Nueve rayas de tiza V

Cuando en el siglo nueve
Un poeta en Calcidia
Escribió en las paredes de la cárcel
La palabra libertad
Recordé aquella mañana
En que estábamos solos, mirándonos, y el viento
Daba mucho más lejos

Allá donde las olas
En las suaves colinas de Síbaris.

Juré
Que ya nunca
Cuando una mano de hombre
Escribiera en las paredes la palabra libertad
Me sentiría solo
Y te miré a los ojos
Como si todavía fuera adolescente
Y juré
Que nadie perturbaría mi calma
A pesar de las olas
Y de estos momentos en que quisiera
Tenerte entre mis brazos por encima de todo.

El primer hombre

El primer hombre
Que comparó a una mujer
Con una flor
Era un genio.
El segundo
Era un novísimo.

El tercer hombre
Descifró la batalla:
Los heridos se llamaban carabineros
Pues eran pobres.
Los hirientes se llamaban estudiantes
Pues eran delfines.
Reinaba, creo, Augusto.

Él , para más inri
No se escribía
Sino Pier y Páolo.

A saber
De qué lo flecharon.

En favor de manes

Ay de ti, prepoeta,
Que no te flaqueciste en hinchazar
Débil legado de revelaciones.

Esa así tu condena:
Esnifar sin ya tregua
Polen cáreo
De los idilios idos de agosto,
La tela de hedor
De las pecinas fáciles,
Celada agua de desolación.

Y oh a vos, solecísimo:
Gloria, aeda, in excelsis,
Seas.
Oh quien apacientas
El archivo de peonias
Lactantes.
Séase,
Ballena burócrata,
Que cultivas con esmero
El anillado de las giocondas.
Tus dias están hechos
De leche incólume.
Tu verdad se sienta
A la diestra de más beldad.

Nueve rayas de tiza II

Se afanaría
Lo más posible en divertir.
Ni demasiado sentimiento
Ni tampoco palabras de dulzura en los labios.

Pasaría la tarde
Ensayándose solo, iría hasta tres veces
Frente al espejo, escucharía lentamente
Su voz
Alejándose, expatriada.

Mediada el alba, volvería a caer
Sobre la iridiscente lejanía
De la última tarde, paladeando
Categorías, usos
De aquellos que tenían en sus manos
Pocas palabras, demasiado oro.

E intentaría grabar
Como la cinta graba, como algo que viene
Envolviéndonos la piel.

Al fin, irremisiblemente
Extirparía entre las sábanas
Cuatro, cinco manchas de amor.

Gritan allá lejos, escuchad

Para poder siquiera los dos acercarnos necesitaríamos
siglos de instantes como este instante.
Para que pudieran morir las aguas más sucias,
para que pudieran brotar las aguas más claras.

Aquella sed, los gritos, el pájaro amarillo
que cantaba ayer tarde y te ponía triste.
Aquel candor feroz de tus ojos de esponja
en el momento cumbre, al desplegar los párpados.

El viento, el mar, las más bellas palabras
que pronuncia un hombre a la hora de morir.
El verte y el no verte. El deslizar los dedos
por las venas muertas de tus manos vivas.

Todo es vana poesía. Todo se ha convertido
en inútil deseo de un deseo de amor.

Para poder siquiera los dos acercarnos necesitaríamos
siglos de ternura como esta ternura.

Naturaleza muerta

Sobre coágulos de mármol las hilachas rojizas
Cuando el azúcar se desprende y muere

Al fondo de la taza de café de verano.

La cuchara de plata
El cigarrillo rubio
Yéndose lentamente
Azulada pavesa
Entre cenizas ralas y círculos de sopor
Yéndose.

Bajo la soledad de las maderas del salón milenario
En este reposo del mediodía
Ligeramente predispuesto a las palabras suaves
“Ángel azul
Festivales de amor plateada orla
De sueños”.

Dejó el líquido una red de espuma
En el borde de la taza disimulando aferrándose
El resbaladizo tiempo cristalino.

El ticket con el precio
El vaso de agua
Las cerillas
La mancha inmóvil calurosa empedernida
Muerta.

Me pegaría un tiro.

Revisten y desvisten colgantes edificios

Revisten y desvisten colgantes edificios
Circunvalados por los coches ninfómanos:
A remojo los duermen temporadas largas.

Cuando se descapotan, niñas de los ojos,
Son fachadas de talco, similar a bebés,
Espacios de fluida intermediación.

Ponen a los edificios batas grises,
Los guardapolvos largos del convento menor.
Cirujanos de canes de las películas mudas.

Así están los palacios de la urbe, tocados,
Mientras ándanles dentro tanto por lo bajini,
Cabe altillos, y quizá por alféizares,
Izando la ilusión de la transparencia.

Debe ser signo externo de más prosperidad,
Cual sucede en familia que subida es a más:
Sillones opta Luises y consolas de sándalo
Y cúbrelos de sábanas, en situación de duelo.

Fábricas fantasiosas, cosos monumentales
Dibújanse en el rostro la fachada intestina:
Kitch terrífico así que amilana los nervios
Del desmonte, avenida lo que haya lugar.

Desde el lluvioso taxi, ciclópea estotra lona
Más ática y famosa, plectro ya de las musas,
Muestra balcones pintos, chafarrinón miniado,
Tílburis del paseo, risas en flor de lis.

Y hasta tú, Beldenoche, en malla de platino,
Que fumarolo dando vueltas a la redonda
Óntica plaza ilíra, copar quieres el carro
Entrado en mar de agua de Cibeles insulsa.

¡Oh teoría del caos, otra de muchas formas,
Eufónica mímesis, de la diversidad!

La palabra mÁs exacta

El rayo inclinado se posa en la palabra más exacta
Y de ella bebe y liba y evapora.
De espaldas a la luz de la ventana
Observo complaciente
La jerigonza lasciva de este rayo lenguaraz.

Caballo de buena boca
Secuestró de mi poema la palabra más exacta
Dejándolo desamparado
A la intemperie de los escalpelos.

Ven a mi lado, serena Gioconda
Y enséñame a leer en la diversidad.
Juntos veneremos al incansable Eros
Que con un solo beso de su rayo inclinado
Tanta luz regaló a mi poema
Despojándolo
De la belleza de la palabra más exacta.

En privado

Hace ya tiempo
Que no escribo poemas.

Antes me gustaba
Tener la cuartilla delante de los ojos
Y mirar el atardecer.

Ahora
Se me llena por las noches la cabeza de ruido
Un ruido raro
Y veo palabras infinidad libélulas
Desaparecen revoloteando hasta perderse

Y me pierdo yo
Y caigo sin respiración en el anfiteatro de la noche

Y despierto
Con los músculos agarrotados.

Cuando voy a gritar
Una mano blanquísima baja lentamente
Y me tapa la boca.

SansirolÉs de los madriles VII

Maloliente ciudad está Madrid,
Pocha de machos cabe marujones.
Rompeolas del Sol, puerta fetal
Do hasta la Osa esnifa y saca ubre.

Dos bocinazos dánse la Gran Vía
Espantando marchitos en enaguas.
Alguacilillo pone chirimbolo
En el trasilo del Kilimanjaro.

El mediodía va de rompe y rasga,
Estribaciones del panel higiénico.
Y no da abasto Isidro Maravillas:
Todo máquero dios españolea.

Malcrecida heredad, oh Magerit,
De aquellos polvo torcas vastos lodos.
En la espiral que sorbe tu declive
Con viento fresco bulo a la bartola.

Nada

NADA hay escrito en esta hoja pura,
Silencio su silencio de ala.
No más acaso si la hebra de sangre
Del palio de paloma que fue.

Horresco referens

¿De qué fe fuimos hechos, que aún no hemos humillado?
Nuestra iba pobreza, marallo de heno místico.
¿Qué estrategia batida luce la deyección?

Desparrame imitando atolón del océano
Cénit de lo tan bajo, pentecostal eructo.
Solecísimos faunos, capotad chirimías.

Enmudecieron mirlos.

La boca tengo seca
De dormir con despacio.

Miedo:
Menos di
Tu victoria.

El taconeo viene desde el pasillo al baño.
Pero el éxtasis soy yo, durmiente no tan bello:
Destete soy de amor.

Trota, trota, orbis tertius,
Camaleón lacado y espumante.

Los comensales altos sopa sorben de culo
En el espejo que los agudiza.

Luna

LUNA quieta la noche de oro.
Cisne altazor
En el agua que es y no es.

LUNA que reluces
La noche toda alumbres
Cero de la oscuridad.

Coda

Impertérrito mes en la cruda mudanza,
Si sólo si postizo silfo sietemesino.
Adiós, sansiros lardos. Rigor, mis rigodones.
Fecha de la asunción: égloga cebe cobra.

In cauda venenum

Tensa más que calima es la brea deshecha
Entre grijo en la caja así centelleante
De estrecha carretera de transición: linde
Del desnivel de dos castilladas venturas.

Tostándose en fulgor, nervales en cuclillas,
El que vencido vuelve del país de los pastos.
Embebido al embrujo del astro descollante
Que, tras nublo, dardéale rebeliones al cuello.

Dos venturas opuestas, gualda océana una,
Mies autóctona, alcarria alcazarreña;
Y chepas de granito esparcidas por prados el agosto marrones
La del contrecho lado, estribaciones de la Sierra Pobre.

“Filosos sois, mis versos sudorosos:
Iras irdiadas, medas melodías.
Pues ¿qué ha de dar rumboso la sequía
Sino secaño, como boca dura
Podrá mover a amor lengua lampaza?”

Vaharada enroscándose, calorina enzarzando
La cintura talluda, la ya todo inflexible,
Anhelo de agua loca la piel del retornado:
Zafarse de las garras del rescoldo de agosto.

Esófago de plomo de detrás de los picos,
Abierta con violencia cremallera celeste,
Descargue en una vez su moneda zoológica:
Chorros pardos del agua, zaínas rachas de viento.

Y enhiestos, sed suprema, esqueletos de encinas
Incendio divirtiera los tiznos dedos ardos.
Ensimismados palos abrazando a las hadas
Que de ellos se abren como ver la verdad.

Verdeando a lo hondo de lacia carretera
Zarzamoras son únicas que sonríen ahítas:
Cadencias de las cercas, berenices
Sus dijes recitándose, y encarnados, y negros.

Oh sorpresa de lujo para el todo inocente
Que desnudo refrenda el cruel monte bajo:
Si memoria nudosa chapotea charcales,
Si oréasele el pecho de tomillo recísimo.

Y la espadaña lírica recórtase del cénit:
Barrancos de arcilla, cables, caos de tréboles.
Esfuma sol raudales en lesa carretera
De fases, águila lenta, de complejidad.

“Melisma, jíbaro en vena, níspero:
Ruinas mías de Itálica.

Tigre y picaza chirríanse en la copa,
Dispuesta forma fácil al chambelán de luz.

Fantasía es intacta, se vuelve agua, aljibe
De juguete. Otro bonsai.”

Mas no acaecerá que este hoy de calor
Femoral, que de más abajo viene,
Del sístole y solsticio del corazón arduo,
Del holocausto, no sucederá, no

Será chaparroneado de tempesta ninguna.
Ni, a fortiori, el viajero que recala del Norte
Obtendrá los favores de la relajación
De las, en su inocencia, vecinísimas nubes.

Dos ramos de arcoiris orlan el nidio cénit
Y haciendo ya a a sus anchas, a cielo abierto ya
Acrecienta el ataque de lenguaradas rufas
Letal cuerpo de ejército: flamante sol.

“Acotado silencio de blandor la mirra
Enmela la agostada cintura del jardín
Sin agua expresa, sólo verde nata lechosa
El desflecado aljibe, henar de los vencejos.

De golondrinas gubias que se dan la lombriz
En el micomicón, enfrente, cable canso.
Pechugamen titán engulléndose prontas
Cacho de mazacote de crepúsculo.”

Cristales

CRISTALES, copas que se bifurcan,
Orla de polen dilapidada.
Vasarély de aguas del canal,
Copas, cristales , leche dócil,

Manos venéreas, bosques blancos,
Vasarély de espadas del canal,
Cristales, copas que se bifurcan,
Arden, se evaporan, sonríen.

Diosa

DIOSA de par en par,
De las estrías llueve sobre el frescor;
Ya copos,
Ya espesa aaece la calle:

Anélida pluma
La palabra de sangre de siete círculos
Que, quienquiera que seas, sibila,
Deberás morir
O descifrar.

Ciudad nueva mÁlaga

Verano del altruista.
¡As de sábanas!

Onomasia morena
Sonríe de coral
En arco obsceno.

Barrio de Los Millones,
De ni una estrecheza
Nació en el descampado
Tu nuevayork marrón:

Chaflanes fililíes
Cinceláronlos
Fénices fenicios
A vuelanardo,
Al pie de estradivarse.

Corlear de fallebas
Copa hiela de zumo.
Ocaso enrojecido
Ríe de panza
Hacia la Vista Gorda.

Date al despilfarro
De la quietud,
Visitante.

Déjate, avizor,
En el borde.

Nueve rayas de tiza IV

Cuando el amor se meta debajo de estas paredes
Me olvidaré de los ólos
En que con una cuchilla el lienzo blanco fuera dividido
En tres partes, lejos de toda simbología marina.

Y volveré a un puerto cualquiera
A estrellar contra las ruinas de ese barco holandés
Tres botellas de whisky, pero ya digo, lejos
De cualquier balanceo específicamente literario.

En el color oscuro de las aguas de aceite
Arrojaré la última gota de mi vida
Y nunca una sonrisa, nunca la carcajada
Caerá en unos labios más tristes que los mios.

Pero ya digo, lejos. Para que nadie estorbe.
Para que nadie crea que es una frase más.

(Eras como las ruinas de ese barco holandés
Cuando soñé contigo esta noche pasada.)

DifÍcil

DIFÍCIL se hace
A quien regala la memoria
Recordar.

Adolescentes ojos,
Cuán todo lo fijais en vuestro anhelo:
Párpados,
Albas dulces otrora.

Mera cigarra,
Tu pasión es grande y de una vez.
Batas de cola y olas de deseos
De tu élitro arrecian.

Y oh cuando a tu hechizo
El tiempo decídese a danzar,
Plantígrado esturión, corteza de la nada.

Ese es el puente

Ese es el puente.
Esa la ciudad.

Ahí a la izquierda
Reposa Heráclito.

En esotra ribera del fondo
Do el raso crepúsculo
Jimena
Acluecada en la rueda de sus damas ganchudas
Hace
Discretísimo pis.

Sin ir tan lejos:
He ahí dos efebos
Que al arrullo de la oscuridad
En el pasadizo bajo la fortaleza
Sollozan.

Reparte papeles, cidiana Talía,
Y ensayemos
El espectáculo de la ciudad desde el puente.

Otra vez más

Siempre quedan los papeles llenos de metralla
encima de alguna mesa.
Pero más triste es morirse de hambre
y sin chaqueta y lejos de la patria.

Por eso hoy, Antonio Machado,
rasgo todos los versos,
todos los discursos de después de la comida
y me quedo en mi cuarto
mirando hacia afuera, mientras sigue la lluvia.

Por eso y porque es febrero,
tantas veces cuajado de nieve
pero tan pocas de copos de libertad.

Y porque el Volga
se deshiela a estas horas y en el Mediterráneo
llamean las aguas que te vieron morir.

Y también
por los dos versos
que encontraron en tu bolsillo y que dicen:
“estos días azules
y este sol de la infancia”.

Por sobre todo, padre mío,
porque estoy desnudo como los hijos de la mar.

Condenado a muerte crece el día

Condenado a muerte crece el día.
Abre los anillos con temblor de vena.
De las alturas a la raíz de la tierra
Se desprende el arroyo infinito del canto.

Sobre los insectos distiende los óboes.
Sobre el alba derrama mercurio.
Hilos de arpa expatriados estallan.
Tanzas de viola se enrollan al cuello.

Hacia el cielo desnudo se levanta vaho.
Lleva en el aliento vicio de gérmenes.
Del eterno estallido caen las esferas
A punto para chocar, para chascar.

Los anillos del día se esparcen en el espacio.
Esperan posadas las argollas de la muerte.
El arroyo infinito del canto
Todo lo envuelve, lo deshace todo.

Mariposas miedosas

Mariposas miedosas,
Pelvis plegables.
Somier a bríos
Pistilo de paz.

He ahí el mar
Pendiente de un hilo.
He el sol,
Mazacote de col.

Desvístete por la cabeza,
Malva falena.
Hasta el himen
Ahítate del dios.

La muerte del padre se alza en la ventana

La muerte del padre se alza en la ventana
sale al espacio vestida de blanco.
Por las escaleras interiores golpea su cuerpo
descendido a hombros bajo espesa madera.

Los hijos del padre cruzan las calles,
el globo de la tierra gira sobre sus ojos.
Están para estallar pero no sollozan.
Sonríen pero están para partir.

La energía del padre yace en el vaso de agua,
en la mesa de noche de las salas de espera.
La chaqueta del padre vaga por los percheros,
no es símbolo, no es viento, no es amor.

La madre de los hijos inflama la pared
con una luz roja y con una luz roja.
La memoria deshace las miradas.
Mariposas clavadas con alfileres.

La sombra del padre se disuelve en la atmósfera,
habita las galaxias, los macizos blancos.
La madre de los hijos y los hijos del padre
cavan una tumba en el corazón de la tierra.

Nueve rayas de tiza I

Ahora, más que nunca
Se creían valiosos.

Orígenes y duelo
De toda una pasión, de verdadera prole
De asesinos, de manchas
En la pared, donde la lluvia
Consolidó el disparo
O vocerío entre las aguas. Polvo
De amor; de lo que ellos llamaban
Amor.

Se creyeron tan dignos,
Tan magnánimos jueces
De una historia aprendida en cartillas de escuela.

Fuera como si otros, alguien,
Desde arriba, de lejos, de las nubes
Hubiera hecho el papel de intermediario
Alzando
Tanta miseria,
Echándola a voleo sobre las cabezas.

Y cuando aquella historia
Definitivamente acaeciera
Otra resucitaría. Y serían ellos
Los que yéndose al muro de las lamentaciones
Volverían a hablar
De su origen y de sus emblemas
Sin que nadie les escuchara.

Nueve rayas de tiza IX

La novena raya de tiza
Se extendía furiosa
Entre los jeeps y los perros.

Como una cuchilla
Cortaba ataduras
A ras de tierra.

En las calles de la ciudad
Fueron apareciendo
Rostros jubilosos detrás de los cristales.

La novena raya de tiza
Escribió
Y eran tan claras las palabras

Que todos sabíamos
Que eras tú la que dictabas,
Libertad.

La palabra

LA PALABRA es un jarro de fresas.
Muerdes y sale sangre.

La palabra es una cucharada miel,
Tiene los párpados en flor.

La palabra es una pavesa de vaho
Con su vestido de lunares.

La palabra es de vino duro
De piedra de sol.

La palabra está en el cuarto
Y se desnuda toda y me posee.

Cae rendida
Y ya no se puede pronunciar.

Micer buñuel, burlador de brumas

Micer Buñuel, burlador de brumas,
A media miel el bajel esfumas.

Corsario azor, dallador de ritos,
Revés del sol carajal en jitos.

Jayán doncel, tus bolonios somos,
Papillos ya de cerar iconos.

Hétero dios, tus constelaciones
Sírvannos sed:vals sin corazones.

Micer don Luis de contradicción,
Glabro alcotán. Hámster repelón.

Bello es este dÍa que a sÍ mismo se hace

Bello es este día que a sí mismo se hace
En efervescencia de nácar a la lluvia.
Remóntanlo becales por donde la hondonada,
Gaviota de quietud el cielo acantilado.

Dos espejos se miran desde las dos fronteras:
Hipótesis soberbia de resplendente playa.
Dos lenguas entonando tal si canción unánime
Que confunde los sueños, deshácelos en vilo.

Es más que el manotazo amarillo en el lienzo
Que le asesta Bacon, el hirsuto geómetra.
Irlandés esturión, la piedad del espacio
Fuera su otro secreto, la raja indescifrable.

Bella es esta luz que a sí misma se nace
Ahondándose en perla así Fuenterrabía.
Sirimiri sutil enternece los cuellos
Frío del grito: la reciente ráfaga.

Sería cursi

Sería cursi
Citar el yin y el yang

A este propósito,
Mas cumple
Dejar constancia
De tal cruzado mágico:

Delicioso Magrelli,
Su poesía de usted
Delgado ha
Igual que mi apellido;

Zahúrda bersolari
Mi horda sin ardid
Fuese desliz del magrellar pronovias
Rollizas al pescante so somosiete hermanos.

SansirolÉs de los madriles II

Perezón matinal, no te me desangeles.
Lambón garzón zapea, investiga tus radas.
Frunce labios muy grosos; sus fondos reservados
Mofeta tripartita se acicala facciosa.

¡Oh señor de la fe, hipócrita genético!
Historia que desfila en góticas mayúsculas
No quiere que te huyas sin becar asesinos.
¡Sucísima heroína tintinéate el cráneo!

Cangilones del Juicio copan nubes translúcidas.
Turno de la abyección el vil rota trasero:
Lambón garzón zurea, incrimina tu glande.
Perezón matinal, no te me desangeles.

La puerta se abre como una hembra

La puerta se abre como una hembra:
Atraviesa las murallas de par en par.
Otoño resbala con ojeras de sangre
Sobre superficies de pared enemiga.

El roble de las maderas es cárcel de clavos:
Por entre las vetas hienden y sollozan.
Aletean en espiras hormigueros rojos.
Óxido de bisagras se descompone en lluvia.

La puerta se abre como una vaca:
Espumosamente mugen los goznes.
El cárdeno latido del crepúsculo
Ha acampado más allá del centinela.

Invisible pasa una mariposa de polvo

Nueve rayas de tiza VIII

En las paredes
Habían ido turnándose y ahora
-Oh democracia, oh viento
Que vienes de lejos-
Salían de las sombras de la noche
Y se quedaban mirándonos
Desde las paredes de la propaganda
Como si fuéramos suyos
Y escribían debajo
Que eran más inteligentes que nosotros
Más patriotas.

Solos ante el peligro
Recogíamos del suelo octavillas verdes
Y las íbamos dejando caer.
En las sombras de la noche
De vez en cuando se oía una carcajada.

Y cuando los cerebros
Escribieron en la pizarra
El resultado del escrutinio
Todos sabíamos
Que como ya lo dijo la escritura
Eran
Los mismos perros
Y los mismos collares.

A través de la tela metálica

A través de la tela metálica se desploman las paredes
Con dureza de picos y espanto de maderas.
A través del ojo que roza la tela metálica
Pasa una bala de calibre siete sesenta y dos.

Tendidos eléctricos cuelgan como tripas,
Como penacho de guitarras, como cuerdas de caballo,
Como sauces de exfoliado otoño,
Como hilo de agua desde los vientres rotos.

Débil hoja de hostia refulge en la acera
A través de la malla fláccida de lluvia.
Música de violín borra palidísima
Las manchas grandes, los rostros grandes.

Escombros de sangre a través de la tela metálica,
Mariposas verdes fuera, alrededor.
Metralla de ruinas devasta los sueños;
Áspid, lejanía, cielo remoto: mundo.