El amor sin objeto

Vanamente mis ojos inquietos
Por do quiera se tienden y giran,
Vanamente mis labios suspiran
Abrasados de fúnebre ardor.

Soledad espantosa me cerca,
Noche eterna mi pecho ha cubierto:
Para mí todo el mundo es desierto
Pues que nadie responde a mi amor.

Todo es fuego mi pecho exaltado,
Sólo amando me place la vida,
Y fijando en otra alma querida
De existir la penosa ilusión.

Ilusión.

ilusión desgraciada,
Que la triste verdad no realiza,
Ilusión que mi pena eterniza
Porque nadie responde a mi amor.

Yo no sé lo que quiere mi pecho,
Yo no sé por qué tiemblo y qué lloro,
No conozco lo mismo que adoro,
No hallo objeto a mi triste pasión.

Sólo encuentro un inmenso vacío
Donde el alma se agita sedienta,
Y esta sed de querer se acrecienta
Porque nadie responde a mi amor.

Tal vez amo en mis tristes delirios
A un fantasma que forja mi mente,
Y do quiera le miro presente,
Le da vida mi fúnebre ardor.

Yo le escucho, le estrecho en mis brazos,
Yo su aliento de aroma respiro,
Yo.

infeliz.

demente deliro.

Nadie, nadie responde a mi amor.

Vanamente de nácar y rosas
El Oriente engalana la aurora:
Vanamente su faz brilladora
Lanza el sol con radioso esplendor.

Ni la tarde en los campos me agrada,
Ni de noche la luna brillante;
Luz y sombra buscaba en mi amante,
¡Ay!.

y nadie responde a mi amor.

Con mi amante risueña la aurora
Me inundara de blanda alegría,
Con mi amante gozara yo el día,
Campo y sombras, y grato frescor.

Con mi amante la luna me viera,
De sus rayos bañados y de llanto,
Apurar ese mágico encanto
Que a las penas les presta el amor.

Tú tal vez, corazón que yo busco,
Que tal vez solitario palpitas,
Y en fantásticos sueños te agitas,
Y suspiras y lloras cual yo.

Ven a mí, yo te haré venturoso,
Yo te ofrezco esas horas risueñas,
Yo te ofrezco esa dicha que sueñas.

Ven, querida, responde a mi amor.

Ven a mí.

yo no busco hermosura:
No apetece este pecho vacío
Sino un pecho de amor como el mío,
Sino el alma, sino el corazón.

Ven.

abiertos te esperan mis brazos,
Ya parece que en ellos te estrecho:
Ya parece que siento tu pecho
Contra el mío latiendo de amor.

Nadie me oye.

mis voces se apagan,
Y se apaga con ellas mi vida.

Donde no halla mi pecho querida,
Un sepulcro hallará mi dolor.

Un sepulcro es el lecho florido
Que apetece mi anhelo postrero;
Un sepulcro la dicha que espero,
Pues no existe la dicha de amor.

La mano fria

Breve fue y robado instante
A la amarga inquieta vida,
En que el ánima rendida
Rindió los miembros también.

Eran horas de alta noche,
Y en mi solitario lecho
Posaba tranquilo el pecho,
Lenta pulsando la sien.

Cuando súbito en el sueño
Vibró el cuerpo estremecido,
Y taladrando mi oído
Grito de muerte sentí:
Desperté, tendí con ansia
Los yertos brazos al viento,
Contuve tardo el aliento,
Miré en torno.

¡y nada vi!

Todo era silencio y sombras,
Todo oscuridad y calma;
Sólo el reposo del alma
Desapareciera fugaz.

Que ella, que sin lumbre mira
Percibió negro y secreto
Más que la noche, el objeto
Que a ahuyentar vino su paz.

Y en breve sentí arrastrarse,
Como en la yerba un gusano,
Áspera y fría una mano,
Que por mis miembros trepó.

Una mano férrea, dura,
Una mano sola, helada.

Cual de un muerto despegada.

¡Que en mi frente se posó!

Posó: cual monte de hielo
Su enorme peso oprimía,
Sin dejarle a mi agonía
Ni un ¡ay!

de espanto lanzar.

Porque en mis labios su dedo
Sentí cual férrea mordaza,
Que su sello de amenaza,
Imprimió muda al pasar.

¡Y pasó!

pasó la noche,
Y el sueño, y la helada mano.

Y a la aurora esperé en vano
Que disipara mi horror.

Qué horrible, más que las sombras
Su negra faz mostró el día.

Todo mudado se había
¡De mi vista en derredor!

Radiante no brilló el mundo.

Ni iluminado el espacio,
Ni su disco de topacio
Trémulo ostentaba el sol.

Ni del pabellón pendían
De un cielo desmantelado,
Nubes de gasa y brocado
Recamadas de arrebol.

Trocara en árido polvo
Su esmeralda la pradera;
En negros paños la esfera
Su abrillantado turquí.

Y ante un sol descolorido,
Sobre una tierra desierta.

La naturaleza muerta.

¡Muerta la vida creí!

Tantas voces que armonía
Daban, y concierto al mundo,
Callaban en lo profundo
De medrosa soledad.

O sueltas a un tiempo, el caos
Lanzaba al mundo aturdido,
En ráfagas, el ruido
De su eterna tempestad.

Y vía cruzar los hombres,
Al azar, graves o inquietos,
Ora errantes esqueletos
Sin espíritu ni voz,
Ora fantasmas siniestros,
Derramando en su mirada,
Fuego el alma depravada,
Sangre el corazón feroz.

Busqué entonces con recelo
En la universal negrura,
Una forma de hermosura,
Un destello de beldad.

En vano ¡ay Dios!

que el conjuro
De aquella noche de espanto,
De la belleza el encanto
Robó también sin piedad.

Y vi inmóviles y mudos
Los semblantes de las bellas;
¡Apagadas sus centellas,
Sus pupilas sin lucir.

Las vi, desecadas momias,
Yertas pasando a mi lado,
Su labio frío y cerrado,
Y mi seno sin latir.

Sí, que como centro horrible
De aquel mundo en esqueleto,
Sin calor quedara quieto,
Cadáver, mi corazón.

Y la mano que en mi frente
Sus dedos selló pasando,
Se fijara en él, pensando
Con perenne comprensión.

¡Ay!

¿Qué mano, santo cielo,
Qué mano fue vengadora,
La que con magia traidora
Transformó el mundo, o mi ser?

¿Era la mano del Tiempo,
Por dedos sus desengaños?

No, no brillara veinte años
El sol desde mi nacer.

¿Era la mano de mármol
De emboscada muerte oscura,
Abriendo la sepultura
De una existencia veloz;
Asiéndome con la rabia
De implacable odio tirano;
Que al fin fiaba a una mano
Lo que no pudo una voz?.

No, que un día, en mis dolores
Vino la Parca a mi lecho,
Y cruzadas en mi pecho
Sus leves manos sentí.

Y eran manos perfumadas,
Suavísimas, deliciosas,
Que festonaban de rosas
Una tumba que perdí.

¿Fue acaso del Infortunio
Esa mano.

o del Destino?

¿Del cielo enojada vino,
O de la infernal región?

No.

que al orgullo del hombre
Sorprendí el horrible arcano.

De que era la helada mano.

¡La mano de la Razón!

La mariposa negra

Borraba ya del pensamiento mío
De la tristeza el importuno ceño:
Dulce era mí vivir, dulce mi sueño,
Dulce mi despertar.

Ya en mi pecho era lóbrego vacío
El que un tiempo rugió volcán ardiente;
Ya no pasaban negras por mi frente
Nubes que hacen llorar.

Era una noche azul, serena, clara,
Que embebecido en plácido desvelo.

Alcé los ojos en tributo al cielo
De tierna gratitud.

Más ¡ay!

que apenas lánguido se alzara
Este mirar de eterna desventura,
Turbarse vi.

la lívida blancura
De la nocturna luz.

Incierta sombra que mi sien circunda
Cruzar siento en zumbido revolante,
Y con nubloso vértigo incesante
A mi vista girar.

Cubrió la luz incierta, moribunda,
Con alas de vapor informe objeto;
Cubrió mi corazón terror secreto
Que no puedo calmar.

No como un tiempo colosal quimera
Mi atónita atención amedrentaba,
Mi oído profundo no aterraba
Acento de pavor;
Que fue la aparición vaga y ligera,
Leve la sombra aérea y nebulosa,
Que fue sólo una negra mariposa
Volando en derredor.

No cual suele fijó su giro errante
La antorcha que alumbraba mi desvelo;
De su siniestro misterioso vuelo
La luz no era el imán.

¡Ay!

que sólo el fulgor agonizante
En mis lánguidos ojos abatidos
Ser creí de sus giros repetidos
Secreto talismán.

Lo creo, sí.

que a mi agitada suerte
Su extraña aparición no será en vano.

Desde la noche de ese infausto arcano
¡Ay Dios!.

aún no dormí.

¿Anunciarme próxima la muerte,
O es más negro su vuelo repentino?.

Ella trae un mensaje del destino.

Yo.

no le comprendí.

Ya no aparece solo entre las sombras;
Do quier me envuelve su funesto giro;
A cada instante sobre mí la miro
Mil círculos trazar.

Del campo entre las plácidas alfombras,
Del bosque entre el ramaje la contemplo,
Y hasta bajo las bóvedas del templo
Y ante el sagrado altar.

Para adormir mi frenesí secreto
Cesa un instante, negra mariposa:
Tus leves alas en mi frente posa:
Tal vez me aquietarás.

Mas redoblando su girar inquieto,
Huye, y parece que a mi voz se aleja,
Y revuelve, y me sigue, y no me deja,
Ni se para jamás.

A veces creo que un sepulcro amado
Lanzó bajo esta larva aterradora
El espíritu errante que aún adora
Mi yerto corazón.

Y una vez ¡ay!

estático y helado
La vi., la vi, creciendo de repente,
Mágica desplegar sobre mi frente
Nueva transformación.

Vi tenderse sus alas como un velo
Sobre un cuerpo fantástico colgadas
En rozagante túnica trocadas,
So un manto funeral.

Y el lúgubre zumbido de su vuelo
Trocose en voz profunda melodioso,
Y trocose la negra mariposa
En genio celestial.

Cual sobre estatua de ébano luciente
Un rostro se alza en ademán sublime,
Do en pálido marfil su sello imprime
Sobrehumano dolor,
Y de sus ojos el brillar ardiente,
Fósforo de visión, fuego del cielo,
Hiere en el alma como hiere el vuelo
Del rayo vengador.

Un momento ¡gran Dios!

mis brazos yertos
Desesperado la tendí gritando.

Ven de una vez, la dije sollozando,
Ven y me matarás.

Mas ¡ay!

que cual las sombras de los muertos
Sus formas vanas a mi voz retira,
Y de nuevo circula, y zumba, y gira,
Y no para jamás.

¿Qué potencia infernal mi mente altera?

¿De dónde viene esta visión pasmosa?

Ese genio.

esa negra mariposa,
¿Qué es?.

¿Qué quiere de mí?.

En vano llamo a mi ilusión quimera;
No hay más verdad que la ilusión del alma:
Verdad fue mi quietud, mi paz, mi calma;
Verdad que la perdí.

Por ocultos resortes agitado
Vuelvo al llanto otra vez hondo y doliente,
Y mi canto otra vez vuela y mi mente
A esa extraña región,
Do sobre el cráter de un abismo helado
Las nieves del volcán se derritieron
Al fuego que ligeras encendieron
Dos alas de crespón.

Mi inspiración

Cuando hice resonar mi voz primera
Fue en una noche tormentosa y fría:
Un peñón de la cántabra ribera
De asiento me servía:
El aquilón silbaba,
La playa y la campiña estaban solas,
Y el Océano rugidor sus olas
A mis pies estrellaba.

No brillaban los astros en el cielo,
Ni en la tierra se oía humano acento:
Estaba oscuro, silencioso el suelo,
Y negro el firmamento.

Sólo en el horizonte
Alguna vez relámpagos lucían,
Y al mugir de los mares respondían
Los pinares del monte.

Fuera ya entonces cuando el pecho mío,
Lanzado allá de la terrestre esfera,
Vio que el mundo era un árido vacío,
El bien una quimera.

Nunca un placer pasaba
Blando ante mí, ni su ilusión mentida,
Y el peso enorme de una inútil vida
Mi espíritu agobiaba.

Quise admirar del mundo la hermosura,
Y hallé do quiera el mal.

De amor ardía,
Y nunca a mi benévola ternura
Otro pecho se unía.

Solo y desconsolado,
Cantar quise a la tierra mi abandono,
Mas ¿do tienen los hombres voz ni tono
Para un desventurado?.

Al destino acusé, y acusé al cielo
Porque este corazón dado me habían;
Y de mi queja, y de mi triste anhelo
Los cielos se reían.

¿Do acudir?.

¡Ay!.

Demente
Visitaba las rocas y las olas
Por gozarme en su horror, llorar a solas
Y gemir libremente.

Un momento a mi lánguido gemido
Otro gemido respondió lejano,
Que sonó por las rocas cual graznido
De acuático milano.

De repente se tiende
Mi vista por la playa procelosa,
Y de repente una visión pasmosa
Mis sentidos sorprende.

Alzarse miro entre la niebla oscura
Blanco un fantasma, una deidad radiante,
Que mueve a mí su colosal figura
Con pasos de gigante.

Reluce su cabeza
Como la luna en nebuloso cielo:
Es blanco su ropaje, y negro velo
Oculta su belleza.

Que es bella, sí: de cuando en cuando el viento
Alza fugaz los móviles crespones,
Y aparecen un rápido momento
Celestiales facciones.

Pero nube de espanto
Tiñó de palidez sus formas bellas,
Y sus ojos, luciendo como estrellas,
Muestran reciente el llanto.

Cual manga de agua que aquilón levanta
En los mares del Sur, así camina,
Y sin hollar el suelo con su planta
A mi escollo se inclina.

Llega, calladamente
En sus brazos me ciñe, y yo temblando
Recibí con horror ósculo blando
Con que selló mi frente.

El calor de su seno palpitante
Tornose en breve de mi pasmo helado:
Creí estar en los brazos de una amante,
Y.

¿Quién, clamé arrobado,
Quién eres que mi vida
Intentas reanimar, fúnebre objeto?

¿Calmarás tú mi corazón inquieto?

¿Eres tú mi querida?

¿O bien desciendes del elíseo coro
Sola, y envuelta en el nocturno manto,
A ser la compañera de mi lloro,
La musa de mi canto?

Habla, visión oscura;
Dame otro beso o muéstrame tu lira:
De amor o de estro el corazón inspira
A un mortal sin ventura.

No, me responde con acento escaso,
Cual si exhalara su postrer gemido;
Nunca, nunca los ecos del Parnaso
Mi voz han repetido.

No tengo nombre alguno,
Y habito entre las rocas cenicientas,
Presidiendo al horror y a las tormentas
Que en los mares reúno.

Mi voz solo acompaña los acentos
Con que el alción en su viudez suspira,
O los gritos y lánguidos lamentos
Del náufrago que espira.

Y si una noche hermosa
Las playas dejo y su pavor sombrío,
Solo la orilla del cercano río
Paseo silenciosa.

Entro al vergel, so cuya sombra espesa
Va un amante a gemir por la que adora;
Voy a la tumba que una madre besa,
O do un amigo llora.

Pero es vano mi anhelo;
Sé trocar en ternezas mis terrores,
Sé acompañar el llanto y los dolores,
Mas nunca los consuelo.

Ni a ti, infeliz: el dedo del destino
Trazó tu oscura y áspera carrera.

Yo he leído en su libro diamantino
La suerte que te espera,
A vano, eterno llanto
Te condenó, y a fúnebres pasiones,
Dejándoos sólo los funestos dones
De mi amor y mi canto.

De ébano y concha ese laúd te entrego
Que en las playas de Albión hallé caído;
No empero de él recobrará su fuego
Tu espíritu abatido.

El rigor de la suerte
Cantarás solo, inútiles ternuras,
La soledad, la noche, y las dulzuras
De apetecida muerte.

Tu ardor no será nunca satisfecho,
Y sólo alguna noche en mi regazo
Estrechará tu desmayado pecho
Iluso, aéreo abrazo.

¡Infeliz si quisieras
Realizar mis fantásticos favores!

Pero ¡más infeliz si otros amores
En ese mundo esperas!

Diciendo así, su inanimado beso
Tornó a imprimir sobre mi labio ardiente.

Quise gustar su fúnebre embeleso,
Pero huyó de repente.

Voló: de mi presencia
Despareció cual ráfaga de viento,
Dejándome su lúgubre instrumento
Y mi fatal sentencia.

¡Ay!

se cumplió: que desde aquel instante1
Mi cáliz amargar plugo a los cielos,
Y en vano a veces mi nocturna amante
Volvió a darme consuelos.

Mis votos más queridos
Fueron siempre tiranas privaciones,
Mis afectos desgracias o ilusiones,
Y mis cantos gemidos.

En vano algunos días la fortuna
Ondeó sobre mi faz gayos colores:
En vano bella se meció mi cuna
En un Edén de flores:
En vano la belleza
Y la amistad sus dichas me brindaron:
Rápidas sombras, ¡ay!

que recargaron
Mi sepulcral tristeza!.

Escrito está que este interior veneno
Roa el placer que devoré sediento.

Canta, pues, los combates de mi seno,
Infernal instrumento.

Destierra la alegría
Que nunca pudo a su región moverte,
Y exhala ya tus cánticos de muerte
Sin tono ni armonía.

Y tú, amor, si tal vez te me presentas,
Yo pintaré tu imagen adorada,
Describiré el horror de las tormentas
Y mi visión amada.

En mi negro despecho
Rocas serán mis campos de delicias,
Lánguidas agonías mis caricias,
Y una tumba mi lecho.

Último amor

Es bello, sí, en la aurora risueña de la vida
El palpitar primero de amante corazón;
Bello sentir brotando del alma sorprendida
La perfumada lágrima de la primer pasión.

Bello, como en mañana se ve de primavera,
Blanco espino en los bosques florido aparecer; amoroso.

Tierno, cual joven madre siente la vez primera
Nueva preciosa vida su seno estremecer.

Sí; ¡recuerdo dulcísimo, memoria encantadora
Que desvanece efímera la sombra de otra edad!

Cuando pasó el perfume, la brisa de esa aurora,
Nada ¡ay!

al alma deja la amarga realidad!

Mas ¡ah!

si en pos las nieblas de una estación más triste
Tienden sobre la vida su cárdeno color.

Y en prematuro otoño el corazón se viste
Con las últimas flores del árbol del amor.

¡Ah!

más tierna, más bella, más esplendente y pura
La luz de ese crepúsculo se esfuerza a revivir;
Con fuerzas más volcánicas el corazón apura
Las últimas delicias de amar y de sentir.

Cual aves fugitivas a su antigua enramada,
Las ilusiones tornan del juvenil ardor.

¡Oh!

¡cómo encuentra entonces el alma fatigada
De olvidados placeres, el último, el mayor!

Cual retirado albergue, cual templo solitario,
Del mundo en los confines parece la beldad;
Es más que nunca el ídolo que eterno en el sagrario
El corazón eleva, de su honda soledad.

Que es solemne, sublime, un pecho lastimado
Ver.

que el mundo con lágrimas abrevó y con su hiel.

De pasiones herido, de penas desgarrado.

Batido de los vientos de la fortuna infiel.

Olvidando pesares, fortunas y pasiones,
Y su inconstancia misma, de un ídolo a los pies;
Y adormecerse en sueño de infantiles visiones,
En los brazos de un ángel.

para morir después!

Así fue un tiempo, hermosa, que si ángel pareciste
A mis ardientes ojos, de esperanza y de amor,
Entre sombras de dudas, y de silencio triste,
Dejé venir misántropo la noche de mi horror.

Más hoy.

jamás idólatra tanto subió, y sincero,
Arrebatado el éxtasis de la primera edad.

Cuando mi voz te dijo: -Tú eres mi amor postrero,
No, no empañaron dudas la fe de mi verdad.

¡Verdad, verdad!

bien mío.

tu angélica hermosura
Tenga en mi último voto su triste galardón.

Destino reservaba la suerte a tu ternura
De entregarle aherrojado mi inquieto corazón.

¡Verdad!

que un día al menos de este vivir de duelo
Que del mundo en los límites tú sola endulzarás,
Descanse en la promesa con que me liga el cielo.

Después de ti, ángel mío.

yo no amaré jamás!

Santa como la tumba sea esta fe jurada,
Santa como postrera, si triste, mi pasión,
Y santos, recibiéndolos tu imagen adorada,
Los últimos suspiros que exhale el corazón;
¡Y eternos!

que a tus plantas ya no serán fugaces
Los que del borde se alzan.

tal vez de un ataúd;
Eternos, ya que un tiempo, creyéndolos falaces,
Los sofocó adorándote mi ardiente juventud.

Hoy ven, amada mía.

Sé el árbol postrimero
A cuya sombra plácida me siente a reposar,
En cuyo aroma aspire fatigado viajero
Perfumes que no tienen la rosa ni azahar.

Ven a tomar mi vida, mi frente fatigada,
¡Ay!

si oprime tu seno, reclínala a tus pies;
Mulle de tus caricias la postrimera almohada,
En que repose el alma.

para morir después!

Y una sonrisa tuya sea el purpúreo rayo
Del sol que alumbre espléndido mis horas de vivir.

Tu voz, la melodía que en mi final desmayo,
Preludie las que pueda sobre el Empíreo oír.

Y tú aliento balsámico la brisa que me oree,
Y un beso de tu labio la regalada miel,
Que al despedir al mundo mi labio paladeé,
Tras el amargo dejo de su copa de hiel.

Una voz

Yo conozco esa voz: a su sonido
Todo mi ser se estremeció temblando;
Hela subir cual bélico alarido
A los cielos mi muerte demandando.

Conozco ya esa voz: un tiempo ufana
La señal dio de paz y de alegría.

Hoy retumba cual lúgubre campana
Que a la alta noche anuncia la agonía.

La oyó mi corazón la vez primera,
Y entre aromas y púrpura sonaba.

Fue el céfiro vital de primavera,
Y amor, amor, su acento pronunciaba.

Ahora se eleva de una tumba oscura;
Nube la sigue de terror secreto;
Aún pronuncia aquel nombre de ternura,
Pero es quien le pronuncia un esqueleto.

Agigantado, aéreo, luminoso,
Vedle alzar la vengadora frente:
Lánzame ese gemido doloroso,
Y se hunde entre las sombras de repente.

Do quier que vuelvo mi aterrada planta,
Allí me sigue, inseparable sombra;
A cada paso airada se levanta,
Mi nombre dice, y otro ser me nombra.

Óigala entre la espuma del torrente,
Óigala en el bramar del torbellino,
En el sordo murmullo de la fuente,
En el tronar del piélago marino.

Ya, como aterrador remordimiento,
Mi sueño torna en convulsión inquieta;
Ya despierto a su estrépito violento,
Cual si escuchara la final trompeta;

Ya del placer el desmayado instante
Con bárbara ficción remedar quiere;
Ya en resuello profundo agonizante
Imita las congojas de quien muere.

De quien murió.

¡Gran Dios!.

De quien me llama
De quien me emplaza a su desierto asilo,
De ese tremendo ser que me reclama,
Que ni en la tumba me miró tranquilo.

Obedezco te ya, voz misteriosa;
Heme sumiso a ti como en la vida;
Heme postrado ante la yerta losa;
Ve tu incesante petición cumplida.

A pasar van cual tu vivir amargo
Los lentos días de mi amargo duelo,
Y será más profundo mi letargo,
Que mi tumba también será de hielo.

De ti quedó un recuerdo de hermosura,
De ti la sombra que implacable miro,
De ti esa voz de muerte y de ternura,
Ese que vaga universal suspiro.

De mi existencia oscura, solitaria,
No quedará ni voz, ni sombra leve:
No habrá en mi losa funeral plegaria.

Nadie que un ¡ay!

por mi memoria eleve.

A nadie llamaré, ni quien se asombre
Habrá en el mundo a mi nocturno acento;
Ni como el tuyo mi olvidado nombre
Eco será jamás de un pensamiento.

A litigar el derecho

A litigar el derecho
Que en alguna cosa tiene,
Si dinero no previene
Para untar algo en la mano
Al decir al escribano
Que agite sus pretensiones:
Digole nones.
A la casada que gasta
Más que gana su marido,
Que es prudente y conocido
Por hombre de buena pasta;
Por inás que éste de su casta
La sucesián no apetezca,
Y estar con ella aborrezca
En sus dares y tomares:
DIgole pares.
Al hombre de bien que intenta
Entablar decente boda
Con una pobre de moda,
Porque es escasa su renta;
Si tan solo representa
Su amor y conducta honrada,
Sin Ilevar a su adorada
Un talego de dobiones:
DIgole nones.
A la nina que halaguena
Retoza con sus iguales,
Aunque en sexo desiguales,
Mostrandoseles risuefia:
Que en disimular se empena,
A pesar de que a hurtadillas
Hay pellizcos y cosquillas
Y apretones a millares:
DIgole pares.
Al charlatan ignorante
Que a hablar de todo se mete,
Sin ser en nada el pobrete

Al admirado pasajero incita

Al admirado pasajero incita.
El campo todo en fin interesante
Pintado de colores las más vivas,
Sus ültimos verdores ostentando
Olfato y ojos a la vez hechiza.
!Pero qué yen mis ojos! !Cuál estruendo-
?Iis oldos hirió? iOh maravilla!
Es la cascada hermosa que las aguas
Forman precipitadas desde arriba.
Camina el claro rio mansamente,
Pero a! Ilegar del salto a las orillas,
Enojadas las ondas y encrespadas
Con fragoso estruendor se precipitan.
Las azuladas aguas que del fondo
Antes las pedrezuelas patentizan,
Entonces cual carámbaros de nieve,
Transfórmanse en raudal de plata viva.
Una parte se arroja despenada,
Otra parte, en arroyos dividida,
For la tosca pendiente serpentea,
Y al fondo se apresura entre las guijas.
PercIbese a lo lejos el estruendo,
Y el caminante atónito se admira
Oyendo el ronco estrépito que forma
La despenada iluvia cristalina.
Los ojos encantados la contemplan,
Ni se sacia la vista atenta y fija,
Repasando asombrada los portentos
Que alil naturaleza multiplica.
Religioso silencio infunde a todos
El magnIfico cuadro que registran:
Todos callan: los pechos solamente
De admiración y de placer palpitan.
El alma en tanto quieta y sosegada,
Absorta en los prodigios que medita,
Ve allI el dedo de Dios, y reverente
Ante el supremo Set dóci[ se humilla.

Aniversario del grito de Dolores

Cual suele el humo, que el volcán vomita
Al cielo alzarse en anchos borbotones,
Y oscurecer revuelto las mansiones
Que el águila caudal rasgando habita;

Mas si despues Eolo el soplo agita
De los vientos, rompiendo sus prisiones
Deja del éter limpias las regiones,
Y deshecho se pierde y precipita.

Así se alzara el despotismo fiero
Del vasto Septentrión en el distrito,
Que vomitara el solio del ibero;

Mas ya precipitado huyó al cocito,
Desde que allá en Dolores lisonjero
Tronó de LIBERTAD el fuerte grito.

Aniversario del grito de libertad

Todo es ventura ya, todo alegría
Desde que en nuestro mundo americano
Gritara el primer héroe mexicano
«No más esclavitud ¡o patria mía!»

Derrocóse la ibera tiranía
De LIBERTAD al grito soberano,
Y cayó la cadena que el indiano
Sesenta lustros arrastrado había.

¡Oh! ¡Viva siglos mil en nuestros pechos,
De gratitud enchidos, la memoria
Del ilustre adalid y de sus hechos!

Y al recordar los rasgos de su historia
¡Viva HIDALGO, clamemos satisfechos,
Que dar supo a su suelo tanta gloria!

Ariadna a Teseo

Heroida de Ovidio.
Más blandas a las fieras he encontrado
Que a ti, Teseo, y fuera el honor mb
A cualquiera mejor que a ti fiado.
Estos renglones, bárbaro, te envio
De la playa de donde adverso viento
Se llevó sin ml iay tristel tu navIo;
Y en donde, por mi mal, mi sueflo lento
Y tus tracciones, cuando yo dormIa,
Ocasionaron ml fatal tormento.
Ya el campo entonces de cristal cubria
La escarcha, y en los árboles risuefio
El canto de los pájaros se ola.
Casi dormida, y lánguida de sueño,
TendI los brazos, medio reclinada,
Los brazos que buscaban a su dueflo.
Nada encontré: de nuevo y asustada
Vuelvo a buscar, tocando todo cuanto.

Asi exclamaba atónita y suplia

Asi exclamaba atónita, y suplIa
Lo que a la voz faltaba con el lianto,
Y otra vez y otras mil mi pecho herIa.
Y por si no me oyeras cuando tanto
Distabas ya de ml, porque me vieras
Los brazos agitaba en mi quebranto.
También un blanco lienzo, en mil maneras,
Presto a un palo movI, porque mi olvido,
Mirándolo ondear, luego advirtieras.
Cuando de vista en fin te hube perdido,
Mi ilanto comenzó, que antes habIa
Mis ojos el dolor entorpecido.
cQué pudieron hacer cuando no via
Tu ingrata nave ya, hombre inhumano,
Sino tristes liorar la pena mIa?
Vagaba a veces sola por el ilano,
Esparcido el cabello, cual vacante
A quien furor inspira el dios tebano.
A veces, en la mar fijo el semblante,
Sobre la dura roca me sentaba,
A la roca en lo inmóvil semejante.
iY cuántas layl al lecho que abrigaba
A los dos acudI, que ya desierto
No habla de exhibir Jos que guardabal
En él, en vez de tf, tu rastro yerto
Toco, pues más no puedo, do conmigo
El abrigo buscaste de concierto.
Bésolo entonces y ilorando digo:
‘Por qué, lecho cruel, cual corresponde,
Si aquI estuvimos dos, sola yo sigo?”
“Dos vinimos a ti por qué, responde,
Si dos vinimos, solo guardas una?
DOnde Teseo está, pérfido, dOnde?”
Qué hare? Z dOnde ire sola? AquIninguna
Persona habitará: no hay, que yo yea,
De las obras del hombre huella alguna.
Do quier la tierra vasto mar rodea,

Carta

A una j5ersona de confianza.
De aqul de este lugar donde me aleja
Enemiga fortuna,
Te mando la salud, que a ml me deja;
No porque de importuna
Enfermedad el flaco cuerpo sienta
Daflado en parte alguna;
Mas porque la tristeza macilenta,
Que tiene aquI su asiento,
Más que horas tiene el dla me atormenta.
Sumido en mi aposento,
Cual si fuera filósofo sesudo,
Todo soy pensamiento.
Y es mi silencio tanto que va dudo
Si el hablar se me olvide,
Y venga con el tiempo a quedar mudo.
No el hablar se me impide,
Mas que callado Ileve siempre el pico
La soledad lo pide.
No hay quien hable conmigo, y te suplico,
Si no quieres que muera,
Q ue para hablar me mandes un perico.
Dirás que bien pudiera
Salir de casa, pues hacerlo puedo,
Y divez-tirme afuera:
Te engafias, que por fuerza me estoy quedo,
Y Si salir procuro,
Al intentarlo vuélvome de miedo.
Además te aseguro
Q ue a clausura tan lóbrega me obliga
El frlo aquI seguro.
Cual encerrada y temerosa hormiga
Que asoma al agujero,
Descontenta, y del ocio poco amiga,
Queriendo del granero
Salir, mas viendo el cielo muy opaco
Tórnase a su hormiguero;
Asl yo a veces la cabeza saco
De mi estrecha morada,
Por ver si fuera, mi tristeza aplaco;

Con la mente a lo menos reclinada

Con la mente, a lo menos, reclinada
Mirame en un peñasco duro y frIo:
MIrame suelto el pelo y empapada
En el Ilanto gue vierto, que ya es tanto
Que la ropa con él siento pesada.
Cual mies que el viento agita, en medio al ilanto,
Tiembla mi cuerpo, y aun la letra afea
Mi tembloroso pulso en tal quebranto.
Y ya que el bien en ti tan mal se emplea,
No exijo premio del que pude hacerte;
Supon que el bien que te hice un bien no sea.
cMas por qué castigarme de esta suerte?
Si causa no fuI yo de tu ventura
Por qué habrás td de serlo demi muerte?
A ti, inundada en lianto y amargura,
Carisadas ya de herir mi triste pecho,
Las manos tiendo en tanta desventura:
Por este pelo en mi dolor deshecho,
Por estas tristes lágrimas que ahora
Me arrancan los agravios que me has hecho;
Ruégote que te vuelvas sin demora,
Vuelve tu nave y y en; y si conmigo
Aaba antes la muerte destructora,
Mia yertos huesos llevarás contigo.

Cuando me persino

Cuando me persino.
Me voy sin tardanza
A ver al padrino
Que tanta esperauza
Me dió de un destino;
A su casa me entro
Y dl de mala gana
Dice desde adentro:
cHombre, nada encuentro
Vuelva V. maIiana.
Si por dicha mIa
Alguno me emplea,
Doy con alegrIa
Fin a mi tarea
El sdptimo dIa.
A quien me ha empleado
Pido la semana,
Y dl dice enfadado:
cEstoy ocupado;
Vuelva V. maiiana.
Si voy a palacio
Mi pleito a agitar,
Despuds que en su espacio
Me canso de andar,
Liega muy despacio
Mi procurador,
Y a mi caravana
Contesta el señor:
Ya vamos mejor;
Vuelva V. mañana.
Si estoy apurado
Y me debe alguno,
Voyme confiado
En tiempo oportuno
A quien he prestado.
Cobro al caballero
Y 61 con voz insana

De mis amores y sus efec/os

De mis amores y sus efec/os.
Crece mi amor y crece mi contento
Cuando me obligan, Silvia, tus favores;
Y si me ofenden, Silvia, tus rigores
Crece mi amor, y crece mi tormento.
De gratitud el dulce sentimiento
Aumenta, en tus carifios, mis ardores,
Y el afán de obligarte con amores
Da, en tus desdenes, a mi amor aumento.
TA, pues, que tantas veces cada dIa
Sabes, en horas tristes 6 serenas,
Ser ora desdelosa y ora pia;
Tü que agravas 6 enduizas mis cadenas,
Cuenta si puedes lay ingrata mIa!
Mis gustos, mis amores, y mis penas.

El paseo llamado de las cabras

Las cuatro y media son: partamos luego
Y alegres recorramos la campiña,
Que al paseo y al ütil ejercicio
Ya la apacible tarde nos convida.
Dijo asI Nicolás, y a complacerlo
Se dispuso la dócil comitiva,
Animada del jibilo inocente
Que lejos d la corte se respira.
Yo, entre todos alegre sobre modo,
De ser también alli de la partida
Me levanto y los sigo alborozado,
No cabiendo en ml mismo de alegrIa.
Todo infunde placer: cada individuo
De la amable y pequea compaiiIa
Al general contento contribuye
Con su jovialidad pura y festiva.
La mutua confianza que sazona
Del inocente campo las delicias
Se mira en los semblantes, y a los pechos
Noble franqueza y sencillez inspira.
Ora un chasco inocente que no agravia
Provoca a general y alegre nsa.

En el funeral de los mártires de la Patria

Cuando la patria en mísero quebranto
Su esclavitud lloraba sin sosiego,
Acudiéron, ardiendo en patrio fuego
Mil y mil héroes a enjugar su llanto.

De libertad el árbol sacrosanto
Plantáron firmes y le dieron luego
El más costoso, pero fértil riego
Con la sangre vertida de héroe tanto.

Creció la planta, y ya robustecida,
Extendiendo sus ramas inmortales,
A la felicidad, grata corivida.

Y a quien debemos sacrificios tales,
Que en su heróico morir nos diéron vida,
¿No honraremos con tiernos funerales?

En el grito de libertad

Ya la noche serena
Su carro silencioso
Del cielo a la mitad alzado había,
Y de pesar ajena,
Adormecida en plácido reposo,
Naturaleza por do quier yacía;
Solo yo no dormía,
Solo yo, que de penas guerreado
En soledad velaba,
Y triste repasaba
Los males que a mi patria han devorado
Desde que hundida en servidumbre y penas
Arrastra del ibero las cadenas

Mientras que sumergido,
Mil ayes despidiendo,
Estaba en mi dolor, la noche oscura
Su curso no sentido
Lentamente seguía, y no pudiendo
Resistir al pesar que el alma apura,
Ríndeme el amargura,
Y quedo aletargado y sin aliento.
Entonces de repente
En luz resplandeciente
La estancia toda iluminada siento,
Cual en florido abril suele a deshora
Quedar el prado al asomar la Aurora.

Los atónitos ojos
Alzo, y absorto veo
Una beldad que por deidad tuviera,
Si en los tristes despojos
Del fausto antiguo, e imperial arreo
A mi patria infeliz no conociera;
Mas ¡ay! cuan otra era
De aquella que en un tiempo ser solía,
Cuando de la apartada
Europa barruntada
Apenas fuera, y sola se regia
Rica, grande, feliz, y sin el yugo
Que al bárbaro español ponerla plugo!

Ahora, perseguida
Por la pesada mano
De fieros y despóticos caudillos,
No ya la sien ceñida
Del brillante diadema soberano,
Ni de coral al cuello rojos brillos
Lleva, sino de grillos
Profundas huellas que su planta afean:
Descompuesto el plumaje
Y sin aliño el traje.
Sus naturales gracias no hermosean,
Ni cual conviene a su imperial decoro
Lleva calzado el pié de grana y oro

Desgarrado traía
El finísimo manto,
Y de gravoso hierros abrumada
La mísera venia.
Tal a mis que anublaba el llanto
La América, otro tiempo afortunada
Se ofreció, no esperada.
¿Mas cuál ¡o cielos! fue mi asombro, cuando,
Creyendo hallar enojos,
En sus divinos ojos
Vi el júbilo brillar? Ella observando
Mi turbación, mirome placentera,
Y el labio desplegó de esta manera:

«Deja tu llanto, dijo,
Y lejos de tí lanza
El amargo pesar; solo alegría
Y gozo y regocijo
Tu corazon inunden: la esperanza
Tornó a nacer en mi que ya perdía.
¡O venturoso día!
¡O HIDALGO generoso! ¡o hijo mio!
¡Mi gloria y mi recreo!
Ya mi ignominia veo
Trocada en gloria por tu ardor y brío.
Tú al ver cual en dolor mis hijos gimen,
Vas a tronchar los hierros que me oprimen.»

«El placer que me anima
No es un placer soñado.
¡O LIBERTAD! ¡o gozo en que me inundo
El tiempo se aproxima,
De mi tan vivamente deseado,
En que torne a ser libre el nuevo mundo.
Cual Febo rubicundo
Que en las ondas bañado, de las nieblas
Rasgando el pardo velo
Alza su faz al cielo
Y deshace las lobregas tinieblas;
En mi horizonte así la hermosa llama
Brilla de LIBERTAD que HIDALGO aclama.»

«¡Oh! ¡Cuán preciosos dones
Derramará ella ahora
De mi anchuroso suelo en la distancia!
De mis vastas mansiones
El comercio y la industria afanadora
El ocio lanzarán y la ignorancia.
La común abundancia
Dulce fruto será de su influencia
Y mi clima dichoso
Florecerá abundoso,
Virtud brotando, actividad y ciencia,
Y entónces finarán las ansias mías.
¡Acelerad, o cielos, tales días!»

Dijo, y al aire puro
Se alzó la ninfa hermosa
Dejando en mi alma júbilo infinito.
Yo al instante procuro
Nueva comunicar tan venturosa;
Mas de México todo en el distrito
El generoso grito
Iba ya del sacro héroe resonando;
Y mas y mas creciendo,
Do quiera repitiendo
Iba el eco el clamor de heróico bando,
Que ardoroso clamaba en voz festiva
¡Viva la LIBERTAD! ¡la patria viva!

En la libertad de la Patria

Ya de su libertad el claro día
El venturoso Anáhuac en su suelo
Miró rayar, y ya con libre anhelo
Publica por doquiera su alegría:

Roto vió ya de fiera tiranía
El ominoso yugo, y su desvelo
Es difundir el júbilo y consuelo
Que merecido su constancia había.

Y pues celebra en fin alegre bando
El momento anhelado en que derriba
Del solio anahuacense al vil Fernando,

Todos clamemos ya con voz festiva
Nuestra dicha y venturas aclamando
¡VIVA LA LIBERTAD! ¡LA NACIÓN VIVA!

En las honras de las víctimas de la Patria

De libertad ese árbol sacrosanto,
Cuyo ramage umbrígero se tiende
Por todo el ancho Anahuac, y defiende
El patrio suelo con su verde manto,
Ha crecido, del orbe con espanto,

Merced al riego que en su planta extiende
La sangre de un Hidalgo de un Allende,
De un Abasolo, y mil que aquí no canto.

Sí, mexicanos: si en sabrosa calma
Disfrutamos de ese árbol los verdores
De esos héroes se debe a la grande alma.

Rindamos, pues, en lúgubres clamores
Hoy con la patria, que sus manes calma,
A sus cenizas fúnebres honores.

En las honras de los patriotas

Yacieras ¡ay! en dura servidumbre
Esclavo miserable de un tirano,
¡O venturoso pueblo mexicano,
Que ya de libertad pisas la cumbre!

¿Y a quién debes, tronchar la pesadumbre
De las cadenas que arrastró tu mano?
¿A quién? De tanto Marte americano
A la inmortal y heróica muchedumbre.

Los Hidalgos, Allendes y Abasolos,
Los Aldamas, Morelos. ¡Oh, qué gloria!
Por tí muriéron, ni muriéron solos;

Que ya otros mil con fama alta y notoria
Hinchen del orbe los distantes polos,
Y hoy reclaman finados tu memoria.

Grito de libertad

El Despotismo, monstruo furibundo,
Sentado torpemente en este suelo,
Tocaba con la frente el hondo cielo,
Y hollaba con el pié nuestro ancho mundo.

El héroe de dolores, sin segundo,
Mirólo y ¡LIBERTAD! gritó en su anhelo;
Tembló el coloso con mortal recelo
Y derrocado al fin cayó al profundo.

¡O afortunada! ¡o libre patria mía!
¡O América feliz! ¡Gozo infinito
A tus hijos inunde en este día!

Difúndase el placer en tu distrito,
Y alegres todos clamen a porfía,
¡O de Dolores venturoso grito!

Hay en el lecho pero no hallo nada

Hay en el lecho, pero no hallo nada.
El susto ahuyeritó al sueflo: me levanto
Horrorizada, y del desierto lecho
Salto precipitada con espanto.
Hieren mis manos el turbado pecho,
Y arrancado, en desorden como estaba,
Mi cabello también quedó desecho.
Alumbraba la luna, y yo buscaba
Con la vista otro objeto en la ribera,
Mas sóIo la ribera se miraba.
Acá y allá, sin orden, la carrera
Dirijo, aunque la arena me impedla,
Como no acostumbrada, andar ligera.
El eco solo en tanto respondla
Al grito repetido de ITeseol
ue pronunciaba yo, y él repetIa.
Y cuantas veces en liamarte empleo,
El conmigo te llama, y favorece
En el modo que puede mi deseo.
Hay una alzada roca que parece
Amenazar al mar, en cuya cirna
Algün arbusto apenas aparece.
La inquietud me dá fuerzas v me anima:
Subo a la altura con fatiga grave,
Y las ondas registro desde enctma.
Con las velas infladas vi tu nave
(Que en esto también fuI desventurada)
Alejarse ligera como el ave.
0 ya fu6 que la viera, 6 que enga1ada
Creyese verla, yo quedé al instante
Aun más que el hielo frIa y desmayada.
Al fin hace el dolor que me levante,
Y cuando del letargo me remueve
A gritos liamo al fugitivo amante:
“A ddnde vas,__exclamo,_eSPOs 0 aleve?
Vuelve, torna el bajel, que es tiranI
Que el nümero que trajo falto ileve.”

II (Viste en serena noche las estrellas)

Viste en serena noche las estrellas
Cuán varias y brillantes aparecen,
Y cuán muy más hermosas resplandecen
Con el reverberar de sus centellas;
Pero que, al asomar las luces bellas
De la fulgente aurora, se oscurecen
Y vencidas al fin desaparecen,
Su esplendor apagado, todas ellas?
Asi en concurso, do se mira junto
El brillo de esplendentes hermosura,
Se ye de las estrellas fiel trasunto;
Pero si de mi bien las lurnhres piras
Asoman cual aurora, luego al punt)
Con ella las demás quedan oscura.

Oh despiadado sueño

Oh despiadado sueño! En tal torpeza
Por qué me sumergiste? Y si dormIa,
Porqué no fué mi sueo de una pieza?
TA también, viento bárbaro, é. porf ía
Por mi mat te encontraste muy a mano,
Y harto oficioso en la desdicha mIa.
Y tü barbara fe, jurada en vano
Por quien, sin atender a la fe dada,
Me ha quitado la vida con mi hermano.
El suefio en fin, el viento y fe jurada
Contra ml se pusieron, y siendo una,
Tres causas juntas me hacen desdichada.
lLuego muriendo no veré ioh fortuna!
El lioro maternal, ni habrá. oficiosa
Que me cierre los ojos mano alguna?
Mi triste sombra errante y pavorosa
Vagará por regioneS peregrinas,
Ni mi cuerpo ungiá mano piadosa?
!Sin cesar hollarán a yes marinas
Mis huesos insepultos? Tan honrado
Sepuicro, ingrato, a quien te amó, destinas?
Cuando arribes at puerto deseado
Y fueres en tu patria recibido;
Cuando pises tu a1cázar elevado:
Al reterir, en fin, cómo has vencido
Al Minotauro, y cómo superada
Del laberinto la salida ha sido;
Refléreme también abandonada
En una isia donde hombres no vivieron,
Pues debo entre tus glorias ser contada.
Jamás tus padres, cual te jactas, fueron
Egeo y Etra, la hija de Piteo,
Que las rocas y el amor te produjeron
Oh, si oyendo los dioses mi deseo
Te hicieran verme aquI desde el navio!
Moviérate mirarme cual me veo.
Mas ya que asf no fué por tu desvIo,

La abejita enañada y descnganada

La abejita enañada y descnganada.
Una tierna abejilla vagarosa
De Amira en torno susurrando gira,
Lievada del aroma que respira
La boca bella de mi Amira hermosa:
En su elevado seno ye una rosa
Que por adorno allI pusiera Amira,
Y al instante del aire se retira
Y entre sus hojas engafiada posa.
Liba su cáliz con ansiosa instancia,
Mas dejándolo al punto, claro indica
Que halla inferior la miel a Ia fragancia;
Luego a los labios de mi bien se aplica,
Cuya duizura fija su inconstancia,
Y de este almIbar su panal fabrica.

Letrillas

Mi parlera musa,
Mi alegre Talla,
DIctame a las veces
Estas friolerillas.
Q ue la tierna doncellita,
Contando apenas diez aüos,
Ayude ya en los engaflos
A su hermana Mariquita:
Que ya quiera ser bonita,
Y el adornarse no ignore,
Siempre estudiando al espejo
Del abanico el manejo,
Y aun al cortejo acalore
Sin acabar la cartilla:
i Friolerilla!
Que la joven casadera,
Por no salir de la moda,
Se desnude casi toda,
Y asI ser honesta quiera:
Que aunque a coser no aprendiera
Sepa bailar con primor,
Echar salero, engañar,
Retozar y murmurar,
Siendo en materia de amor
Su lengua una maravilla:
lFriolerilla!

Mas no se y e en todo éI un marinero

Mas no se y e en todo éI un marinero,
Ni navecilla alguna se rastrea.
Pero que sc me den, suponer quiero,
Compai’ieros y nave cqué sirviera?
Puedo volver a un padre tan severo?
Aunque en mar sosegado y nao ligera
Con favorable viento navegara,
Desterrada lay de ml! siempre estuviera.
No te vere jamás lob patria cara!
En cien bellas ciudades compartida,
Do el mismo Jove niflo se criara.
Pues mi padre, y mi patria, de él regida,
Juntainente con él (iprendas amadas!),
Con mi negra traición quedó ofendida,
Cuando las hebras de mi mano hiladas
Te dl del laberinto, como guIa
En las sendas torcidas y enredadas;
Cuando tu falsa lengua me decia:
cTe juro por los riesgos en que estoy,
Que, viviendo los dos, serás tii mIa.
lAb! vivimos los dos (si aun vive boy
La que un perjuro asesinó tirano)
IVivimos layl y yo tuya no soyl
iOh, si la clava que rindió a mi hermano,
Me matara también! Tu fé jurada
Cesara con mi muerte lob inhumanol
No solo estoy previendo, desdichada,
Lo que yoy a sufrir, sino aun la suerte
Que caber puede a toda abandonada.
Cual ya presentes, mi temor advierte
Mil géneros de muerte, y su demora
Más me atormenta que la misma muerte.
Ya me parece que a esta parte ahora
Se aproxima de lobos turba hambrienta
Y con ávidos dientes me devora.
Tal vez torvos leones alimenta
Esta tierra feraz, tal vez no pocas

Me dice grosero

Me dice grosero:
No tengo dinero;
Vuelva V. maflana.
Cuando alguna obra
Mandar suelo hacer,
Como se me cobra
Voyla a recoger.
Si tiempo ya sobra,
La pieza demando;
Diligencia vana,
Pues van contestando:
Ya se está acabando;
Vuelva V. maflana.
Si al que me ha ofertado
Su dinero y casa
Voy, necesitado
For Jo que me pasa,
A pedir pTestado;
Después que mi miedo
Apenas se allana,
El me dice acedo:
Amigo, boy no puedo:
Vuelva V. mañana.’
Si al medico ver
Es fuerza corriendo,
Porque mi mujer
Se me está muriendo
Sin saber qué hacer,
Corro como un gamo
Y grita una anciana:
e Senor, no está ahI mi amo;
Vuelva V. maflana.

Ni siquiera principiante

Ni siquiera principiante:
Si porque halla quien lo aguante
Entre bobos insensatos,
Tambjn entre los sensatos
Piensa hallar aprobaciones:
DIgole nones.
A Ia jóven que es juiciosa
Porque es pobre solamente
Y no ha habido quien la tiente,
Aunque tiene algo de hermosa;
Was que en la ocasión, gustosa
Retoza, baila y pasea,
Y oye al que Ia lisonjea
Sin reparar en azares:
Digole pares.
A mi musa chocarrera
Que deja el tintero enjuto
(No de materia) y que fruto
No sacará aunque se muera;
Si, poco advertida, espera
Agradar con seq uedades,
Solo escribiendo verdades,
Y jamá.s adulaciones:
Digole nones.

No sé nada

No sé nada

¿Con una tinta que venden
exquisita en el Portal,
dizque se curan de su mal,
los que de cisnes se ofenden,
y que ser cuervos pretende
con presunción extremada?

No sé nada.

¿Dizque es el gasto crecido,
que hacen hombres y mujeres
en perfumes y alfileres;
y de la coqueta, ha habido
mil quejas, porque ha subido
el precio de la pomada?

No sé nada.

¿Y del Parnaso una espía
dizque avisó que en el Diario
se encontró más de un plagiario
que lucirse pretendía
con lo ajeno que cogía,
siempre la boca callada?

No sé nada.

Oda VIII en el grito de independencia

Suele en callada noche hacia el oriente
De el horizonte alzarse parda nube,
Que se condena más cuanto más sube,
Inclinando su giro al occidente:
Luego insensiblemente
Su enorme masa por el ancha esfera
Va derramando negra y pavorosa,
Y crece y se difunde de manera,
Que sombras esparciendo tenebrosa
El éter hinche, y presagiando enojos
Esconde el alto cielo de los ojos,
Hasta que arroja del preñado seno
Un rayo y otro con horrible trueno.

En tanto el pastorcillo que reposa
En humilde cabana descuidado,
Atónito despierta, y azorado
La tempestad contempla estrepitosa:
Moverse a penas osa
De su lecho, temiendo a cada instante
Con su rebaño ser víctima triste
Del hórrido huracán, que fulminante
Su frágil choza y su ganado embiste,
Haciéndolo temblar el soplo fuerte
Del viento silvador, que con la muerte
Lo amenaza, lo asusta, lo comprime,
Mientras él en silencio tiembla y gime.

Así en el vasto americano suelo
De ibera encarnizada tiranía
Una lejana nube se veía
Preñada de opresión y desconsuelo,
Cuyo incesante anhelo
Decretos cual el rayo despidiera,
Conspirando tenaz y sin sosiego
A sofocar y aun extinguir do quiera
De santa libertad el sacro fuego
Que casi se apagaba, y solamente
Ardía, aunque acosado, más vehemente
De Victoria y Guerrero, altos varones
En los nunca domados corazones.

La astuta maña del visir hispano,
Redoblando cuidados y fatigas,
Con oro, con indultos, con intrigas
Ya de acallar, sino extinguir, ufano
Estaba el soberano
Ardor de libertad. ¿Y qué podían
Del Sur los héroes, solos, perseguidos,
Cuando en la huesa exánimes yacían
Mil compañeros de armas, o sumidos
En dura cárcel; y en estéril duelo
Otros valientes hijos de este suelo,
Su esclavitud llorando en sus retiros,
Enviaban al cielo hondos suspiros?

¿Y será que en mi patria generosa,
Do mora tanto Marte, no haya alguno
Que con grito valiente y oportuno
Oponga un fuerte dique a la ominosa
Desdicha que la acosa?
¡Ah, no! jamas será miéntras reside
En el dichoso suelo mexicano
Un hijo de Belona, un Iturbide,
A quien en su clemencia el soberano
Cielo dió su poder para que un día
Libertad respirando y valentía
De la patria al clamor se alze y con brío
Arranque a su cerviz el yugo impío.

Entonces ¡O qué gloria! independiente
El Anahuac, tronchada la cadena
A que el usurpador hoy le condena,
Alzará al cielo la humillada frente;
Y alegre y reverente
A su libertador, a su hijo tierno,
Su valor aclamando y claro nombre,
Tributará sin fin honor eterno,
Y hará que el orbe atónito se asombre,
Viendo que libre al fin por su constancia
Brota feraz su suelo la abundancia,
Los bienes, las virtudes, las riquezas,
La ciencias, las venturas, las grandezas.

¡O momento feliz! ¡dulce momento,
Apresúrate y ven! ¡y al nuevo mundo,
Que te suspira en anhelar profundo,
Da de su libertad el complemento!
Acabe su tormento,
Acabe su gemir, cesen sus penas;
Y arrojadas por siempre al hondo abismo
Caigan despedazadas sus cadenas,
Y húndase en él el fiero despotismo,
Y libres de despóticos tiranos
Prueben al fin los tristes mexicanos,
Fijándose en su suelo la ventura,
De libertad la celestial dulzura.

El momento se acerca. ¡Cuanta gloria!
Vas a alcanzar, o Marte americano;
La ventura esta vez del orbe indiano
No será ya, cual ántes ilusoria.
Contigo la Victoria
En tu bélico carro irá sentada,
Tu sien de mil laureles coronando;
Y dirigiendo tu invencible espada
Te hará triunfar del enemigo bando,
Hasta que el esplendor de sus acciones
Llevándose tras sí los corazones
Con el hechizo de tan dulces modos
Los una, y libertad alcance a todos.

Prosigue pues, caudillo incomparable,
Y desde Iguala marcha y apresura
Del fatigado Anahuac la ventura
Arrancándola al yugo detestable.
Que en tanto, jefe amable,
Que la grandiosa empresa finalizas,
Admirado de todas las naciones,
Y adorado del suelo que eternizas,
La patria en sus más tiernas efusiones,
Mientras festiva su placer exhala,
El Héroe proclamándote de Iguala,
Dirá bañada en dulce complacencia:
«¡Viva, viva sin fin la INDEPENDENCIA!»

Ora un dicho feliz picando el gusto

Ora un dicho feliz picando el gusto
La plática sazona y regocija.
El grato cefirillo blandamente
Desplegaba jugando sus alitas,
Y ]as fibres campestres mil olores
Perfumando el ambiente difundlan.
Febo también, al fin de su carrera,
Por no turhar acaso nuestras dichaas,
Entre doradas y vistosas nubes
Sus ardorosos rayos escondIa.
Un profundo suspiro que del pecho
Se lanza involuntario, al fin me avisa
Que ya estoy en el campo, do sin pena
El aire puro y libre se respira.
Alzo los ojos, y en placer bafiado
Ansioso tiendo la explayada vista,
Y mil y mil objetos halagueños
A mis ávidos ojos se ofreclan.
Seguimos adelante y por doquiera,
Abundosa natura se rela,
Haciendo alarde del primor hermoso
Que ostentan sus riquezas infinitas.
AquI huella la planta sin saberlo
Una humilde y pequeña fiorecilla,
Que cogida a la mano y observada
Con sus bellezas y primor abisma.
El alto /ejocoi’e, entre mil hojas
De oscurIsimo verde, allI convida
A contemplar sus frutos, que agrupados
Muy más que el oro a centenares brillan.
Allá un manzano sazonadas pomas
De brilladora pürpura tefiidas
Majestuoso mece, y abundante
Sus ramos inclinando a todos brinda.
Un perd,z más allá, lieno de frutas
A sus derechas ramas adheridas,
Más que con sus colores con su aroma

Pero no viendo nada

Pero no viendo nada,
Sino motivos de tristeza mucha,
Tórnome a la posada.
Con la tristeza de esta suerte en lucha
Continua, en vano vivo,
Pues soy vencido siempre, y si n6, esucha.
Cansado de cautivo,
Arrostrando del frIo la aspereza,
A salir me apercibo:
cAfuera, dije, el miedo y Ia pereza
Y Ileno de osadIa
Tomo el sombrero y salgo con presteza.
Por las calles querIa
Del pueblo pasear, bien ignorante
De que ninguna habIa.
Este mi ensayo fué de paseante,
Y aün viéndome burlado,
La marcha prosegul, pasé adelante.
Hube apenas andado
Algunos pasos, cuando vi aturdido
El lugar acabado.
Y habiendo el pueblo todo recorrido,
Helado y casi yerto
De volverme a encerrar tome el partIdo.
Entreme, y aün incierto
De lo que me pasaba, al campanario
Subime a ver lo cierto.
Coma de nacimiento, un solitario
Pueblito vi, y aun reyes
Con este aquellos son. Oye el sumario.
Seis chozas, siete bueyes,
Tres milpas, una plaza no sin lodo,
Y un millón de magueyes.
He aquI muy par menor el pueblo todo.
1 Querrás en adelante
Que a divertirme salga de este modo?
Pensaba yo ignorante
Que era aqueste lugar de mis pesares
Al nuestro semej ante;
Pero este tánto entre otros mil lugares
Agacha la cabeza
Cuanto suele la papa entre pinares.
Mas adios, que ya empieza
A entumirse la mano. Dios te preste
Con paternal largueza
Vida feliz, y no en lugar como éste.

Pero que atienda a un zorcico

Pero que atienda a un zorcico
Más que a jugar su abanico,
Qué capaz!
Que aplauda con boca y manos
Juan los versos italianos,
Vaya en paz.
Pero que porque él se extienda
En su elogio, los entienda,
Qué capaz!
Que diga Anita la bella
Que es muy honrada doncella,
Vaya en paz.
Mas que su aire deshonesto
No diga que rniento en esto,
Qud capaz!
Que no quiera el casamiento.
El otro, con fundamento,
Vaya en paz.
Mas que por esta aversión
No le quede sucesión,
Qué capazi
Que insulsas salgan y frIas
Las letras y coplas mIas,
Vaya en paz.
Pero que estas frialdades
No estén lienas de verdades,
iQué capazi

Que priven al juez de oficio

Que priven al juez de oficio
Sin perjuicio de la muita,
Porque en sumario resulta
Pilatos en su ejercicio,
Y de la ley con perjuicio
Haber hecho en un par de años
Más injusticias y daños
Que un hortelano hace podas:
AhI me las den todas.
Que don Bias el usurero,
Perdido por doña Pepa,
Cautivar su amor no sepa
Sino a fuerza de dinero,
Y asI en breve el majadero
Liegue a quedarse sin bianca,
Por dare con mano franca
Gusto en caprichos y modas:
AhI me las den todas.
Que se burlen a porf ía
De aquel pedante zoquete
Que a hablar cual sabio se mete
En puntos de geografía,
Cuando muestra cada dIa
Al hacerse la experiencia
De su geográfica ciencia,
No saber donde está Rodas:
Ahí me las den todas.
Que el otro tuno se quede
Sin Maniquita Ia bella,
Auncue más la ame, y sin ella
Diga que vivir no puede,
Sólo porque, si se excede
En su derretido ardor,
Hablando dl de puro amor,
Habla ella de puras bodas:
AhI me las den todas.
Q ue se tenga por poeta

Que tenga la otra casada

Que tenga la otra casada
A su prudente marido
En tal extremo aburrido,
Que ya no se meta en nada:
Que entre y salga una chusmada
De trato no muy honesto
Con quien ella se entretenga,
Y al pobre marido tenga,
Aunque bien armado, expuesto
A ilevar su banderilla:
iFriolerilla!
Que la viuda, en su lamento
Por la muerte del difunto,
Se descuide hasta tal punto
Que deje ver su contento:
Q ue suela ser su tormento
En el lecho conyugal
Verse sola, y su desvelo
Se procure algin consuelo
Para aliviar tanto ma!
Sin ser el de la almohadilla:
Friolerilla!
Que la vieja presumida,
Con rnás afios que el bendito,
Tenga su verde prurito
En ser moza y bien prendida:
Que pase en bailes su vida,
Y no solo los cortejos
A sus hijas solicite,
Mas que también las imite,
Espantándose de viejos
Y haciendo la coquetilla:
iFriolerillal

Que un rico cuando hay función

Que un rico cuando hay función
Asista a misa y sermon,
Vaya en paz.
Mas que, sin que convite haya,
For devociOn s6lo vaya,
iQu capaz!
Que tosa en el templo Juana
Cuando le viene la gana,
Vaya en paz.
Pero que esta tos no sea
Porque a1gn hombre la yea,
IQué capaz!
Que en un mes un comerciante
Tenga un lucro exhorbitante,
Vaya en paz.
Mas que para tanto aumento
Le baste un ciento por ciento,
lQu6 capaz!
Que la muchacha Teresa
Gaste cual una marquesa,
Vaya en paz.
Pero que para este gasto
SOlo el marido dd abasto,
iQud capaz!
Q ue al artesano ext ranjero
Se pague mucho dinero,
Vaya en paz.
Pero que se dé igual paga
Al criollo que mejor lo haga,
lQu6 capaz!
Q ue a los conciertos concurra
De m(isica aquella curra,
Vaya en paz.

Señor en sus obras magnifica

Señor en sus obras magnifica,
Hasta que de una cabra los balidos
Nuevos placeres a gozar la inclinan.
Cerca de la cascada, en un repecho
O ue en tosca, pero hermosa simetrIa
Forman rudos penascos, un aprisco
De baladoras cabras se divisa.
Aill del dulce pasto retiradas
Las juguetonas y ágiles cabrillas
Forman un espectáculo vistoso,
Y con nuevo placer el cuadro animan.
Acá una cabra, echada quietamente
El pasto que arrancó rumia tranquila,
Allá otra, encaramada en un peñasco
A las demás ufana predomina.
Una en dificil puesto, mal segura,
Doblando el cuello, la pezuña hendida
Aiza, y la frente rasca, mientras otra
Trepando por all la precipita.
Otra parada, la abundosa teta
Presenta a su inocente y tierna crIa
Que alegre corre y por debajo viene
Y el dulce nectar bulliciosa liba.
En otra parte un grupo de cabritos,
Ora con pieles cándidas y limpias,
Ora de negro y blanco matizadas,
Junto a las madres juguetones triscan.
Alli un cabrito que perdió a la madre
Balando la reclama y solicita;
Ella al reclamo desolada corre,
Lo busca, lo conoce y lo acaricia.
Más allá . .Pero cómo neciamente
Osa la encantadora perspectiva
Mi labio describir, que aill presenta
Naturaleza toda embellecida?
El alma al contemplar tantas bellezas,
Inundada en placeres y delicias,
Sensible a su primor, sabe gozarlas,
Empero nunca acierta a describirlas.
iFeliz mil veces el mortal dichoso
Cuya alma dulcemente enternecida
Sepa gozar los bienes, oh natura,
Que abundosa en el campo le prodigasi

Si no te acomodas

Si no te acomodas,
Lector, a mis veras,
Llámalas tonteras:
Ahi me las den todas
Que priven al juez de oficio
Sin perjuicio de la muita,
Porque en sumario resulta
Pilatos en su ejercicio,
Y de la ley con perjuicio
Haber hecho en un par de años
Más injusticias y daños
Que un hortelano hace podas:
AhI me las den todas.
Que don Bias el usurero,
Perdido por doña Pepa,
Cautivar su amor no sepa
Sino a fuerza de dinero,
Y asI en breve el majadero
Liegue a quedarse sin bianca,
Por dare con mano franca
Gusto en caprichos y modas:
AhI me las den todas.
Que se burlen a porf ía
De aquel pedante zoquete
Que a hablar cual sabio se mete
En puntos de geografía,
Cuando muestra cada dIa
Al hacerse la experiencia
De su geográfica ciencia,
No saber donde está Rodas:
Ahí me las den todas.
Que el otro tuno se quede
Sin Maniquita Ia bella,
Auncue más la ame, y sin ella
Diga que vivir no puede,
Sólo porque, si se excede
En su derretido ardor,
Hablando dl de puro amor,
Habla ella de puras bodas:
AhI me las den todas.
Q ue se tenga por poeta

Silvia en el prado

Silvia en el prado

Cuando Silvia al prado
sale a divertir,
el campo se alegra
al verla salir.

Jilguerillo hermoso,
bello Colorín,
dulce Filomena,
desde un alhelí
le cantan la salva
con pico sutil,
juzgándola Aurora
al verla salir.

El prado se cubre
de hermoso matiz,
sus cálices abren
florecillas mil,
y el albo pie besan
la rosa y jazmín
a mi pastorcilla
al verla salir.

Si son tan dichosos
que van por allí,
los mis corderillos
van a recibir,
y triscan alegres
indicando así
el gozo que tienen
al verla salir.

Al mismo Amor niño
una tarde vi,
que el arco y las flechas
arrojó de sí,
y se fue corriendo
con mi bien a unir,
creyéndola Venus
al verla salir.

Sonetos

I.
A Si/via.
Al pintr de sus ninfas los primores
Suelen firgir mil cosas los amantes,
Tomando ora del sol luces brillantes,
Ora robando el átnbar a las fibres:
Ya usurpan de la nieve los albores,
Ya el brillo de las perlas y diamantes,
Colorando a las bellas los semblantes
De la purp(irea rosa los colores.
Solo yo hacer no puedo una pintura
De tu rostro que valga alguna cosa,
Cuando pintar intento tu hermosura;
Pues eres Silvia, en tanto grado hermosa
Que a copiarte no alcanzan nieve pura,
Perlas, diamantes, sol, ámbar y rosa.

Tigres esta isla barbara sustenta

Tigres esta isla barbara sustenta.
Se dice que del mar horribles focas
Salen tambidn; 6 acaso armas ajenas
Traspasarán mi pecho entre estas rocas.
iHaga el cielo a. lo menos que en cadenas
No me pongan mis asperos destinos,
Hilando cual esclava en duras penasi
Siendo nieta de Apolo, hija de Minos,
Y lo que es más, ya tuya en esponsales
iAh, no lo permitáis, dioses divinos!
Todo en mi contra está: si los cristales
Miro del mar, 6 miro estas riberas,
Todo, todo me anuncia aciagos males.
Faltaba el cielo, y temo ya severas
A las deidades. Ay, abandonada
A ser comida estoy de hambrientas fieras!
Aunque hombres halle al fin, desconfiada
Vivo, pues a. temer de los extrafios
AprendI, de uno de ellos engaflada.
iOh, si Andrógeo viviera, y tus engaflos
No pagaras, oh Atenas, ni obligarte
Minos ilegara a reparar los daflos!
Ni tü, Teseo, entonces con tal arte
La muerte dieras en fan corto rato
Al monstruo, parte de hombre y de buey parte.
Ni yo de darte hiciera €1 desacato
Las hebras, que mi mano hiló indiscreta
Por conservar la vida de un ingrato.
No admiro que victoria tan completa
De tal monstruo alcanzaras sin apuro,
Ensangrentando el suelo de la Creta;
Pues mal pudiera herir su cuerno duro
Tus entraflas de bronce, y fué bastante
Desnudo entrarte para estar seguro.
Diamante y pedernales arrogante
Lievaste en ti, y aun más, pues en dureza
Al pedernal excedes y al diamante.

XIV (AsI mi musa suele)

AsI mi musa suele
En ocasiones
Jugar, por divertirse,
Pares y nones.
A Ia doncella de trece
Que ya de novelas gusta,
Y el padre Parra la asusta
Si la madre se Jo ofrece;
Y que, si el chulo aparece,
Cortando aill la lectura,
A cantarle se apresura
Apasionados cantares:
DIgole pares.
Al jóven ocioso y tuno
Que mimado se educó
Y luego a estudiar Jo envió
Su padre en tiempo oportuno;
Que al preceptor importuno
Llama, y sin saber hablar,
Quiere en ciencia aprovechar
Sin aprender las lecciones:
DIgole nones.
A la jovencita honrada
Que muda temperamento,
Con maligno sentimiento
Del joven de quien fué amada;:
Que aunque no desahuciada
En su mal de los doctores,
Acabarán sus dolores
Con su vida 6 sus pesares:
DIgole pares,
Al que a la corte se viene.
De su causa satisfecho.

XXIV (La Resolución)

La Resolución.
Yo fuf jóven y amé. IVanos anhelos!
Pues buscando placeres y duizura,
Hallé tan solo do esperé ventura
Sustos, temores, ansias y desvelos.
Quise a Silvia, probe mil desconsuelos;
Amé a Lesbia, llenéme de amargura;
Adore a Clori, vi mi desventura;
Idolatré a. Dorisa, y tuve celos.
Supe Icon qué dolor! que entre aflicciones
Para dar muerte tiene el pecho humano
Vileza, ingratitud, dolo, traiciories.
Yo te detesto en fin, Amor irisano;
Lieva, ileva a. otra parte tus arpones,
Y huye lejos de ml, nilmen tirano.

A la muerte

Ven a mis manos de la
tumba oscura,
Ven, laúd lastimero,
Do Túbulo cantaba su ternura
Dando a Delia su acento postrimero.

Y tráeme los ayes encantados
Con que dulce gemía,
Cuando ya con los párpados cerrados
En brazos de su amor desfallecía.

Ven, y el son de tu armónico suspiro
Sobre mi arpa vibrando,
Al viento de las ansias que respiro
El fin de mi existencia preludiando.

Yo lloraré de un alma solitaria
El insaciable anhelo,
Invocando en mi lúgubre plegaria
El solo bien que me reserva el cielo.

Yo ensalzaré tu celestial dulzura,
Muerte consoladora.

Yo cantaré en tus brazos tu hermosura;
Nadie en el mundo como yo te adora.

Parece ya que en el dintel sombrío
De la tumba dichosa
Siento exhalarse un delicioso frío
Que el ardor templa de mi sed fogosa,

Y que un ángel más bello que mi Lina,
Con semblante risueño,
En féretro de rosas me reclina,
Y el himno entona de mi eterno sueño.

Venid, exclama, a los sepulcros yertos
A terminar los males.

No es ilusión la dicha de los muertos;
La nada es el vivir de los mortales.

Lo sé, lo sé; mas de otro modo un día
Brillante a mis ardores
El campo de la vida se ofrecía
Vertiendo aromas y brotando flores.

Do más placer divise, dije ufano,
Allí está mi ventura.

El ser que me formó no es un tirano,
Y el bien en el gozar puso natura.

Destiérrese de mí la razón lenta
Y su impotente brillo:
Será mi norte lo que el pecho sienta,
Será feliz mi corazón sencillo.

Dije, y cual ave del materno nido
Lánceme en vuelo osado;
La senda del placer oye atrevido,
Siempre de sed inmensa arrebatado.

Corrí a las fuentes do mi lado ardiente
Beber el bien quería,
Y a su hidrópico afán desobediente
El néctar del deleite no corría.

Y corrió por mi mal.

y era veneno:
Bebieron le conmigo:
Crimen en vez de amor ardió en mi seno,
Fui amante inútil y funesto amigo.

Denso vapor al fin anubló el alma,
Y en letargo profundo
De quietud falsa, de horrorosa calma,
Dejé los hombres, y maldije al mundo.

¡O natura falaz!

tú me engañaste
Con pérfida mentira
Cuando en mi débil corazón grabaste
Esa imagen ideal por que suspira.

Pasó de mis fantásticas visiones
La magia encantadora.

Destino atroz, no tengo ya pasiones,
Y un solo bien mi corazón implora.

Envía sólo un rayo de contento
Sobre mi hora postrera:
Dame un solo placer, solo un momento,
El momento no más en que me muera.

Ya que entoldaste siempre mi ventura
Con tan nubloso velo,
Rasga en mi ocaso su cortina oscura,
Déjame, cuando espire, ver el cielo.

¡Ay!

y al sentir ese éxtasis profundo
Que da la patria eterna,
A la que fue mi patria en este mundo
Volver me deja una mirada tierna.

Llévame de mi Lando a los vergeles,
Y allí, muerte piadosa,
Bajo los mismos sauces y laureles
Do mi cuna rodó, mi tumba posa.

Apura, o muerte, mi deseo apura,
Y a mis votos te presta.

Lleva a su colmo mi postrera ventura;
Premia un instante una pasión funesta.

Propicia a la ilusión que me alucina
Llévame a la que adoro:
Tremola entre los brazos de mi Lina
Tu crespón, para mí bordado de oro.

En ellos ¡ay!

exánime posando,
Mi rostro al suyo uniendo,
Al compás de su lloro agonizando,
Y sus tardías lágrimas bebiendo,

Mis brazos se enlazaran a su cuello,
Que apoyo me prestara
Para esforzar el último resuello
Que en sus labios mi espíritu exhalara.

¡Ay!

accede al ansiar de un alma triste,
Muerte que anhelé tanto,
Y en vez de esa corona que no existe
Cubra una flor no más tu negro manto.

Mas no.

no cederás tu poderío,
O destino inclemente,
Y contra el mármol del sepulcro mío
Con furor ciego estrellarás mi frente.

Mi tierna juventud, mis padecerás,
Mi llanto no te apiada.

Moriré, moriré, mas sin placeres;
¡Ay!

moriré sin ver a mi adorada.