
por la que exhala, en su locura,
su desorden la infatigable muerte.
Y nosotros,
con el afán de rescatar la moneda
y de hacerla propia,
tras ella rodamos.
Como abandonados huérfanos, habitantes
del olvido, mis viejos zapatos
repasan todavía su historia
desde el recinto de las añoranzas y lo inservible.
¿Cuántas aún lágrimas tendrán por decir?
Oh tan míos mis sufridos zapatos
ejemplos de mi sinamor.
Volver a tus dominios, infancia,
acercarse es lentamente
a la explosiva boca de un volcán
y luego ¿para qué volver entonces
al origen del desastre
donde aún el escombro
es el reino de la insanía
y una voz de látigo, férrea
para el castigo y la zozobra
hace cumplir puntualmente su mandato?
Ha vuelto a madurar la fruta sobre la mesa,
las flores de las macetas ya se secaron,
enterradas las cosas bajo el polvo
¿qué se puede hacer?
Los anocheceres dan fe de la espera,
la multitud de estrellas -testigo perpetuo-
sin duda alguna lo sabrá decir,
pero a quién sino al corazón
que a veces siento caduco,
imposible para vivir: endurecido.
La semilla de la muerte
que ha de germinar al sol
revienta bajo la tierra.
Las manos de Dios alegres
que desgranando los días
cultivan la muerte ya
trabajan siempre la tierra
desde el único principio
de la extensísima vida.