A ese hombre

Pienso en ese hombre que besa como si el mar fuera a
desbordarse, que siembra su sonrisa en mi piel con la altivez de
la espiga, que dibuja mi soledad sobre la niebla.
Pienso en ese hombre, dócil a mis ojos, fiel, pleno, íntegro.
En su vuelo humedecido sin tiempo y sin espacio.
Como primavera sobre el trigo del otoño.
Pienso en ese hombre que inventa soles, aguas de seda al tacto
y una verdad sencilla para amarme.
Ese hombre cierto, inconstante, mío.
En el callado temblor de sus latidos, en sus ojos de oscuros
desafíos.
Pienso en ese hombre que me espera con dulce arrobamiento.
En su cabello de trigo que me inunda en un pleamar de pétalos y
trinos.
Ese hombre:
Sol salvaje, río de música y silencio, pájaro en el alba.
Pienso en ese hombre y hay aroma en la música y color en el
aroma, claveles recién abiertos y flores niveas en mis sueños.

Abril

Ha crecido el abril en mi abandono.

Ha venido a llenarlo todo con su llanto, para humedecer las
lunas del cristal, los tallos verdes, la gracia que toca el
suelo duro.

Se ha llenado de cigarras, que miran con tristeza.

Cigarras que golpean el fruto de mi nombre, y ponen una
mordaza de hielo entre mis labios.

Existo silenciosa, con una carta estrujada y un invierno eterno;
con una piedra que se destroza y un gusano voraz que me
devora.

Ha llegado mi abril, humedeciendo el luto de este cuerpo de
alas tronchadas. Vino despacio por los juncos y las breñas.

Allí donde los espejos de las hojas apagan sus luces y los
crisantemos se arrojan a la noche del alma.

Voy a bajar a su misterio, triste y fría, y encontraré su túnel sin
origen.

Abril de miedo frío…me roba los sueños y deja mis ojos
abiertos, gastados por el llanto.

Amor de pampa y mar adentro

Te toco en la memoria y una luz cae mar abierto, eres fuerza irresistible que me atrae y voluntad que precipita cada uno de mis pasos. Impulso que mezcla el gozo y la tristeza, suspiro y amor que corta el viento.

¿Qué importa si no estrecho más el coral de tus labios ni arribo a tus ojos con las sienes serenas?

Si soy el hálito que te absorbe el pensamiento y me tocas en la memoria inalterable del recuerdo.

¿Qué importa si es agreste el mar y tú no llevas rumbo?

Si beso la ribera y el vuelo de las aves, donde tus ojos encienden matorrales de deseo.

Déjame esta voz para hablarte en el silencio, hombre, cielo gris de ritmos y gaviotas, amor de pampa y mar abierto.

Déjame esta voz, luego estallarás en risa fresca, me querrá tu alma, buscarás mis brazos y la triste cigarra hará revuelos en el viento.

¿Qué importa si se cierra nuestro cerco y apago los latidos de mi pecho? Si ahora soy la cóncava gruta para tu cauce serpentino y tú la lluvia torrencial que me humedece desesperada, honda y doliente.

No sé si volverás, no sé si existes o eres sólo un vano sueño.

¡Amor de pampa y mar abierto!

Amor eterno

Fallezco en el intento de tocarte, amor de tierra, espacio y piel, porque este viento sólo habla de tormentas y sombras que se rompen en pedazos.

Soy el beso virgen que prendido de tus ojos hace florecer todos sus campos; soy esa mujer, eternidad que yerra sola por la sombra, amor de manos ciegas.

Y tú, doliente rama de hojas transparentes, mil promesas, mares, cerros y collados.

Quiero cubrirme toda con tu cielo para desvestir mi piel inmóvil. Ven…desordena mi corazón, y mitiga el hondo sin fin de mi tristeza.

Amor efímero y eterno que se desploma en el adiós.

Seremos sombra y olvido tomados de la mano, dos almas que lloran en la oquedad del pensamiento. Tan libres, tú en el viento, yo en el secreto del mar; tú en los llanos y las sierras, yo en los hilos del sol y en los acantilados.

Fallezco en el intento de tocarte.

Amor efímero y eterno, el más puro, el más pequeño.

Amor inaccesible

En esta cárcel de mi alma giro sin huellas.

Soy la rosa ya palidecida, la hoja temerosa que tiembla entre tus alas, un nido vacío.

Detrás de mí, están el suspiro largo y frío, una lejana música, ardida piel prohibida.

Soy un amor de soledad, lleno de sombra, una fría ceniza de ilusión, un vuelo silencioso.

Soy ese amor que corre por las noches largas de ánforas plenas y ritmos azules.

Quisiera tocarte, y quedarme en tus oídos, con el aire de mis palabras.

Amor primero, íntimo, tan mío.

Chele ladilla

Se ha quedado quieto, conversando con el polvo y las hormigas, tiritan sus labios en un charco del parqueo que se traga su risa.
Se ha quedado quieto, sembrando maíz en los recuerdos, bajo los oídos de los árboles con una mancha que pinta la tristeza.
Se ha quedado quieto, en su daga amarga, secando su voz, desmadejando el silencio en una minúscula gota de agua…
Cansado de mirar al cielo, en su absurda pretensión de apresar las cosas imposibles.
Se ha quedado quieto, como tronco mutilado de una selva virgen, bajo un paraguas de hojas secas.

A los niños y niñas que fueron violados bajo la noche

Esta noche ha entrado la luz casi dormida, atrapando estrellas y violines.
Ha venido con su boca helada y rendida, con su alma gris templando mis raíces.
Ha venido a tallar el tiempo, con un manojo de violetas, como un sueño sin aurora, pintado de nuevo con cenizas.
Murmura secretos y deja caer sus lágrimas en mi garganta, triturando la angustia hundida entre mis venas.
El viento cruza el resto del cielo, moviendo los platos vacíos. Una miel rota se derrama en los cartones de los niños que duermen abandonados en las calles.
La noche es una puerta abierta…
Hombres de vidrio desgarran los jacintos y descapullan las rosas inocentes.
Un aire frío se cae, se levanta y se consume…
La luz pasa de largo, como otras tantas veces.

Con el velo en la noche

Cuando cubres mi espalda con el velo de la noche
y cruzas en silencio el húmedo paisaje de mi
cuerpo, el ala errante del viento
se quiebra en nuestro sueño.
La luna cae sobre el mar,
llena de silencios.
La tarde se vuelve tempestad, agua despeñada de lo alto,
voz de lluvia.
La rosa amarilla se abre al aire frío,
susurran los árboles
y tú bebes el secreto
que vibra entre mis labios.
Cuando cubres mi espalda
con el velo de la noche,
una amapola se quema entre tus dedos.
El amor abre sus alas a un canto de estrofas
y se vuelve un río pensativo,
una larga voz que moja
las campanillas y los cardos.
Cuando cubres mi espalda
con el velo de la noche,
en los aleros canta un pájaro salvaje.

Esa mujer

Soy esa mujer, la que no amas. El seno desnudo de tu
agónica luz, el enjambre prendido de tus ramas, el cristal
que sueña tu mirada.

Soy esa mujer, la que no amas. Breña, mata, punzante
jarra, calle muda por donde no se escuchan tus pasos y
cuerpo desnudo para el eclipse de tus ojos.

Soy esa mujer, la que te toca demente.
Mil veces presa de ti en la delgadez del agua.
Pecho en fiebre que ambiciona tus besos, solo, adusto,
hecho pámpano ardiente.

Soy el anhelo inseguro que te acecha, la palabra que se
deslíe de tus labios húmedos chispeante entre la niebla.

Soy esa mujer, la que espera por ti, y sigue la ruta de tus
manos, tu cuello, tu voz y tus caminos. La que guarda tu
pasión, desafiando al escollo y la calma, olvidando tu
incansable deseo de volar, y ser en mí tan sólo agua al
trasluz y cielo de mi costa.

Soy esa mujer, un espacio inmenso, torrente en tu valle,
murmullo de tu ráfaga, amor que late en lo infinito, firme
y deslumbrante. Esa que siembra los surcos y su orgullo
entre las flores.
Y tú, hombre: pena y alegría, no aprendes que después
será muy tarde.

Favor detente en la próxima estación (Primera Parte)

¡Favor detente en la próxima estación! (Primera Parte)

Tú en mis brazos y en tus ojos el ardor de mis sentidos
El majestuoso tren corre aprisa buscando el valle de la vida.
No me dices nada. Yo tampoco hablo.
Aprendo de memoria tu cuerpo y de todo emerge un algo profundo.
En la ventana
miro volcanes, cafetales y cañales que cortan el horizonte.
Me besas como nunca alguien me ha besado antes.
Yo en tus brazos y en mis labios un “si” envuelto en llamas.
Me amas con un amor que brota agitado y fuerte.
Pasajero del tiempo de una vida mas plena ,
donde el corazón es el silbido de una locomotora en marcha.
Amor de brasas. ¡Cuántas cosas hermosas dice el hombre cuando ama!
¡Cómo sabe contar historias desmadejando palabras!

Así las noches en el tren.
Las mujeres reían de cuando en vez con sus risitas inquietas,
los hombres tomaban y charlaban.
Algunos ponían gestos sombríos
después de despedirse de sus mujeres en las estaciones.
Artistas, bohemios,
familias enteras, todos en un susurro de voces distantes.

***
Azota el viento de la mañana, ha terminado nuestro viaje.
Una pena oculta se derrama en lágrimas.
Te miro arropado entre las sábanas
mientras escapo de puntillas en silencio.
Bajo del tren con la esperanza de poder destrenzar tu recuerdo,
pero las estaciones y los trenes me quiebran como vidrio
y sólo vienen días tristes.
Amor de brasas, miro el cielo y lloro.
Hoy las estrellas me hablaron de tu nombre
y el silbido de las locomotoras lloraron por tu ausencia.
Te fuiste con la tarde –una tarde cualquiera-
y tu recuerdo hoy naufraga y se prolonga,
se deshace en el humo y nace nuevamente eterno.
Has quedado grabado para siempre,
eternizado en un vuelo de pájaros primaverales.

Hundido a mi silencio

Me vestiré sin prisa,
mientras tu luz anida
en el gemido de mi pecho,
encadenada a tus surcos,
tus barrancos y tus selvas.
Me vestiré sin prisa con la piel solitaria,
hecha colina virgen y volcán en llamas.
Tendré la sangre en celo
encadenada a tu batalla,
y tú serás vertiente y filo
en el temblor de la mañana.
Mecido en el aroma de una paz frondosa,
beberás hasta el fondo mi conciencia.
Me vestiré sin prisa, absorta frente al agua,
al viento y a las rosas,
en el suspiro invisible que vela mi silencio,
con la alegría en los ojos
y un olor a ritmo y tierra.
Recorreré la ruta de tu cuerpo ya sin miedo,
y tú, ceñido a mí,
te fundirás tormentoso a mi silencio.
Y de nuevo sí…
encadenada a tu campo,
tu estanque y tu redil celeste,
improvisaré frutales y nidos de espumas.
Después, cuajado de tristeza ….me acosarás,
y al pie de mi ventana dolerás entre mis dudas.
Me obligarás a quererte y te querré ,
lejos del río y de la entrega.

Llamas húmedas (I-III)

I

Bésame hondo y agudo, con un amor de viva llama; con sed,
intensa, fuerte.
Bésame en la rasgada noche, mientras tiemblan las aves del
cielo. Cíñeme a la rosa más leve, al silencio total, a la
última estrella.

II

Quiero la trémula sombra de un ave, para oírte en el vuelo
del silencio, y dormir en ti, con el beso de tu honda, en
tu montaña pálida, con un poco de alas.
Nocturno mar, sube silencioso hasta mis senos, déjame
sentir tu paso enlazado de espumas y ser toda tuya, sobre
llamas húmedas.

III

Hoy el alma me pesa. Todo se apaga en mí, en un palpitar
leve fundido a mi cansancio. En la sombra que te sigue
susurrando, por este camino que es olvido y distancia.
Todo se apaga: este canto quieto en tus orillas, esta prisión
de sangre y niebla.

Llamas húmedas (I-IIX)

I

Bésame hondo y agudo, con un amor de viva llama; con sed, intensa, fuerte.

Bésame en la rasgada noche, mientras tiemblan las aves del cielo. Cíñeme a la rosa más leve, al silencio total, a la última estrella.

II

Quiero la trémula sombra de un ave, para oírte en el vuelo del silencio, y dormir en ti, con el beso de tu honda, en tu montaña pálida, con un poco de alas.

Nocturno mar, sube silencioso hasta mis senos, déjame sentir tu paso enlazado de espumas y ser toda tuya, sobre llamas húmedas.

III

Hoy el alma me pesa. Todo se apaga en mí, en un palpitar leve fundido a mi cansancio. En la sombra que te sigue susurrando, por este camino que es olvido y distancia.

Todo se apaga: este canto quieto en tus orillas, esta prisión de sangre y niebla.

IV

Llévame lejos de este mar sin límite, de estas olas frías que se agolpan a mi paso. Quiero apartar mi barca de su orilla nocturna y reanudar el viaje.

Quiero beber la luna en tu jardín de sueños. Llévame a ver crecer la hierba en el canto de los pájaros, con el último reflejo del verdor terrestre.

Seamos un corazón de viento y el color distinto en las auroras.

Tú y yo, en la primera lluvia que cae en el recuerdo.

V

Llévame lejos de este sosiego, quebrado en mis palabras, ebrio de llanto.

Llévame a un refugio de medusas y pálidas diademas; seré tu paisaje adherido a la piel de tu alma.

Rastrearé tu fulgor y correremos juntos sobre las gotas más finas, alargando el paso en este viento que gira.

Llévame a otro canto que no oímos, a otra plenitud.

Llévame a una dormida inmensidad de luz donde el alma se desnude.

No quiero ser más el follaje de la bruma.

VI

Voz de largo cielo; ida de mí, y a la vez tan mía.

Isla de amargura, perfil ardido, hora sin luna.

Ritmo interminable y entrecortado.

Hombre que acrecienta mi nostalgia, llama votiva quemando los recuerdos.

VII

Es una sed de tenerte, un fuego contenido, inagotable canto, un deseo que duele como fruta caída…

Una sed de sentirte como río creciendo entre mi tacto.

Un nudo de sollozos, un dolor que llora a las estrellas.

Es una sed mudable al no llegar y alejarme como un pequeño mar o espuma de ola, donde mi voz se vuelve árida.

Una sed de arrasar las márgenes del tiempo…

IIX

Labios imbesables y ausentes, que agigantan mi sed de lágrimas congelada. Dichosos silban a las hojas del alba, al perfume invencible, a los rayos celestes que se adueñan de mi forma.

Labios imbesables y ausentes, que envuelven mi presagio. Húmedos, abiertos a la luz, desnudos sobre tu cuerpo adormecido. Roca y marea, de un corazón que fue noche y fue desierto.

Labios imbesables y ausentes, islas de cielo, hojas entrelazadas, prado verde. Recorren las palabras y abren sus alas, en esta playa mía.

Labios que hieren como astillas, labios de fiebre, de fuego oscurecido.

Madre

Te encuentro lejanamente ausente, húmeda en silencios. Abriendo la memoria al viejo sillón desocupado de mi padre, con el alma perdida, amando lo que no está, lo que se ha ido.

Yo que te busco para hacer frente a mis problemas, para estar cerca de ti, en las noches de viento, en los ríos que desatan mis sueños.

Hoy quiero escuchar de nuevo tu corazón con alas y besar tus manos azules, como cuando era una niña y soñaba ser cielo para besar el mar.

El tiempo ha pasado y los caminos no son los mismos.

¿Cuántas veces hemos encallado el alma en los peñascos? ¿Cuántas veces por seguir una gaviota en vuelo, nos hemos perdido en los brazos elevados del cielo?…

Yo viajé abrazada a la luz, hasta convertirme en un hilo de luna.

Hoy sigo siendo tu pequeña, la que soñaba con registrar tus cofres llenos de poemas, la que corría detrás de las nubes, volando piscucha para atrapar a una estrella.

Aquella niña que estrenó su vida de un trago, la que escondía papelitos en los bolsillos de su padre y lloraba si se enfermaban sus muñecas, la que escribía frases de amor sobre tus árboles.

Por eso, Madre, te reservo el mejor sitio de mi vida, desde aquí verás pasar el tiempo sin nostalgia, en este mundo , que sólo tú y yo conocemos, este mundo de sueños y mañanas.

María

La muerte llega con un gesto de burla, a quebrar su nombre entre las fábulas.
María, más pequeña que un dedal, detiene el paso.
Al verla, los árboles se empinan sobre sus raíces, con una curiosidad que los agiganta. Y ella, traslúcida, descalza, débil, recién desgajada en la noche, cae contra el suelo.
Todo su mundo está dentro de un bote de vidrio, donde desaparecen los aromas frutales y el canto áspero de los grillos.
María no conoce más que las hilachas de un harapo perdido, la basura de un parqueo, las moscas, las navajas, y de como apagar la sed de los perros callejeros.
Derrotada, torva y trágica, desanuda el miedo en las luciérnagas.
Le tiemblan las rodillas, mientras su vientre se contrae. Vuela entre sus piernas un cometa de luz.
No hay carruajes de princesas, sólo una niña sin sonrisa con puñales hendidos en los sueños, y una impotencia que ahoga mi palabra.

Moza

¡Qué osadía el querer abrir los velos de la muerte!…
En las hojas pálidas, y en las aves de los nidos. Idolatrando dioses de hojalata y placeres prometidos.
En un jardín envenenado por flores amargas, donde el sol se apaga y los grillos repiten sus notas tristemente.
Niño de miedo, procura estar quieto y silencioso, mientras lanzas a volar tu carroza de impotencia que chispea en los espacios tu reflejo.
¡Que osadía el querer abrir los velos de la muerte!…
De apretarla en tus delgados brazos y acariciarle los cabellos de algas.
De perseguirla hasta darle alcance y caer rendido a sus pies, embozado en una capa de oscuras nubes de humo.
Perdido en un olor a pega que muerde tu memoria. Quebrado en múltiples cristales, desplomas los sueños.
La muerte te alarga su mano de niebla y tú hinchas la voz y gritas.

Niña durmiente

A esa pequeña que murió en el vientre de María…

¿Para qué despertar, Niña Durmiente?
Entre un charco de sangre y periódicos rotos, con una madre huelepega y un letargo de cosas amargas.
Ve a la blancura del sol, a las divinas horas en que se eternizan los instantes, a un cielo de sorpresas donde juegues con el mundo inocente entre tus manos.
Vuela al trino, al perfume y a la primavera, canta con una guirnalda de risas y deja ya de llorar.
¿Para qué despertar Niña Durmiente?
Vuelve a la blanca luna, y a los muñequitos de azúcar.
Deja la quietud que arrastra tu cansancio de luchar.
Cruza las islas y los silencios del campo, los mares sin naufragios, las invisibles lágrimas.
Déjanos en esta cosecha de tinieblas, fantasmas y corazones lacerados.
Déjanos con el canto apagado y los dedos ansiosos.
Vuelve a Dios, con tu manto blanco.

Niño de viento

Volví a estremecer mis entrañas. Era la hora de la
estrella, la hora en que llegarías a mi vida, desde un
barco peregrino cargado de deseos.
Era la hora y así llegaste, acariciándome el corazón con
el milagro de un latido, que se llenó de asombro con mis
sueños.
Volví a estremecer mis entrañas y en mi vientre creció tu
amor prisionero, era la hora de la estrella, la hora en que
llegarías a mi vida desatando la luz en la sonrisa de los
cielos.
Era la hora de volar y posarte sobre mis alas, para
dejarte ir en los ríos del viento y encontrar mis huellas en
universos de flores y campos sonoros.
Para jugar a ser noche, cielo y sol. Para bañarte de luz y
aprender palabras entre hojas.
Para conocer mi voz y sentirte mi dueño, bebiendo los
colores como vino de lluvia.
Era la hora y así llegaste, amor silencioso que se
perpetúa fundiendo sus ansias en las mías. Anclado en
mi puerto con la eternidad del agua y el recuerdo.

Niño lanza fuego

A ese pequeño dragón que habita las calles del boulevard Los Próceres…

¿Quién deshizo tu vida con el fuego?
El secreto de la piedra o el hambre…
Niño moribundo en las ciudades, cuerpo desnudo que toca a nuestras puertas.
Es la hora de morir entre las llamas.
Es la hora de orar por el pan que no tendrás.
Con la lengua apretada y seca entre tus dientes, te dolerá la cara y los ojos
de tanto sostenerlos,
cogerás entre tus manos una antorcha y te aguantarás el miedo.
La tarde ha empezado y las llagas encienden de nuevo tus pulmones.
Te mojas con gasolina y los sueños crujen incendiando con un cerillo mi silencio.
Niño marginado y solo, es la hora de morir entre las llamas.
No madurarán los colores en tu campo…
¡Es la hora de rezar a Dios en las aceras!

Niños de escarcha

Carta a Pulguita

PULGUITA:
¿Que haces sentado dejando escapar tu vida entre pedazos de vidrio?
Descubre tu rostro en el agua oscura y mira tu sonrisa por primera vez.
Deja escapar tu alma de niño, entre los sueños y colorea el canto de las ranas.
No hay árboles torcidos ni tristes, no hay días sin luz. Sólo tu miedo a los caminos solitarios, a las personas extrañas, a la tortura de pensar.
No todos los seres humanos somos malos ni complejos. No todos arrojamos piedras a los sentimientos.
Hay otros cielos que no están hechos de estrellas de papel y estaciones que no abren ventanas a la ausencia.
Y por allí en cualquier parte, en los pueblos perdidos en los montes, en las ciudades bulliciosas, hay quienes regresan jubilosos, después de haber terminado sus estudios.
Pulguita, existen otros caminos, campanas que suenan en los patios abiertos.
Verdes recién nacidos casi amarillos y verdes oscuros en las hojas maduras de los árboles.
Un mundo distinto, con un especial sentido de vivir.

Un mundo que no pone límites al esfuerzo, una carga de años que nos hace un poco filósofos de la vida cotidiana.
Pocas horas me quedan para marcharme, volveré cualquier día, llena de lágrimas y sonrisas, para verte una vez más y descubrir tus manos limpias.

Otra vez

La luz cae como una hoja seca para iluminarte todo…estás
largamente desnudo.
Otra vez tus dedos ansiosos traspasan mi pecho y el amor sube
en sílabas de humedad hasta mis senos.
Tus labios erizan el manto de mi piel hecha de lunas, mientras el
timbre de tu voz pone sonido al viento.
Otra vez tú y yo, campo y selva, bebemos del olvido en este
impulso de serlo todo, con el deseo de extendernos por encima
de la más alta pregunta, para traspasar las metas de los siglos.
Otra vez acortamos las rutas para vernos y cerramos el paso del
tiempo.
Mañana la noche estará vacía en tus brazos abiertos…mi
corazón se desprenderá como una campana entre tus dedos.
Déjame amarte de nuevo, y enterrar los miedos en los astros
quietos.
Quiero arrancar la tristeza, y extraviarla entre mis versos.

Para llegar a amarme

Este día en el ascensor, la inquietud ha vedado nuestro beso. A pesar de vernos llegar sin el usual cargamento de miedos y quimeras, con los ojos de ópalo y la sed que arde en nuestros cuerpos.

Estás frente a mí , como un jardín de tallos en mis venas, donde estallan flores encendidas. Ardorosa maraña de historias en este suelo de sombras y pájaros de espumas.

Estas en mí, con la pompa del follaje eterno..

Déjame llenar mis labios de sonrisas, entender que mi vida esta hecha para las cumbres y no para los abismos. Quiero alejarme a la estación anónima y acariciar tu cabello de lunas.

Este día la inquietud ha vedado nuestro beso. Se abre el ascensor y un áureo polen cae sobre mi corazón desnudo. Mientras tú permaneces callado y frío.

Es el misterio que abre nuestras manos, es el amor que se fue y no vino. Un viento en los naranjales, donde tiembla el cantar de los ayes…

Miro tu rastro en los caminos vividos: firmando en el silencio, mesas de manteles blancos, noches de castos proyectos, sueños de ramas nerviosas, perfumes verbales, bailes y compases… miro en tu noche: la galantería indiscreta, los donativos a la iglesia y los acentos medidos de tus palabras.

¿cómo encontrar los dóndes, los cómos, los porqués? Como articular lo perdido y aquello que es solo un instante de quien juega a divagar, a soñar… a tener un paisaje irreal y un piano de hojas. Es andar y desandar con los párpados cerrados.

Para llegar a amarme es necesario aprender a estrenar las alas de los pájaros y entregarte sin la embriaguez de las cañadas abiertas.

Hoy te miro como el niño que corre para no asustarse, con su otoño prendido como sol a mi silueta; seguro de vivir para olvidar la vida. No escuchas el ruido de los sueños, la dulce hierba que cae , acaricia y se va, ni la orilla fresca donde los pies desnudos ignoran al viento. No rompes el frío ni salpicas las flores con las palabras.

Tu luna aparece en el cielo al contraluz de la tarde…

La sombra espesa ha callado nuestras bocas, amarrándonos las manos intactas.

He llegado a casa, veo de lejos el tráfico imponente, y destellos de luz sobre las cabezas de los automovilistas. Me siento frente a la computadora, suspendida en el tiempo y conjugo el rojo, el índigo, la plata, la dulzura del otoño, el amarillo.. la música nueva y las estrellas marchitas.

Rincón de sueños

Prefiere verse rubia de polen que llenarse de perfume.
Lleva en la mirada la luz de las luciérnagas
y bajo sus alas blancas, una canción de niña que arrulla a sus muñecas.
Hace sonar sus piedrecillas de colores y lee mis libros con sus vocales sueltas.
Cuando empieza la lluvia, llena su cuarto de sonrisas,
porque caen cristales del cielo y se alfombra el suelo con charquitos.
En un rincón de sueños,
trae el cuento del ‘Patito Feo’ para que yo le invente paisajes de fresas
con leche y nubes de azúcar, de redondas toronjas y mangos rosados.
Enlaza al corazón del alba, un ancho racimo de alegrías.
Juega a ser misteriosa como un ave,
y pasa sobre el secreto del tiempo cantando a los bosques del invierno.
Mira islas blancas de cielos y alondras
que anidan con invisibles vuelos.
Juega con el chocoyo parlanchín verde y nervioso,
que vuela como pájaro de mar sobre su pecho.
Llena cajitas de caracoles, hojas y flores, improvisando torres.
Prefiere gotas de rocío a muñecos de felpa.
Es una niña que goza con atrapar ríos de astros
para hacerlos el surtidor de su risa encantada…
Me busca con sus manos firmes
para hacer viajes imaginarios a países blancos,
hasta un rincón de sueños
donde la vida apenas empieza…

Sin ti

Te vas y vuelan resignadas las gaviotas. Ya no llenaré tus oídos con mis rosas ni mojaré mi ayer con desventuras. Caminaré sin ti bajo este cielo; será como vestirme de una voz nueva, y aprender a vivir como las aves.

Caminaré sin ti, y será por siempre de esa forma; mojarán la tierra los inviernos y vendrá de nuevo el sol, y tú no estarás conmigo.

Galoparé en mis sueños y reposarán mis caminos llenos de ternura.

Entonces nadie habrá vencido. Abandonados quedarán tu escudo y tu batalla.

Lo tuyo no fue amor, lo supe siempre. Envuelto en fantasías te perdiste, y lejos, ya muy lejos de mi playa, giraste tu veleta en busca de un sueño irrealizable.

Te vas y vuelan resignadas las gaviotas; calla mi boca y el corazón toca tu estela. Qué mal te hice al amarte de esta forma. Caminaré sin tí, y seré feliz de igual manera. El amor, cuando se va, no vuelve nunca, y tú te fuiste dejando un rastro de hiel entre mis lágrimas.

Déjame escuchar el canto de la fuente. Quiero beber un poco de ese río que se lleva consigo todas mis ansias. Quiero guardar en silencio el frío y la arena de tu nombre, y colorear mi rostro con la luz nueva de una estrella.

Pasará esta vida como todas; entonces seremos el milagro y el vuelo ilusorio de dos almas.

Tu recuerdo

El viento es monótono y seco. Pasan los días como los sueños y las voces, el ayer lánguido y triste.

¿Cómo escuchar tu voz en los labios del silencio?

Mírame – en la inmóvil yedra- imaginándote en la calma del ocaso, bajo la luz de un cielo estrellado.

Calla mi boca tu ausencia, en cada instante que pasa.

Soy la linfa del caudal disperso que se oculta, en esta noche íntima, donde esquivo la orfandad del pensamiento.

Dame una soledad intacta y pura, que pueda sentir la exceltitud del alma, oír tu risa en un niño jubiloso, escuchar la lluvia entre los recodos dormidos del jardín.

Así en el azul de tu distancia, a solas lloro tu abandono.

Si pudiera sentirme leve como el viento, llegar a ti humildemente sin sueños ni ataduras. Así, en el hondo anhelo de mi alma, sigo sin encontrarte.

Pinceladas violetas abren mi ventana, la brisa huele a rosas…tu voz inefable me grita en la senda estremecida.

La muerte oculta matices de belleza que aún no has penetrado.

Vibra tu alma cuando la sombra llega con sus tenues misterios.

¿Qué hacer sin tí? Me pregunto tantas veces, mientras la vida sigue su curso.

Tu espacio está lleno de rosas marchitas. Tú no puedes morir porque vas en nosotros y más allá de nosotros…

Este dolor nuevo, dolor llevado en las entrañas hace brotar acongojadas voces.

Hoy he comprendido la distancia y llegó hasta mi la honda tristeza.

Me invade la ternura, me quedo a dos pasos del llanto…

Padre: ¡Que las enredaderas del olvido no cubran tu figura!

Verdad

Por ti he sembrado la esperanza en los rincones, temblorosa de miedo y
cubierta de tu inmensidad.
He vuelto a escribir con las pupilas húmedas tu luz sobre la hierba.
Hoy hablo con la tibieza cóncava de mis manos, he recuperado la dulzura de
esperar, sin jinetes que invadan mis recuerdos ni alfileres que entren por
mis poros.
Veo como tus puertas levantan sus dinteles y se elevan los portones
eternos..

Por ti he vuelto a soñar la casa del árbol con un ejército de pájaros.
Sin la pesadumbre de las cúspides absortas, sin los vasos de angustia, ni
los opacos universos.
¡Que fácil es encontrar tu luz en ritmos azules..!
¡Que fácil es aprender a leer las letras del cielo..!

Mi corazón me habla de Ti..
Eres mi pastor y nada me puede faltar…
Si me aturden las penas,
mi corazón no teme.
Ahora mi cabeza se levanta, has preparado la mesa para mí.
Reconfortas mi alma frente a mis adversarios, he recibido la unción del
Espíritu Santo..
¡Rindo honor a tu nombre Señor!
Eres el Rey de la gloria, Dios de Jacob
Amor y lealtad son todos tus caminos,
para quienes guardamos tu alianza y tus mandatos.